Finta: la experiencia sobrenatural de José Luis Chilavert – Teledoce.com

Finta: la experiencia sobrenatural de José Luis Chilavert

Esta terrorífica historia sobrenatural tiene involucrado muy de cerca al ex arquero paraguayo José Luis Chilavert.

Muchos recuerdan a José Luis Chilavert como un deportista destacado. Un hombre que desde su puesto de arquero supo defender la camiseta de varios equipos y la de su país, Paraguay. Basta decir su nombre para que nuestra memoria se traslade a toda clase de triunfos futbolísticos. Pero en la vida hay algunos partidos que no se ganan. Sobre todo cuando quien está frente a nosotros no es de este mundo.

José Luis Chilavert nunca imaginó que debería enfrentarse al fantasma de una niña llamada Finta, una entidad sobrenatural que le demostró por primera vez en su vida que su escepticismo podía ser derrotado.

Chilavert dijo a Voces Anónimas que jamás le contó a nadie esta historia. Él estaba junto a dos amigos argentinos, Claudio y Luis, y un amigo paraguayo llamado Osvaldo. Los dos argentinos querían irse a Ciudad del Este para realizar algunas compras, pero él se resistía porque no quería llegar a una ciudad tan llena de gente porque sabía que prácticamente no podrían caminar, pues todos se acercarían a saludarlo. Ante la insistencia de sus amigos, accedió a viajar hasta allí.

El arquero de fama mundial iba manejando por la ruta, pasaron por Caacupé y luego por la puerta de una quinta de un amigo de José Luis. Como él sintió ganas de orinar, pararon apenas pasada la portera de la propiedad. Él se bajó del auto y prestó atención de que no hubiera nadie mirándolo. Su amigo Claudio finalmente decide bajar también y juntos se dirigieron a la zona de los arbustos. Claudio pronto ve que una niña se acerca hacia ellos y le avisa a José Luis, pero él se dio vuelta y no vio a nadie. Claudio insistía y la describió: tenía un short celeste y una remera blanca. José Luis seguía sin ver absolutamente nada. Claudio, sin darse cuenta, se orinó encima.

Luego de una discusión, deciden retirarse del lugar. Cuando Chilavert se está subiendo al auto, repentinamente la puerta se cierra y le agarra los cuatro dedos. “¡El dolor que sentí! Le dije a mi amigo: ‘sacá del termo hielo porque creo que me fracturó'”, relató. El burlete le salvó los dedos.

José Luis se enojó mucho y quiso volver a Asunción, pero finalmente decidieron seguir camino a Ciudad del Este. Llegaron y sucedió lo previsto: José Luis terminó sacándose fotos con todo el mundo. Pegaron la vuelta, en busca de que la noche no los agarrara en el camino. Pasaron nuevamente por la puerta de la chacra y Chilavert le preguntó a Osvaldo, su amigo paraguayo, si allí habría limones tahití. Pensaron que era posible que hubiera y decidieron parar pero Claudio se enloqueció y les pidió que por favor no lo hicieran, que no quería volver a encontrar a la nena. “Le dije: ‘Claudio, dejate de joder. Te voy a mostrar que no hay nada’. Finalmente bajaron y Chilavert observó que cerca del lugar donde habían orinado, había un pequeño nicho. Decidió no decirle nada a Claudio, para no asustar. Encontraron los limones y juntaron un montón junto con el capataz de la estancia.

Chilavert seguía sin ver a la pequeña, pero decidió sacarse la duda. Así que llamó a la dueña de la estancia, una amiga suya, y le preguntó si el capataz tenía una hija de unos doce o trece años. Dora la respondió que no, que el hombre tiene un hijo. Así que José Luis le contó que su amigo había visto una niña de esa edad aproximada, que tenía una bermuda celeste y una remera blanca. Así fue que le contó que su suegro salía todas las tardes a tomar una cerveza en la zona de la piscina y que dos por tres lo encontraban hablando solo, pero aseguraba que allí había una niña caminando por el campo y esa niña tenía también una bermudita celeste y una remera blanca. El suegro de Dora le decía: “todo esto es tuyo nena, cuidalo y protegé a la familia”. Según el hombre, la niña se llamaba Finta. La jovencita había muerto junto a toda la familia en un accidente de tránsito allí mismo.

José Luis decidió sacarse otra duda y se dirigió al nicho que había encontrado. El nombre que allí decía era “Finta”.

Vuelven a Asunción, donde tenían todo preparado para un asado. Deciden además invitar a los dueños del predio donde Claudio había visto a Finta y les contaron toda la historia. Unos minutos después llegó el novio de la hija del dueño de la casa, Osvaldo. El joven empieza a escuchar la historia y recordó que unos meses antes ellos habían ido a la chacra y él se había quedado durmiendo. Una jovencita se le acercó y le preguntó cómo se llamaba. Él le dijo “Héctor” y ella le dijo que se llamaba Finta.

Chilavert comenzó a sentir que había faltado el respeto de la joven al orinar sobre su nicho. Así que decidió contratar a un albañil y remodelar su nicho como una forma de pedir perdón por lo acontecido. Cuando concurrió con el albañil y este levantó la tapa, un enorme viento movió los árboles. Pero lo más curioso fue que era un día de calor árido y no había viento. Le pidió que lo hiciera rápido y bien, y construyeron un nicho grande y blanco, con una placa con su nombre.

“Es una historia que me marcó, porque yo era incrédulo”, sentenció Chilavert.

 

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