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La dura historia de la mujer que fue absuelta por muerte de su marido hace catorce años

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En Esta Boca es Mía debatimos sobre el caso que se conoció hace poco mediante la denuncia de una vecina y el hallazgo de un cuerpo enterrado en lo que había sido el fondo de la casa.

Graciela Larrionda vivía junto a su marido y sus hijos. Ella y sus hijos sufrían violencia doméstica por parte del hombre, según todos relatan. Él dormía con un revólver o un cuchillo debajo de la almohada y solía decirle que tarde o temprano la iba a matar. Una de las noches, en medio de una discusión y en defensa propia, Graciela mató a su esposo. No supo qué hacer y como era de noche y todos dormían, lo enterró en el fondo de la casa que compartían. Esto fue en el año 2001. La mujer dijo que se había ido de viaje, el tiempo pasó y nadie radicó la denuncia por su desaparición.

Semanas atrás la noticia salió a la luz a través de la denuncia de una vecina, la policía escarbó en el lugar y encontró el cuerpo del hombre. La mujer fue detenida, pero pocos días atrás fue dejada en libertad por considerarse que actuó en legítima defensa.

Graciela compartió la historia en Esta Boca es Mía:

“Yo lo conocí acá en el barrio, me casé a los 16 años. Al poco tiempo falleció mi padre y también mi abuela, con quien yo vivía. Tengo seis hijos vivos y dos muertos. Toda la vida vivimos acá. Siempre fue violento y siempre me maltrató, siempre me pegó. No respetaba si estaban los niños, si estaba su padre o madre, me pegaba y listo. No tenía límites. Cuando se acostaba a dormir, muchas veces los juntaba a todos y me iba a la casa de un familiar. Muchas veces me fui caminando desde acá, en La Cruz, hasta Capurro. Él me iba a buscar, cuando venía me pegaba de vuelta. Y no eran palizas de trompadas o patadas, era con un palo, con un alambre torcido, con un cable retorcido. Fue muy duro, mis hijos pasaron mucha necesidad, porque él se le antojaba no ir a trabajar y no iba. Yo pasé mucha, mucha con mis hijos chicos. Yo perdí mi primer embarazo, que lo perdí natural. Pero el último embarazo lo perdí con siete meses, el bebé se me murió adentro, lo perdí por una paliza que él me dio. A él no le importó. 

Yo tengo cicatrices en el cuerpo que no se me van a ir nunca. Una vez sola pude hacer una denuncia en la seccional, cuando se me fueron los machucones de la cara me obligó a ir a la seccional a retirarla. En ese momento nadie te daba corte, no le importaba. 

Al principio dormía con un revólver debajo de la almohada, después cuando se le rompió empezó a dormir con un puñal y una escopeta abajo de la cama. Fueron muchos años de calvario y necesidad, él era uno dentro de la casa y fuera de la casa era otro”.

Lo que relató sobre el día del asesinato:

“Yo me levanté como de costumbre, porque tenía que llevarle el café con leche a la cama, había que servirlo. Y como hice ruido con la puerta cuando la fui a cerrar, se levantó, me agarró del cuello y me dio contra la pared con el cuchillo en la mano. Me dijo ‘hoy te mato’. En la pelea fue que yo me patiné y el cayó por encima mío y se clavó el cuchillo. No sabía que hacer, lo que le iba a decir a mis hijas, no sabía que podían decir ellas en ese momento o si yo llamaba a la policía me iban a llevar a la seccional. En ese momento fue una tragedia, pero también fue un alivio. Lo dejé tapado y dije ‘que sea lo que Dios quiera’. Hice un pozo, lo arrastré, lo llevé y cuando mis hijas preguntaron les dije que se había ido de viaje. Era él o yo o eran mis hijos. Pero si en vez de haber sido así me hubiera matado a mí, ¿dónde estarían mis hijos en este momento? ¿estarían casados y tendrían hijos? ¿habrían ido a estudiar? ¿qué les hubiera hecho? Lo único que yo decía es que algún día se los iba a decir a mis hijas, aunque sea el día que me estuviera muriendo yo. Les iba a decir cómo pasó, pero se los iba a decir cuando yo no fuera a vivir más. Yo después rearmé mi vida, pero esperé mucho tiempo para que ellas tuvieran su familia. Mientras tanto lo único que hice fue trabajar, para darles, darles algo porque él nunca les dio nada”.

Nos acompañaron el abogado especialista en violencia doméstica Bautista Duhagon y el psicólogo forense Agustín Romano.