¿Qué son los semiconductores y cuál es la crisis que afecta a todo el mundo tecnológico?

Algunos de los principales referentes en la materia, como el director general de Intel, vaticinan que el desequilibrio entre oferta y demanda se arrastrará hasta el 2023.

Televisores, computadoras, consolas de videojuegos, tabletas y teléfonos inteligentes y autos: ningún dispositivo de consumo electrónico escapa a la crisis de los semiconductores. Un semiconductor es un elemento que tiene propiedades para conducir la electricidad.

Los semiconductores se utilizan más que nada para la fabricación de chips y hoy casi todo lo que conduzca energía eléctrica necesita uno para funcionar. Es por eso que una crisis en su producción y distribución afecta a tantos rubros.

Pero para entender el estado de situación actual tenemos que situarnos a principios del año 2020. Cuando la pandemia estalló en todo el mundo en los primeros meses del año pasado, la tecnología se volvió un pilar fundamental en la vida de millones de personas. Entonces comenzó a aumentar como nunca antes la demanda de dispositivos electrónicos de uso personal. Solo por poner en contexto una cifra, en 2020 se vendieron 300 millones de computadoras. El número más alto desde 2014.

El 2021 tampoco se está quedando atrás. Solo en el primer semestre se vendieron 170 millones de computadoras. Uno de los componentes fundamentales son los semiconductores. Que las ventas de dispositivos sigan aumentando no hace más que agravar la situación.

Algunos fabricantes de autos o de consolas de videojuegos incluso tuvieron que detener sus fábricas en las últimas semanas por la escasez de chips.

El tema empeora desde el año pasado. Cuando gran parte del mundo se confinó para detener el avance del coronavirus, muchas fábricas de chips mermaron su producción. Pero así como se cortaron las cadenas de producción, las ventas aumentaron. Esto significó un cuello de botella que todavía no se pudo solucionar.

Pero este no es el único motivo. El despegue de nuevas tecnologías que necesitan chips, como los servicios en la nube, el 5G o las criptomonedas, sumado al conflicto comercial entre China y Estados Unidos desde hace años, colaboraron para armar la tormenta perfecta.

A su vez, fabricar un chip puede llevar hasta tres meses desde que se extraen los minerales hasta que se ensambla en un dispositivo electrónico. Y es altamente contaminante. Según detalla el diario El Mundo, “a partir del silicio, un elemento extraído de la arena, la tecnología es capaz de convertirlo en millones de pequeños transistores que formarán parte del cerebro de los teléfonos inteligentes, los sistemas automáticos de un auto, las lavadoras de última generación y hasta los satélites que orbitan el planeta Tierra”.

En este sentido, las compañías de producción están al límite de su capacidad desde hace un tiempo. La fabricación de chips, más que nada cuando se trata de los más sofisticados, implica equipamiento tecnológico de avanzada y fábricas sin ninguna partícula de suciedad. Al mismo tiempo, el proceso de fabricación tampoco se puede acelerar y aumentar el número de fábricas no es una posibilidad en el corto plazo.

Esto nos deja en el escenario actual: un mercado voraz que solo quiere vender más y más, pero parcialmente detenido por culpa de una pieza minúscula y fundamental como es el chip.

En el medio de conflictos comerciales y hasta políticos, algunos de los principales referentes en la materia, como el director general de Intel, vaticinan que el desequilibrio entre oferta y demanda se arrastrará hasta el 2023. En el medio a los usuarios solo les queda esperar y consumir un poco menos.