La novelista canadiense Margaret Atwood es el blanco de las críticas tras cuestionar a movimiento de Hollywood que anima a denunciar casos de abusos

"El movimiento #MeToo es síntoma de un sistema de justicia roto", escribió.

La novelista canadiense Margaret Atwood causó revuelo tras la publicación de un artículo suyo en el que afirma que el movimiento #Metoo refleja una justicia que no funciona.

“El movimiento #Metoo es síntoma de un sistema de justicia roto”, escribió en la columna titulada “Soy una mala feminista”, publicada en el diario Globe and Mail.

El movimiento #MeToo (“Yo también”), organizado para denunciar casos de acoso sexual, nació hace una década, pero se reactivó tras destaparse el caso del magnate de Hollywood Harvey Weinstein. La actriz Alyssa Milano, conocida por la serie “Embrujadas”, publicó un tweet en el que animaba a las víctimas de abuso sexual a romper el silencio y a denunciar  a sus agresores.

“Con demasiada frecuencia, mujeres y otras víctimas de abuso sexual no pueden obtener una audiencia justa de las instituciones, incluidas las empresas, por lo que usan una nueva herramienta: Internet”, continúa.

Las reacciones no se hicieron esperar, más en contra que a favor de la autora cuya adaptación de su libro más conocido, “The Handmaid’s Tale”, ganó varios premios Emmy en septiembre.

En esa ficción, describe el futuro apocalíptico de una sociedad que convierte a las mujeres fértiles en esclavas sexuales.

Refiriéndose a las actrices que denunciaron los abusos del productor Harvey Weinstein, la novelista de 78 años habla de “estrellas caídas del cielo”.

Además, hace referencia a episodios históricos para denunciar los riesgos de una justicia rápida y popular.

La idea de que alguien “es culpable porque es acusado” se ha aplicado durante “la Revolución Francesa, las purgas del estalinismo en la URSS, el período de la Guardia Roja en China, la dictadura argentina o los primeros días de la Revolución Iraní”.

“La sentencia sin juicio es el comienzo de la respuesta a la falta de justicia. O el sistema está corrupto, como en la Francia prerrevolucionaria, o simplemente no hay uno, como en el Lejano Oeste, entonces la gente hace justicia por mano propia”, escribió.

(AFP)


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