La contaminación lumínica en el mundo crece 10% cada año, afecta a la salud humana y esconde las estrellas

Los pájaros cantan fuera de tiempo, las hojas de los árboles caen tarde, y las tortugas no encuentran su camino de vuelta al mar.

Las luciérnagas macho ya no pueden encontrar a sus pares hembras. Algunas especies de peces alteran su ciclo de alimentación y reproducción creyendo que ya es de día cuando en realidad sigue siendo plena noche. Los pájaros cantan fuera de tiempo, las hojas de los árboles caen tarde, y las tortugas no encuentran su camino de vuelta al mar.

La lista podría seguir durante varios minutos, pero estos son apenas algunos de los ejemplos de cómo la contaminación lumínica desmedida en las ciudades del mundo está alterando la vida de los seres vivos. Incluyendo la de los seres humanos.

Estos y otros datos son extraídos de un especial publicado por la revista Science que enumera algunas investigaciones divulgadas en los últimos años y vinculadas al impacto de la contaminación lumínica.

Muchas de estas modificaciones en el comportamiento y la biología de los animales se reduce a una única hormona que todos compartimos: la melatonina. Ella es la encargada de inducir el sueño cuando llega la noche.

Unas de las principales moduladoras de melatonina son las células especializadas que llevamos en los ojos. Se las conoce como fotorreceptoras, células sensibles a la luz del entorno y capaces de regular el ritmo circadiano de un organismo, es decir el reloj biológico interno que te indica cuándo llega la hora de dormir y cuándo la de despertarse.

Así, algunos estudios sobre poblaciones de trabajadores nocturnos expuestos a iluminación de interiores detectaron que podían tener mayores tasas de incidencia de enfermedades cardiovasculares y cáncer. No obstante, los investigadores insisten con que es necesario estudiar este tema con mayor profundidad y muestras más amplias de personas.

El diario El País de España apunta en un artículo que indaga sobre este tema, que la contaminación lumínica también podría tener incidencia en la microbiota. Esta es la comunidad de bacterias que viven en nuestros intestinos y cuya buena salud garantiza el correcto funcionamiento de todo el cuerpo, incluyendo el sistema inmunológico y la salud mental. Aunque, de nuevo, faltan investigaciones a gran escala en humanos para poder afirmar que existe una relación causa-efecto directa.

Por último, una investigación todavía no publicada formalmente del Instituto de Salud Global de Barcelona evidenció en una primera instancia que el exceso de iluminación también “tiene un efecto sobre la hipertensión y la obesidad” de la población.