Marcelo Tabárez

Pasan algunos minutos de las cuatro de la tarde, es miércoles, hace frío y en la ruta no se ve nada porque llueve sin parar. Me meto en una calle paralela a Giannattasio, doblo a la izquierda y sigo varias cuadras. Estoy en El Pinar, frente a la casa de Marcelo Tabárez. – Hola, soy […]

Pasan algunos minutos de las cuatro de la tarde, es miércoles, hace frío y en la ruta no se ve nada porque llueve sin parar. Me meto en una calle paralela a Giannattasio, doblo a la izquierda y sigo varias cuadras. Estoy en El Pinar, frente a la casa de Marcelo Tabárez.

– Hola, soy Alejandro, el papá de Marcelo. Pasá.

La luz tenue, la tele prendida con una película de HBO de fondo y la estufa a leña chispeante conforman el panorama.

El ambiente es cálido y cálidas son las personas que me reciben: la mamá Alejandra, el hermano menor Matías y el propio Marcelo. Todos sentados tranquilos. Siento culpa por llegar a interrumpirlos, pero me acomodo en un sillón y empiezo la entrevista.

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Infancia y fútbol

Nací en Montevideo, viví hasta los tres años en Maroñas en la casa donde vivían  mis abuelos paternos. A los tres años me mudé para Paso Carrasco a la casa de mis abuelos maternos. Ahí viví hasta los 17 años que fue cuando nos mudamos a El Pinar. Fue una independencia porque por primera vez empezamos a vivir solos.

Hice hasta tercero de escuela en Solymar, porque mi madre trabajaba ahí y de cuarto a sexto los hice en el Uruguá, que es la escuela de la que mi madre con sus compañeras es dueña, es en El Pinar acá cerquita. Después el liceo lo hice en Paso Carrasco, porque me quedaba cerca de donde vivía.

¿Terminaste el liceo?

No, hice ciclo básico completo. Después dejé.

-Bueno, bueno, Marcelo se distrae por una explosión de chispas en la estufa a leña. Los trocitos dorados se esparcen por el suelo y todos nos quedamos unos segundos embobados mirando cómo se consumen.

¿Cuándo empezaste a jugar al fútbol?

Empecé a los cinco años en el Huracán Villegas, un cuadro de la Curva de Maroñas. Yo vivía lejos de ahí, ya estaba viviendo en Paso Carrasco pero mi padre vivió toda la vida en Maroñas y siempre dijo que cuando tuviera un hijo lo iba a llevar al Huracán. El primer día yo no quería ir, no quería entrar a jugar. Y eso que a mí siempre me gustó el fútbol, aprendí a caminar atrás de una pelota.

¿Por qué no querías?

Me daba vergüenza, siempre fui muy reservado con gente desconocida. Después sí, entré a la cancha y cuando terminó no quería salir, mis padres me decían: nos tenemos que ir, y yo no quería. Me acuerdo clarito, son cosas que te quedan. Estuve en ese cuadro con gurises hasta los 13 años. Hice todo el baby fútbol ahí.


Danubio

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Cuando estaba en el Villegas a los nueve años me llevaron a la escuelita de Danubio, entrenábamos dos días a la semana. Hice hasta los 13 años en el Villegas -que se terminaba el baby- y a los 14 arranqué en Danubio.

¿Pasaste por todas las categorías?

Sí, todas. Hice de séptima a tercera y después me subieron a primera.

Incluso te destacaste en todas, fuiste goleador…

Sí, el único año que no salí goleador en juveniles fue en sexta pero pudimos llegar a la final ese año también, perdimos pero fue un buen año. En lo personal no fue un buen año porque tuve un par de lesiones y una citación a la selección que por la lesión no se dio y eso me trabajó la cabeza. Pero sí, en séptima salí goleador y salimos campeones, en quinta y en cuarta también y en tercera salí goleador del Clausura y me subieron a primera.

¿Cómo fue cuando te llamaron para la selección?

Estaba en sexta, tenía quince años. Fue una Sub-15 que fueron entrenamientos nomás, el técnico era Fabián Coito. Se arrancaba un lunes a entrenar, el domingo jugué con Peñarol, me lesioné la rodilla y estuve un mes parado. Fue muy complicado porque era muy chico y me dolió.

¿Quién te sube a primera en Danubio?

A primera me sube (Juan Ramón) Carrasco, cuando estuvo en Danubio en el 2012. Un jueves me sube a entrenar a primera, entrené con los suplentes, me pasó al equipo titular y me desgarré. No pude debutar ese año, fue un desgarro complicado porque a lo primero los médicos me habían dicho que era una distensión. Eso fue en los primeros días de noviembre y no pude jugar, estuve un mes y medio con el desgarro, no podía picar. Se terminó el año, tuvimos licencia, volvimos a entrenar en enero, ahí cambiaron el técnico, vino Leo Ramos.

Empecé entrenando en Primera, fue una situación medio confusa porque claro, a mí no me conocían porque yo no había debutado. Estaba en el plantel principal pero no había jugado porque había terminado lesionado. Estuve entrenando dos semanas con el plantel principal y me bajaron a tercera. Fue complicado porque el sueño de uno es llegar a primera y que sin conocerte te bajen… fue complicado. Pero me pude poner bien físicamente, que era lo que yo quería. Eso fue a fines de enero de 2013.

¿Cómo es cuando te dicen que volvés a tercera?

Esa vez nos juntó a unos cuantos gurises de ese momento, porque como era un técnico nuevo estuvo dos semanas mirando jugadores. Éramos como ocho o nueve, nos dijeron que no nos iban a tener en cuenta y como yo era joven, tenía 19 años, pude volver a tercera. Hubo otros que tuvieron que irse porque su edad no les permitía volver a tercera. Volví a tercera, volví a jugar pero es un momento complicado. Justo esa fue buena porque me lo dijo el técnico de frente, me dijo por qué y cómo. Te bajonea pero el fútbol es así. Estuve un mes y medio en tercera y me subieron de vuelta, ese campeonato jugué solo cuatro partidos, al siguiente jugué seis y a partir de la octava fecha no tuve más participaciones.

¿Por qué? ¿Te dieron explicaciones?

No, esa vez no. Y yo fui a pedir explicaciones, para saber qué me faltaba. Fue medio raro porque yo venía jugando, venía siendo primer cambio en todos los partidos. Y después no me pusieron más. Pedí explicaciones y me dijeron que había muchos delanteros. Tuve que meterle de vuelta para tratar de volver a ser tenido en cuenta.

Justo salimos campeones uruguayos, fue algo hermoso pero no lo sentí mucho por el hecho de no sentirme partícipe. Es difícil para uno que no está acostumbrado a no jugar, pasar siete partidos afuera del plantel. Es complicado. Cuando terminó el campeonato empezó a salir en la prensa que yo no iba a ser tenido en cuenta, que me iban a dar a préstamo, que esto, que lo otro…

¿Entonces?

Siempre cuando vas a volver a entrenar te llama un dirigente, a mí me llamaron para que me presente en tercera. Fue uno de los peores momentos desde que estoy jugando al fútbol, estaba muy molesto, muy enojado.

¿Qué hiciste?

Hablé con mi representante y le dije que me buscara una solución para poder salir a préstamo. A mí me quedaban dos años más con Danubio pero iba a salir a jugar para poder tener roce en primera y no seguir jugando en tercera, yo ya tenía 21 años. En julio de 2014 arranqué con tercera, entrené hasta agosto.

El 8 de agosto me dicen que viajaba el 9 de agosto a Suiza. De la nada.

¿Cómo fue?

Fue un dirigente, me dice: Marce ya salió lo tuyo. Yo no sabía nada. -¿Cómo que salió lo mío? -Sí te vas para Suiza, me dijeron. Dejé pasar la práctica y les comenté a los técnicos de tercera porque en dos semanas arrancaba el campeonato. Yo ya les había comentado que no quería jugar en tercera y que iba a buscar otro equipo. No quería jugar en tercera porque sentía que estaba dando pasos para atrás. Cuando me dicen lo de Suiza fue un viernes 8, me tomó por sorpresa, era en un cuadro grande de Suiza. Yo nunca había viajado en avión, fueron todas experiencias nuevas.

¿Y en tu casa qué te dijeron?

Yo en ese momento vivía con mi novia (Yésica) en Malvín. Con mis padres estábamos en constante contacto. Fue una sorpresa y no nos dio mucho tiempo de prepararnos para nada. Me lo dijeron el viernes a las 12:00 del mediodía y el sábado a las 11:00 ya salía el vuelo.

El silencio del ambiente se corta por la risa de la mamá de Marcelo. En ese momento me acuerdo que no estamos solos, que detrás a mi derecha están Alejandro y Matías en un sillón y que al lado de Marcelo está su mamá. Los tres escuchan en sumo silencio y con mucha atención lo que cuenta el jugador.

¿Tu novia qué te dijo?

Se sorprendió, estaba trabajando y salió del trabajo para estar conmigo esas últimas horas. Fue una sorpresa total.

Entonces te fuiste a Suiza…

Cuando llegué a Suiza fue todo nuevo, el viaje en avión son doce horas hasta Madrid, después a Milán.

¿Con quién viajaste?

Viajé con mi representante y otros jugadores. Llegamos a Suiza, algunos jugadores se quedaron en un cuadro al sur y yo tuve que ir a Zúrich que es al norte. La primera noche me tocó quedarme solo y me afectó muchísimo, yo no pensaba que iba a ser tan así. Me tuve que quedar con los juveniles de ese cuadro, ahí se hablaba alemán. El inglés me salvó pero los dos idiomas que más se hablaban eran alemán e italiano. Era complicado para sociabilizar.

¿Había algún jugador latinoamericano?

Había un peruano que en realidad era suizo, tenía padres peruanos. Pero iba a entrenar y se iba a la casa, no era muy sociable. Yo soy medio difícil para hacer confianza con gente nueva y si veo que el otro no tiene interés en ayudarme, tampoco ando rogando. El tema del idioma fue duro, el tema de extrañar…

Empecé a extrañar como loco, desde la primera noche que llegué. Tuve tres prácticas, me estaba yendo re bien, me estaban dando para adelante los técnicos y me desgarré…

La mamá de Marcelo se vuelve a reír.
-Cuando llegaba a algo, le pasaba algo, comenta el papá.

Estuve una semana más entrenando a ver si me podía recuperar. Les expliqué a los médicos pero no entendían porque hablaban alemán cerrado.

Me imagino que debe ser muy difícil estando solo allá…

Es difícil, pero a mí me empezó a comer mucho la cabeza el tema de extrañar y la ansiedad. Yo llegué un lunes, entrené el martes y me dijeron que el viernes iba a haber una prueba para verme a mí y que si andaba bien se firmaba el préstamo. El jueves me dijeron que se había pospuesto hasta el otro miércoles, entonces me empecé a hacer la cabeza, tenía que esperar una semana más. Y el tema del idioma no me ayudaba.

Los médicos me hicieron masajes, que si tenés un desgarro no te tenés que hacer masajes, tenés que dejar quieto y ponerte hielo. Esas cosas repercutieron para mal en el músculo y no ayudaron. Pasó una semana, no podía correr ni hacer nada, entonces llamé a mi representante. Me dijo: quédate tranquilo y me llevó al sur con mis compañeros que habían viajado conmigo. Fue un momento lindo, conocimos Lugano, una ciudad al sur, y estábamos los tres vacacionando porque no entrenábamos ni hacíamos nada.

¿Estaban a la espera de algo?

Claro, a la espera de que a ellos les saliera un cuadro y yo de volverme a Uruguay. Estuve una semana y me volví para Uruguay, llegué el 26 de agosto y había viajado el 9.

Cuando volví, volví a Danubio a la tercera. Era lo que no quería, volví lesionado y estuve más de veinte días recuperándome. Volví, me puse bien. Pasaron cosas en Danubio que fueron complicadas, no me dejaban bañarme ni cambiarme en el vestuario porque yo era de tercera.

¿Eso es así siempre?

No, no es así. Fue así por un tema de otro jugador y la ligué yo de costado. Sé que no fue personal pero esas cosas afectan la diaria y el hecho de querer seguir yendo. Fue un momento de miércoles, días lluviosos como el de hoy tenía que pasarme un bidón en las piernas, volvía a mi casa todo sucio y sudado.

8¿Te planteaste abandonar en ese momento?

Nunca me planteé no ir más, pero sí te preguntás: ¿por qué pasan estas cosas? El fútbol tiene cosas muy lindas y cosas que no son tan lindas, que son las que más te ayudan para seguir, las malas son las que te ayudan a progresar, tenés que sufrir y meterle. Fue complicado porque yo estaba re pintado, no jugaba ni en tercera a veces. Quedé afuera del plantel como tres partidos seguidos.

¿Por qué quedaste afuera?

En ese momento fue porque estaba pintado al óleo. No sé. Fue un momento complicado, no me gusta mucho hablar porque no sé por qué fue. Sé que fue y que fue un momento complicado. Ahora me pongo a pensar todo esto y me da rabia, pero el fútbol es así y hay que seguir metiéndole.

Como te digo eso, también te digo que faltando cinco fechas me empezaron a poner de nuevo en tercera, empecé a tener buen rendimiento, empecé a jugar y faltando dos fechas me vuelven a subir a primera, jugué contra El Tanque.

La última fecha me ponen de titular, le ganamos a River y me eligieron jugador Yumbo del partido. Es lindo, después de tantas verdes recoger una de esas te deja tranquilo y sentís que se puede. Porque se te cruzan muchas cosas por la cabeza, no dejar de jugar pero sí no ir más a Danubio e irme a entrenar a otro lado. Eso fue  a fines del año pasado.

No hay forma de que el fuego deje de brotar en la estufa. Alejandro se para, cruza el living y agrega leña.

¿Quiénes eran los técnicos de tercera en ese momento?

Fernando Araújo y Rodolfo Ojeda, eran del círculo de Leo Ramos.

Arranca el año y empezás en primera…

Arrancó el año, me llamaron para que me presentara en primera, arranqué de titular y los técnicos me dieron otra confianza. Hacía un año me habían flechado y ahora este año me pusieron de titular y me mantuvieron toda la confianza que me dieron en un principio, me dijeron que iba a jugar y jugué. Pasó lo que pasó con todo esto del tumor, fue una carrera corta con algunos golpecitos y acá estamos.

Y tu nombre empezó a sonar en los medios, te estabas destacando…

Estaba teniendo un buen rendimiento, estaba haciendo goles. Este campeonato hice tres goles en seis partidos, llegué a jugar seis partidos nomás. Tenía mucha confianza en mí y mis compañeros me estaban dando tremenda confianza. Pero como te contaba hoy, en los momentos en que están por pasarme cosas buenas, me pasan cosas… no sé por qué, pero después habrá tiempo para pensar por qué me pasan esas cosas.

Pero yo  estoy tranquilo y estas cosas me ayudaron a ver la vida desde otro punto de vista y a apreciar cosas que antes no apreciaba. Yo soy un tipo muy calentón, me caliento mucho por bobadas, me sigo calentando pero algunas cosas antes me calentaban más.

¿Cuándo empezó el tema del tumor?

Lo del tumor no sé cuándo arrancó, pero yo a principio de año sentí que tenía un huevito chiquitito en el testículo y se fue incrementando, se fue inflando. No sé qué era que tenía pero sé que estaba hinchado.

¿Consultaste a un médico?

No. No me dolía, no me molestaba, lo tenía hinchado y no le había dicho a nadie por todo lo que te digo de aprovechar el momento, de estar jugando. En ese momento puse por delante mi carrera futbolística en vez de poner por delante mi salud. No me arrepiento de haberlo hecho pero lo haría de otra manera. Opté por callarme y por seguirle metiendo al fútbol y obvié un poco la situación, yo no sabía que era un tumor, yo tenía hinchado un testículo pero no me dolía ni me molestaba.

Yo me bañaba y pensaba: ya se va a ir, ya se va a ir pero no se iba. Nunca te esperás que te pase algo de eso y yo nunca me creí merecedor de tener un tumor, yo nunca tuve una gripe. Cuando se me empezó a hinchar, no soy bobo, sé lo que es un tumor, pero lo obvié, pensé que se me iba a ir. Por suerte pasó todo esto del partido en San Pablo y del control antidoping.

Como le digo a mis padres: fue una señal, me dio una segunda vida porque yo no iba a decir nada hasta que no pudiera caminar. Por suerte se pudo agarrar a tiempo y no implicó ningún órgano más.

Y todo saltó por un antidoping…

A vos te hacen todo el control, tenés que orinar en dos frascos, son dos muestras, lo sellás, lo mandan a Colombia creo y eso demora como un mes, o dos meses. Cuando abren la primera muestra sale una sustancia que fue la gonadotrofina corionica que no es algo que se pueda ingerir, es algo que genera el cuerpo. Fue un momento que no sé ni cómo llamarlo. Me llama el presidente de Danubio, Óscar Curutchet, y Eduardo Pisoni de la comisión directiva, para que vaya a hablar con ellos urgente.

Yo estaba con mi novia, arranqué a la Junta Departamental porque Curutchet trabaja ahí, es la mano derecha de Daniel Martínez o algo así. Llegué y cuando me saludaron me di cuenta que algo raro había. Me hicieron pasar a un cuarto y le pidieron a mi novia que no pasara. Y me dicen que el doping había dado positivo.

¿Cómo reaccionaste?

En el momento me quedé sin palabras, estaba tranquilo pero nervioso a la vez. Tranquilo porque sabía que no había tomado nada y nervioso porque lo primero que se me cruzó por la cabeza fue que me habían puesto algo, que me habían hecho una cama y fue lo que yo les dije. Lo bueno es que nadie desconfiaba de lo que yo decía. Nunca me imaginé que me iba a pasar eso.

Llamé a mi padre y le conté, él justo salía de trabajar ahí cerca, lo esperé para volvernos juntos a casa porque fue un momento feo. En el momento no te das cuenta pero he visto que les pasó a otros jugadores y vi cómo su carrera les cambió totalmente.

Al otro día fui a entrenar, mi cabeza estaba en cualquier lado. Era viernes, el sábado jugábamos con Peñarol. Me acuerdo que antes de arrancar la práctica, Leo Ramos ya sabía y me llamó para hablar un rato. Le dije que estaba para jugar pero la verdad no estaba para jugar. Entrené bien pero mi cabeza estaba en otro lado.

Te lo estoy contando y se me acelera el corazón porque fueron momentos de mucho nervio e incertidumbre, yo no sabía qué iba a pasar. Cuando terminó la práctica vino el profe a hablar conmigo, me dijo que disfrute el partido con Peñarol porque se iba a venir una sanción u otra cosa, pero que iba a pasar tiempo sin jugar. Me dice el nombre de la hormona que había salido, que hasta ese momento nadie me la había dicho. Me volví para casa muy nervioso, llegué a casa y lo primero que hice fue buscar en internet el nombre de la hormona y decía que es una hormona que segrega el organismo en defensa de ciertos casos y de tumores testiculares.

Ahí asocié, en el momento me tranquilizó porque yo sabía por dónde venía el tema del doping. Me acuerdo que fuimos a hacer un mandado con mis padres, leí en la computadora y me quedé callado. Cuando salimos me acuerdo que me puse a llorar y le largué todo a mi padre, no sé cuál fue su reacción pero se quedó más tranquilo aunque se dio cuenta que venía algo más complicado.

¿Y vos cómo te sentiste?

Me tranquilizó saber que era un tumor pero no me di cuenta de lo que venía después. Al otro día me desperté de mañana, era el partido con Peñarol, no podía estar parado. Tenía dolores en la panza, no podía estar acostado, me sentaba y me dolía. Tuve que llamar a un amigo que es el fisioterapeuta de Danubio que vive acá en Pinar, vino, me hizo masajes, me empezó a charlar y se me pasó. Pero yo tenía decidido no ir al partido porque no me sentía bien para ir, no iba a poder jugar lo que yo quería y no iba a poder ayudar a mis compañeros.

Pero se me fue pasando. Eran nervios, ansiedad, demasiadas cosas que me pasaron en dos días, me desbalanceó un poco. Se me fue un poco el dolor, me empecé a sentir mejor y arranqué para la sede de Danubio, fui sin comer, no comí nada antes del partido. Después el partido se dio que ganamos y que pude hacer un gol. Yo ya sabía antes de jugar todo lo que venía, sabía que la sanción era lo que menos me importaba, en ese momento había recapacitado, sabía que tenía un tumor. Por suerte pudimos ganar ese partido y terminé esa etapa de buena manera, haciendo un gol y ganando, que fue importante para el arranque de todo esto también.

¿A tus compañeros cómo les contaste?

Al primero que le dije fue al profe el viernes de noche, me dijo que me quedara tranquilo. Además, les conté al Tuna Fornaroli y al Tito Formiliano, les conté que el doping me dio adverso y que se venía una sanción. Después el sábado antes del partido lo comenté, yo estaba más tranquilo pero a ellos les afectó en el momento porque se dieron cuenta de lo que se venía.

¿Qué te dijeron?

Me dijeron: ya está, vamos arriba. Son cosas que me van a quedar siempre grabadas, es bueno ver la reacción de tus amigos y de la gente cercana para ver cuánto te quieren y cuánto te aprecian. Es difícil de explicar lo que sentí en esos días, fue todo muy rápido. A mí me notifican del control antidoping el jueves de tarde, el sábado jugamos, el lunes me hago una ecografía y ya me operan el mismo lunes. Agradezco que haya salido tan bien. No me dio mucho tiempo para ponerme mal, no me dio tiempo para pensar en lo que se venía, capaz hubiera sido más difícil.

¿Después de la operación empezaste la quimioterapia?

Después de la operación estuve una semana internado porque estaba con dolores de espalda por la operación, después estuve una semana en casa y ya arranqué con la quimioterapia el domingo 26 de abril, fueron cuatro meses. La primera semana de cada mes eran cinco días seguidos, era la más complicada de todas porque sentía náuseas, tenía vómitos y cansancio. Yo nunca estuve acostumbrado a sufrir ni a pasarla mal, en estas cosas uno sufre mucho y pasa mal.

Son momentos jodidos, yo en mi vida habré vomitado tres veces, y ahora en un mes vomité como 50 veces. Capaz que pensás que un vómito no es tanto, pero para mí era mucho, el hecho de vomitar y estar con náuseas constantes que no se te van… Por suerte ya terminamos con esa etapa que fue la más difícil y ahora esperemos que vengan las buenas.

¿Y ahora cómo seguís?

Terminé la quimioterapia, mañana tengo consulta con el oncólogo que me va a decir cómo sigo. Yo deseo que haya terminado todo y poder estar tranquilo y que todo esto quede atrás. Si queda algo más le vamos a meter con todo, pero yo tengo las ganas y la confianza de que lo peor ya pasó.

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¿Tu situación con Danubio cómo es?

Yo estoy lesionado, mi contrato se respetó en todo momento y tengo contrato hasta 2017, yo cobré lo mismo que cobraba cuando estaba jugando.

Marcelo Tabárez tiene 22 años, es un poco más alto que yo, es flaco como un adolescente y tiene la piel blanca, como transparente. Mientras habla mira por la ventana, muy pocas veces me mira a los ojos. A veces cuando duda sobre alguna fecha, le consulta a su mamá que responde enseguida. De a ratos se pasa la mano por la boca, es como un tic. No tiene pelo y sus cejas son apenas un rastro de lo que fueron. Habla despacio, tranquilo y casi siempre sonríe.

Y ahora estás viviendo con tus padres acá…

A principios de año me volví para acá, estoy haciendo una casa en el fondo, todavía no está terminada. La idea era quedarme acá con mis padres cuando pasó todo esto, en Malvín viví hasta diciembre del año pasado y a partir de diciembre nos mudamos para acá. La idea es cuanto antes, ahora que ya terminó la parte brava, mudarme con mi novia para el fondo porque estamos acá metidos.

¿Tenés muchas ganas de volver a jugar?

Estoy deseando volver, estoy ansioso, trato de no pensar pero no puedo. Estoy acostado y pienso en cómo va a ser la vuelta al entrenamiento y la vuelta a estar con mis compañeros. Son muchos años de tener una rutina, todos los días ir a entrenar desde que tengo 14 años.

¿Este fue el tiempo que más paraste en el fútbol?

Sí. Nunca estuve lesionado de gravedad, la lesión más grande fue el esguince de rodilla que fue un mes, y no es que no podés hacer nada durante un esguince, a la semana ya podés trotar. Yo hace cuatro meses que no hago nada, nada, nada. Y he ido a Danubio tres o cuatro veces porque por el tema del tratamiento y las defensas que están bajas, no puedo andar regalándome mucho. Cualquier frío que agarre es enfermedad, yo me cuidé muchísimo,  mis padres también entonces no me enfermé, eso hizo que no se detuviera el tratamiento.

Ahora lo que más me está preocupando es el tema del pelo y las cejas…

Bueno, pero el pelo te crece enseguida…

– Ariosa lo fue a visitar y tenía unos rulos bárbaros, dice su padre desde el sillón.

-¡Pero que no me crezcan rulos!, agrega Marcelo riéndose.

Alejandra, la mamá de Marcelo, habla por primera vez desde que llegué: La actitud de él siempre ha sido de mirar hacia adelante y de encarar lo que viniera, si bien no la pasó bien ninguno la pasó bien, siempre estuvimos con esa mentalidad y pensando en el día a día, en no planificar tan a largo plazo porque no sabés. Estamos sumamente orgullosos porque le metió terrible actitud.

Tus compañeros de Danubio enseguida salieron a apoyarte, incluso los hinchas y mucha gente que tal vez no te conocía tanto, empatizó contigo enseguida…

El Tuna Fornaroli siempre me dice que uno cosecha lo que siembra. Eso me deja tranquilo. Hay gente que no me conoce, pero los que me conocen y que más han estado, me demuestran que uno hizo las cosas bien. Tuve un apoyo que fue demasiado. Cuando mis compañeros se pelaron, no hubo uno que dijera que no. El único que no se peló fue Renzo Pozzi porque se casaba y los compañeros le dijeron que no lo hiciera. Pero él me llamó y me dijo: mirá que me pelo y yo le dije que no. Eso me tiene re tranquilo y por eso tengo ganas de volver. Lo de ellos fue importantísimo porque uno vive día a día con todos ellos, tengo amigos que son hermanos de la vida. Al Tito Formiliano lo conozco desde que tenemos 14 años, somos más que amigos, soy el único jugador de Danubio que fue a su casa en Salto, conozco a sus padres y a su familia, y él ha venido incontables veces a casa.

Por eso quiero volver cuanto antes. La otra vez me llamó Jadson Viera y le dije: yo no quiero volver a entrenar, quiero volver a ir, quiero levantarme y salir, quiero ir al complejo, quiero estar ahí todos los días, volver a lo de antes. El tema del entrenamiento seguramente lleve un poco más de días, pero estoy pensando en volver a ir todos los días y en sentirme de nuevo parte del vestuario. Va a estar bueno. No quiero pensar mucho en eso, pero te ponés a hablar y es peor. Siempre dicen que cuando uno  la pasa mal el tiempo pasa más lento, y cuando uno disfruta pasa volando. A mí esto me pasó volando pero no la pasé tan bien. Ahora espero que pase todo rápido para volver a la normalidad.

Pasó una hora desde que llegué a la casa de la familia Tabárez, apago el grabador, agarro mis cosas y me levanto. Pero la verdad es que no me quiero ir de ahí. Afuera llueve y hace frío, adentro la luz es tenue, la película de HBO sigue en la tele y la estufa no tiene descanso.

¿No querés tomar un café o algo antes de irte?, me pregunta el papá de Marcelo…

 


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