A las 15:30 llegué casi sin aire a la puerta del apartamento 302, se me ocurrió subir por las escaleras los tres pisos porque los ascensores grandes y con fierros a la vista me generan rechazo. Golpeé en una puerta pero se abrió otra que estaba a mi costado. Un Nacho González con aspecto de […]
A las 15:30 llegué casi sin aire a la puerta del apartamento 302, se me ocurrió subir por las escaleras los tres pisos porque los ascensores grandes y con fierros a la vista me generan rechazo. Golpeé en una puerta pero se abrió otra que estaba a mi costado. Un Nacho González con aspecto de aplastado por la hora de la siesta me abrió y me invitó a pasar.
Es la casa de mis suegros, mi suegra está durmiendo la siesta me dijo medio susurrando. Me indicó el living y me hizo seña para que eligiera el lugar para tomar asiento, esperé a que se acomodara y me senté frente a él, una mesita nos separaba.
Solo pude ver el living, pero se notaba que el apartamento era grande. Todo estaba acomodado perfectamente, con cuadros, sillones y cortinas en tono marfil y algunos almohadones bordeaux combinando en un hogar inmaculado a la vista. Allá al lado de una mesa de comedor resaltaba en forma graciosa una sillita de plástico de color rosado fuerte… imagino que de Belén, la hija de dos años que el jugador de Nacional tiene con su esposa Alejandra.
Ignacio González nació el 14 de mayo de 1982 en Montevideo. Primero vivió un año en Pocitos, en Roque Graseras y... no me acuerdo el cruce, me dijo, en un apartamento de 50 metros cuadrados. Y luego se mudó para una casa en Villa Dolores a dos o tres cuadras del zoológico. Viví en esa casa con mis padres hasta que me casé.
Nacho es el número cinco de once hermanos. Son seis mujeres y cinco varones. La mayor se llama Mariana y tiene 38 años, el menor se llama Tomás y va a cumplir 17. En el medio están: Jorge, Federica, Lucía, Cecilia, Alejandra, Rosina, Santiago y Agustina.
-¿Tus padres son del Opus?- Pregunté casi bromeando (acostumbrada a que me hagan siempre esa pregunta cuando cuento que nosotros somos siete hermanos)
Si, mi padre es del Opus, mi madre no. Algunos de mis hermanos también son del Opus, pero yo no, me aclara enseguida.
A mi derecha hay un ventanal, creo que es un balcón pero no estoy segura. El sol le pega de cuerpo entero a mi entrevistado. Tiene una remera blanca de manga corta y un jean medio gastado. La piel bronceada y un rayo de luz que le da en la cara resaltan la veta verdosa de sus ojos y dejan a la vista dos pupilas bien diminutas. Nacho González habla tranquilo y se frota de a ratos la sombra de la barba, que apenas asoma en su pera, con la mano izquierda.
Hizo primaria en el colegio Monte VI, un colegio asociado al Opus y exclusivo para varones, hasta segundo de liceo. Tercero y cuarto de liceo los cursó en el Ivy Thomas y quinto y sexto en el Pre Universitario, también asociado al Opus. Luego estudió casi cuatro años en la Universidad de la República para ser contador, cuando empezó a ganar dinero con el fútbol decidió cambiarse a la Universidad Católica para estudiar Administración de Empresas. Cursó dos años y le quedaron otros dos años pendientes. Me gustaría terminarla, capaz que cuando me retire del fútbol...
¿Cómo se metió el fútbol en la vida de Nacho González?
Yo jugaba muy bien de chiquito, jugaba en el baby fútbol en el Club Atlético Poco Sitio y también en el colegio. Mi padre se había ilusionado conmigo y me hizo ir a Danubio a la edad de 13 años, ahí fui quedando.
Según me cuenta, Nacho no tenía muchas ganas de jugar al fútbol, no sabía lo que era pero dejó que la influencia de su padre hiciera mella en él. Veía que era un camino largo, duro, difícil, ya era muy profesional, no era divertido. A veces quería dejar, no estaba muy contento.
Sin embargo, cuando entró en quinta división y notó que creció físicamente, vio la posibilidad de estar ahí porque Danubio era un equipo que siempre sacaba jugadores de formativas. Entonces, fue pasando de categoría en categoría, sin saltearse ninguna, y llegó a primera división a los 19 años.
Fue lindo, no me lo esperaba. El primer partido que fui convocado ya jugué, fue contra Peñarol en el estadio el 16 de febrero de 2002. ¿Estabas nervioso? le pregunté. Los primeros partidos es cuando menos nervios tenés, te querés divertir, sos muy egoísta, jugás solo para vos.
Su esposa, su vida en Europa, las lesiones y su hija
A los 17 años Nacho conoció a Alejandra de casualidad en una fiesta, ella tenía 15 años y era amiga de unos amigos. Alejandra fue su primera novia y después de siete años juntos (con una pelea de un año en el medio) se convirtió en su esposa.
Me casé con 24 años. Yo sabía que por el fútbol me tocaba irme, cuando vimos que era el momento de irme preferimos casarnos para irnos al exterior tranquilos. Nos casamos, estuve un año y medio más jugando en Uruguay y después nos fuimos.
El primer pase de Nacho fue a Mónaco en enero del año 2008. Jugó seis meses y luego el Valencia de España lo compró por cuatro años. El primer año el Valencia lo cedió al Newcastle de Inglaterra, allí jugó un año y volvió al Valencia, jugó otros seis meses en el Levadiakos de Grecia y otra vez volvió al Valencia que más tarde lo dio en préstamo al Levante de España.
Jugó seis meses y una lesión en la rodilla lo llevó de regreso al Valencia por seis meses más. Cuando le quedaba un año con el equipo español rescindió el contrato y arregló con el Lieja de Bélgica, club en el que estuvo un año y medio. Finalmente en enero de este año se fue al Hércules de España, un equipo que juega en segunda división, y desde ahí llegó a Nacional.
-¿Cómo fue irte a otro continente, siendo tan joven y solo con tu esposa?-
Los jóvenes ahora a los 19 ó 20 se quieren ir, yo creo que a esa edad todavía estás inmaduro. Yo me fui a los 24, era un poco más grande. Pero lo sentí el cambio, es un cambio muy grande realmente, más allá de que uno se prepara. A mí me complicó mucho que estuve en varios países, para mi esposa fue muy difícil. Empezabas a conocer gente y te ibas.
-¿Y Alejandra qué hacía allá?-
Mi esposa se recibió de contador público y los últimos exámenes los dio libres estudiando en Mónaco e Inglaterra. En España hizo un Máster online, un MBA (lo pronuncia en inglés) con una universidad de Madrid. Pero allá no podía trabajar, entonces hacía gimnasia o paseaba conmigo cuando podíamos.
-¿Cuando llegaste a Mónaco había algún uruguayo?-
Cuando llegué a Mónaco estaba Diego Pérez por suerte, fue una salvación, me ayudó pila. Y había tres argentinos, en los equipos siempre hay algún sudamericano eso te lo hace más fácil. En Inglaterra o Bélgica se te complica un poco más, por el idioma y por las costumbres.
-¿Y tuvieron a su hija en Europa?-
Antes de responderme esta pregunta, Nacho cambia la cara, los ojos se le ponen tristes y queda callado unos segundos como recordando algo. Belén nació en Valencia. Yo justo había arreglado en Bélgica dos semanas antes, no la vi nacer, la vi recién a la semana, me quería matar. Y eso explica su cambio corporal.
Riiiin, riiiiiiiing... el aire nostálgico del momento se corta por el timbre de su celular. ¿Atiendo? Me pregunta, ¡Claro! Le respondo.
(conversación de dos minutos con su esposa Alejandra)
-¿De qué estábamos hablando?- Tengo que pedirle que me lleve de nuevo al punto de conversación que dejamos porque me quedé colgada como una chusma en la charla que acaba de tener por teléfono con su mujer...
Y ahora en Nacional
Se me terminaba el contrato, me vine de vacaciones con la idea de seguir en el exterior, tenía algunas propuestas. Quería seguir allá por un tema de que el fútbol en Europa es mejor, tiene más nivel. Pero en este momento en Europa hay crisis, se me fueron cayendo ofertas. Tenía ganas de venirme a Brasil o México. Las ofertas se fueron cayendo y surgió lo de Nacional.
El que lo pidió para Nacional fue el técnico Rodolfo Arruabarrena que según Nacho es muy bien, es macanudo, es bárbaro.
A él le faltaba un número 10, entonces a mí se me conocía, yo había jugado en la Selección, era número 10, justo quedaba libre y me empezaron a llamar por eso.
A Nacho lo llamaron un par de veces desde el club tricolor pero dijo que no, porque tenía un compromiso con Danubio. Sin embargo, su carrera en Europa se complicó por las lesiones (además del tendón de Aquiles en Inglaterra, al año y medio en España se lesionó el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha) Entonces se quedó sin ofertas y apareció Nacional en el camino.
Con 31 años creo que es una buena oportunidad deportivamente y económicamente. Mi mujer tenía muchas ganas de estar acá un tiempito, de estar cerca de la familia.
-¿Qué opinás de todo lo que se dijo en redes sociales? (le comenté que leí comentarios que decían cosas como: qué difícil ser de Peñarol y tener que ponerte la casaca tricolor)-
Yo de chuiquito era de Peñarol pero cuando entré en Danubio me hice de Danubio, estuve doce años en Danubio. Pero a la gente le gusta hablar de eso. Yo soy profesional, más allá de que dije que no jugaría en otro equipo que Danubio, después me pasó lo de las lesiones y en este momento de mi carrera es mejor Nacional que Danubio.
-¿Y en Danubio cómo lo tomaron, hablaste con alguien antes?-
En Danubio se molestaron bastante. Pero nosotros ganamos dos campeonatos uruguayos con Danubio entonces hablé y le expliqué al presidente.
-¿Pero ahora está todo mal?-
Yo hablo con hinchas de Danubio y está todo bien pero nosotros jugamos hace dos semanas con Danubio y me putearon bastante, cuando me acercaba al alambrado o iba hacer un córner, de todo me decían. No es lindo, pero traté de meterme en el partido, no fue una tarde fácil.
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Nacho González se levanta y a las diez de la mañana va a entrenar, trabaja dos horas en Los Céspedes, se baña y va al gimnasio, después sale, almuerza y tiene toda la tarde libre. Aprovecha para pasar tiempo en familia y mirar televisión. Le gusta sobre todo mirar partidos de fútbol. Soy bastante enfermito en ese sentido, me gusta ver partidos de fútbol europeo, los mejores.
Hace tres meses que vive con sus suegros pero ya compró un apartamento con vista a la Rambla, así que en un par de semanas se muda a su nuevo hogar con Alejandra y Belén.

