La "ciencia" de las supersticiones: ¿por qué nos aferramos a ellas y no podemos eliminarlas?

Los psicólogos comparan las supersticiones con tomar placebos porque la realidad es que creer en las supersticiones funciona. No porque exista la buena o la mala suerte, sino porque tener un amuleto de la buena suerte o cruzar los dedos en momentos importantes hace que nuestro rendimiento y habilidad mejoren.

Todos sabemos qué son las supersticiones, incluso puede que tengamos más de una. Podemos llamarlas cábalas para los que prefieren creer que no son supersticiosos, pero la cuestión es que, aunque sabemos que son absolutamente irracionales, no podemos eliminarlas.

Según Jane Risen, investigadora de la Universidad de Chicago, detectar un pensamiento irracional es un proceso mental totalmente separado de corregir ese error. Por eso una persona inteligente y formada puede ser plenamente consciente de que se comporta de forma absurda, guiada por supersticiones y pensamientos mágicos, y aún así no corregirlo.

A esto lo llaman aquiescencia (creer en lo que no creemos), y ocurre cuando nuestro cerebro detecta que hay un error, pero persevera en él. A veces, poniendo la excusa interna de que no perdemos nada con intentarlo 

La cuestión es que, cuando se repiten muchas veces, las supersticiones se transforman en hábitos completamente automatizados y difíciles de eliminar. Hace medio siglo, el psicólogo B. F. Skinner demostró que incluso una paloma puede desarrollar una superstición a costa de repetir una y otra vez un ritual que termina con una recompensa. Aunque no haya una relación causa-efecto.

Como las palomas, cuando los humanos repetimos un comportamiento supersticioso una y otra vez, a partir de cierto momento ya no queremos abandonar el ritual que irracionalmente creemos que "nos ha funcionado" para probar algo distinto. Y esos hábitos quedan grabados de forma duradera en circuitos cerebrales de los ganglios basales del cerebro, una compleja estructura neuronal que controla las acciones motoras y los comportamientos compulsivos, de ahí se explica que las supersticiones pasen de generación en generación. 

Los psicólogos comparan las supersticiones con tomar placebos porque la realidad es que creer en las supersticiones funciona. No porque exista la buena o la mala suerte, sino porque tener un amuleto de la buena suerte o cruzar los dedos en momentos importantes hace que nuestro rendimiento y habilidad mejoren.

Así lo probaron en la Universidad de Colonia, en Alemania (una de las más antiguas de Europa), que demostraron a través de un experimento que cuando llevamos un amuleto obtenemos más puntuación en pruebas de memoria y en la resolución de anagramas, además de mejorar nuestra destreza manual. Y todo porque la idea supersticiosa no se trata de magia, sino de aumentar la confianza en uno mismo.