Diego Godín

Se dice que uno aprende de las malas experiencias. La última vez que fui al Complejo de la AUF (que también había sido la primera vez) caí en el engaño de la web de Copsa que asegura que desde Paysandú y Paraguay hasta Barros Blancos hay 40 minutos de viaje. En aquella oportunidad iba a […]

Se dice que uno aprende de las malas experiencias. La última vez que fui al Complejo de la AUF (que también había sido la primera vez) caí en el engaño de la web de Copsa que asegura que desde Paysandú y Paraguay hasta Barros Blancos hay 40 minutos de viaje. En aquella oportunidad iba a entrevistar a Christian Stuani y en vez de estar a las 13:00, llegué a las 13:40.

En este caso la nota con Diego Godín estaba agendada para las 12:30. Más de una hora antes me tomé el ómnibus para ir al Complejo. Pero en el camino me di cuenta de que no estaba en un Copsa, estaba en otro ómnibus que iba por una ruta diferente. Entonces, tuve que bajarme en medio de la Ruta 8.

Allá en frente vi un pequeño almacén, crucé corriendo y le pedí al señor que atendía si podía pasarme el número de algún taxista. Me pasó tres y uno de ellos me atendió, lo esperé desconfiada en la ruta durante unos quince minutos y a las 13:00 llegué al Complejo.

¡Perdón Faral, perdón! le dije al encargado de prensa de la selección. No pasa nada, en realidad me equivoqué yo, tendría que haberte dicho a las 12:00. Sucede que los jugadores habían entrenado temprano, luego hubo conferencia y ahora estaban comiendo, así que en realidad Godín no tuvo que esperar por mí. Y la enseñanza de todo el asunto es que nunca más tengo que ir en ómnibus al Complejo (vos tampoco)

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Diego Godín es alto, me lleva una cabeza de altura. Es puro diente y sonrisa, habla bajito y tiene un canto raro en el acento, no sé si es por haber crecido en el interior o por llevar siete años viviendo en España. Estamos sentados en el mismo sillón, uno al lado del otro, con una distancia mínima entre ambos. Tiene la camiseta de manga larga celeste y el short gris (short que un camarógrafo que anda en la vuelta y que es amigo suyo de la infancia, de Rosario, ya se lo pidió) Y sí, se lo voy a dar, es un amigo… me explica.

Infancia y fútbol

Nací en 1986 en Rosario, Colonia. Estuve en Rosario hasta los 14 casi 15 años que me vine a Montevideo a jugar al fútbol en Defensor.

Me crié ahí en la ciudad con mi familia que son mis padres y mi hermana, pero también tengo a mis tíos y mis primos en Rosario. Fui a la escuela número tres de Rosario y el liceo lo empecé en Rosario el primer año, luego fui al liceo Valdense porque muchos de mis amigos iban ahí, por un tema de que el plan era mejor que en el otro, estuve ahí hasta cuarto y después quinto y sexto los hice aquí en Montevideo.

¿Al fútbol jugás desde chiquito no?

Juego al fútbol desde los cinco años, hice todos los deportes que pude en mi ciudad y después cuando llegué a los 14 años que me salió la posibilidad de venir a Montevideo me decidí por el fútbol. Estuve muchos años acá jugando en juveniles y por suerte me fue bien, mi sueño de niño siempre fue jugar al fútbol.

¿Empezaste en Defensor?

El club mío de Rosario tenía una especie de convenio con Defensor Sporting de Montevideo, había un técnico de Defensor que iba a ver jugadores. Nos vieron a mí y a un par de compañeros más, nos trajeron a probar y quedamos. Surgió por eso.

¿Y en tu casa te apoyaron cuando les dijiste que querías ser jugador de fútbol?

En mi casa me apoyaban porque me gustaba, era algo que veía como un sueño. También tuve dificultades en el inicio, en Defensor quedé libre en su momento, tuve que pasar a Cerro pero en ese ínterin que quede libre no sabía que iba a hacer, tenía que volver a Rosario a estudiar o quedarme en Montevideo y mi familia siempre me apoyó para que siguiera mi sueño.

Incluso en el libro “Vamos que vamos” de Ana Laura Lissardy hay una historia muy buena de tu padre pidiéndole sinceridad al técnico de Cerro ¿Cómo fue?

Mi padre es de campo, de afuera y él siempre dice que hay que hablar las cosas de frente y claras, fue ese día, me acompañó y le dijo al técnico:

¿Usted sabe jugar al truco? Esto es quiero o no quiero, tiene que ser claro porque Diego tiene que estudiar, se tiene que anotar en el liceo y si en 15 días usted me dice, me lo tengo que llevar a Rosario porque tiene que estudiar. Y si se queda tiene que anotarse en Montevideo, entonces me tiene que decir si le sirve o no le sirve, no me dé vueltas.

Y me fue bien por suerte.

¿Cuántos años tenías ahí?

Ahí cumplía 16 ó 17 en febrero.

Y después fue todo vertiginoso ¿no?

Ahí me quedé en Cerro, jugué cuatro meses en Quinta de Cerro y ya me empezaron a subir a entrenar con Primera, a jugar en Tercera, a estar en el banco de Primera, y ese mismo año debuté con 17 años en el 2003. De ahí en más fue todo como decís vos muy vertiginoso, me fue realmente bien, llegué a la selección Sub 20 y a la selección mayor estando en Cerro.

¿Recordás la primera vez que te llamaron para la selección mayor?

La primera vez fue estando (Jorge) Fossati, como estábamos en la Sub 20 ya nos conocíamos, fue para un partido contra Colombia en el Centenario. Ganamos 3 a 2 con los tres goles de (Marcelo) Zalayeta en Eliminatorias. Yo estaba feliz, llegué al Complejo y vi a todos los ídolos y monstruos que había en ese momento… fue increíble de verdad.

La vida en el exterior, de Nacional a Villarreal y ahora en Atlético de Madrid

Estuve un año en Nacional y en julio de 2007 pasé a Villarreal, tenía 21 años. Tenía un cagazo... Uno el sueño que tiene siempre es jugar en Europa, que te llamen, que te salga siempre ese pase tan esperado. Yo lo esperaba, sabía que estaba la posibilidad pero un día me llama mi representante y me dice:

Diego aprontá las valijas que mañana nos vamos a Europa.

¿A dónde vamos? Le pregunté yo. Y me dijo:

No sé, cuando llegues a Madrid te va a decir el equipo un muchacho que está allá.

Imaginate, a las ocho de la noche tenía que ir a mi casa a aprontar las valijas. Llamé a mis padres…

¿Y ellos qué te dijeron?

Me felicitaron, pero ellos no se iban a mover porque estaban en Rosario, en el campo y me dijeron que me quedara tranquilo. Yo tenía unos nervios que no podía más, apronté la valija, tomé coraje y me fui pero con un miedo de no saber a dónde iba.

¿Había algún uruguayo cuando llegaste? ¿Alguien te dio una mano allá?

Cuando llegué allá estaba Sebastián Viera y la verdad que se me hizo muy fácil porque había muchos sudamericanos, la ciudad era muy chica.

¿Vivías solo?

Sí, llegué y estuve solo primero en un hotel, Sebastián (Viera) me ayudó mucho al principio. Después vino mi padre a acompañarme y a ayudarme a encontrar un apartamento.

Lo bueno es que tenías la experiencia de haberte alejado de tus padres cuando te fuiste a Montevideo…

Yo siempre lo digo, para un chico del interior a veces cuando te despegás de tus padres y te venís solo a Montevideo ya es un pequeño distanciamiento y te acostumbrás. Pero te aseguro que no tiene nada que ver irte al otro lado del océano, estar lejos. Son culturas diferentes. Fue cuando más extrañé a mi familia, realmente los extrañé.

¿Y tuviste que dejar una novia también?

Eso hubiera sido más difícil, pero no, en ese momento estaba solo.

Y después de tu paso por el Mundial de Sudáfrica te fuiste al Atlético de Madrid…

Después del mundial me fui al Atlético. La verdad que me adapté rapidísimo, estaba Diego Forlán en ese momento, estando en el mundial habíamos hablado mucho y después del mundial me salió el pase. Por suerte pude ganar un título ni bien llegar. El primer año se hizo un poco irregular en lo deportivo pero después han sido cuatro años espectaculares.

En esa salita del Complejo en donde estamos hace calor. Ni bien me acomodé me saqué un pañuelo que tenía en el cuello y lo dejé en una mesa de vidrio que tenemos al lado del sillón. En algún momento de la entrevista se cayó al suelo y hace un rato que Godín lo está pisando. Así que se detiene un momento, me levanta el pañuelo y lo acomoda. Gracias le digo. No no, es que te lo estoy pisando todo responde sonriendo. Y seguimos.

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En Uruguay nos enteramos de los uruguayos que están en el exterior especialmente cuando hacen goles, los defensas están un poco abandonados. Pero hace un par de semanas que venimos teniendo noticias tuyas. El gol del empate ante Barcelona, el único gol en el partido ante Real Madrid… ¿Cómo los vivís?

(Risas) Es verdad, he hecho varios goles. Obviamente son goles soñados, es difícil imaginarse a veces hacer un gol que se dé así. Estar en una Liga, jugar con un rival que está compitiendo, en su estadio, ir perdiendo… Empatar para una Liga es algo soñado, es todo por creer, por la ambición y las ganas que teníamos de ganar esa Liga. Porque la habíamos luchado muchísimo.

Hasta ahora se me pone la piel de gallina de pensar nada más (Godín estira el brazo derecho, se remanga y me muestra) En ese momento es todo alegría, no se me pasa nada por la cabeza porque estás en el partido, tenés eso adentro pero no lo podés liberar. Ya cuando termina el partido con el Barca me tiré al piso, se me caían las lágrimas, no lo podía creer. Fue uno de los momentos más lindos que viví sin dudas.

Los hinchas me decían:

Gracias Diego, gracias Godín

Y yo les decía: no, gracias a ustedes y a mis compañeros.

La verdad que fue un trabajo de todo un año que hicimos espectacular, con ese brochecito de oro que en lo personal fue divino.

¿Y en el caso de la derrota con el Real Madrid? Acá en Uruguay hubo una adhesión increíble al Atlético de Madrid ese día

En una semana vimos las dos caras de la moneda. Acá en Uruguay la gente desde que llegué me ha hecho saber que ha estado pendiente, que se han hecho hinchas, que han sufrido, que han llorado. La verdad que es lindo y me llena de orgullo, es lo más lindo que tiene el fútbol. Nos quedamos con la espinita y nada más. Allá en España los hinchas del Atlético estaban locos de la vida, orgullosos, sabían que era muy difícil haber llegado a una final después de 40 años.

Nos quedamos todos con la espinita de haberlo tenido tan cerca pero nada más, fue un logro porque todo el año fue espectacular, al principio de temporada ni nos lo planteábamos. No estaba en nuestros pensamientos llegar a una final de Champions y ganar la Liga, fue un año tan mágico para todos.

¿Le das importancia a los premios que recibís allá?

Yo sí, porque es muy difícil estar en un 11 ideal de Champions con tantos jugadores y tantas estrellas. Es como cuando me tocó salir un par de veces el mejor jugador de la Liga, cuando recibía los premios yo decía que le doy una dimensión más grande que el resto porque es un mérito tremendo.

De chico arrancaste como delantero, sos defensa pero estás convirtiendo ¿te pica el bichito?

A veces tenés eso de alma de delantero, pero no, me he adaptado espectacular a ser defensor, lo siento, lo vivo, a veces te dan esos arranques de querer hacer un gol y aportar en el ataque pero siempre cuando hacemos goles es lindo, por eso los delanteros valen 50 millones y los defensores valemos la mitad (Risas)

Y ahora con la cabeza en el mundial ¿cómo está el grupo?

Estamos contentos, estamos bien, muy ilusionados y con muchísimas ganas de llegar a Brasil, de meternos en el ambiente y de vivir esa fiesta. Nos vamos con tres millones de ilusiones, somos unos uruguayos más que vamos a defender la selección, sabiendo que nos enfrentamos a selecciones duras.

La ilusión es grande me imagino…

La ilusión es la misma que cuando fuimos a Sudáfrica, con otra experiencia, con un mundial encima. Vamos a un país que no es desconocido, fuimos a Copa Confederaciones, sabemos a dónde vamos, a qué canchas. Eso te quita un poco de ansiedad. Pero estamos con muchísimas ganas.

¿Te vas del Atlético de Madrid después del mundial?

Yo he leído muchas cosas, lo único que te puedo decir es que tengo contrato con el Atlético de Madrid hasta 2018 y por el momento estoy tranquilo y estoy bien. Ahora lo que quiero es hacer lo mejor posible en Uruguay con el mundial.

¿Viste la imagen de la factura de $840 que andaba dando vueltas? ¿Eso costaste, en serio?

En realidad no costé nada, no me vendieron por nada, ese era el ticket o timbre que cobraba la AUF para inscribirme. Entonces se dice que valí $840 que fue lo que tuvo que pagar Cerro. Da gracia porque decís: “tan poquito” y después ves pases millonarios.

Pero es lindo porque es parte de mi historia y de lo que he hecho en mi carrera deportiva. Es algo lindo y gracioso a la vez, estoy orgulloso.

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Hace casi dos años que Diego está de novio con una uruguaya, pero ella no vive con él.

Diego: Ella estudia, va y viene.

Yo: ¿Justo de una uruguaya te enamoraste? Qué difícil.

Diego: Siempre tiramos para la tierra, es verdad que hay mujeres lindas en todo el mundo pero yo extraño mi país.

Yo: ¿Y se van a casar?

Diego: De momento ni lo hablamos

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@carlaUG


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