“La pandilla es una forma de familia para los que están quebrados y rotos”: el testimonio de Robert Juárez, un expandillero

En 2007, Juárez fue contratado para trabajar en "Homeboy Industries", una organización que surgió como respuesta a la violencia que azotaba Los Ángeles, y hoy trabaja como director del grupo con empleados nuevos.

Robert Juárez es un  testimonio de la tan nombrada “reinserción social por medio del trabajo”. Nació en Los Ángeles, la ciudad  en donde surgieron las pandillas en Estados Unidos y que hoy tienen miles de delincuentes a la orden (las más conocida es la  Mara Salvatrucha).

En 2007, Juárez fue contratado para trabajar en “Homeboy Industries”, una organización que surgió como respuesta a la violencia que azotaba Los Ángeles, y hoy trabaja como director del grupo con empleados nuevos. Está en Uruguay invitado por Social Lab y la embajada de Estados Unidos para brindar charlas sobre la rehabilitación.

“Lo que hacemos es trabajar con quienes tienen menos probabilidades de éxito, con los marginados, que la sociedad dice que son desechables. Nadie quiere trabajar con ellos”.

Juárez afirma que es un producto de “Homeboy Industries” pero que previamente estaba “perdido” e involucrado en las pandillas y actividades delictivas.

“La pandilla es una forma de familia para los que están quebrados y rotos, que están heridos porque el amor en casa está fracturado y hay violencia por la pobreza. Esas cosas son las que forman a un pandillero. Queremos ser parte de algo. Estar y ser aceptado es más importante que la muerte. No nos importa si nos morimos”.

En el afán por pertenecer, los pandilleros cometen actos violentos: desde robar hasta asesinar. “En el barrio donde yo crecí, La Serena, estaba yendo a la escuela y había una cerca donde había un hombre colgado. Esa fue una cosa que me traumó y cuando llegué a casa me enteré que era mi vecino y que sus mismos homeboys lo habían matado”.

“Ingresé a la pandilla porque sentía que eso era la familia para mí. No tenía la contención de mis padres, estaban trabajando y yo quería alguien que me viera. Y también era protección de otras pandillas”.

Juárez integró una pandilla desde los 15 años hasta los “30 y algo”. Afirma que perdió a su tío y a su hermano, que también formaban parte de pandillas. “Y eso me dolió pero ya mi corazón estaba duro, ya me había puesto una armadura y una máscara, y eso es lo que yo pensé que era un pandillero”.

“La primera vez que traté de cambiar fue cuando mataron a un amigo que yo estaba criando, que yo le estaba enseñando a ser pandillero”.

“Te acostumbras y minimizas lo que está pasando”.

El expandillero cuenta que llegó a “Homeboy Industries” para ayudar a su primo en una primera instancia, pero que finalmente comenzó a trabajar él allí.

“Homeboy se convirtió en mi santuario y empecé a sacarme la armadura y la máscara y vi el niño herido que tenía dentro”.


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