Alfredo y Carlos entraron siendo adolescentes a la fábrica y volvieron después de unos 40 años a recorrer las instalaciones.
"Acá era un mar de gente caminando todos los días, cruzándose con compañeros continuamente". Así recuerda Alfredo Álamo a la fábrica BAO, uno de las más emblemáticas de La Teja y a la que volvió días atrás luego de unos 40 años. Hoy en el predio se empezará a construir tres cooperativas de vivienda.
La fábrica BAO fue fundada en 1863 por Agustín Deambrosis y desde sus inicios se dedicó a la producción de jabón. Al principio funcionaba en Colón, pero en el siglo XX se trasladó a La Teja.
En sus años de auge más de 1.000 personas trabajaban en tres turnos diariamente. En la fábrica se creó jabón en barra, el pulidor para la limpieza del hogar, el jabón en polvo y el de tocador Astral. La compañía exportaba sus productos al exterior
Alfredo Álamo y Carlos Guach hoy tienen 82 y 78 años, respectivamente. Ingresaron a la fábrica BAO siendo adolescentes, cuando tenían 15 y 19 años. "Cuando entré, a los 15 años, a envolver jabón a mano, se envolvía el jabón Astral a mano en aquel tiempo. Con el tiempo fui a la Escuela Industrial, me casé y el ingeniero Carriquiry me llevó para talleres. Y ahí estuve en talleres hasta el año 80 y algo, de electricista. Por eso me conozco toda la fábrica, porque caminaba por toda la fábrica. Donde había un problema de electricidad me llamaban", contó Alfredo a Telemundo.
Carlos también comenzó su trayectoria laboral en BAO y llegó a desempeñarse como dirigente sindical.
“Tuve el honor de ser dirigente sindical acá hasta la dictadura. En la dictadura se terminó todo conmigo, conmigo y muchos compañeros más”, recordó.
Uno de los lugares recorridos fue la antigua sala de calderas. “Había calderas allá. Acá había una caldera inmensa y grande, allá otra más chica. Tenían su nombre y todo”, relató Alfredo. Las calderas abastecían de vapor a las distintas áreas. “El corazón de la fábrica era acá, la caldera”, explicó.
Los recuerdos aparecen también a través de los productos que se fabricaban. “Cuando había apagón en aquel tiempo, ¿Qué hacía? Iba a agarrar una vela. Esa vela era fabricada acá”, recordó Carlos. “Cuando el ama de casa iba a lavar, agarraba el pulidor BAO, que se hacía acá. Después, para que quedaran más limpitos, más lindos los cubiertos, usaba el Comodín BAO, que se hacía acá también. ¿Qué talquito le ponía a los niños? El talquito Astral. Y lo lavaba con el jabón BAO, con el Astral BAO, que se hacía acá”.
—Ahora, cuando ves esto, ¿qué sentís?
—No sé.
—¿Dolor? ¿Tristeza?
—Tristeza. Mucha tristeza.
El vínculo entre los trabajadores de la exfábrica BAO permanece y hoy, a más de 40 años de haber trabajado, continúan juntándose. "Fue un proceso divino haber vivido esto, una cosa de locos. Y hasta el día de hoy tenemos la suerte de revivir cantidad de anécdotas de aquel tiempo, juntándonos en las casas de uno y de otro", continuó. "Lo lindo de esto es que nos dejó una amistad eterna, porque nos seguimos juntando. Por favor, la vida pasa más rápido", concluyó.
El proyecto de cooperativas de vivienda
El predio de la antigua fábrica tendrá un nuevo destino: allí se construirán tres cooperativas de viviendas sindicales. El proyecto contempla 150 viviendas de dos, tres y cuatro dormitorios, destinadas a unas 150 familias y más de 400 personas.
El proyecto fue presentado ante el Ministerio de Vivienda luego de que se alcanzara un boleto de reserva con los actuales propietarios del terreno, indicó a Telemundo Eduardo Tropiano de la Federación del Programa de Vivienda Sindical. La mayoría de las familias que integran las cooperativas son de la zona oeste de Montevideo, principalmente de La Teja.
La construcción conservará parte de la estructura y los cimientos de la fábrica. El proyecto prevé reconstruir sectores existentes, levantar otros nuevos, generar un espacio común y aprovechar un sótano para el estacionamiento de vehículos. Además, entre los futuros habitantes hay hijos, nietos y otros familiares de extrabajadores de BAO, por lo que se busca mantener el vínculo del lugar con su historia.
Carlos y Alfredo esperan que el nuevo complejo conserve la memoria de una fábrica que llegó a emplear a más de 1.000 personas. Parte de sus muros permanecerán como testimonio de esa historia. Las obras están previstas para comenzar a fines de 2027 y el objetivo es que las 150 familias puedan estar viviendo allí en 2030.
