Álvaro Pereira

Son las doce y media del mediodía de un domingo de noviembre en el Complejo de la AUF, hace calor. Llego, estaciono afuera con el resto de los periodistas y espero a que nos hagan pasar. No hay mucho movimiento, así que le escribo a Matías Faral. -Hola, ya llegué ¿paso? ¿O tengo que esperar […]

Son las doce y media del mediodía de un domingo de noviembre en el Complejo de la AUF, hace calor. Llego, estaciono afuera con el resto de los periodistas y espero a que nos hagan pasar. No hay mucho movimiento, así que le escribo a Matías Faral.

-Hola, ya llegué ¿paso? ¿O tengo que esperar algo?
-Buenas. Qué temprano llegaste. Ahora cuando pasen todos, pasás.
-12:30 me dijiste, llegué exacta. ¿Demoran mucho? ¿Me da el tiempo de ir a comprarme un Colet?

Matías Faral me clavó el visto, así que busqué un almacén y fui a comprarme un Colet, a cinco kilómetros de donde estaba. A la vuelta, claro, me perdí y cuando llegué ya habían entrado todos.  Dejé el auto afuera y recorrí caminando las –más o menos- dos cuadras que separan el portón de entrada del edificio del complejo.

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Cuando entré estaba todo listo para que Stuani y Coates hablaran en conferencia de prensa. Uruguay se estaba preparando para jugar contra Chile por Eliminatorias. La conferencia no llevó más de media hora. Cuando terminó, la mayoría de los periodistas se fueron. Quedé yo sentada en el sillón de entrada y algunos visitantes que iban a sacarse fotos o a buscar autógrafos. Eran casi las dos de la tarde y Palito seguía sin aparecer.

-Termina de almorzar y viene, me aclaró Faral.

Me levanté y me acerqué al estar en donde había galletitas y Coca Cola para los periodistas. Y en eso estaba cuando llegó Palito.

-Hola, ferfón, le dije disculpándome con toda la boca llena de galletitas Solar.

Nos saludamos y lo invité a pasar a "mi oficina" en el Complejo de la AUF. El mismo rincón en donde ya entrevisté antes al Cacha, al Tata y a Godín. Un lugar con un sillón pequeño, una mesita de vidrio llena de revistas y el ir y venir continuo de guardias de seguridad, jugadores, gente y teléfonos repiqueteando. Nos sentamos uno pegado al otro, me apoyé el grabador en las piernas y le di rec.

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Infancia en Punta Rieles y baby fútbol

Nací el 28 de noviembre del 85 en Punta de Rieles. Vivía con mis viejos a dos cuadras de la casa de mis abuelos maternos y con familia por parte paterna en el Cerro.

¿En dónde trabajaban tus padres?

Mi madre trabajaba en una fábrica textil y mi papá tenía un almacén en mi casa y hacía trajes para el Carnaval.

¿Tenés hermanos?

Tengo a mi hermano Alejandro que lo perdí hace diez años. Mi hermana Verónica que tiene a mis cuatro sobrinos, mi hermano Danilo que tiene a mi sobrina, después vengo yo y mi hermana Marisel que va a cumplir 23.

¿Cómo fue tu infancia en Punta de Rieles?

Tengo recuerdos lindos, de calle, de barrio, del baby fútbol, siempre con la pelota. Lo típico de un barrio humilde. La verdad que tuve una infancia muy linda.

¿En dónde arrancaste baby fútbol?

Arranqué en el Colmenar con cuatro años, después pasé por miles de quipos, el Málaga, Huracán Villegas pero el que más me identifica es el Siete Estrellas que jugué cuatro años y también jugaba a la misma vez en AUFI en Nacional.

¿Alguien te inculcó el gusto por el fútbol o surgió solo?

Mi viejo era futbolero, llegó a jugar hasta la reserva en Cerro. Después por temas laborales se fue a Argentina, estuvo en Arsenal de Sarandí, después tuvo una lesión jodida en tibia y peroné y no pudo seguir jugando. Siempre a mí y a mi hermano grande nos llevó al baby fútbol. Pero siempre nos inculcó primero el estudio y después el fútbol.

¿A qué escuela fuiste?

Hice la Escuela en la 179 y después en la 338 en Punta de Rieles. Fue lindo, fui primera escolta de la bandera uruguaya, nunca tuve problemas de enseñanza. Era inquieto y muy amiguero. Si volviera a nacer elegiría lo mismo.

¿Fuiste al liceo?

Hice dos años en la UTU Larravide y en tercer año pasé al Liceo 49 en Punta de Rieles. Luego por temas de horario del fútbol hice cuarto año en el 45 y quinto y sexto en el 58.

¿Terminaste el liceo?

No lo pude terminar, no es excusa, pero a los 18 años empecé a venir con la Sub-20 en la generación de Godín, Muslera y el Cebolla, justo fue el debut en primera y eso me generó problemas con los horarios. Después además vino el pase a Argentina. Era el fútbol o el estudio y aposté al fútbol, porque sé que si dejo el estudio más para adelante, lo puedo hacer después.

Una anécdota de Palito

Hay algo muy cómico: mi hermano estaba haciendo preséptima en Peñarol, yo lo acompañé a un entrenamiento, habían empezado a entrenar el 85 de Peñarol pero como no jugaba en AUFI y en la Liga solamente entrenaba, yo para no quedarme mirando el entrenamiento de mi hermano entrenaba con Peñarol y no sabían que jugaba en AUFI con Nacional. Así que creo que fui el primer jugador de la historia que jugaba en Peñarol y en Nacional. Es algo muy gracioso, uno de chico quiere jugar y no importa el color de la camiseta.

El debut en primera con Miramar Misiones y la llamada para la Sub-20

Debuté con 18 años. Mi hermano estaba en juveniles, yo hice sexta y séptima en Danubio. Anteriormente en quinta los de 84 repetían segundo año de quinta y los de 85 tenían poco espacio, entonces preferí quedar libre. Me voy quince días a Argentina, estoy en Boca y como no había lugar y no tenía un tutor para quedarme en Argentina tuve que volverme y me volví a Miramar que era el club donde estaba mi hermano. Tuve la suerte con 15 años de entrenar con primera. Luego vino la citación a la Sub-20 y debuté en mayo de 2004 en la cancha de Villa Española contra Cerrito. Justo nos toca debutar a mí, a Papelito Fernández y a Agustín Lucas, los tres juntos, y después a los pocos días jugamos contra Peñarol, fue la primera vez que pisé el estadio Centenario, les ganamos 3 a 2 y fue un partido inolvidable. Fue todo soñado. A partir de ahí jugamos un poco más, vino el Sudamericano Sub-20 en Colombia y a los pocos meses ya me fui a Quilmes en Argentina.

¿Cómo fue el llamado para la Sub-20?

Es algo muy bizarro lo que te voy a contar porque yo estaba entrenando en tercera y en primera prácticamente. Un día como no arrancaba el campeonato de tercera todavía y el de cuarta ya había comenzado y jugaban casi todos mis amigos, yo no quería bajar para no quitarle el lugar a mi amigo, y el partido anterior justo se lesiona y no tenían con quién jugar. Entre semana hacemos un amistoso y yo le dije al técnico de cuarta:

(va la reproducción de la charla como me la contó Palito)

-Si necesitás yo bajo y juego
-¿Te parece? Si ya estás para debutar en primera
-No, yo bajo y juego.

Me acuerdo que fue un partido contra River en el Méndez Piana y justo dio la casualidad que fue a ver el partido Gustavo Ferrín con el Bebe Castelnoble y les gustó como jugaba. En la semana me llamaron y me dijeron que iba a estar convocado para la Sub-20, comencé a entrenar y a partir de ahí empecé el proceso y no paré. Tuve la oportunidad de jugar el Sudamericano, por diferencias de goles no pudimos clasificar pero fue una experiencia muy linda.

Bien cosa del destino ¿no?

¡Claro! Porque no me vieron ni en tercera ni en primera, me vieron en cuarta.

Argentina y Europa

Después me fui a Quilmes de Argentina, a los 19 años recién cumplidos.

¿Te fuiste solo?

Sí, me fui solo. Estuve seis meses viviendo en el estadio de Quilmes porque llegué, busqué apartamento pero por comodidad me quedé ahí. Después me fui a Caballito, Nacho Risso vivía en el mismo edificio y yo vivía con un cordobés. Íbamos juntos a entrenar. Estuve un año en Quilmes, en ese momento pierdo a mi hermano y descendemos. Fue un año muy difícil. Después me fui a Argentino Juniors y me enteré que iba a ser papá, a partir de ahí fue todo para arriba.

¿Te adaptaste rápido en Argentina?

Me ayudó haber tenido la experiencia de la Sub-20, tener competencia internacional por más que fuera juvenil. Además, Quilmes se portó de diez conmigo, me abrieron las puertas, me hicieron sentir uno más. Me abrazaron, me llevaron a sus casas, fue una experiencia muy linda, hasta hoy hablamos y nos vemos.

Montevideo, Uruguay 31 de AgostoPartida de la Selección Uruguaya rumbo a Mendoza para enfrenta a Argentina por la Eliminatrias 2108 Los jugadores Pereira y Jose Naria Gimenez Foto:Gaston Britos/focouy
Foto: Gaston Britos/focouy

¿Qué pasó con tu hermano?

Él ya tenía problemas cardíacos, se le taparon las válvulas, se empezó a sentir mal. Lo internan algunos meses, yo viajo antes de la operación porque me dicen que de la operación no había posibilidades de que se salvara…

Qué viaje difícil…

Viajé y fue el viaje más triste de mi vida. Volví del puerto hasta La Plata llorando solo como loco porque sabía que iba a ver a mi hermano por última vez. Son golpes muy duros que cuestan hasta el día de hoy. Son experiencias de vida que te dan fuerzas para salir adelante, de arriba me está apoyando y me dio el mejor regalo porque a los pocos meses que lo pierdo tengo la posibilidad de ser papá.

Es como eso de una vida que se va y otra que llega en su lugar…

La verdad que sí, es como un cuento, fue tal cual. Justo también a mi hermano le decían Pelé y mi mamá viaja con mi hermana chica a verme jugar por primera vez profesionalmente un partido, hago tres goles, la hinchada de Argentinos me empieza a gritar: “¡y ya lo ve y ya lo ve, es el hermano de Pelé!”. Mi madre lloraba, mi mujer lloraba, mi hermana lloraba y nadie sabía por qué. Después me hacen una entrevista y les explico que era porque a mi hermano le decían Pelé.

¿Cómo hacés para seguir jugando concentrado después de algo así?

A veces tenés que abstraerte, concentrarte en el juego y dejar de lado todo eso.

Entonces nace tu primer hijo y te vas para Rumania…

Sí, después nace Mateo, mi primer nene, que está hecho un hombrecito ahora, tiene diez años. Después sale el pase a Rumania al Cluj, en las afueras de Bucarest en frontera con Hungría. Fue la posibilidad de jugar Champions con el campeón de Rumania. Ademas, ganamos la Copa de Rumania.

O sea que fuiste y jugaste de primera…

¡Sí! Incluso fui el pase más caro de la historia en el club, era una responsabilidad bonita.

El llamado a la selección mayor

Un día concentrado me llama Celso (Otero)y me dice que iba a estar citado para un partido con Francia. Me acuerdo que esa noche no pude dormir.

¿Te esperabas el llamado? ¿Cómo fue?

No, no, no. Había terminado un partido, quedamos concentrados en el Hotel, fuimos a cenar en familia. Suena el teléfono y le digo a mi mujer:

(otra vez, va la reproducción de la charla como me la contó Palito)

-Es un número privado ¿quién será?

Atiende ella y me dice:

-Creo que es de la radio…

Me pasa y escucho:

-Soy Celso Otero, vas a estar citado con el partido con Francia.

Quedé en off.

_MG_2212¿Cómo fue esa primera llegada a la selección?

Llegué a Francia y el grupo me trató como: venís y te quedás. Hasta el día de hoy que tengo posibilidad de pisar acá, esta tierra santa como le digo yo al complejo, es sagrado. Tuve la oportunidad de ser parte del proceso y no creo que vuelva a estar en un lugar como este.

¿Cómo es formar parte de este grupo?

Somos un grupo muy unido, hay mucho compañerismo, somos muy amigueros. Siempre le miramos el lado positivo a las cosas más negativas. Pasa por eso, hemos pasado por momentos difíciles, por momentos complicados y tuvimos la oportunidad de salir adelante porque el grupo sabe lo que se juega y la responsabilidad que tiene.

Siempre que vengo al complejo veo a la gente afuera emocionada esperándolos ¿sienten ese peso?

No nos damos cuenta, lo vivimos con naturalidad. Hay que vivirlo así, las estrellas están en el cielo. Nosotros somos bendecidos por poder defender los colores de nuestro país. Cualquier gurí mata por defender esta camiseta. No tiene precio.

Bueno y después de Rumania te vas para El Porto…

Sí, después viene el pase al Porto con el Cebolla y con Fuci y la experiencia en Europa, fue todo mucho más fácil. En tres años nueve títulos fue la consagración máxima de mi carrera. El último año conseguimos todos los títulos y lo coronamos con la Copa América 2011. Después casi dos años en el Inter donde lo grupal no fue tan bien, pero fue una experiencia linda. Un equipo soñado, pero para mí era lo  mismo que estar en Miramar. Tuve la oportunidad de jugar con el Pupi  Zanetti, nos hicimos amigos. Estábamos juntos con el Motita Gargano.

Y de ahí a Brasil…

De ahí me fui a San Pablo, a Brasil y tuve la oportunidad de jugar con Rogério Ceni, Kaka, Fabiano, Pato, Ganso, en ese sentido soy un bendecido del fútbol con grandes jugadores y con grandes personas.

¿Cómo es jugar con esos futbolistas? (atención que Palito se va por las ramas en esta respuesta, pero vale la pena)

Lo vivo con naturalidad, yo soy común y corriente, lo que ven en la tele soy así. A mí me gusta ir a la casa de mi vieja, ponerme las crocs, una musculosa, salir con el termo y el mate. Lo vivo con naturalidad. Yo siempre digo que cuando se apagan las cámaras somos todos iguales.

¿Tu madre sigue en Punta de Rieles?

Sí, imposible sacarla, no intento.

¿Y tu padre?

Se separaron hace años, mi padre tiene su pareja y se mudó para Belvedere. Cada pareja es un mundo, son cosas que suceden, aunque obviamente a los hijos nos gustaría verlos juntos…

Después de San Pablo volvés a Argentina…

En San Pablo como fui a préstamo no podían hacer uso de la opción, ahí paso a Estudiantes. Tuve una experiencia de un año, me fue bien, clasificamos a la Sudamericana, estuvimos a punto de clasificar a Libertadores, peleamos hasta última instancia la Copa Argentina, hicimos una Libertadores digna hasta octavos de final y después cuando empieza el 2016 comienzo con el partido accidentado en Mar del Plata.

Qué lío tremendo ¿no? ¿Cómo arrancó todo? (Palito cuenta esto muy rápido y –como quien no quiere la cosa- sigue de largo en su relato hasta llegar a Cerro Porteño)

Fue una patada que pongo, me echan, el partido se pica. Entra mucha gente del lado de ellos, yo me metí en la cancha, se armó lío. Me sale la oportunidad de ir al Getafe y sale el fallo del partido de la suspensión, me dan ocho fechas, tuve que apelar, cumplí cuatro, me voy al Getafe, volví a Europa al fútbol español con una experiencia nueva. Corrés con desventaja que al estar casi dos meses parados jugué seis partidos y se terminó el campeonato. Tuve que volver a Estudiantes, jugué la Copa América Centenario.

Surgió la oportunidad de Cerro Porteño y ahora estamos con ese desafío. El club es grande y la gente ayuda mucho es muy amable conmigo y con mi familia. Estamos haciendo una Sudamericana buena y ojalá que podamos pasar a la final. Hay mucha ilusión de parte de la gente, es un desafío lindo. Son experiencias que uno va tomando, soy un gitano del fútbol.

“Un gitano del fútbol”

Lucio (su segundo hijo) nació en medio de la Copa América después del partido contra México. Ya tiene cinco añitos. Ahora hay que poner un poco el freno con el tema de la escuela con los nenes que este año ya cambiaron tres veces. Pero la llevamos bien.

¿Cómo lo vive tu mujer?

Ella sabe que yo solo no puedo ir a ningún lado, necesito el sostén de ellos. Ella la lleva bien. Los nenes son los primeros en adaptarse. Y esto da la posibilidad de conocer lugares nuevos, pero no para aferrarse. Está bueno porque es una experiencia de vida para ellos que después a lo mejor lo van a agradecer.

¿Cómo conociste a Cintia?

Nos habíamos visto de chicos, ella es tres años más grande que yo. Después de un partido cumple años el primo de mi señora, me invitan. Estábamos en un barcito tranquilos, hablamos, intercambiamos contactos, nos encontramos una vez, pegamos onda y empezamos a salir. Después de empezar a salir no nos separamos más. Hace diez años que estamos juntos, ocho años de casados. Es una guerrera, una fiera.

La Copa América de 2011

Entraste a jugar el segundo partido con Chile y no te sacaron más…

Con Perú el primer partido en San Juan no me toca jugar, con Chile entro, hago el gol, empatamos y teníamos que ganarle a México, ganamos con mi gol y justo soy papá. Después no nos paró nadie. Veníamos de haber salido cuartos en Sudáfrica. Salir campeón de América con mi país fue lo mejor que me tocó vivir.

Tenés goles en Mundiales, en Copa América, en Eliminatorias ¿qué se siente en el momento de convertir para Uruguay?

Es inexplicable, se te pasan mil cosas por la cabeza. Tenés que aguantarte las lágrimas, sos hincha, es algo pasional pero tenés que bajar enseguida porque hay que tomar decisiones rápidas en la cancha. Cada vez que aparece mi nombre en una convocatoria soy el hombre más feliz del mundo, se me pone la piel de gallina antes de viajar. Las sensaciones son las mismas desde la primera citación.

La patada de Sterling en aquel Uruguay-Inglaterra

¿Te acordás cómo fue?

Yo me di cuenta después por las imágenes, en el momento me acuerdo que me tocaban el pecho, yo pensé que era Godín y me despierto y veo que es el de FIFA. Veo trotando a Fuci que lo habían llamado, yo empecé a gritar como un loco, no quería salir, cuando me dijeron que probara para trotar yo me metí para adentro de la cancha. Yo dije: no salgo ni en pedo. Estaba jugando un Mundial para mi país. Soy muy arraigado y soy fiel al compromiso con mis compañeros. No quería dejar a mis compañeros solos. Fue una inconsciencia mía, pero yo no me di cuenta. Yo pierdo el conocimiento y cuando me despierto me mando para adentro.

¿Y después cuando viste el video?

Cuando vuelvo a entrenar con San Pablo me mandan el video y se me empezaron a caer las lágrimas, miraba para los costados para que no me viera nadie. Hasta el día de hoy en Paraguay me dicen: vi tu video. Gastón Reyno me dijo que cada vez que tiene una pelea se pone ese video. Yo le digo: Tonga, mirá que lo hice inconsciente. Es la rebeldía del deportista que te lleva a eso, después de tanto luchar y de tanto sacrificio no podés dejarlo pasar. Por suerte terminó con final feliz y ganamos.

¿Y tu frase “Plata o plomo”? ¿Sos fanático de El patrón del mal?

Soy fanático de la serie, de la historia. Yo sé separar pero en el momento lo dije porque era una jugada extrema. Si él se la llevaba podía haber sido penal o quedaba mano a mano con Fernando. En el momento Pastorino me pregunta y yo sabía que es fanático de la serie, entonces le dije: era plata o plomo, se viralizó y hasta me hicieron remeras. Pero fue sin ofender, sé la historia, sé todo lo que sufrió el pueblo colombiano pero fue más que nada por eso. Tomándolo con gracia por la situación de la jugada.

Los jugadores de la selección uruguaya de fútbol llegan al aeropuerto de Santiago para enfrentarse mañana a la seleccion de Chile. 14/11/2016 Sergio Piña/Photosport/Focouy The players of the Uruguayan soccer team arrive at the airport of Santiago to face tomorrow the selection of Chile. 14/11/2016 Sergio Piña/Photosport
Foto: Sergio Piña/Photosport

El tiempo libre fuera del fútbol

Últimamente estamos con mi señora mirando muchos programas de chef. Vemos algunas pelis, a la noche soy muy peliculero. También me gusta la NBA. Y cuando me agarran mis nenes me agarran para el play station que soy de madera. Salimos a comer o vamos a la plaza a tomar mate. Ahora tengo dos perritos bulldog francés. Uno se llama Saja porque el más chiquito es golero y era hincha de Racing y al otro le puso Götze.

¿A quién se parecen tus hijos?

El grande es más parecido a mí y el más chiquito es una mezcla, yo lo veo parecido al abuelo materno. Están en una edad divina, me río mucho con ellos. Quieren hacer todos los deportes, son hiperactivos y amigueros.

Dicen que sos un intelectual…

Me gusta mucho la historia de los países, las revoluciones, las dictaduras, el genocidio Nazi. Me gustan mucho las películas documentales. Me encanta la historia de Uruguay en la época difícil, sigo mucho la actualidad latinoamericana, soy un enfermo de la información. Cuando agarro un diario no miro solo deportes.

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Palito Pereira miró para afuera del complejo durante toda la entrevista, no recuerdo que me haya mirado a los ojos ni una vez. Se aprieta las manos como nervioso mientras habla y sus alhajas suenan. Su voz es muy suave y habla pausado. Y tiene los dientes más blancos y perfectos que vi en mi vida.

A los 40 minutos exactos apago el grabador y me despido. Pero antes le pido que me muestre sus brazos. Tiene estrellas tatuadas con el nombre de sus hijos y fechas importantes. Se las hizo todas el mismo día y le dolió tanto que dice que no va a tatuarse nunca más.

 

por @carlaUG

Richard Porta

Son las siete de la tarde y la ciudad está oscura, llovizna y hace frío. Llego al Prado puntual, toco timbre y paso. Me recibe Natalia, la esposa de Richard Porta. La casa es hermosa, grande, con el parquet plastificado brillante bajo nuestros pies. Camino tras los pasos de Natalia que me lleva hasta donde […]

Son las siete de la tarde y la ciudad está oscura, llovizna y hace frío. Llego al Prado puntual, toco timbre y paso. Me recibe Natalia, la esposa de Richard Porta. La casa es hermosa, grande, con el parquet plastificado brillante bajo nuestros pies.

Camino tras los pasos de Natalia que me lleva hasta donde está el Canguro. El jugador acaba de acostar a su hija más pequeña en el coche. Lo saludo y vamos al living para empezar con la entrevista.

Primero estamos enfrentados, con una mesa de vidrio de por medio, pero el living es grande y nos separan varios metros. Cuando apronto el grabador, Richard acerca un puff y se sienta a mi lado. Ahora sí, arrancamos.

De Australia a Uruguay

Nací en Australia. Mis padres se habían ido por la dictadura y se conocieron allá, tenían amigos en común entre todos los uruguayos que estaban allá. Y cuando yo iba a cumplir dos años nos vinimos, con mis padres y mis dos hermanos Gonzalo y Robert (ambos mayores que Richard).

En principio fuimos a vivir a Villa Española a la casa de la madre de mi papá y después nos fuimos a Toledo, en Canelones, a la casa de los padres de mi mamá.

Hice jardín de infantes en Los Pinitos en Toledo, después fui al colegio hasta tercero,  y cuarto, quinto y sexto los hice en la escuela pública.

 

¿Fuiste al liceo?

Terminé la escuela en Toledo, arranqué el liceo y nosotros ahí estuvimos dos años que no sabíamos si nos íbamos para Australia de nuevo. En segundo año de liceo supuestamente nos íbamos y empecé a ratearme y repetí por faltas. Al siguiente año ya estaba con el fútbol, seguía rateándome y volví a repetir. Después me dijeron que me pusiera las pilas, terminé segundo, después hice tercero en el nocturno y ya estaba en Primera ahí y dejé.

El fútbol

Empecé en el baby en La Tentación en Toledo, faltando dos años para terminar el baby tenía un compañero que ya se había venido a jugar a River, el padre de él me dijo si quería venir a probarme, vine, me probé y quedé. Me trajeron a una práctica y el entrenador me dijo que le gustaba. Arranqué en la novena, salté a séptima, hice sexta, dos veces quinta y de ahí salté a primera.

¿Quién te sube a primera?

Santiago Ostolaza.

¿Cómo fue esa etapa?

Los primeros años jugaba poco, el primer año jugaba poco y nada, al otro año jugué un poco más y eso me llevó a ir a la Selección Sub-20, después de eso tuve más participación en el equipo, jugué más de corrido y me volví titular.

Incluso saliste goleador con River…

Goleador salí en el 2007. Ese año partió mucho los ojos porque fueron 19 goles. Batimos un récord con Christian Stuani. Y ahí me fui a Italia.

¿Quién te llamó para irte a Italia?

Un día después de un partido que jugamos con Defensor, justo hice cuatro goles, en la noche me llama uno de los integrantes del grupo Casal y me dice que me va a llamar Paco, yo nunca había hablado con Paco, estaba desde el 2001 con ellos pero con Paco nunca había hablado. Me llama como a la una de la mañana, me dice que ya tiene todo el material y que me hiciera la idea de irme. Después me llaman cerca de Navidad y me dicen que me iba para el Siena de Italia.

¿Cuántos años tenías?

Tenía 24 años.

¿Te fuiste solo?

Me fui solo porque mi mujer estaba embarazada de casi siete meses.

¿Pudiste jugar?

Fue un cambio muy grande, en lo deportivo no jugué. A mí me pide un entrenador, cuando viajé habían cambiado el entrenador y me dice que no me iban a utilizar.

¿Cómo fue irte de acá a Europa?

Yo no sabía hablar italiano, llegué a un hotel sin celular, porque en ese momento había celulares pero la tecnología no era como ahora. Llegué y me compré un celular y una computadora y mi mujer acá se compró una computadora de las antiguas, de las de escritorio. Al principio no fue fácil. Por suerte después conseguí un apartamento y me adapté bien. Te sentís perdido.

Pero te llama mucho la parte económica porque acá nosotros vivíamos en un apartamento prestado que era de mi hermano, que tendría como mucho 30 metros cuadrados. Y de la nada cobrabas un premio y ya esa plata era mucho más de lo que yo ganaba acá. Empezás a volar y ahí empezamos a ver el tema de comprarnos la casa. Pusimos en la balanza todo lo que no habíamos tenido y todo lo que nos habíamos sacrificado. Entonces tratamos que lo poco o mucho que íbamos agarrando, usarlo en comprar la casa o en invertir.

¿Cómo te sentías por no jugar?

Es feo porque yo de acá me fui goleador, con una ilusión que decía: me como el mundo. Llegás allá y no te conoce nadie. No sos nadie, sos uno más y tenés que demostrar después todo lo que ellos te pagaron y si no tenés la chance de mostrarlo es un poco frustrante. Estuve ese año y dije: acá no voy a seguir. Entonces me fui a Portugal y también pasaron cosas...

¿Qué cosas?

Vos te imaginás algo de Europa que de repente no termina siendo, hay mucho acomodo, el tema de: te doy un jugador, me das esta plata, yo te lo hago jugar y te saco a este. Y uno no sabe. Vos pensás que vas y entrenás y si jugás bien la peleás, como acá. Ese año volví al Siena a hacer la temporada. Después pregunté: ¿dónde voy a jugar? Y me mandaron a Grecia, después me mandaron a Croacia y en todos siempre pasaba algo. Ahí me empecé a dar cuenta que era todo acomodo, te pongo acá y te pago esto y vos sos medio fichita de cambio. Ahí yo tenía a mi hija más grande, chica y dije que me quería ir a Uruguay y me dijeron: si te vas, no volvés más. Y me fui.

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Todas las dudas que le surgen a Richard Porta cuando le hago preguntas, él las traslada a su esposa que responde enseguida. El Canguro habla rápido y seguro. De a ratos cuando quiere afirmar algo, llega a tocarme las manos. Siempre me mira a los ojos y no piensa demasiado antes de dar su opinión sobre algo. Su hija grande (de ocho años) está alrededor, incluso a veces se acerca y también opina.

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Y volviste a River…

Volví a River un año y después me fui a Nacional. Cuando volví, volví a jugar la Sudamericana con River y nos fue espectacular, todos te miran con otros ojos.

Me imagino que irte a Europa te cambia, te debe volver más maduro…

Yo siempre digo lo mismo, yo soy todo lo contrario a lo que quiere el jugador de fútbol, yo ya fui a Europa y me di cuenta que no era lo que me gustaba, toda esa burocracia y acomodo no me gusta, a mí me gusta jugar al fútbol. Cada vez que estuve afuera pasé mucho tiempo sin mi señora y las nenas y eso te tira abajo. En Uruguay yo me siento cómodo, voy y llevo a las nenas a la escuela. Estamos muy tranquilos acá.

Después te vas a jugar a Nacional ¿sos hincha de Nacional? ¿Fue un sueño para vos?

No fue un sueño,  sí lo de jugar en un cuadro grande. Lo que pasa es que yo me vine a los diez, once años a River, viví en la casona de River, fui alcanza pelotas, entonces nunca viví como niño lo de mirar a un cuadro grande, sí miraba a River. Yo me hice  hincha de River, siempre fui hincha de River. Cuando fui a Nacional le tomé cariño por lo que me demostró la gente. Han pasado muchos jugadores por Nacional, no a todos les ha ido bien, yo tuve la suerte de que me fue bien y me tomaron cariño. Para ser hincha hay que sentirlo muy adentro y creo que ese lugar lo tiene hoy por hoy River, pero Nacional fue importante.

Te fuiste dos veces a Dubái ¿cómo fue?

La primera vez me llama directamente Maradona. Ahí se lo planteo al entrenador, la única traba que teníamos era económica, se le dejó un dinero a Nacional y me fui.

¿Cómo fue el momento en que te llama Maradona?

Juan Manuel Olivera estaba allá en el equipo y una semana antes él me mandó un mensaje diciéndome que Maradona le había pedido mi teléfono. Maradona me llamó y cuando me llamó saltó en todos lados porque había salido en la página de los Emiratos. Al otro día cuando llegué al Parque, era la noticia. Yo no sabía ni qué contestar.

¿Te acordás qué te dijo Maradona cuando te llamó?

Me dijo: te quiero en mi equipo, vamos a hacer todo lo posible, las negociaciones están muy avanzadas. Yo le dije todo que sí. Mi señora me miraba, yo entré a casa y ella estaba sentada, la miraba y le decía: es Maradona.

¿Te fuiste con tu familia para Dubái?

La primera vez me fui solo, hasta encontrar la casa e instalarme. Porque siempre llegás y te meten en un hotel. Ahí teníamos a la nena del medio bebé, entonces yo tenía que buscar un lugar que estuviera cerca de todo, nosotros no hablábamos inglés, entonces ellas tenían que sentirse cómodas. Cuando conseguí la casa viajaron todos, mi cuñada también, fue un viaje para todos. Pasamos las fiestas y ahí deciden que no siga más con Maradona y ahí nos volvemos. Cuando nos vamos la segunda vez lo mismo, viajo en agosto, hicimos pretemporada en Alemania, cuando volví de Alemania y conseguí la casa ellas volvieron.

¿Cómo es jugar allá?

En lo futbolístico me gustó, han pasado muchas figuras y no les ha ido bien porque es un fútbol raro, tiene mucha velocidad, es muy fuerte pero son muy distraídos. De repente vas ganando 2 a 0 y en la hora perdiste 3 a 2 porque al golero se le escapó la pelota y el defensa se cayó. Entonces pasan muchas cosas de esas que son pequeños errores que acá no se cometen y ahí se cometen por distraídos que son.

Tienen una infraestructura muy buena, llevan figuras de Europa para marketing, les pagan mucha plata. Vos jugás como figura y ellos son, más allá de ser profesionales, son policías o militares y son así: si ganamos, ganamos todos y si perdemos perdemos por culpa de los extranjeros.

¿Cómo es Maradona como técnico?

En el día a día tomaba mate con nosotros, podías hablar bien y tranquilo. En lo deportivo no me sumó. Obvio, lo de estar con Maradona no te lo saca nadie, ir a la casa, comer asados. Ir al cumpleaños de Verónica Ojeda con las nenas, no te lo imaginás. Creamos una relación por el momento en el que estábamos, pero en lo deportivo no me sumó. Él está para otra cosa, está para los negocios y los números y para lo deportivo no está rodeado de buenas personas.

¿Vos fuiste a préstamo?

Yo fui a préstamo con opción a compra, me querían comprar de primera pero se metió mucha gente por el lado de Maradona entonces a la hora de repartir la plata era muy poco para todos y a nadie le servía la plata. Fui a préstamo por un año, supuestamente a mitad de año me tenían que comprar, pero cuando se habló de comprarme pasó lo mismo entonces Maradona dijo: se va Richard y viene un iraní. Y Maradona me dijo: no vamos a contar más contigo.

Y al tiempo te volvieron a llamar desde Dubái…

Sí. Otro equipo que la verdad que no lo conocía. Yo había dicho que no volví a más a Dubái, pero dije: si me sirve lo económico me voy.

Yo tenía un año más de contrato con Nacional, salgo goleador y yo tenía el salario del primer año. Y ya íbamos para el tercer año, entonces le planteé a Alarcón una mejora salarial o un año más de contrato. Justo  había elecciones en Nacional entonces me dijo que era imposible, me preguntó cuál era la oferta, yo se la pasé y me dijo: sabés una cosa, hacé de cuenta que no tenés el contrato este en Nacional, nosotros no te vamos a cerrar la puerta, andate y aprovechá porque nosotros económicamente no podemos competir. Y ahí me fui de vuelta.

¿Es verdad que la diferencia económica es muy grande en Medio Oriente?

Sí. No te quedás parado, te podés comprar la casa, que trabajando acá no la vas a comprar nunca, ni jugando en Peñarol o Nacional te vas a comprar una casa. Cada vez que me salió algo fue: me voy ¿qué hacemos? compramos la casa, ¿me voy de nuevo y qué hacemos? invertimos en algo. Siempre tuvimos la cabeza muy bien puesta en el sentido de que si agarramos dos pesos los invertimos en algo y si agarramos tres compramos la casa. El sacrificio lo usamos siempre pensando en nuestras hijas, no en llegar y gastar toda la plata. Porque es mucha plata pero no es lo que la gente se imagina.

¿Y te fuiste por cuánto tiempo?

Firmé dos años, estuve uno y la verdad es que esta vez la pasamos muy bien. Fuimos más liberales, a disfrutar, pasamos bárbaro. Me quedaba otro año y yo me termino lesionando y tengo un inconveniente con el dueño del equipo.

¿Un inconveniente por tu lesión?

Claro, porque el médico era religioso y decía: Alá dice que estás bien para jugar. Pero a mí me dolía. El dueño me dijo que tenía que jugar, yo le dije que no porque estaba lesionado. Entonces no me paga el salario. No me vuelve a depositar tampoco después. En vacaciones tenía que volver, les dije que si no me pagaban no volvía, pasa otro mes y no me depositan de nuevo. Dije: vuelvo a Nacional. Rescindí y dejé todo el año que me quedaba de contrato y me volví a Nacional.

¿Y no te arrepentís?

Siempre las decisiones las tomás y después no podés decir si estuvo bien o estuvo mal, en el momento nos pareció correcto. Pero en Nacional no me fue como me esperaba.

¿Por qué?

Perdemos el campeonato con el Vasco (Arruabarrena) la última fecha y ya después con Pelusso no juego. Sabía que me quedaban seis meses y no tuve chance de pelearla. La gente se quedó con lo que hice en el primer campeonato con Arruabarrena, que para el entrenador estaba bien lo que hacía pero para la gente no porque tenía otra función dentro del equipo. No con la imagen de goleador que me había ido. A veces la gente dice: ¿qué pasa que no hace un gol? ¿no patea al arco? Pero claro, tenía que cumplir otra función, era otro juego. Después con Pelusso no jugué.

¿Le preguntabas al entrenador por qué no te ponía?

No porque no pregunto cuando juego tampoco. Hay muchos entrenadores que te vienen a hablar, si me vienen a hablar hablo, pero nunca te voy a preguntar ¿por qué no juego? Cada entrenador tiene su libro y mira a su equipo. El entrenador no va a poner para perder, pone lo que es mejor para el equipo.

En aquel entonces te fuiste medio enojado con los entrenadores, incluso diste algunas declaraciones de prensa…

Yo con Pelusso juego el primer partido de pre Libertadores en Bolivia y después no juego más. Él me dijo una cosa en ese partido y a la semana yo era un desastre.

¿Por qué?

Por lo que me dijo él, fue una decisión del cuerpo técnico. Eso lo veían todos, yo no lo compartía. Cuando se va Pelusso yo no había jugado, asumió Gutiérrez y yo tampoco estaba. Me convocó al último partido y me dijo que no jugaba.

¿Qué sentiste cuando quedaste afuera ese último partido?

Quieras o no vos te vas haciendo un nombre y una trayectoria. Pasaste por todos los escalones. Cuando eras chico si había medias rotas eran para vos, no para el más grande. Al que tiene una trayectoria se lo respeta. Yo ya tenía 30 años y no era un referente pero estaba en el grupo de los mayores. Ya había estado dos años, había conseguido títulos, había salido goleador. No era un jugador cualquiera dentro del plantel.

Justo ese partido era de mañana, yo no había estado convocado en todo el campeonato. Último partido, convocan a 19, miraba para el costado, habían subido a juveniles de tercera, no me podés sacar. O me lo decís el día antes: mirá, no vas a jugar. Pero a las siete de la mañana fuimos al estadio, me empiezo a cambiar, cuando me estaba vistiendo viene, se me arrima y me dice: Richard, sos el número 19, muchas gracias.

¿Y vos qué hiciste?

Viste cuando decís... fue impotencia. Atiné a vestirme, me cambié, dije chau y me fui.

¿Y tus compañeros?

Mis compañeros no entendían nada, a los diez minutos en el medio de la charla me estaban llamando por teléfono. Después gente allegada del cuerpo técnico me llamaron y me dijeron que fue sin querer, que no se dieron cuenta. Terminé mal en Nacional porque los últimos seis meses no jugué y ese último partido agarré las cosas y me fui y no volví más.

Yo si el día de mañana soy entrenador prefiero a la gente más grande no hacerle pasar por esas cosas, si se lo decís a un juvenil es distinto. Pero yo ahí sentí que fue una falta de respeto.

¿Y te fuiste para tu casa?

A las nueve de la mañana estaba en mi casa. Yo no tenía llave de casa ni nada, me senté en el portón a esperar a mi señora. Fue duro porque no me lo esperaba, terminé en una situación con el club que no me esperaba.

¿Después en dónde jugaste?

Me fui a Ecuador. Yo dije que no me iba a ir más, pero de acá no me llamaba nadie, eran todas llamadas del exterior. Decía siempre que no. Pero un día dije: ¿qué hago? de acá no me llama nadie. Entonces llamo a mi representante para ver las opciones del exterior y me  fui cinco meses a Independiente del Valle.

¿Jugabas allá?

Siempre entraba, de repente no jugaba como pretendía pero simplemente porque el equipo iba muy bien. Peleamos el campeonato hasta la última fecha, la pasé bien en ese aspecto.

Y de ahí te viniste a Rentistas…

Cuando vuelvo acá lo mismo, no quería saber nada del exterior. El medio local se empezó a atrasar y faltando tres días para empezar el campeonato me llaman de Rentistas. Me llaman un miércoles, el jueves firmé, el viernes me presenté a entrenar y el sábado viajamos a Tacuarembó a jugar.

¿Qué te pareció jugar en Rentistas?

Uno siempre es agradecido cuando te abren la puerta, pero realmente nunca pensé en jugar en Rentistas. No se me pasaba por la cabeza, yo estaba esperando por Danubio, hice la pretemporada en River, me llamaron de Juventud y dije que no, de Rentistas y dije que no, de Rampla y dije que no, esperando por Danubio. Dije que no esperaba más, me hablan de River y arreglo, pasó un temita y no arreglé al final. Pensé que me quedaba sin nada y me volvieron a llamar de Rentistas.

Y ahora estás en Cerro ¿quién te llamó?

Me llama Acevedo, me dice que quería formar una columna vertebral con gente de experiencia, me nombró algunos con los que ya había hablado. Cerro no estaba bien en ese momento, estaba último en la tabla del descenso. Me gustó porque cuando te llama un entrenador es porque cuenta contigo y eso es fundamental.

¿Cómo te sentís jugando en Cerro?

Te podés imaginar muchas cosas de los equipos y de lo que pasa, la verdad que lo que estoy viviendo en Cerro no lo había imaginado. Siempre digo que es lindo y que está bueno.

¿Por la gente?

Por la gente, por la presión esa... Cerro es un cuadro grande. Por suerte nos fue bien, estamos peleando copas internacionales. En lo personal me lesioné, me costó recuperarme, no he ligado con esas cosas, lesiones que nunca me esperaba. Pero estoy contento. La gente no entiende por qué estoy contento pero la verdad es que me encontré con compañeros bárbaros. Compañeros con historias de vida jodidas y decís: si este tipo la rema cómo no la voy a remar yo.

¿Hasta cuándo tenés contrato?

Hasta junio.

¿Y después sabés qué vas a hacer?

No, ni idea. Si se clasifica a una copa internacional estaría bueno que siguiera el mismo grupo pero ya no depende de uno, depende del entrenador y los dirigentes.

¿Tenés algo pensado para el día en que te retires?

Hasta hace un año atrás me lo planteaba, decía que iba a jugar cinco o seis años más. Este año con las lesiones me lo empecé a cuestionar. Muchos entrenadores me dicen que haga el curso porque veo el fútbol de otra manera. Pero todavía no me picó el bichito de entrenador. Y ahora de ir a programas de televisión me picó el bichito del periodismo y estoy haciendo el curso de la Nueva Generación. Más o menos por ese lado voy a rumbear. Ya voy planificando porque sé que los años se van acortando.

Todo el mundo te prepara para jugar en Primera, nadie te prepara para cuando se te terminó. Es un balde de agua fría. Son muy pocos los que dicen: dejo de jugar porque se terminó.

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Hace 11 años que Richard conoció a su mujer, Natalia. La vio en la cancha y se enamoró. Incluso les aseguró a sus hermanos que en algún momento iba a salir con ella.

"Un día sonó el teléfono y era él, me dijo: hola, mucho gusto soy Richard Porta".

Hoy Natalia y Richard tienen tres hijas, dos niñas de 8 y 4 años y una beba de 4 meses.

 canguro 2

por: Carla Urruti Gull

 

 

 

Marcelo Tabárez

Pasan algunos minutos de las cuatro de la tarde, es miércoles, hace frío y en la ruta no se ve nada porque llueve sin parar. Me meto en una calle paralela a Giannattasio, doblo a la izquierda y sigo varias cuadras. Estoy en El Pinar, frente a la casa de Marcelo Tabárez. - Hola, soy […]

Pasan algunos minutos de las cuatro de la tarde, es miércoles, hace frío y en la ruta no se ve nada porque llueve sin parar. Me meto en una calle paralela a Giannattasio, doblo a la izquierda y sigo varias cuadras. Estoy en El Pinar, frente a la casa de Marcelo Tabárez.

- Hola, soy Alejandro, el papá de Marcelo. Pasá.

La luz tenue, la tele prendida con una película de HBO de fondo y la estufa a leña chispeante conforman el panorama.

El ambiente es cálido y cálidas son las personas que me reciben: la mamá Alejandra, el hermano menor Matías y el propio Marcelo. Todos sentados tranquilos. Siento culpa por llegar a interrumpirlos, pero me acomodo en un sillón y empiezo la entrevista.

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Infancia y fútbol

Nací en Montevideo, viví hasta los tres años en Maroñas en la casa donde vivían  mis abuelos paternos. A los tres años me mudé para Paso Carrasco a la casa de mis abuelos maternos. Ahí viví hasta los 17 años que fue cuando nos mudamos a El Pinar. Fue una independencia porque por primera vez empezamos a vivir solos.

Hice hasta tercero de escuela en Solymar, porque mi madre trabajaba ahí y de cuarto a sexto los hice en el Uruguá, que es la escuela de la que mi madre con sus compañeras es dueña, es en El Pinar acá cerquita. Después el liceo lo hice en Paso Carrasco, porque me quedaba cerca de donde vivía.

¿Terminaste el liceo?

No, hice ciclo básico completo. Después dejé.

-Bueno, bueno, Marcelo se distrae por una explosión de chispas en la estufa a leña. Los trocitos dorados se esparcen por el suelo y todos nos quedamos unos segundos embobados mirando cómo se consumen.

¿Cuándo empezaste a jugar al fútbol?

Empecé a los cinco años en el Huracán Villegas, un cuadro de la Curva de Maroñas. Yo vivía lejos de ahí, ya estaba viviendo en Paso Carrasco pero mi padre vivió toda la vida en Maroñas y siempre dijo que cuando tuviera un hijo lo iba a llevar al Huracán. El primer día yo no quería ir, no quería entrar a jugar. Y eso que a mí siempre me gustó el fútbol, aprendí a caminar atrás de una pelota.

¿Por qué no querías?

Me daba vergüenza, siempre fui muy reservado con gente desconocida. Después sí, entré a la cancha y cuando terminó no quería salir, mis padres me decían: nos tenemos que ir, y yo no quería. Me acuerdo clarito, son cosas que te quedan. Estuve en ese cuadro con gurises hasta los 13 años. Hice todo el baby fútbol ahí.


Danubio

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Cuando estaba en el Villegas a los nueve años me llevaron a la escuelita de Danubio, entrenábamos dos días a la semana. Hice hasta los 13 años en el Villegas -que se terminaba el baby- y a los 14 arranqué en Danubio.

¿Pasaste por todas las categorías?

Sí, todas. Hice de séptima a tercera y después me subieron a primera.

Incluso te destacaste en todas, fuiste goleador…

Sí, el único año que no salí goleador en juveniles fue en sexta pero pudimos llegar a la final ese año también, perdimos pero fue un buen año. En lo personal no fue un buen año porque tuve un par de lesiones y una citación a la selección que por la lesión no se dio y eso me trabajó la cabeza. Pero sí, en séptima salí goleador y salimos campeones, en quinta y en cuarta también y en tercera salí goleador del Clausura y me subieron a primera.

¿Cómo fue cuando te llamaron para la selección?

Estaba en sexta, tenía quince años. Fue una Sub-15 que fueron entrenamientos nomás, el técnico era Fabián Coito. Se arrancaba un lunes a entrenar, el domingo jugué con Peñarol, me lesioné la rodilla y estuve un mes parado. Fue muy complicado porque era muy chico y me dolió.

¿Quién te sube a primera en Danubio?

A primera me sube (Juan Ramón) Carrasco, cuando estuvo en Danubio en el 2012. Un jueves me sube a entrenar a primera, entrené con los suplentes, me pasó al equipo titular y me desgarré. No pude debutar ese año, fue un desgarro complicado porque a lo primero los médicos me habían dicho que era una distensión. Eso fue en los primeros días de noviembre y no pude jugar, estuve un mes y medio con el desgarro, no podía picar. Se terminó el año, tuvimos licencia, volvimos a entrenar en enero, ahí cambiaron el técnico, vino Leo Ramos.

Empecé entrenando en Primera, fue una situación medio confusa porque claro, a mí no me conocían porque yo no había debutado. Estaba en el plantel principal pero no había jugado porque había terminado lesionado. Estuve entrenando dos semanas con el plantel principal y me bajaron a tercera. Fue complicado porque el sueño de uno es llegar a primera y que sin conocerte te bajen… fue complicado. Pero me pude poner bien físicamente, que era lo que yo quería. Eso fue a fines de enero de 2013.

¿Cómo es cuando te dicen que volvés a tercera?

Esa vez nos juntó a unos cuantos gurises de ese momento, porque como era un técnico nuevo estuvo dos semanas mirando jugadores. Éramos como ocho o nueve, nos dijeron que no nos iban a tener en cuenta y como yo era joven, tenía 19 años, pude volver a tercera. Hubo otros que tuvieron que irse porque su edad no les permitía volver a tercera. Volví a tercera, volví a jugar pero es un momento complicado. Justo esa fue buena porque me lo dijo el técnico de frente, me dijo por qué y cómo. Te bajonea pero el fútbol es así. Estuve un mes y medio en tercera y me subieron de vuelta, ese campeonato jugué solo cuatro partidos, al siguiente jugué seis y a partir de la octava fecha no tuve más participaciones.

¿Por qué? ¿Te dieron explicaciones?

No, esa vez no. Y yo fui a pedir explicaciones, para saber qué me faltaba. Fue medio raro porque yo venía jugando, venía siendo primer cambio en todos los partidos. Y después no me pusieron más. Pedí explicaciones y me dijeron que había muchos delanteros. Tuve que meterle de vuelta para tratar de volver a ser tenido en cuenta.

Justo salimos campeones uruguayos, fue algo hermoso pero no lo sentí mucho por el hecho de no sentirme partícipe. Es difícil para uno que no está acostumbrado a no jugar, pasar siete partidos afuera del plantel. Es complicado. Cuando terminó el campeonato empezó a salir en la prensa que yo no iba a ser tenido en cuenta, que me iban a dar a préstamo, que esto, que lo otro...

¿Entonces?

Siempre cuando vas a volver a entrenar te llama un dirigente, a mí me llamaron para que me presente en tercera. Fue uno de los peores momentos desde que estoy jugando al fútbol, estaba muy molesto, muy enojado.

¿Qué hiciste?

Hablé con mi representante y le dije que me buscara una solución para poder salir a préstamo. A mí me quedaban dos años más con Danubio pero iba a salir a jugar para poder tener roce en primera y no seguir jugando en tercera, yo ya tenía 21 años. En julio de 2014 arranqué con tercera, entrené hasta agosto.

El 8 de agosto me dicen que viajaba el 9 de agosto a Suiza. De la nada.

¿Cómo fue?

Fue un dirigente, me dice: Marce ya salió lo tuyo. Yo no sabía nada. -¿Cómo que salió lo mío? -Sí te vas para Suiza, me dijeron. Dejé pasar la práctica y les comenté a los técnicos de tercera porque en dos semanas arrancaba el campeonato. Yo ya les había comentado que no quería jugar en tercera y que iba a buscar otro equipo. No quería jugar en tercera porque sentía que estaba dando pasos para atrás. Cuando me dicen lo de Suiza fue un viernes 8, me tomó por sorpresa, era en un cuadro grande de Suiza. Yo nunca había viajado en avión, fueron todas experiencias nuevas.

¿Y en tu casa qué te dijeron?

Yo en ese momento vivía con mi novia (Yésica) en Malvín. Con mis padres estábamos en constante contacto. Fue una sorpresa y no nos dio mucho tiempo de prepararnos para nada. Me lo dijeron el viernes a las 12:00 del mediodía y el sábado a las 11:00 ya salía el vuelo.

El silencio del ambiente se corta por la risa de la mamá de Marcelo. En ese momento me acuerdo que no estamos solos, que detrás a mi derecha están Alejandro y Matías en un sillón y que al lado de Marcelo está su mamá. Los tres escuchan en sumo silencio y con mucha atención lo que cuenta el jugador.

¿Tu novia qué te dijo?

Se sorprendió, estaba trabajando y salió del trabajo para estar conmigo esas últimas horas. Fue una sorpresa total.

Entonces te fuiste a Suiza…

Cuando llegué a Suiza fue todo nuevo, el viaje en avión son doce horas hasta Madrid, después a Milán.

¿Con quién viajaste?

Viajé con mi representante y otros jugadores. Llegamos a Suiza, algunos jugadores se quedaron en un cuadro al sur y yo tuve que ir a Zúrich que es al norte. La primera noche me tocó quedarme solo y me afectó muchísimo, yo no pensaba que iba a ser tan así. Me tuve que quedar con los juveniles de ese cuadro, ahí se hablaba alemán. El inglés me salvó pero los dos idiomas que más se hablaban eran alemán e italiano. Era complicado para sociabilizar.

¿Había algún jugador latinoamericano?

Había un peruano que en realidad era suizo, tenía padres peruanos. Pero iba a entrenar y se iba a la casa, no era muy sociable. Yo soy medio difícil para hacer confianza con gente nueva y si veo que el otro no tiene interés en ayudarme, tampoco ando rogando. El tema del idioma fue duro, el tema de extrañar…

Empecé a extrañar como loco, desde la primera noche que llegué. Tuve tres prácticas, me estaba yendo re bien, me estaban dando para adelante los técnicos y me desgarré…

La mamá de Marcelo se vuelve a reír.
-Cuando llegaba a algo, le pasaba algo, comenta el papá.

Estuve una semana más entrenando a ver si me podía recuperar. Les expliqué a los médicos pero no entendían porque hablaban alemán cerrado.

Me imagino que debe ser muy difícil estando solo allá…

Es difícil, pero a mí me empezó a comer mucho la cabeza el tema de extrañar y la ansiedad. Yo llegué un lunes, entrené el martes y me dijeron que el viernes iba a haber una prueba para verme a mí y que si andaba bien se firmaba el préstamo. El jueves me dijeron que se había pospuesto hasta el otro miércoles, entonces me empecé a hacer la cabeza, tenía que esperar una semana más. Y el tema del idioma no me ayudaba.

Los médicos me hicieron masajes, que si tenés un desgarro no te tenés que hacer masajes, tenés que dejar quieto y ponerte hielo. Esas cosas repercutieron para mal en el músculo y no ayudaron. Pasó una semana, no podía correr ni hacer nada, entonces llamé a mi representante. Me dijo: quédate tranquilo y me llevó al sur con mis compañeros que habían viajado conmigo. Fue un momento lindo, conocimos Lugano, una ciudad al sur, y estábamos los tres vacacionando porque no entrenábamos ni hacíamos nada.

¿Estaban a la espera de algo?

Claro, a la espera de que a ellos les saliera un cuadro y yo de volverme a Uruguay. Estuve una semana y me volví para Uruguay, llegué el 26 de agosto y había viajado el 9.

Cuando volví, volví a Danubio a la tercera. Era lo que no quería, volví lesionado y estuve más de veinte días recuperándome. Volví, me puse bien. Pasaron cosas en Danubio que fueron complicadas, no me dejaban bañarme ni cambiarme en el vestuario porque yo era de tercera.

¿Eso es así siempre?

No, no es así. Fue así por un tema de otro jugador y la ligué yo de costado. Sé que no fue personal pero esas cosas afectan la diaria y el hecho de querer seguir yendo. Fue un momento de miércoles, días lluviosos como el de hoy tenía que pasarme un bidón en las piernas, volvía a mi casa todo sucio y sudado.

8¿Te planteaste abandonar en ese momento?

Nunca me planteé no ir más, pero sí te preguntás: ¿por qué pasan estas cosas? El fútbol tiene cosas muy lindas y cosas que no son tan lindas, que son las que más te ayudan para seguir, las malas son las que te ayudan a progresar, tenés que sufrir y meterle. Fue complicado porque yo estaba re pintado, no jugaba ni en tercera a veces. Quedé afuera del plantel como tres partidos seguidos.

¿Por qué quedaste afuera?

En ese momento fue porque estaba pintado al óleo. No sé. Fue un momento complicado, no me gusta mucho hablar porque no sé por qué fue. Sé que fue y que fue un momento complicado. Ahora me pongo a pensar todo esto y me da rabia, pero el fútbol es así y hay que seguir metiéndole.

Como te digo eso, también te digo que faltando cinco fechas me empezaron a poner de nuevo en tercera, empecé a tener buen rendimiento, empecé a jugar y faltando dos fechas me vuelven a subir a primera, jugué contra El Tanque.

La última fecha me ponen de titular, le ganamos a River y me eligieron jugador Yumbo del partido. Es lindo, después de tantas verdes recoger una de esas te deja tranquilo y sentís que se puede. Porque se te cruzan muchas cosas por la cabeza, no dejar de jugar pero sí no ir más a Danubio e irme a entrenar a otro lado. Eso fue  a fines del año pasado.

No hay forma de que el fuego deje de brotar en la estufa. Alejandro se para, cruza el living y agrega leña.

¿Quiénes eran los técnicos de tercera en ese momento?

Fernando Araújo y Rodolfo Ojeda, eran del círculo de Leo Ramos.

Arranca el año y empezás en primera…

Arrancó el año, me llamaron para que me presentara en primera, arranqué de titular y los técnicos me dieron otra confianza. Hacía un año me habían flechado y ahora este año me pusieron de titular y me mantuvieron toda la confianza que me dieron en un principio, me dijeron que iba a jugar y jugué. Pasó lo que pasó con todo esto del tumor, fue una carrera corta con algunos golpecitos y acá estamos.

Y tu nombre empezó a sonar en los medios, te estabas destacando…

Estaba teniendo un buen rendimiento, estaba haciendo goles. Este campeonato hice tres goles en seis partidos, llegué a jugar seis partidos nomás. Tenía mucha confianza en mí y mis compañeros me estaban dando tremenda confianza. Pero como te contaba hoy, en los momentos en que están por pasarme cosas buenas, me pasan cosas… no sé por qué, pero después habrá tiempo para pensar por qué me pasan esas cosas.

Pero yo  estoy tranquilo y estas cosas me ayudaron a ver la vida desde otro punto de vista y a apreciar cosas que antes no apreciaba. Yo soy un tipo muy calentón, me caliento mucho por bobadas, me sigo calentando pero algunas cosas antes me calentaban más.

¿Cuándo empezó el tema del tumor?

Lo del tumor no sé cuándo arrancó, pero yo a principio de año sentí que tenía un huevito chiquitito en el testículo y se fue incrementando, se fue inflando. No sé qué era que tenía pero sé que estaba hinchado.

¿Consultaste a un médico?

No. No me dolía, no me molestaba, lo tenía hinchado y no le había dicho a nadie por todo lo que te digo de aprovechar el momento, de estar jugando. En ese momento puse por delante mi carrera futbolística en vez de poner por delante mi salud. No me arrepiento de haberlo hecho pero lo haría de otra manera. Opté por callarme y por seguirle metiendo al fútbol y obvié un poco la situación, yo no sabía que era un tumor, yo tenía hinchado un testículo pero no me dolía ni me molestaba.

Yo me bañaba y pensaba: ya se va a ir, ya se va a ir pero no se iba. Nunca te esperás que te pase algo de eso y yo nunca me creí merecedor de tener un tumor, yo nunca tuve una gripe. Cuando se me empezó a hinchar, no soy bobo, sé lo que es un tumor, pero lo obvié, pensé que se me iba a ir. Por suerte pasó todo esto del partido en San Pablo y del control antidoping.

Como le digo a mis padres: fue una señal, me dio una segunda vida porque yo no iba a decir nada hasta que no pudiera caminar. Por suerte se pudo agarrar a tiempo y no implicó ningún órgano más.

Y todo saltó por un antidoping…

A vos te hacen todo el control, tenés que orinar en dos frascos, son dos muestras, lo sellás, lo mandan a Colombia creo y eso demora como un mes, o dos meses. Cuando abren la primera muestra sale una sustancia que fue la gonadotrofina corionica que no es algo que se pueda ingerir, es algo que genera el cuerpo. Fue un momento que no sé ni cómo llamarlo. Me llama el presidente de Danubio, Óscar Curutchet, y Eduardo Pisoni de la comisión directiva, para que vaya a hablar con ellos urgente.

Yo estaba con mi novia, arranqué a la Junta Departamental porque Curutchet trabaja ahí, es la mano derecha de Daniel Martínez o algo así. Llegué y cuando me saludaron me di cuenta que algo raro había. Me hicieron pasar a un cuarto y le pidieron a mi novia que no pasara. Y me dicen que el doping había dado positivo.

¿Cómo reaccionaste?

En el momento me quedé sin palabras, estaba tranquilo pero nervioso a la vez. Tranquilo porque sabía que no había tomado nada y nervioso porque lo primero que se me cruzó por la cabeza fue que me habían puesto algo, que me habían hecho una cama y fue lo que yo les dije. Lo bueno es que nadie desconfiaba de lo que yo decía. Nunca me imaginé que me iba a pasar eso.

Llamé a mi padre y le conté, él justo salía de trabajar ahí cerca, lo esperé para volvernos juntos a casa porque fue un momento feo. En el momento no te das cuenta pero he visto que les pasó a otros jugadores y vi cómo su carrera les cambió totalmente.

Al otro día fui a entrenar, mi cabeza estaba en cualquier lado. Era viernes, el sábado jugábamos con Peñarol. Me acuerdo que antes de arrancar la práctica, Leo Ramos ya sabía y me llamó para hablar un rato. Le dije que estaba para jugar pero la verdad no estaba para jugar. Entrené bien pero mi cabeza estaba en otro lado.

Te lo estoy contando y se me acelera el corazón porque fueron momentos de mucho nervio e incertidumbre, yo no sabía qué iba a pasar. Cuando terminó la práctica vino el profe a hablar conmigo, me dijo que disfrute el partido con Peñarol porque se iba a venir una sanción u otra cosa, pero que iba a pasar tiempo sin jugar. Me dice el nombre de la hormona que había salido, que hasta ese momento nadie me la había dicho. Me volví para casa muy nervioso, llegué a casa y lo primero que hice fue buscar en internet el nombre de la hormona y decía que es una hormona que segrega el organismo en defensa de ciertos casos y de tumores testiculares.

Ahí asocié, en el momento me tranquilizó porque yo sabía por dónde venía el tema del doping. Me acuerdo que fuimos a hacer un mandado con mis padres, leí en la computadora y me quedé callado. Cuando salimos me acuerdo que me puse a llorar y le largué todo a mi padre, no sé cuál fue su reacción pero se quedó más tranquilo aunque se dio cuenta que venía algo más complicado.

¿Y vos cómo te sentiste?

Me tranquilizó saber que era un tumor pero no me di cuenta de lo que venía después. Al otro día me desperté de mañana, era el partido con Peñarol, no podía estar parado. Tenía dolores en la panza, no podía estar acostado, me sentaba y me dolía. Tuve que llamar a un amigo que es el fisioterapeuta de Danubio que vive acá en Pinar, vino, me hizo masajes, me empezó a charlar y se me pasó. Pero yo tenía decidido no ir al partido porque no me sentía bien para ir, no iba a poder jugar lo que yo quería y no iba a poder ayudar a mis compañeros.

Pero se me fue pasando. Eran nervios, ansiedad, demasiadas cosas que me pasaron en dos días, me desbalanceó un poco. Se me fue un poco el dolor, me empecé a sentir mejor y arranqué para la sede de Danubio, fui sin comer, no comí nada antes del partido. Después el partido se dio que ganamos y que pude hacer un gol. Yo ya sabía antes de jugar todo lo que venía, sabía que la sanción era lo que menos me importaba, en ese momento había recapacitado, sabía que tenía un tumor. Por suerte pudimos ganar ese partido y terminé esa etapa de buena manera, haciendo un gol y ganando, que fue importante para el arranque de todo esto también.

¿A tus compañeros cómo les contaste?

Al primero que le dije fue al profe el viernes de noche, me dijo que me quedara tranquilo. Además, les conté al Tuna Fornaroli y al Tito Formiliano, les conté que el doping me dio adverso y que se venía una sanción. Después el sábado antes del partido lo comenté, yo estaba más tranquilo pero a ellos les afectó en el momento porque se dieron cuenta de lo que se venía.

¿Qué te dijeron?

Me dijeron: ya está, vamos arriba. Son cosas que me van a quedar siempre grabadas, es bueno ver la reacción de tus amigos y de la gente cercana para ver cuánto te quieren y cuánto te aprecian. Es difícil de explicar lo que sentí en esos días, fue todo muy rápido. A mí me notifican del control antidoping el jueves de tarde, el sábado jugamos, el lunes me hago una ecografía y ya me operan el mismo lunes. Agradezco que haya salido tan bien. No me dio mucho tiempo para ponerme mal, no me dio tiempo para pensar en lo que se venía, capaz hubiera sido más difícil.

¿Después de la operación empezaste la quimioterapia?

Después de la operación estuve una semana internado porque estaba con dolores de espalda por la operación, después estuve una semana en casa y ya arranqué con la quimioterapia el domingo 26 de abril, fueron cuatro meses. La primera semana de cada mes eran cinco días seguidos, era la más complicada de todas porque sentía náuseas, tenía vómitos y cansancio. Yo nunca estuve acostumbrado a sufrir ni a pasarla mal, en estas cosas uno sufre mucho y pasa mal.

Son momentos jodidos, yo en mi vida habré vomitado tres veces, y ahora en un mes vomité como 50 veces. Capaz que pensás que un vómito no es tanto, pero para mí era mucho, el hecho de vomitar y estar con náuseas constantes que no se te van… Por suerte ya terminamos con esa etapa que fue la más difícil y ahora esperemos que vengan las buenas.

¿Y ahora cómo seguís?

Terminé la quimioterapia, mañana tengo consulta con el oncólogo que me va a decir cómo sigo. Yo deseo que haya terminado todo y poder estar tranquilo y que todo esto quede atrás. Si queda algo más le vamos a meter con todo, pero yo tengo las ganas y la confianza de que lo peor ya pasó.

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¿Tu situación con Danubio cómo es?

Yo estoy lesionado, mi contrato se respetó en todo momento y tengo contrato hasta 2017, yo cobré lo mismo que cobraba cuando estaba jugando.

Marcelo Tabárez tiene 22 años, es un poco más alto que yo, es flaco como un adolescente y tiene la piel blanca, como transparente. Mientras habla mira por la ventana, muy pocas veces me mira a los ojos. A veces cuando duda sobre alguna fecha, le consulta a su mamá que responde enseguida. De a ratos se pasa la mano por la boca, es como un tic. No tiene pelo y sus cejas son apenas un rastro de lo que fueron. Habla despacio, tranquilo y casi siempre sonríe.

Y ahora estás viviendo con tus padres acá…

A principios de año me volví para acá, estoy haciendo una casa en el fondo, todavía no está terminada. La idea era quedarme acá con mis padres cuando pasó todo esto, en Malvín viví hasta diciembre del año pasado y a partir de diciembre nos mudamos para acá. La idea es cuanto antes, ahora que ya terminó la parte brava, mudarme con mi novia para el fondo porque estamos acá metidos.

¿Tenés muchas ganas de volver a jugar?

Estoy deseando volver, estoy ansioso, trato de no pensar pero no puedo. Estoy acostado y pienso en cómo va a ser la vuelta al entrenamiento y la vuelta a estar con mis compañeros. Son muchos años de tener una rutina, todos los días ir a entrenar desde que tengo 14 años.

¿Este fue el tiempo que más paraste en el fútbol?

Sí. Nunca estuve lesionado de gravedad, la lesión más grande fue el esguince de rodilla que fue un mes, y no es que no podés hacer nada durante un esguince, a la semana ya podés trotar. Yo hace cuatro meses que no hago nada, nada, nada. Y he ido a Danubio tres o cuatro veces porque por el tema del tratamiento y las defensas que están bajas, no puedo andar regalándome mucho. Cualquier frío que agarre es enfermedad, yo me cuidé muchísimo,  mis padres también entonces no me enfermé, eso hizo que no se detuviera el tratamiento.

Ahora lo que más me está preocupando es el tema del pelo y las cejas…

Bueno, pero el pelo te crece enseguida…

- Ariosa lo fue a visitar y tenía unos rulos bárbaros, dice su padre desde el sillón.

-¡Pero que no me crezcan rulos!, agrega Marcelo riéndose.

Alejandra, la mamá de Marcelo, habla por primera vez desde que llegué: La actitud de él siempre ha sido de mirar hacia adelante y de encarar lo que viniera, si bien no la pasó bien ninguno la pasó bien, siempre estuvimos con esa mentalidad y pensando en el día a día, en no planificar tan a largo plazo porque no sabés. Estamos sumamente orgullosos porque le metió terrible actitud.

Tus compañeros de Danubio enseguida salieron a apoyarte, incluso los hinchas y mucha gente que tal vez no te conocía tanto, empatizó contigo enseguida…

El Tuna Fornaroli siempre me dice que uno cosecha lo que siembra. Eso me deja tranquilo. Hay gente que no me conoce, pero los que me conocen y que más han estado, me demuestran que uno hizo las cosas bien. Tuve un apoyo que fue demasiado. Cuando mis compañeros se pelaron, no hubo uno que dijera que no. El único que no se peló fue Renzo Pozzi porque se casaba y los compañeros le dijeron que no lo hiciera. Pero él me llamó y me dijo: mirá que me pelo y yo le dije que no. Eso me tiene re tranquilo y por eso tengo ganas de volver. Lo de ellos fue importantísimo porque uno vive día a día con todos ellos, tengo amigos que son hermanos de la vida. Al Tito Formiliano lo conozco desde que tenemos 14 años, somos más que amigos, soy el único jugador de Danubio que fue a su casa en Salto, conozco a sus padres y a su familia, y él ha venido incontables veces a casa.

Por eso quiero volver cuanto antes. La otra vez me llamó Jadson Viera y le dije: yo no quiero volver a entrenar, quiero volver a ir, quiero levantarme y salir, quiero ir al complejo, quiero estar ahí todos los días, volver a lo de antes. El tema del entrenamiento seguramente lleve un poco más de días, pero estoy pensando en volver a ir todos los días y en sentirme de nuevo parte del vestuario. Va a estar bueno. No quiero pensar mucho en eso, pero te ponés a hablar y es peor. Siempre dicen que cuando uno  la pasa mal el tiempo pasa más lento, y cuando uno disfruta pasa volando. A mí esto me pasó volando pero no la pasé tan bien. Ahora espero que pase todo rápido para volver a la normalidad.

Pasó una hora desde que llegué a la casa de la familia Tabárez, apago el grabador, agarro mis cosas y me levanto. Pero la verdad es que no me quiero ir de ahí. Afuera llueve y hace frío, adentro la luz es tenue, la película de HBO sigue en la tele y la estufa no tiene descanso.

¿No querés tomar un café o algo antes de irte?, me pregunta el papá de Marcelo...

 

Egidio Arévalo Ríos

Son las 11:00 de la mañana de un miércoles y en las afueras del Complejo de la AUF hay una fila de autos, bien prolijos uno detrás del otro, ocupando más o menos dos cuadras. Son autos de periodistas que esperan al término del entrenamiento de la selección para poder entrar y hacer su trabajo. […]

Son las 11:00 de la mañana de un miércoles y en las afueras del Complejo de la AUF hay una fila de autos, bien prolijos uno detrás del otro, ocupando más o menos dos cuadras. Son autos de periodistas que esperan al término del entrenamiento de la selección para poder entrar y hacer su trabajo.

Pasa menos de media hora y se levanta la barrera, entramos todos, estacionamos y vamos a la sala de prensa. Hablan Fernando Muslera, Mathías Corujo y Álvaro González, uno a la vez. Se termina la conferencia y la sala queda vacía, algunos periodistas se van y otros quedan dando vueltas por ahí, trabajando, tomando café o comiendo galletitas.

Arriba de una de las sillas en las que se sientan los jugadores cuando hablan para la prensa, quedó un celular tirado. Es un iphone viejo, medio hecho paté, con un case negro y rojo marca Puma. Me lo guardo en el bolsillo intuyendo que ya va a llegar alguien a pedirlo. Pasan unos diez minutos y llega Matías Faral, pregunta por el celular, se lo devuelvo. Era del Tata González.


Edigio Arévalo Ríos está recién bañado, perfumado, con una pulsera de brillantes y un anillo grueso dorado en la mano derecha, y un reloj acompañado de una cinta roja con nudos en la izquierda.

Tiene pinta de estar tranquilo, responde mensajes en el celular y casi ni me mira, pero sonríe. Nos vamos de la sala de prensa y nos sentamos en el hall de entrada al complejo, en un sillón pequeño, apoyamos nuestros artefactos en una mesita de vidrio y empezamos.

IMG_1581Infancia y fútbol

Nací el primero de enero del 82 en Paysandú. Viví hasta los 15 ó 16 años ahí, después me vine a la selección juvenil. Regresé nuevamente a Paysandú y a los 18 años me vine definitivamente a la capital. En Paysandú vivía con mis hermanos y mis padres…

El Cacha desvía la mirada, hacia arriba a la izquierda, y se ríe. Me doy vuelta por instinto y está parado sonriente el Pato Sánchez. Parado ahí, como un niño cuando le hace gestos o cuernitos a otro niño, a escondidas. Se ríen los dos y el Pato se va. Seguimos.

¿Vivías con tus hermanos?

Sí. Somos cuatro varones y dos mujeres: Leonardo, Carlos, Jorge, yo, Andrea, Vanesa y Milton.

(Ana Laura Lissardy cuenta en su libro “Vamos que vamos”, que el hermano mayor del Cacha falleció mientras él estaba en otro país, lo llamaron y le dieron la triste noticia).

De chico trabajabas con tu padre...

Sí. El estudio no me gustaba, no agarré para el estudio. Salí de la primaria y empecé a trabajar con mi padre, lo ayudaba, él era albañil. Pero dejé de lado todo eso cuando me hice profesional en el fútbol.

¿Cómo empezaste a jugar al fútbol?

Al principio lo hacía como una diversión, me quedaba la cancha cerca para ir a entrenar. Después en cada partido me empezó a gustar mucho, seguí enfocándome en eso pero nunca pensé que iba a llegar hasta esta altura. Jugué en Bella Vista de Paysandú. Después estuve en la selección juvenil y en un campamento de Peñarol también a los 14 años. Después estuve con la selección sub-17…

¿Y ahí fue que quedaste afuera?

Sí fue en el Sudamericano Sub-17, se iban a Francia. Estuve haciendo toda la pretemporada y varios amistosos. En el momento de dar la lista definitiva, el día del viaje me dicen que no voy a ir. Fue un golpe duro porque había hecho todo lo posible para estar y que el mismo día te saquen es complicado.

¿Cómo reaccionaste?

No quería saber más nada. Termina el sudamericano y me vuelven a llamar, yo no respondía, me hacía el loco, no atendía el teléfono, no quería saber nada. Fueron con la Sub-20 a hacer un amistoso a Paysandú, me encontré con Víctor Púa en el hotel y me convenció de nuevo.

Y te viniste para Montevideo...

Sí. Estuve cuatro años en Bella Vista de Montevideo. Fueron cuatro años muy buenos, fue lo mejor, me trataron muy bien. En ese momento el presidente era Sebastián Bauzá. Estaban los mejores: Manolo (Keosseian), Luis González… pasaron un montón de técnicos.

IMG_1576Y de ahí a Peñarol...

Sí. Después sale la posibilidad de ir a Peñarol. Fue una alegría.

 Peñarol y la ida al exterior

Hay un rumor por ahí que dice que de chiquito eras de Nacional ¿puede ser?

Todo el mundo me dice, me joden, me dicen que tengo fotos con la camiseta pero la verdad que no. Incluso me dolió cuando estuve tres o cuatro meses entrenando con Peñarol, tuvieron la opción de comprarme y me dijeron que no. Me dolió pero después tuve la oportunidad, pasé a Peñarol, estuve un año, perdimos la final con Danubio y de ahí me voy a Monterrey de México.

¿Te fuiste solo?

Sí. Me fui solo, tenía 21 años.

¿Cómo fue?

Para mí fue un cambio tremendo. Venir del interior de Uruguay y llegar a la capital ya no es fácil y después pasar a una gran ciudad… Fue un cambio radical muy grande pero me adapté, disfruté cada momento, tuve un año muy bueno, estuve en la mayoría de los partidos. Tuve la mala suerte de perder una final pero bueno. Después tuve un parate grande…

¿Por qué?

No sé, por decisión del cuerpo técnico. Uno tiene que acatar la orden y seguir preparándose.

¿Te desesperó eso?

Sí, cuando pasan los días y los meses y no te llaman uno se desespera pero uno está entrenando. Tenía amigos en México que me apoyaron bastante.

Después te viniste a Danubio...

Sí. Tuve un pasaje por Danubio. Me vine, estuve cuatro meses.

¿En ese transcurso fue que te llamaron de Nacional?

Sí, me llamaron de Nacional.

IMG_1575¿Quién te llamó?

Me llamó mi representante de ese momento y me dice: “tenés la posibilidad de ir a Nacional”.

¿Lo pensaste?

No. Dije que no enseguida, porque no me llamaba la atención y no quería. Opté por ir a Danubio.

¿Y Peñarol?

Peñarol se había acercado pero las cifras no eran nada que ver. Estuve cuatro meses en Danubio y cuando llegamos a la final me surgió la oportunidad de irme a México de nuevo, a San Luis, a una ciudad totalmente diferente. No conocía a nadie, fui haciendo amistades de a poco, tuve meses muy buenos, no jugué tanto en el campeonato local pero sí en la Libertadores.

Pero después de San Luis estuve siete meses parado, fue una desesperación tremenda.

¿Por qué?

Rescindí contrato con el equipo que estaba porque no jugaba mucho y el tema salarial era distinto a lo acordado.

Siete meses parado y se venía el Mundial, ¿qué hiciste durante esos siete meses?

Estuve en la casa de mi suegra, me estuvo bancando, se portaron fenómeno conmigo. Hacía mucho fútbol cinco, fútbol siete, fútbol 11 todos los días para mantenerme. Eran las diez u once de la noche, mis amigos me llamaban y yo iba.

Pero en 2010 volviste a Peñarol, ¿quién te llamó?

Mirá, me llama mi representante y me plantea que está la posibilidad de ir a Argentina a Tucumán y me dice que lo piense. A la media hora estaba en el supermercado con mi señora y me suena el teléfono, era un número de Uruguay.

Atiendo y era Diego Aguirre que me dice: “mirá que voy a agarrar Peñarol y quiero que vengas”. Y le dije a mi señora: “me voy a Peñarol”, ella me dice: “¿estás seguro? Pensalo”. Y yo le digo: “no no, nos vamos para Peñarol”.

Viajo a los dos días, en ese momento estaba Osvaldo Giménez, me recibió, me hicieron las pruebas y me integraron al plantel. Me recibieron espectacular.

IMG_1597Y saliste campeón...

La verdad que fue el mejor semestre. Íbamos diez puntos abajo en la Anual, el Apertura lo había ganado Nacional. La gente me decía: “¿cómo vas a ir a Peñarol? Estás loco”. Pero me la jugué igual porque sabía que se venía un Mundial y tenía la chance de jugar. Ganamos el campeonato de punta a punta, llenamos el estadio todos los partidos, alcanzamos a Nacional y lo pasamos.

La selección

Entonces te llama el Maestro Tabárez

Ahí tuve nuevamente la convocatoria a la selección y la chance de pelear un puesto (en el año 2007 el Cacha renunció a la convocatoria para la Copa América 2007, para poder concretar su traspaso al Monterrey).

Uno al principio pensaba: si estoy en la lista me quedo tranquilo, con que juegue unos minutos está bien.

¿Cómo fue el momento en que te enterás que quedaste adentro?

El día que dieron la lista definitiva en el complejo estábamos encerrados en la sala de prensa, tenía unos nervios tremendos y cada vez que el Maestro llegaba al número 10 se cortaba la luz. Empezaba de nuevo y volvía a cortarse la luz. Hasta que dio la lista definitiva, fue increíble. Cuando salgo llamo a mi señora y le digo: “quedé en la lista”.

¿Cómo te sentiste?

Fue una alegría tremenda, no me lo esperaba, era el único jugador local, pensé que no me iban a llevar. La última práctica estaba lloviendo, el Maestro me saca para jugar con los titulares y desde ahí no paré más. Jugué todo el Mundial, no salí nunca, se vino Confederaciones, Juegos Olímpicos (el Cacha fue uno de los tres mayores que participó, junto a Suárez y Cavani), Copa América y desde ahí no he parado.

¿Y por qué pensás que no has parado? ¿Qué tenés que te siguen eligiendo?

Creo que porque me fue muy bien, en Peñarol me fue espectacular, tenía muchas ganas de jugar, fue el mejor momento de mi vida, con Diego (Aguirre) hicimos las cosas muy bien, salimos campeones y eso creo que marcó todo. Eso llenó las expectativas del Maestro y me llamó nuevamente.

¿Y eso te emociona? Uno a veces de afuera te ve tan serio…

Soy así, soy tranquilo pero cuando entro en confianza bromeo con todo el mundo, soy el más rompe huevos. El profe siempre me tiene que hacer callar. Soy el mayor y el más rompe huevos. Disfruto lo que hago, esto no sabés hasta dónde va a llegar. Son diez o quince años y yo ya llevo 17.

¿Cómo es la relación con el resto de los jugadores?

La relación con los muchachos es espectacular, cada vez que nos juntamos es como encontrarte con tu familia. A veces cuando estamos afuera también, con uno o con otro tenés contacto. Con Palito (Álvaro Pereira) somos compañeros de habitación, nuestras mujeres se llevan bien. Con los más jóvenes también hablamos.

IMG_1525¿Cómo vivís el recambio de jugadores?

Fue raro, sobre todo para la gente. El país cambió después del Mundial de Sudáfrica, todas las personas cambiaron, tanto los mayores como los niños. Pero a medida que van pasando los años el jugador ya no tiene tanta participación en el equipo, eso te va desgastando, aparecen las lesiones y quedás al margen de los partidos.

El cuerpo técnico tiene que decidir a quién traer y a quién no, tienen que ver todos los partidos. Cuando llegó la etapa de recambio estaban todos sorprendidos, no pensaban que iba a haber tantos recambios, no estaba Diego (Forlán), Lugano no estaba jugando, incluso (el Ruso) Pérez tampoco.

Era rarísimo porque hicimos como una especie de mancuerna, una unión impresionante. Pero hoy en día tenés que disfrutar del momento porque se termina. Por eso intento disfrutar cada momento y divertirme en cada entrenamiento.

¿Qué te parece lo que escribió el Mota Gargano?

Fue un momento durísimo, a todos nos pasaría lo mismo, todos queremos estar en la selección y más después de haber estado en los Mundiales. Él es una gran persona, un gran jugador y lo respeto.

En un momento de calentura uno no sabe lo que puede decir, pero espero que reflexione y piense qué hizo bien y qué hizo mal. Acá todos hacemos cosas malas y buenas. Pero hay que prepararse porque siempre está la posibilidad de que te llamen de nuevo.

Bueno y ahora estás concentrado en la selección...

Sí. Ahora me enfoqué en la selección, jugué Libertadores con mi equipo actual en México, tuvimos un año excepcional. Jugué todos los partidos. Ahora hay que cambiar el chip, hay que pensar en la selección y en hacer las cosas mejor que en la Copa América anterior. Es un plantel nuevo y joven y hay que explicarles cómo se preparan para una Copa América.

¿Lo hablás con los más jóvenes?

Sí, siempre hablo con todos. Los muchachos jóvenes aportan mucho para eso.

¿Y sos como Forlán o el Cebolla que dicen que se vienen a terminar la carrera en Peñarol?

No pienso todavía en el retiro, pero la idea es volver a Peñarol, eso siempre lo he dicho. Tengo amigos de la barra, nos juntamos de vez en cuando y hablo con ellos. Mi idea es hacer mi último semestre en Peñarol, pero me falta todavía. Soy el más viejo pero todavía estoy bien, me siento muy bien y muy cómodo, con mucha fuerza.

¿Y te vas a quedar en Uruguay después o te volvés a México?

Me quedo en México. En la parte de crecimiento creo que tenés más posibilidades allá que acá, la familia de mi señora es toda de ahí. Mis hermanos y mis padres van a visitarnos y a conocer la casa que nos van a entregar dentro de poco.

Su esposa Karla

¿Estás casado?

Estoy casado hace siete años con Karla.

(Karla es mexicana y ahora el Cacha también. Consiguió la ciudadanía el año pasado, tiene la carta del país y el pasaporte)

¿Cómo la conociste?

La conocí en Monterrey, la primera vez que me fui de Peñarol a México. La conocí por intermedio de un amigo. Le pedí a mi amigo para hacer un asado, yo estaba solo y le pedí que invitara amigas para comer y tomar algo tranquilos. En un momento saqué una hoja y les dije a todas: me anotan el teléfono que después las llamo.

¿En serio?

Sí, en serio.

(Frenamos un minuto para romper a carcajadas, nos recomponemos y seguimos).

IMG_1556¿Y todas te anotaron sus números?

Sí, todas me anotaron sus teléfonos, pero empecé a llamarla solamente a ella, empezamos a escribirnos, salíamos a comer y al cine. Desde ese momento nos volvimos muy unidos. Es una gran mujer, me cuida mucho. Es muy celosa y sabe cómo es esto del fútbol, lo ha vivido aquí en Uruguay también, sabe cómo es la gente. Cuando se me arriman ella misma saca las fotos, no tiene problemas. Andamos juntos para todos lados.

¿Tienen hijos?

No, pero estamos en eso, porque nunca estamos en un país. Después de salir campeón con Peñarol me fui a Brasil, después a México, después a Italia, luego a Chicago y de nuevo a México. Espero quedarme ahí, tengo un buen contrato y estoy a gusto.

La gente me ha recibido muy bien y con mucho cariño. Esperemos quedarnos ahí, pero nunca se sabe lo que puede pasar. Después de tantos viajes e idas y venidas, uno se quiere quedar quieto para tener hijos.

IMG_1574¿Pero además tenés hijos de otro matrimonio?

Sí, anteriormente.

 

El futuro

Ahora pienso en la Copa América, después viajo a jugar contra Inter de Porto Alegre la Libertadores y luego vuelvo a México. Después empieza el campeonato local y no paro hasta diciembre. Y en enero empieza el campeonato de vuelta y hay que hacer pretemporada. Así que no sé cuándo paro.


 

Leí una anécdota que retrata cómo fue la primera vez que el Cacha tuvo que ir al Complejo de la AUF a entrenar, le pregunto al respecto y me cuenta:

Fue la primera vez, tenía que ir para el estadio y de ahí al complejo. Yo estaba esperando el ómnibus y justo había gente de un canal de televisión haciendo un seguimiento. Pasaba el 185 repleto y no paraba nunca, me lo tomaba cerca del Devoto de Suárez.

Yo estaba muy nervioso porque se acercaba la hora y se me iba el ómnibus, entonces la gente del canal me llevó hasta el estadio y pude llegar a tiempo. Eso quedó para la historia. Fue un momento de nervios. Menos mal que me llevaron.

 


 

por: Carla Urruti Gull
@carlaUG