Si uno baja del ascensor en el primer piso del Palacio Legislativo nuevo y dobla a la izquierda, de inmediato puede ver una cantidad de folletos pegados en el vidrio del despacho 114. Son folletos relacionados con las ideas que se promueven desde el interior de esa oficina. El despacho del diputado Sebastián Sabini parece […]
Si uno baja del ascensor en el primer piso del Palacio Legislativo nuevo y dobla a la izquierda, de inmediato puede ver una cantidad de folletos pegados en el vidrio del despacho 114. Son folletos relacionados con las ideas que se promueven desde el interior de esa oficina.
El despacho del diputado Sebastián Sabini parece el cuarto de un adolescente de esos a los que su madre le impone que lo limpie o se queda sin baile. Hay revistas, libros, diarios, folletos, papeles de todos colores amontonados en cada rincón de la doble oficina de unos 20 metros cuadrados. Hoy ordenamos porque venías vos confiesa Sabini.
El diputado está vestido de manera informal, despeinado y con el semblante tranquilo. A pesar de su amabilidad, da la impresión de que le aburren las entrevistas. La nuestra dura una hora exacta.
Sabini acompaña cada cosa que dice con el movimiento de sus manos (manos blancas, de dedos largos y uñas impecables) y hace el mínimo -pero intenso- contacto visual posible. Está sentado en una silla cómoda y apoya sus gestos en la mesa que nos separa. En la pared que tiene detrás descansa uno de los tantos cuadritos que cuelgan en la oficina, hay una frase de Raúl Sendic con su fotografía.
Hacia un costado se ve un mueble con más libros y pegado otro cuadrito que reza una frase del evangelio de San Mateo “Que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha”. Hay más frases y más cuadros, pero no pude retenerlos a todos y, aunque saqué una cuadernola para anotar esas cosas, me perdí en el reportaje.
Sebastián Sabini nació en Motevideo el 11 de junio de 1981, por lo tanto tiene 32 años recién cumplidos. Su primera mudanza, junto a su familia, fue a una casa en Millán y Castro y cuando cumplió 12 años se fueron a una chacra que queda cerca de la ciudad de Las Piedras en donde vivió casi diez años. Tiene dos hermanos: Andrés, de 34 años, y Piero de 30. Desde muy joven comenzó su militancia política. Primero en el liceo de Las Piedras (el Manuel Rosé) y luego en el Instituto de Profesores Artigas, en donde cursó profesorado de Historia.
La política cobró un espacio fundamental en su vida, tanto que hoy como diputado a pesar de entrar a las nueve de la mañana al Palacio Legislativo pero no saber el horario de salida (a veces a las once de la noche, a veces a las doce, a veces a la una…) disfruta de su trabajo y no lo reprocha. Su novia, compañera desde hace dos años, también tiene un trabajo que le abarca mucho tiempo y por eso lo banca.
La entrevista se centró especialmente en dos temas: educación pública por un lado y consumo de drogas por el otro. Si bien los temas fueron tocados de forma separada, al final se fundieron en lo mismo: educar para ser mejores, educar para prevenir daños.
Educación
Sebastián Sabini confía en la educación pública del país, cita cifras que aseguran que hoy en día los jóvenes están estudiando más, muestra -sin querer- un gran orgullo por haber logrado el boleto estudiantil y me tira abajo cuando le digo que tal vez lo que hace falta es un mayor compromiso docente con la educación pública.
Por lo menos la mitad de las faltas que hay en Secundaria están concentradas solo en el 7% de los docentes, entonces es un error ponerlos a todos en la misma bolsa. Así como creo que Pepe (el presidente José Mujica) se equivocó cuando dijo lo de las cuatro horas, hay muchos docentes que se dedican y que están súper comprometidos.
Además, me explica lo que se está haciendo actualmente y asegura que todo sería mejor si a los que ganan más se les aplicaran mayores impuestos como se hace en el primer mundo, porque lo que hace falta es dinero y de otra forma no se consigue. Sebastián Sabini extraña dar clases porque decidió no seguir trabajando como docente en liceos cuando asumió su rol de diputado en 2009, le resulta incómodo y entiende que afectaría el estado de laicidad obligatorio que requiere el ambiente.
Marihuana
¿Estás conforme con la ley que regula el mercado de la marihuana? Sabini dio algunos rodeos, una introducción muy de político, y finalmente respondió que sí, que está conforme. ¿Y vos fumás marihuana? fue mi siguiente pregunta.
El diputado se exasperó un poco pero apenas se le notó, porque es un joven amable. Siempre me preguntan lo mismo, si me preguntan por Educación nadie quiere saber si me gusta leer o qué libros leo… ¿Y te gusta leer? (mezclo la pregunta para suavizar la situación, mi pregunta sobre si fuma marihuana parece tonta) Sí, me encanta, leo mucho responde.
No veo en su oficina porros amontonados por todos los rincones, pero sí veo libros en cada borde que sirva de estante, por lo que la respuesta a esa pregunta salta a la vista.
Consumir marihuana implica riesgos porque es una droga (...) la enorme mayoría de los usuarios de cannabis no generan un consumo problemático. Pero las experiencias con drogas no son transferibles, la droga genera una simbiosis con la persona y con su contexto. Sí he consumido marihuana desde los 15 ó 16 años, soy un consumidor social y eso no generó un problema en mi vida, ni a nivel de estudio, ni a nivel de la depresión que se dice que genera o de las relaciones familiares.
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Sebastián Sabini, como ya dije, tiene 32 años y diariamente entra y sale del Palacio Legislativo, se rodea de políticos de todos los partidos, con ideas y proyectos diferentes. Intento imaginarme cómo es su relación con la oposición y se lo pregunto.
Hay de todo en la oposición, gente trabajadora y gente que no lo es, legisladores muy responsables y legisladores que no son responsables, hay buena gente y hay mala gente que además de tener políticas equivocadas no son buenas personas.
Cada paso y decisión de Sabini dentro de su trabajo se analiza en conjunto con su grupo político. Por lo tanto, no puede hablar libremente de su futuro parlamentario. ¿Seguirá ocupando una banca?
No lo sé no lo tengo muy pensado, serán las resoluciones que tomemos con mis compañeros del MPP, si entienden que hice una buena tarea o si entienden que no fue suficiente.
Los domingos Sabini juega al fútbol con sus amigos. Sufre y se alegra con Peñarol, intenta ver los partidos por televisión, se cuelga con programas deportivos y cuando puede va al estadio. Si tiene tiempo, los jueves también trata de reunirse con sus amigos por la noche. Y ahora quiere terminar la tesis de la Maestría en Historia Económica que cursó en la Facultad de Ciencias Sociales. No cree que vaya a casarse pero sí quiere tener hijos.

