Según los científicos, éstas suelen involucrar situaciones que generan temor, angustia o estrés emocional.
A veces las noches se vuelven una pesadilla y no lo digo en sentido metafórico, las pesadillas pueden variar en contenido y gravedad. Según los científicos, éstas suelen involucrar situaciones que generan temor, angustia o estrés emocional.
Se perciben peligros, persecuciones, monstruos o caídas hasta eventos traumáticos. Además, este tipo de sueños suele ir acompañado de imágenes vívidas y situaciones perturbadoras que parecen reales.
Según los expertos, aunque pueda ser tentador querer ayudar a la persona a salir de esa situación angustiante, no es necesario ni recomendable despertarle de manera brusca. En primer lugar, por terribles que sean las visiones que se le pasen por la cabeza, si despertamos a alguien de una pesadilla, será más probable que recuerde el mal sueño y por otra parte, es muy probable que no logremos identificar si una persona está teniendo una pesadilla o no.
Las pesadillas según explican desde la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, ocurren en el la fase rem del sueño, de hecho, siempre soñamos en esa fase y no en otra. Cuando un individuo está en el momento o fase rem, el cerebro hace miles de conexiones, pero se inhibe o suprime el sistema motor, por lo que estamos absolutamente tiesos e inmóviles.
Así que es muy probable que no nos demos cuenta si una persona está vivenciando una pesadilla porque, de hecho, estará extremadamente quieta. No obstante, “durante una pesadilla, la frecuencia cardiaca aumenta una media de siete latidos por minuto”, por lo que solo si se está controlando la frecuencia cardiaca, se podría detectar una pesadilla.
Sin embargo, muchas veces experimentamos terror nocturno y estos ocurren durante la etapa previa a la fase rem y que se conoce como sueño profundo. Según los expertos, si alguien parece físicamente angustiado mientras duerme, es más probable que esté sufriendo un terror nocturno que una pesadilla; y estos son experiencias neurológicas diferentes.
Estos episodios son comunes en los niños y se recomienda no despertarlos para evitar desorientaciones, porque si dejamos que el niño siga durmiendo, cuando despierte no recordará el episodio, por lo que es mejor no interrumpir las fases del sueño.
Lo más recomendable, según estos científicos, es ofrecer apoyo de manera tranquila y reconfortante cuando la persona despierte naturalmente. Y que la transición del sueño a la vigilia y luego al despertar sea lo más suave posible cuando la persona se despierta por sí misma.
