Sanguinetti a 40 años del golpe de Estado

El expresidente realizó un discurso centrado en las falacias montadas acerca de los tupamaros y los militares.

La conferencia se realizó dentro del tercer encuentro del ciclo titulado “A 40 años del golpe de Estado”, organizado por la cátedra de historia, política y sociedad de la facultad de comunicación y diseño de la Universidad ORT, cuyo objetivo era “presentar las reflexiones sobre este importante episodio de la vida nacional de quienes han ocupado la más alta magistratura del país en distintos tiempos, electos por los diferentes partidos políticos”.

En esta ocasión, la ORT invitó a todos los expresidentes post-dictadura a expresar su visión acerca de los hechos que provocaron el golpe de Estado. Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle accedieron, mientras que Tabaré Vázquez se negó.

Julio María Sanguinetti (Montevideo, 6 de enero de 1936), que fue presidente en dos ocasiones (1985-1990 y 1995-2000) comenzó diferenciando a la historia de la memoria y dijo que “mientras la primera es un recuerdo, es siempre subjetiva, la segunda es un proceso más complejo que requiere de la reconstrucción de los hechos del pasado a través, normalmente, de varias memorias, y de otros hechos que no están en la memoria. A veces hay un abuso de la historia, cuando se la usa para fines contemporáneos”.

Acerca de los inicios de la dictadura, el expresidente dijo que se trató de una batalla que comenzó en las ideas, pero destacó que “es una tontería decir que todas las ideas son respetables, no lo son. Las que si son respetables son las personas”.

Luego se refirió a las falacias acerca de la acción tupamara y preguntó al auditorio “¿cuántas veces oímos que los tupamaros lucharon contra la dictadura? Es un hecho que no fue así porque cuando vino la dictadura en 1973 los tupamaros estaban todos presos, por lo tanto no tiraron ni un tiro contra la dictadura. Todos los tiros fueron contra la democracia”. Después enfatizó en la falacia de que los militares dieron el golpe para “liquidar a la guerrilla” y destacó el mismo argumento: “la guerrilla ya estaba derrotada”.

Sanguinetti recordó que en 1973, tras los Comunicados 4 y 7, el Partido Comunista creyó en Gregorio Álvarez como el líder de una revolución nacionalista y popular a la cubana. “El libro de [Alfonso] Lessa, [El pecado original, la izquierda y el golpe militar de febrero de 1973] explica muy bien con documentos como lo que se llamaba izquierda y los tupamaros parecieron deslumbrados por el fenómeno militar y creyeron que había una posibilidad de incorporarse al gobierno y llevar adelante la revolución. Hoy parece algo casi humorístico cuando uno explica que el líder del peruanismo, en el cual la izquierda confió era el general [Gregorio] Álvarez. El general Cristi y Zubia eran los conservadores, los de derecha, Álvarez era la esperanza revolucionaria del Partido Comunista uruguayo. Parece chiste pero es así. Era el líder de ese movimiento que iba a hacer la revolución nacionalista y popular a la cubana. Eso revela hasta que punto hubo equívocos del mismo modo que hubo otros que nunca descreímos la democracia antes y siempre pensamos que por encima de todo la institucionalidad democrática era la clave de cualquier desarrollo”.

El expresidente dijo que la policía pese a los pocos medios y la preparación que tenía logró enfrentar a la guerrilla. “La prueba está en que a sesenta días de las elecciones de 1971 toda la dirección tupamara estaba presa en Punta Carretas y ahí se produce la fuga denominada ‘El Abuso’, que fue un episodio detonante y pletórico de malditas consecuencias para todos porque el gobierno de Pacheco, que no había querido dar entrada a los militares tuvo que hacerlo. A su vez, el ingreso de los militares “fue nefasto para los tupamaros porque introdujo al ejército en la lucha y los liquidaron en seis meses”.

Sanguinetti manifestó que el ejército no estaba ni “psicológica ni ideológicamente” preparado para estas acciones y subrayó que los tupamaros “le hicieron el discurso antipolítico: éramos todos corruptos, la sociedad era corrupta y se instaló esa burbuja en la que en un momento ambos decían los mismos discursos: no nos gustan los políticos, la política es demagogia, es necesariamente mentirosa y así fue que se produjo esta situación”.

Por último, el dos veces presidente abordó “otro elemento muy importante de esta historia” que es el sindicalismo y señaló que “ahora se cuentan historias que tienen poco que ver con la realidad”.

“En aquellos tiempos el sindicalismo era revolucionario. No era reivindicativo, que procuraba tal o cual mejora, era el cambio de estructura, quería romper con el Fondo Monetario Internacional, la reforma agraria y la nacionalización de la banca y el comercio exterior. No defendía los derechos de los trabajadores sino pretendía un cambio en la sociedad capitalista. Esto hace que en febrero de 1973 el movimiento sindical piense que los Comunicados 4 y 7 son reformistas y que hay que adherirse a ellos. Allí viene ese gran error de los partidos que integraban el Frente Amplio de creer que había la oportunidad de un gobierno cívico-militar de izquierda encabezado por ellos y el movimiento peruanista y por eso es que la huelga general de la que tanto se habla fue tan corta y efectiva, porque había sectores, que en el libro de Lessa se encuentran declaraciones de dirigentes sindicales no comunistas que decían que el comunismo había arreglado para hacer un paro de tres días y nada más, que fue maso menos lo que ocurrió porque al cuarto día ya funcionaban los ómnibus”.

La foto fue tomada por Claudio Delgado para el Portal In-Situ de la Universidad ORT.