Katharine Meredith: “yo estaba convencida de que Arno era perfecto, era similar a Dios”

Es una de las víctimas del Arno Wollensak. Ingresó a su secta a los 10 años junto a sus padres y su hermano. En diálogo con Desayunos Informales, contó cómo vivió la muerte del alemán, cómo fue el reencuentro con su madre, y en qué momento se dio cuenta de los abusos que él cometía.

El productor de Desayunos Informales, Martín Tocar, habló con Katharine Meredith, una de las víctimas de Arno Wollensak, que ingresó a la secta con sus padres y su hermano cuando tenía 10 años.

Consultada sobre cómo le cayó la muerte de Wollensak, dijo que: “fue un gran shock al principio, pero, de alguna forma, cierra ese capítulo de mi vida. Han sido días muy duros, pensando acerca de él y acerca del pasado.  Creo que, a pesar de todo lo que hizo, la suya fue una muerte muy violenta y no estoy a favor de la violencia. Así que no es algo que hubiera deseado que le sucediera, ni a él ni a nadie. No es justicia. Hubiese preferido verlo en la cárcel. Fue bastante perturbador. No conocía a nadie que haya sido asesinado. Y la forma que murió fue tan brutal, que es difícil de procesar. Deja muchas interrogantes abiertas. Así que no es un final cerrado. Abre demasiadas preguntas, no sé si alguna vez tendremos las respuestas. Estoy aliviada, debo decir, porque sé que no va a poder volver a Europa y no podrá acceder ni a mi madre ni a otras personas. En ese sentido, estoy aliviada”.

A partir de su experiencia en “Oasis de Luz” la secta de Arno Wollensak, Katharine escribió mucho sobre el tema y tiene un blog al respecto. Sobre lo que más escribió es sobre las reglas colectivas que la suelen regir. Acerca de este tema, dijo a Desayunos Informales que: “en los cultos, suele haber un líder que es narcisista y necesita tener el control. Generalmente se trata de un psicópata o un sociópata. Lo que lo vuelve abusivo es que el líder decide que su visión del mundo es la única real, que solo importan sus intereses, y que lo que él dicta es la ley. Cada individuo debe entonces renunciar a cosas muy personales, como sus derechos, sus relaciones con otras personas, los amigos, la familia y el dinero. Tienen que renunciar a ellos mismos y dedicar todo su tiempo y energías al líder. Básicamente, el gurú abusa de su curiosidad. Si eres una persona curiosa, vas a un seminario, deseando aprender algo nuevo, y si terminás en el lugar incorrecto con la persona incorrecta, esta persona puede hacerte dependiente de su sabiduría. Te dice: ‘yo tengo más conocimiento, tengo un conocimiento secreto. Y si querés ese saber ese secreto, tenés que venir a verme de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. Y cada vez cuesta más dinero y más tiempo. Uno piensa que es especial por haber sido elegido, por lo que no te das cuenta que estás siendo engañado. Es un proceso muy lento”.

Katharine también se refirió a si Wollensak era un líder positivo que se fue corrompiendo o si el rol del gurú desde el principio fue una máscara para los hechos delictivos. “Creo que en su caso, lo planeó bastante bien. Definitivamente cuando empezó la secta en la que yo estaba, la llamada ‘Oasis de Luz’, lo hizo a sabiendas. Él sabía lo que hacía. Había aprendido durante su estadía en India y convenció a Julie que ella era una médium, y organizó los seminarios Ramtha para ganar dinero. Así que para él, era más bien una cuestión de dinero y poder, desde un principio”.

A todos les llevó varios años darse cuenta de lo abusivo que era el funcionamiento de la secta, cómo los manipulaban. Al principio, reconoce Katharine, que hay un enamoramiento que no deja ver el engaño y la situación real.

¿En qué momento comenzó a ser consciente de los abusos?

Durante los primeros años, muchos pensaban seriamente que Arno era especial. Creo que al principio todos pensaban que tenía mucho poder, porque él era muy bueno descubriendo lo que la gente quería y necesitaba, y también lo que los aterraba. Posiblemente, las primeras dudas surgieron luego de que eligiera a una chica de 13 años para que sea su novia. Él era muy convincente cuando decía que ella era un alma antigua y que en realidad ella quería eso y que todo era por su bien espiritual. Simplemente la manipulaba, pero algunos empezaron a desconfiar de él. Aún así, él seguía teniendo mucho poder. Y tomó años, para mí no fue hasta los últimos dos años antes de que el grupo se dispersara, los últimos dos o tres años, que empecé a sentir que tal vez él no era perfecto. Hasta entonces, yo estaba convencida de que Arno era perfecto, era similar a dios. Yo no me daba cuenta que estaba mal. Me daba cuenta que estaba incómoda con todo aquello, que me parecía extraño, pero él había modificado todo lo que estaba bien y lo que estaba mal. Decía que lo que el resto del mundo consideraba bien o mal no era del todo correcto, que era limitado, y que él tenía un mejor discernimiento de lo que estaba bien o mal.

Y lo que me sucedió a los 15 años, yo no entendía que eso era un crimen. Solo entendía que me incomodaba mucho, que nunca lo habría elegido, pero él me decía que mi espíritu sí lo había elegido, así que me sentía atrapada. Cuando Lea [Laasner] hizo la denuncia, ahí yo la apoyé, porque para ese entonces ya me había dado cuenta que había sido abusada. Me di cuenta que no había podido negarme por todo lo que implicaba la situación, que yo no me podía ir, porque no tenía a dónde.

Su madre siguió a Arno Wollensak por toda Europa y se escapó de “Oasis de Luz” cuando Wollensak fue procesado en Uruguay. Volvió a Europa, donde se reencontró con Katharine. Sobre este encuentro, la culpa y el perdón que compartieron, contó: “me alegré mucho cuando mi madre regresó a Europa el año pasado. Yo deseaba que fuera capaz de escapar mientras Arno estaba en prisión. Más que nada quería que ella pudiera salir de todo eso. Quería al menos la chance de volver a construir una relación con ella. Y estaba muy nerviosa también, porque ya casi ni la conocía. Tenía 10 años la última vez que fue una madre para mí. La vi durante los siguientes 10 años hasta los 20, pero ella actuaba muy raro, actuaba como una extraña, y  yo también probablemente cambié durante mi tiempo en la secta, así que no teníamos una relación muy cercana. A veces no intercambiábamos más que un par de frases por año. Y supe que daría mucho trabajo rearmar la relación, después de todo lo que había pasado. Pero sabía que eso era lo que quería. Y era más importante para mí volver a tener una relación con mi madre que alejarla o enojarme con ella. Acepté que, para poder construir una relación tenía que dejar pasar muchas cosas del pasado”.

¿Quién era Arno Wollensak?

Un cadáver apareció en una playa de La Floresta. Tenía una bolsa de nylon en la cabeza atada con un precinto en el cuello; la boca estaba tapada con cinta plástica; sus manos habían sido esposadas a la espalda y sus tobillos estaban atados. Las pericias indicaron que se trataba de Arno Wollensak, un alemán de 61 años que vivía en Los Cerrillos junto a Julie Ravel, su esposa.

El hombre tenía un antecedente por un delito continuado de uso de documento público ya que ingresó a nuestro país en el 2007 proveniente de Surinam con una identidad falsa. Fue procesado en el año 2015 por la jueza de Crimen Organizado, Adriana de los Santos.

En su país de origen, Alemania, estaba requerido por un delito de abuso sexual de menores. La Justicia alemana, una vez que fue procesado en Uruguay, pidió la extradición, pero la uruguaya se negó a ese pedido al entender que el delito había expirado.

Era el gurú líder de la secta “Lichtoase”, que significa “Oasis de Luz” y que en los años 90 dejó en Europa un tendal de niñas víctimas de violaciones y abusos sexuales. Los integrantes de ese grupo, que se autodenominaba “familia”, deben donar todos sus bienes a la secta.


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