“Cristiano, al lado mío sos ateo”.
Ahora todos hablan de la chilena de Ronaldo. Ay, qué fenómeno, saltó más de dos metros. Ah… y no se lo hizo a cualquiera… ¡fue al gran Buffon! ¡Además fue en cuartos de Champions League! Bla, bla, bla. Pero por favor, Cristiano, ¿querés que te cuente lo que es hacer un gol de chilena? Yo sé que lees mis cuentos, son bestseller en toda España. ¿Ah no? ¿Ni siquiera se venden? Ok. Igual te va a llegar, los #MartesDeLEP son tendencia en el mundo entero. Así que prestá atención, ‘Ronaldito’. Ya que estoy: el verdadero Ronaldo es el gordo. Cuando tenía 11 años, en mi barrio jugábamos todo el día al fútbol. La cancha era barro, barro y un poco más de barro. Peor aún que la más fea cancha de Baby Fútbol. Tirarse o caerse al piso era un raspón asegurado. El césped brillaba por su ausencia. Animarse a hacer una pirueta ahí era solo apto para guapos. Cuando quieras te llevo, CR7, a ver si te da la nafta y el gel… Perdonen que me enoje, pero pasa que de la chilena que les voy a contar nadie habló… Pasábamos tardes enteras a puro picado para abstraernos del entorno del barrio que era lamentable. O jugabas ahí o andabas en la calle robando, o drogándote… las malas juntas de ahí eran malas de verdad. Y un día, los del barrio vecino vinieron en patota porque su cancha la habían ocupado para construir viviendas. ¡Mamá que sudamos la gota gorda cuando los vimos venir! Eran mucho más grandes… Y ahí, ‘El Jonathan’, el capanga suyo, se plantó y con voz firme nos gritó: “e’ corta la bocha, nosotro’ somo’ 8, jugamo’ contra 8 de ustede’ y si les ganamo’ la cancha e’ nuestra”. ¿Qué lo qué? ¿Dónde están los guapos de nuestro barrio cuando se los necesita? No tuvimos opción. Y mientras nos mirábamos atónitos, Juansito se puso la cinta, se plantó cara a pecho (cara a cara no llegaba) y le contestó imitando su tono: “Vamo’ y vamo’, ñery, pero cuando les ganemo’ no los quiero ver ni en moto por acá”. ¡Maduró de golpe Juansito! ¿Qué digo “Juansito”? ¡Juan! ¡Don Juan! Y esa maduración repentina nos agrandó a todos. A casi todos… Éramos 12 hasta hace 5 minutos, pero hubo 4 que picaron como Bolt en los Juegos Olímpicos. Quedamos 8 valientes para la final del mundo. ¿Champions League? Haceme el favor… Nos jugábamos la vida y no había ni una cámara. El primero en hacer 5 goles ganaba. Pelota al medio y a jugar. Pedrito, el mejor jugador que vi en mi vida que se amagaba hasta a él mismo si quería, arrancó motivado y a los pocos minutos puso el 1-0 después de una jugada fenomenal. Toda suya. Y también el 2-0. Estaba endemoniado. A pura patada nos lo dieron vuelta y se pusieron 3-2 arriba. La falta de buen golero nos estaba liquidando. Tato, el titular, había desaparecido del susto y tuvo que atajar Carlitos, que tenía dislexia hasta para eso. Centro frontal, error suyo y gol en contra. 2-4. ¿Y ahora? ¿Qué hacemos sin nuestra cancha? Se pusieron a pizarrear, tocaban, tiraban lujos, todos los chiches… Cuca, el mejor de ellos, parecía Neymar. Parecía, bien dije. Hasta que lo agarró Ponchi y le puso todas las “eses” que se ahorraba al hablar. Lo hizo dar tres vueltas por el aire y como cayó, quedó. Tirado. Y ese fue el click. Al toque me queda la pelota y sin dudarlo le prendo cartucho desde la mitad de la cancha. Su golero estaba distraído hablando con nuestras amigas y cuando quiso reaccionar ya era tarde. 3-4. Sin darles respiro, en la jugada siguiente hicimos una jugada de pizarrón y con gol de de cabeza de Pipe nos pusimos 4-4. La tensión que había en esa cancha, hermano… ¡La cortabas con cuchillo! Los alrededores de la cancha se habían llenado de gente. ¡De los dos barrios! Todos mirando esa final. Llevábamos horas jugando. Ya la luz se iba cuando gracias a otra gran jugada de Pedrito conseguimos un córner salvador. Era nuestra oportunidad. El área era un ring de boxeo, nos estaban dando la merienda y la cena junta. Hasta que la pelota apareció en el aire. Ponchi saltó con la pata arriba pero ni así llegó a tocarla. Pipe metió la cabeza pero su golero ahora estaba atento y atajó. Pero dio rebote… Y ahí vi a la pelota coincidiendo con la luna, llamándome. Yo estaba en el piso por una trompada que me dieron de costado, pero la vi. Atiné a levantarme y sin llegar a estar parado del todo pegué el salto de espaldas al arco. Sentía que todo iba en cámara lenta. Muy lenta… Con mi pie derecho salté y con el zurdo agarré la pelota en el punto más alto. ¿A cuántos metros? Para mí fueron 3 o 4. Un poco de color nunca viene mal… Me llené el empeine de balón y la pelota se abrazó con las piolas que hacían las veces de red. Si la alegría va por barrios, en ese momento estaba en el nuestro. Fue una fiesta. Invasión de cancha, festejo multitudinario y ellos, los invasores, humillados volviendo para sus pagos. Ya saben, ni en moto los queremos ver por acá. Y sí, de chico era un crack, era el goleador. Para ser eterna promesa, primero hay que ser promesa. Y eso les aseguro que fui. Perdón la extensión del cuento, me emocioné... Para cerrar te repito, Cristiano Ronaldo… al lado mío, ¡sos ateo!

