11.03.2010
Larrañaga desmiente deuda propia paga por Lacalle
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El senador Jorge Larrañaga salió a desmentir la información divulgada por el libro "La derrota" del periodista Martín Pintos que narra los porqués de la derrota de Lacalle en las elecciones de octubre. Según cuenta el libro el sector de Larrañaga se endeudó y Lacalle le cubrió los pagos. Mirá extractos del primer capítulo del libro.
El sector de Larrañaga, Alianza Nacional había gastado mucho dinero en publicidad, y el propio Larrañaga se había endeudado fuertemente. "Necesito una mano", le dijo a Lacalle, quien le dio unos 400.000 dólares provenientes de aportes y donaciones, lo que generó un compromiso de parte del líder de Alianza Nacional que continúa hasta hoy, según información que publica el semanario Búsqueda.
La Editorial Fin de Siglo divulgó extractos del primer capítulo del libro y aquí te los mostramos.
Había dejado de llover en la ciudad de Montevideo. Cientos de militantes frenteamplistas enrollaban sus banderas tricolores y caminaban de regreso a sus hogares, cabizbajos. Las lágrimas contenidas en muchos y la rabia expresada en otros eran difíciles de concebir, de acuerdo al resultado que los principales referentes de las empresas de opinión pública difundían la noche del 25 de octubre de 2009.
Costaba comprender los festejos de militantes blancos y colorados. Se había anunciado que el Frente Amplio rondaba el 47% de los votos, el Partido Nacional el 30%, el Partido Colorado había mostrado una excelente recuperación obteniendo un 18%, y el Partido Independiente un 2,5%, según los primeros sondeos a boca de urna.
El Frente Amplio no había ganado en primera vuelta, ni obtenido la mayoría parlamentaria. Tampoco habían prosperado los dos plebiscitos que apoyó, el referido a la ley de caducidad y el del voto de los uruguayos en el exterior. Eso disparó la tristeza frenteamplista y la alegría de la militancia blanca y colorada, que se volcó a festejar en la rambla en una explosión de gritos y aplausos. Sin embargo, los resultados empezaron a cambiar a medida que los votos se contaban en forma oficial.
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El partido que había quedado en las puertas de ganar en primera vuelta y era favorito para la segunda estaba apagado. Los nacionalistas, que habían sacado cinco puntos menos que en las anteriores elecciones, festejaban, y los colorados, que seguían terceros, estaban eufóricos.
Cuando la noche avanzó, Luis Alberto Lacalle aplicó todo su olfato político y pronunció un comentario ante sus colaboradores más cercanos que corrió como un escalofrío para muchos que se habían entusiasmado con un mejor resultado en el balotaje que tenían por delante y disputarían en 30 días: "Esto ya está. Yo ya perdí. Pasemos esta etapa lo mejor posible". El ex presidente supo esa noche que era imposible ganarle al Frente Amplio.
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Con la voz entrecortada, Lacalle buscó no defraudar a sus militantes, que tantas y tantas esperanzas habían depositado en él. Muchos bailaban en la puerta del Directorio nacionalista al son de la canción de Alejandro Lerner "Cuenta conmigo".
Daría la batalla con altura, fiel a su estilo pero conociendo el de-senlace final. Por eso, esa noche, ante cientos de militantes su rostro dejó correr las lágrimas que el mundo entero constató.
Los que lo conocen bien afirmaron al autor que el llanto del ex presidente fue una despedida pública de la lucha electoral, mas no de su participación activa en la vida política del Uruguay.
Mientras hablaba, su mente se inundó de recuerdos. De los buenos y de los otros. Su presidencia, sus seres queridos, su recientemente fallecida madre, su constante lucha por levantarse luego de los hechos de corrupción que cargó y carga como una cruz. Pero también expresaban un sentimiento de resignación y de solicitud de perdón a aquellos que, como dijo en varias oportunidades, defraudó por no llegar. Las lágrimas evidenciaban una nueva derrota, que se confirmó un mes más tarde.
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Las urnas aún estaban abiertas y la gente votando, pero la contundencia de las primeras proyecciones, que off the record tenía el comando nacionalista, lo decía todo. Luis Alberto Lacalle estaba perdiendo por 10 puntos, en el mejor escenario, frente a José Mujica. Una película que la militancia nacionalista nunca imaginó ver.
Era el tercer intento de Lacalle por llegar a la presidencia y nuevamente lo dejaba junto a su amiga y compañera fiel de los últimos años, la derrota.
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Acompañado por Jorge Larrañaga y por la ex fórmula colorada que había enfrentado el 25 de octubre de 2009 (Pedro Bordaberry y Hugo de León), el ex presidente eligió un mensaje conciliador, consciente de que la derrota estaba cerca: "Aquí nadie está contra nadie, estamos por una opción que queremos defender. Todos iguales ante la urna. Serán las nuestras, palabras de fraternidad para quienes voten de manera distinta. Van a ejercer un derecho por el que hubo que luchar mucho y que tenemos que respetar y comprender".
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El último domingo de noviembre de 2009 amaneció nublado. Lacalle se levantó al alba, rezó, miró la prensa, desayunó y se dispuso a atender a los periodistas que se habían apostado en la puerta de su casa.
En la barbacoa de la calle Murillo, donde tiene su casa, los hizo pasar de a uno y los invitó con unas galletas que decían "Qky" y que había ayudado a hornear su nieto, tal como lo hizo el 25 de octubre, cuando Lacalle también, en su fuero íntimo, adivinaba el resultado.
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En lo que pareció ser "su momento", luego de haber derrotado cuando nadie lo pensaba a Jorge Larrañaga, ingresó en una espiral donde, al mejor estilo de la película La tormenta perfecta, confluyeron una serie de factores, propios y externos, que lo llevaron a quedar por el camino una vez más.
La pregunta que sigue rondando y este libro intenta responder es: ¿qué le pasó a Lacalle?
En una entrevista publicada por el matutino El Observador en 1992, cuando aún era presidente de la República, bromeaba con que siempre había estado, como dice el Quijote, más en el camino que en la posada. Ciertamente así ha sido.
Pero Lacalle tiene, como todo ser humano, puntos débiles que le jugaron en contra y que salieron a la luz en el momento que nadie lo pensaba.
Desde su grupo político, el herrerismo, se habla de perplejidad ante los errores cometidos, otros le atribuyen soberbia, la mayoría expresa que Lacalle se mostró tal cual es, algunos hablan del dolor de su pierna y los menos le atribuyen cansancio.
La derrota nacionalista, una más para Lacalle, no puede ser analizada o enfocada desde un solo ángulo. No hay un único motivo ni una sola causa, ni siquiera un solo culpable.
Esta investigación periodística pretende mostrar los diversos factores que coadyuvaron para que el resultado final fuera el que inexorablemente tenía que ser.
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