Antonio Ladra: Lugar a dudas
Antonio Ladra / Donde se cuecen los más variados platos.
Antonio Ladra / Donde se cuecen los más variados platos.
La pasada semana se conoció un dato que publicó el diario El Observador que no pasó inadvertido y que llamó la atención, pero que en suma define un lamentable estado de la sociedad uruguaya: “el 80% de las personas que se anotaron en los planes de trabajo del Plan de Equidad del Mides rechazaron la propuesta de empleo cuando les fue ofrecida”.
Seguramente debe haber varias razones que llevan a esa población a rechazar una oferta laboral: para el Ministerio de Trabajo el apoyo económico estatal influye, ya que quienes se negaron a entrar en el mercado laboral formal, lo hacen de manera informal para recibir, a su vez, mes a mes, el apoyo económico del Mides.
Como las ofertas laborales son de puestos de baja calificación y las remuneraciones son bajas, entonces la brecha entre seguir en el mercado informal y recibir el dinero del Mides no compensa el cambio, se prefiere seguir como se está.
“¡Es lo que hay valor!”, es la frase acuñada por el relator deportivo Alberto Kesman que puede ser interpretada como el símbolo de la resignación y el conformismo. Y en este caso parece que el rechazo al trabajo se ajusta como anillo al dedo. “Para que voy a trabajar, cumplir un horario, tener una rutina, si puedo vivir como quiero y donde quiero”. Este parece ser el razonamiento de ese 80 por ciento que no quiere asumir esos “costos”. Es la nueva y triste realidad de parte de la sociedad uruguaya. Porque hay otra parte de la sociedad que aspira a cambiar y mejorar su posición social por la vía del trabajo, el esfuerzo y del conocimiento. Lamentablemente, parece que va ganando terreno aquella parte de la sociedad que prefiere vivir sin reglas.
Explíqueme, por favor, ¿por qué pululan cada vez más en las calles de las principales ciudades del Uruguay jóvenes en edades productivas pidiendo una moneda?
Explíqueme, por favor, ¿por qué pululan en las calles de las principales ciudades del Uruguay jóvenes en edades productivas revisando contenedores de basura?
Explíqueme, por favor, ¿por qué pululan en las calles de las principales ciudades del Uruguay jóvenes en edades productivas “trabajando” de cuidacoches?
Explíqueme, por favor, ¿por qué pululan en las calles y plazas de las principales ciudades del Uruguay jóvenes en edades productivas durmiendo en la calle hasta el mediodía, todavía con la resaca de la droga en su cuerpo?
Explíqueme, por favor, ¿por qué jóvenes en edades productivas prefieren “manguear” en los cruces de los semáforos y, en algunos casos, arrebatar lo que tienen al alcance de la mano?
Explíqueme, por favor, ¿por qué jóvenes en edades productivas prefieren ingresar en el mundo del delito y no en el mundo del trabajo y el estudio?
Explíqueme, por favor, ¿por qué pasa todo esto cuando el país tiene la más alta tasa de crecimiento continuada de su historia y la más baja tasa de desempleo?
El asistencialismo estatal lleva varios años de vigencia en el país, y sus sanos y compartibles propósitos, de sacar a la gente de la indigencia y la pobreza, tras la brutal crisis bancaria del año 2002, ya los cumplió sobradamente.
Gracias al asistencialismo estatal se ha mejorado las condiciones de vida de muchas personas, pero es hora de mejorar las capacidades de las personas para lograr una mayor equidad social. Y si bien esto parece de Perogrullo hay una matriz cultural, instalada en el ser de los uruguayos de que es más fácil recibir que sudar para tener y desde el poder, además, si hay algo que saben es que ellos, los que reciben, también son votos.
Es la viveza criolla, es la falta de valores, la pobreza de valores. Entonces, ¿cómo fomentar la cultura de trabajo cuando los niños, adolescentes, se crían sin espejos donde mirarse, cuando no hay cultura del deber? ¿Cómo hacerlo cuando un sindicato, como el de Conaprole, apañó y dejó sin leche a la población por defender a un asociado que había sido filmado mientras robaba?
Es difícil fomentar la cultura del trabajo cuando un gremio como el de los funcionarios públicos, cuyos integrantes tienen asegurados sus sueldos a fin de mes y sus puestos de trabajo por ley, se niega a trabajar ocho horas, o cuando el sindicato de los funcionarios aduaneros plantea un conflicto por el mismo tema.
O cuando se niegan a los avances de la tecnología, como el sindicato de los funcionarios del Registro Civil que rechaza que se pueda conseguir la partida de nacimiento por internet o como ocurrió en el pasado cuando el sindicato de UTE se oponía a que se pudiera pagar el recibo de luz ¡en las cajas de los supermercados!, o el del BPS a que los jubilados pudieran cobrar su jubilación por cajero automático.
Son los eternos palos en la rueda.
Las experiencias de los países que han tenido éxito en sacar a sus ciudadanos de la pobreza, en cualquier parte del mundo, tiene un común denominador: una inversión importante y sostenida de su Producto Bruto Interno en el sistema educativo y fundamentalmente entusiasmo en los docentes en brindar calidad educativa.
Y hoy, los sindicatos de la educación son un obstáculo al entusiasmo educativo. Rechazan las pruebas PISA advirtiendo que son neoliberales, rechazan el plan Promejora (factor de conflicto en la educación) por considerarlo neoliberal. Generan un hecho inaudito, otra vez, como lo es desgremializar a una docente por trabajar en la implementación del plan Promejora.
Entonces, con estos ejemplos, como no va haber adolescentes, jóvenes que no quieren estudiar. Es más fácil pedir, esperar…
La culpa no es del chancho, sino de quien le rasca el lomo.
Adriana Dos Santos Balakier \ 11.01.2012
Sr. Antonio Ladra, no creo prudente mezclar a los empleados públicos en su acertada exposición sobre pobreza de valores. Es cierto que gremios como el de CONAPROLE defienden lo indefendible, ese caso queda fuera de toda lógica, porque la lucha mal dirigida hace perder credibilidad a los justos reclamos, que se empañan con ejemplos como este. Volviendo a los gremios, observando más allá de las narices mal informadas de Mujica (que debería sustituir a sus alcahuetes por verdaderos asesores, para empezar) veremos que, tras la aparente simpatía de sus otrora dirigentes, se está ejecutando el sistemático demantelamiento, desde adentro, de lo que antes eran las bases ideológicas del FA fundacional (QEPD). En cuanto a los horarios que se reclama, muchas veces hay horas extra de por medio, que muchos sindicatos exhortan a sus afiliados a no utilizar (resignando salario en una medida de auténtica solidaridad de clase) para generar nuevos puestos de trabajo. Es obvio que esos puestos no serán para los que duermen resacas hasta el mediodía: será para futuros contribuyentes de la sociedad. No conozco las luchas particulares de cada sindicato (lo que se escucha en algunos medios no es para nada confiable), pero todo beneficio que se pierde para disfrute de la tribuna mantenida del MIDES, es un beneficio que otro trabajador nunca va a poder reclamar para sí. Agradecida por la oportunidad de expresarme, lo saludo con respeto.
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