Álvaro Pereira

Son las doce y media del mediodía de un domingo de noviembre en el Complejo de la AUF, hace calor. Llego, estaciono afuera con el resto de los periodistas y espero a que nos hagan pasar. No hay mucho movimiento, así que le escribo a Matías Faral. -Hola, ya llegué ¿paso? ¿O tengo que esperar […]

Son las doce y media del mediodía de un domingo de noviembre en el Complejo de la AUF, hace calor. Llego, estaciono afuera con el resto de los periodistas y espero a que nos hagan pasar. No hay mucho movimiento, así que le escribo a Matías Faral.

-Hola, ya llegué ¿paso? ¿O tengo que esperar algo?
-Buenas. Qué temprano llegaste. Ahora cuando pasen todos, pasás.
-12:30 me dijiste, llegué exacta. ¿Demoran mucho? ¿Me da el tiempo de ir a comprarme un Colet?

Matías Faral me clavó el visto, así que busqué un almacén y fui a comprarme un Colet, a cinco kilómetros de donde estaba. A la vuelta, claro, me perdí y cuando llegué ya habían entrado todos.  Dejé el auto afuera y recorrí caminando las –más o menos- dos cuadras que separan el portón de entrada del edificio del complejo.

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Cuando entré estaba todo listo para que Stuani y Coates hablaran en conferencia de prensa. Uruguay se estaba preparando para jugar contra Chile por Eliminatorias. La conferencia no llevó más de media hora. Cuando terminó, la mayoría de los periodistas se fueron. Quedé yo sentada en el sillón de entrada y algunos visitantes que iban a sacarse fotos o a buscar autógrafos. Eran casi las dos de la tarde y Palito seguía sin aparecer.

-Termina de almorzar y viene, me aclaró Faral.

Me levanté y me acerqué al estar en donde había galletitas y Coca Cola para los periodistas. Y en eso estaba cuando llegó Palito.

-Hola, ferfón, le dije disculpándome con toda la boca llena de galletitas Solar.

Nos saludamos y lo invité a pasar a "mi oficina" en el Complejo de la AUF. El mismo rincón en donde ya entrevisté antes al Cacha, al Tata y a Godín. Un lugar con un sillón pequeño, una mesita de vidrio llena de revistas y el ir y venir continuo de guardias de seguridad, jugadores, gente y teléfonos repiqueteando. Nos sentamos uno pegado al otro, me apoyé el grabador en las piernas y le di rec.

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Infancia en Punta Rieles y baby fútbol

Nací el 28 de noviembre del 85 en Punta de Rieles. Vivía con mis viejos a dos cuadras de la casa de mis abuelos maternos y con familia por parte paterna en el Cerro.

¿En dónde trabajaban tus padres?

Mi madre trabajaba en una fábrica textil y mi papá tenía un almacén en mi casa y hacía trajes para el Carnaval.

¿Tenés hermanos?

Tengo a mi hermano Alejandro que lo perdí hace diez años. Mi hermana Verónica que tiene a mis cuatro sobrinos, mi hermano Danilo que tiene a mi sobrina, después vengo yo y mi hermana Marisel que va a cumplir 23.

¿Cómo fue tu infancia en Punta de Rieles?

Tengo recuerdos lindos, de calle, de barrio, del baby fútbol, siempre con la pelota. Lo típico de un barrio humilde. La verdad que tuve una infancia muy linda.

¿En dónde arrancaste baby fútbol?

Arranqué en el Colmenar con cuatro años, después pasé por miles de quipos, el Málaga, Huracán Villegas pero el que más me identifica es el Siete Estrellas que jugué cuatro años y también jugaba a la misma vez en AUFI en Nacional.

¿Alguien te inculcó el gusto por el fútbol o surgió solo?

Mi viejo era futbolero, llegó a jugar hasta la reserva en Cerro. Después por temas laborales se fue a Argentina, estuvo en Arsenal de Sarandí, después tuvo una lesión jodida en tibia y peroné y no pudo seguir jugando. Siempre a mí y a mi hermano grande nos llevó al baby fútbol. Pero siempre nos inculcó primero el estudio y después el fútbol.

¿A qué escuela fuiste?

Hice la Escuela en la 179 y después en la 338 en Punta de Rieles. Fue lindo, fui primera escolta de la bandera uruguaya, nunca tuve problemas de enseñanza. Era inquieto y muy amiguero. Si volviera a nacer elegiría lo mismo.

¿Fuiste al liceo?

Hice dos años en la UTU Larravide y en tercer año pasé al Liceo 49 en Punta de Rieles. Luego por temas de horario del fútbol hice cuarto año en el 45 y quinto y sexto en el 58.

¿Terminaste el liceo?

No lo pude terminar, no es excusa, pero a los 18 años empecé a venir con la Sub-20 en la generación de Godín, Muslera y el Cebolla, justo fue el debut en primera y eso me generó problemas con los horarios. Después además vino el pase a Argentina. Era el fútbol o el estudio y aposté al fútbol, porque sé que si dejo el estudio más para adelante, lo puedo hacer después.

Una anécdota de Palito

Hay algo muy cómico: mi hermano estaba haciendo preséptima en Peñarol, yo lo acompañé a un entrenamiento, habían empezado a entrenar el 85 de Peñarol pero como no jugaba en AUFI y en la Liga solamente entrenaba, yo para no quedarme mirando el entrenamiento de mi hermano entrenaba con Peñarol y no sabían que jugaba en AUFI con Nacional. Así que creo que fui el primer jugador de la historia que jugaba en Peñarol y en Nacional. Es algo muy gracioso, uno de chico quiere jugar y no importa el color de la camiseta.

El debut en primera con Miramar Misiones y la llamada para la Sub-20

Debuté con 18 años. Mi hermano estaba en juveniles, yo hice sexta y séptima en Danubio. Anteriormente en quinta los de 84 repetían segundo año de quinta y los de 85 tenían poco espacio, entonces preferí quedar libre. Me voy quince días a Argentina, estoy en Boca y como no había lugar y no tenía un tutor para quedarme en Argentina tuve que volverme y me volví a Miramar que era el club donde estaba mi hermano. Tuve la suerte con 15 años de entrenar con primera. Luego vino la citación a la Sub-20 y debuté en mayo de 2004 en la cancha de Villa Española contra Cerrito. Justo nos toca debutar a mí, a Papelito Fernández y a Agustín Lucas, los tres juntos, y después a los pocos días jugamos contra Peñarol, fue la primera vez que pisé el estadio Centenario, les ganamos 3 a 2 y fue un partido inolvidable. Fue todo soñado. A partir de ahí jugamos un poco más, vino el Sudamericano Sub-20 en Colombia y a los pocos meses ya me fui a Quilmes en Argentina.

¿Cómo fue el llamado para la Sub-20?

Es algo muy bizarro lo que te voy a contar porque yo estaba entrenando en tercera y en primera prácticamente. Un día como no arrancaba el campeonato de tercera todavía y el de cuarta ya había comenzado y jugaban casi todos mis amigos, yo no quería bajar para no quitarle el lugar a mi amigo, y el partido anterior justo se lesiona y no tenían con quién jugar. Entre semana hacemos un amistoso y yo le dije al técnico de cuarta:

(va la reproducción de la charla como me la contó Palito)

-Si necesitás yo bajo y juego
-¿Te parece? Si ya estás para debutar en primera
-No, yo bajo y juego.

Me acuerdo que fue un partido contra River en el Méndez Piana y justo dio la casualidad que fue a ver el partido Gustavo Ferrín con el Bebe Castelnoble y les gustó como jugaba. En la semana me llamaron y me dijeron que iba a estar convocado para la Sub-20, comencé a entrenar y a partir de ahí empecé el proceso y no paré. Tuve la oportunidad de jugar el Sudamericano, por diferencias de goles no pudimos clasificar pero fue una experiencia muy linda.

Bien cosa del destino ¿no?

¡Claro! Porque no me vieron ni en tercera ni en primera, me vieron en cuarta.

Argentina y Europa

Después me fui a Quilmes de Argentina, a los 19 años recién cumplidos.

¿Te fuiste solo?

Sí, me fui solo. Estuve seis meses viviendo en el estadio de Quilmes porque llegué, busqué apartamento pero por comodidad me quedé ahí. Después me fui a Caballito, Nacho Risso vivía en el mismo edificio y yo vivía con un cordobés. Íbamos juntos a entrenar. Estuve un año en Quilmes, en ese momento pierdo a mi hermano y descendemos. Fue un año muy difícil. Después me fui a Argentino Juniors y me enteré que iba a ser papá, a partir de ahí fue todo para arriba.

¿Te adaptaste rápido en Argentina?

Me ayudó haber tenido la experiencia de la Sub-20, tener competencia internacional por más que fuera juvenil. Además, Quilmes se portó de diez conmigo, me abrieron las puertas, me hicieron sentir uno más. Me abrazaron, me llevaron a sus casas, fue una experiencia muy linda, hasta hoy hablamos y nos vemos.

Montevideo, Uruguay 31 de AgostoPartida de la Selección Uruguaya rumbo a Mendoza para enfrenta a Argentina por la Eliminatrias 2108 Los jugadores Pereira y Jose Naria Gimenez Foto:Gaston Britos/focouy
Foto: Gaston Britos/focouy

¿Qué pasó con tu hermano?

Él ya tenía problemas cardíacos, se le taparon las válvulas, se empezó a sentir mal. Lo internan algunos meses, yo viajo antes de la operación porque me dicen que de la operación no había posibilidades de que se salvara…

Qué viaje difícil…

Viajé y fue el viaje más triste de mi vida. Volví del puerto hasta La Plata llorando solo como loco porque sabía que iba a ver a mi hermano por última vez. Son golpes muy duros que cuestan hasta el día de hoy. Son experiencias de vida que te dan fuerzas para salir adelante, de arriba me está apoyando y me dio el mejor regalo porque a los pocos meses que lo pierdo tengo la posibilidad de ser papá.

Es como eso de una vida que se va y otra que llega en su lugar…

La verdad que sí, es como un cuento, fue tal cual. Justo también a mi hermano le decían Pelé y mi mamá viaja con mi hermana chica a verme jugar por primera vez profesionalmente un partido, hago tres goles, la hinchada de Argentinos me empieza a gritar: “¡y ya lo ve y ya lo ve, es el hermano de Pelé!”. Mi madre lloraba, mi mujer lloraba, mi hermana lloraba y nadie sabía por qué. Después me hacen una entrevista y les explico que era porque a mi hermano le decían Pelé.

¿Cómo hacés para seguir jugando concentrado después de algo así?

A veces tenés que abstraerte, concentrarte en el juego y dejar de lado todo eso.

Entonces nace tu primer hijo y te vas para Rumania…

Sí, después nace Mateo, mi primer nene, que está hecho un hombrecito ahora, tiene diez años. Después sale el pase a Rumania al Cluj, en las afueras de Bucarest en frontera con Hungría. Fue la posibilidad de jugar Champions con el campeón de Rumania. Ademas, ganamos la Copa de Rumania.

O sea que fuiste y jugaste de primera…

¡Sí! Incluso fui el pase más caro de la historia en el club, era una responsabilidad bonita.

El llamado a la selección mayor

Un día concentrado me llama Celso (Otero)y me dice que iba a estar citado para un partido con Francia. Me acuerdo que esa noche no pude dormir.

¿Te esperabas el llamado? ¿Cómo fue?

No, no, no. Había terminado un partido, quedamos concentrados en el Hotel, fuimos a cenar en familia. Suena el teléfono y le digo a mi mujer:

(otra vez, va la reproducción de la charla como me la contó Palito)

-Es un número privado ¿quién será?

Atiende ella y me dice:

-Creo que es de la radio…

Me pasa y escucho:

-Soy Celso Otero, vas a estar citado con el partido con Francia.

Quedé en off.

_MG_2212¿Cómo fue esa primera llegada a la selección?

Llegué a Francia y el grupo me trató como: venís y te quedás. Hasta el día de hoy que tengo posibilidad de pisar acá, esta tierra santa como le digo yo al complejo, es sagrado. Tuve la oportunidad de ser parte del proceso y no creo que vuelva a estar en un lugar como este.

¿Cómo es formar parte de este grupo?

Somos un grupo muy unido, hay mucho compañerismo, somos muy amigueros. Siempre le miramos el lado positivo a las cosas más negativas. Pasa por eso, hemos pasado por momentos difíciles, por momentos complicados y tuvimos la oportunidad de salir adelante porque el grupo sabe lo que se juega y la responsabilidad que tiene.

Siempre que vengo al complejo veo a la gente afuera emocionada esperándolos ¿sienten ese peso?

No nos damos cuenta, lo vivimos con naturalidad. Hay que vivirlo así, las estrellas están en el cielo. Nosotros somos bendecidos por poder defender los colores de nuestro país. Cualquier gurí mata por defender esta camiseta. No tiene precio.

Bueno y después de Rumania te vas para El Porto…

Sí, después viene el pase al Porto con el Cebolla y con Fuci y la experiencia en Europa, fue todo mucho más fácil. En tres años nueve títulos fue la consagración máxima de mi carrera. El último año conseguimos todos los títulos y lo coronamos con la Copa América 2011. Después casi dos años en el Inter donde lo grupal no fue tan bien, pero fue una experiencia linda. Un equipo soñado, pero para mí era lo  mismo que estar en Miramar. Tuve la oportunidad de jugar con el Pupi  Zanetti, nos hicimos amigos. Estábamos juntos con el Motita Gargano.

Y de ahí a Brasil…

De ahí me fui a San Pablo, a Brasil y tuve la oportunidad de jugar con Rogério Ceni, Kaka, Fabiano, Pato, Ganso, en ese sentido soy un bendecido del fútbol con grandes jugadores y con grandes personas.

¿Cómo es jugar con esos futbolistas? (atención que Palito se va por las ramas en esta respuesta, pero vale la pena)

Lo vivo con naturalidad, yo soy común y corriente, lo que ven en la tele soy así. A mí me gusta ir a la casa de mi vieja, ponerme las crocs, una musculosa, salir con el termo y el mate. Lo vivo con naturalidad. Yo siempre digo que cuando se apagan las cámaras somos todos iguales.

¿Tu madre sigue en Punta de Rieles?

Sí, imposible sacarla, no intento.

¿Y tu padre?

Se separaron hace años, mi padre tiene su pareja y se mudó para Belvedere. Cada pareja es un mundo, son cosas que suceden, aunque obviamente a los hijos nos gustaría verlos juntos…

Después de San Pablo volvés a Argentina…

En San Pablo como fui a préstamo no podían hacer uso de la opción, ahí paso a Estudiantes. Tuve una experiencia de un año, me fue bien, clasificamos a la Sudamericana, estuvimos a punto de clasificar a Libertadores, peleamos hasta última instancia la Copa Argentina, hicimos una Libertadores digna hasta octavos de final y después cuando empieza el 2016 comienzo con el partido accidentado en Mar del Plata.

Qué lío tremendo ¿no? ¿Cómo arrancó todo? (Palito cuenta esto muy rápido y –como quien no quiere la cosa- sigue de largo en su relato hasta llegar a Cerro Porteño)

Fue una patada que pongo, me echan, el partido se pica. Entra mucha gente del lado de ellos, yo me metí en la cancha, se armó lío. Me sale la oportunidad de ir al Getafe y sale el fallo del partido de la suspensión, me dan ocho fechas, tuve que apelar, cumplí cuatro, me voy al Getafe, volví a Europa al fútbol español con una experiencia nueva. Corrés con desventaja que al estar casi dos meses parados jugué seis partidos y se terminó el campeonato. Tuve que volver a Estudiantes, jugué la Copa América Centenario.

Surgió la oportunidad de Cerro Porteño y ahora estamos con ese desafío. El club es grande y la gente ayuda mucho es muy amable conmigo y con mi familia. Estamos haciendo una Sudamericana buena y ojalá que podamos pasar a la final. Hay mucha ilusión de parte de la gente, es un desafío lindo. Son experiencias que uno va tomando, soy un gitano del fútbol.

“Un gitano del fútbol”

Lucio (su segundo hijo) nació en medio de la Copa América después del partido contra México. Ya tiene cinco añitos. Ahora hay que poner un poco el freno con el tema de la escuela con los nenes que este año ya cambiaron tres veces. Pero la llevamos bien.

¿Cómo lo vive tu mujer?

Ella sabe que yo solo no puedo ir a ningún lado, necesito el sostén de ellos. Ella la lleva bien. Los nenes son los primeros en adaptarse. Y esto da la posibilidad de conocer lugares nuevos, pero no para aferrarse. Está bueno porque es una experiencia de vida para ellos que después a lo mejor lo van a agradecer.

¿Cómo conociste a Cintia?

Nos habíamos visto de chicos, ella es tres años más grande que yo. Después de un partido cumple años el primo de mi señora, me invitan. Estábamos en un barcito tranquilos, hablamos, intercambiamos contactos, nos encontramos una vez, pegamos onda y empezamos a salir. Después de empezar a salir no nos separamos más. Hace diez años que estamos juntos, ocho años de casados. Es una guerrera, una fiera.

La Copa América de 2011

Entraste a jugar el segundo partido con Chile y no te sacaron más…

Con Perú el primer partido en San Juan no me toca jugar, con Chile entro, hago el gol, empatamos y teníamos que ganarle a México, ganamos con mi gol y justo soy papá. Después no nos paró nadie. Veníamos de haber salido cuartos en Sudáfrica. Salir campeón de América con mi país fue lo mejor que me tocó vivir.

Tenés goles en Mundiales, en Copa América, en Eliminatorias ¿qué se siente en el momento de convertir para Uruguay?

Es inexplicable, se te pasan mil cosas por la cabeza. Tenés que aguantarte las lágrimas, sos hincha, es algo pasional pero tenés que bajar enseguida porque hay que tomar decisiones rápidas en la cancha. Cada vez que aparece mi nombre en una convocatoria soy el hombre más feliz del mundo, se me pone la piel de gallina antes de viajar. Las sensaciones son las mismas desde la primera citación.

La patada de Sterling en aquel Uruguay-Inglaterra

¿Te acordás cómo fue?

Yo me di cuenta después por las imágenes, en el momento me acuerdo que me tocaban el pecho, yo pensé que era Godín y me despierto y veo que es el de FIFA. Veo trotando a Fuci que lo habían llamado, yo empecé a gritar como un loco, no quería salir, cuando me dijeron que probara para trotar yo me metí para adentro de la cancha. Yo dije: no salgo ni en pedo. Estaba jugando un Mundial para mi país. Soy muy arraigado y soy fiel al compromiso con mis compañeros. No quería dejar a mis compañeros solos. Fue una inconsciencia mía, pero yo no me di cuenta. Yo pierdo el conocimiento y cuando me despierto me mando para adentro.

¿Y después cuando viste el video?

Cuando vuelvo a entrenar con San Pablo me mandan el video y se me empezaron a caer las lágrimas, miraba para los costados para que no me viera nadie. Hasta el día de hoy en Paraguay me dicen: vi tu video. Gastón Reyno me dijo que cada vez que tiene una pelea se pone ese video. Yo le digo: Tonga, mirá que lo hice inconsciente. Es la rebeldía del deportista que te lleva a eso, después de tanto luchar y de tanto sacrificio no podés dejarlo pasar. Por suerte terminó con final feliz y ganamos.

¿Y tu frase “Plata o plomo”? ¿Sos fanático de El patrón del mal?

Soy fanático de la serie, de la historia. Yo sé separar pero en el momento lo dije porque era una jugada extrema. Si él se la llevaba podía haber sido penal o quedaba mano a mano con Fernando. En el momento Pastorino me pregunta y yo sabía que es fanático de la serie, entonces le dije: era plata o plomo, se viralizó y hasta me hicieron remeras. Pero fue sin ofender, sé la historia, sé todo lo que sufrió el pueblo colombiano pero fue más que nada por eso. Tomándolo con gracia por la situación de la jugada.

Los jugadores de la selección uruguaya de fútbol llegan al aeropuerto de Santiago para enfrentarse mañana a la seleccion de Chile. 14/11/2016 Sergio Piña/Photosport/Focouy The players of the Uruguayan soccer team arrive at the airport of Santiago to face tomorrow the selection of Chile. 14/11/2016 Sergio Piña/Photosport
Foto: Sergio Piña/Photosport

El tiempo libre fuera del fútbol

Últimamente estamos con mi señora mirando muchos programas de chef. Vemos algunas pelis, a la noche soy muy peliculero. También me gusta la NBA. Y cuando me agarran mis nenes me agarran para el play station que soy de madera. Salimos a comer o vamos a la plaza a tomar mate. Ahora tengo dos perritos bulldog francés. Uno se llama Saja porque el más chiquito es golero y era hincha de Racing y al otro le puso Götze.

¿A quién se parecen tus hijos?

El grande es más parecido a mí y el más chiquito es una mezcla, yo lo veo parecido al abuelo materno. Están en una edad divina, me río mucho con ellos. Quieren hacer todos los deportes, son hiperactivos y amigueros.

Dicen que sos un intelectual…

Me gusta mucho la historia de los países, las revoluciones, las dictaduras, el genocidio Nazi. Me gustan mucho las películas documentales. Me encanta la historia de Uruguay en la época difícil, sigo mucho la actualidad latinoamericana, soy un enfermo de la información. Cuando agarro un diario no miro solo deportes.

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Palito Pereira miró para afuera del complejo durante toda la entrevista, no recuerdo que me haya mirado a los ojos ni una vez. Se aprieta las manos como nervioso mientras habla y sus alhajas suenan. Su voz es muy suave y habla pausado. Y tiene los dientes más blancos y perfectos que vi en mi vida.

A los 40 minutos exactos apago el grabador y me despido. Pero antes le pido que me muestre sus brazos. Tiene estrellas tatuadas con el nombre de sus hijos y fechas importantes. Se las hizo todas el mismo día y le dolió tanto que dice que no va a tatuarse nunca más.

 

por @carlaUG

Richard Porta

Son las siete de la tarde y la ciudad está oscura, llovizna y hace frío. Llego al Prado puntual, toco timbre y paso. Me recibe Natalia, la esposa de Richard Porta. La casa es hermosa, grande, con el parquet plastificado brillante bajo nuestros pies. Camino tras los pasos de Natalia que me lleva hasta donde […]

Son las siete de la tarde y la ciudad está oscura, llovizna y hace frío. Llego al Prado puntual, toco timbre y paso. Me recibe Natalia, la esposa de Richard Porta. La casa es hermosa, grande, con el parquet plastificado brillante bajo nuestros pies.

Camino tras los pasos de Natalia que me lleva hasta donde está el Canguro. El jugador acaba de acostar a su hija más pequeña en el coche. Lo saludo y vamos al living para empezar con la entrevista.

Primero estamos enfrentados, con una mesa de vidrio de por medio, pero el living es grande y nos separan varios metros. Cuando apronto el grabador, Richard acerca un puff y se sienta a mi lado. Ahora sí, arrancamos.

De Australia a Uruguay

Nací en Australia. Mis padres se habían ido por la dictadura y se conocieron allá, tenían amigos en común entre todos los uruguayos que estaban allá. Y cuando yo iba a cumplir dos años nos vinimos, con mis padres y mis dos hermanos Gonzalo y Robert (ambos mayores que Richard).

En principio fuimos a vivir a Villa Española a la casa de la madre de mi papá y después nos fuimos a Toledo, en Canelones, a la casa de los padres de mi mamá.

Hice jardín de infantes en Los Pinitos en Toledo, después fui al colegio hasta tercero,  y cuarto, quinto y sexto los hice en la escuela pública.

 

¿Fuiste al liceo?

Terminé la escuela en Toledo, arranqué el liceo y nosotros ahí estuvimos dos años que no sabíamos si nos íbamos para Australia de nuevo. En segundo año de liceo supuestamente nos íbamos y empecé a ratearme y repetí por faltas. Al siguiente año ya estaba con el fútbol, seguía rateándome y volví a repetir. Después me dijeron que me pusiera las pilas, terminé segundo, después hice tercero en el nocturno y ya estaba en Primera ahí y dejé.

El fútbol

Empecé en el baby en La Tentación en Toledo, faltando dos años para terminar el baby tenía un compañero que ya se había venido a jugar a River, el padre de él me dijo si quería venir a probarme, vine, me probé y quedé. Me trajeron a una práctica y el entrenador me dijo que le gustaba. Arranqué en la novena, salté a séptima, hice sexta, dos veces quinta y de ahí salté a primera.

¿Quién te sube a primera?

Santiago Ostolaza.

¿Cómo fue esa etapa?

Los primeros años jugaba poco, el primer año jugaba poco y nada, al otro año jugué un poco más y eso me llevó a ir a la Selección Sub-20, después de eso tuve más participación en el equipo, jugué más de corrido y me volví titular.

Incluso saliste goleador con River…

Goleador salí en el 2007. Ese año partió mucho los ojos porque fueron 19 goles. Batimos un récord con Christian Stuani. Y ahí me fui a Italia.

¿Quién te llamó para irte a Italia?

Un día después de un partido que jugamos con Defensor, justo hice cuatro goles, en la noche me llama uno de los integrantes del grupo Casal y me dice que me va a llamar Paco, yo nunca había hablado con Paco, estaba desde el 2001 con ellos pero con Paco nunca había hablado. Me llama como a la una de la mañana, me dice que ya tiene todo el material y que me hiciera la idea de irme. Después me llaman cerca de Navidad y me dicen que me iba para el Siena de Italia.

¿Cuántos años tenías?

Tenía 24 años.

¿Te fuiste solo?

Me fui solo porque mi mujer estaba embarazada de casi siete meses.

¿Pudiste jugar?

Fue un cambio muy grande, en lo deportivo no jugué. A mí me pide un entrenador, cuando viajé habían cambiado el entrenador y me dice que no me iban a utilizar.

¿Cómo fue irte de acá a Europa?

Yo no sabía hablar italiano, llegué a un hotel sin celular, porque en ese momento había celulares pero la tecnología no era como ahora. Llegué y me compré un celular y una computadora y mi mujer acá se compró una computadora de las antiguas, de las de escritorio. Al principio no fue fácil. Por suerte después conseguí un apartamento y me adapté bien. Te sentís perdido.

Pero te llama mucho la parte económica porque acá nosotros vivíamos en un apartamento prestado que era de mi hermano, que tendría como mucho 30 metros cuadrados. Y de la nada cobrabas un premio y ya esa plata era mucho más de lo que yo ganaba acá. Empezás a volar y ahí empezamos a ver el tema de comprarnos la casa. Pusimos en la balanza todo lo que no habíamos tenido y todo lo que nos habíamos sacrificado. Entonces tratamos que lo poco o mucho que íbamos agarrando, usarlo en comprar la casa o en invertir.

¿Cómo te sentías por no jugar?

Es feo porque yo de acá me fui goleador, con una ilusión que decía: me como el mundo. Llegás allá y no te conoce nadie. No sos nadie, sos uno más y tenés que demostrar después todo lo que ellos te pagaron y si no tenés la chance de mostrarlo es un poco frustrante. Estuve ese año y dije: acá no voy a seguir. Entonces me fui a Portugal y también pasaron cosas...

¿Qué cosas?

Vos te imaginás algo de Europa que de repente no termina siendo, hay mucho acomodo, el tema de: te doy un jugador, me das esta plata, yo te lo hago jugar y te saco a este. Y uno no sabe. Vos pensás que vas y entrenás y si jugás bien la peleás, como acá. Ese año volví al Siena a hacer la temporada. Después pregunté: ¿dónde voy a jugar? Y me mandaron a Grecia, después me mandaron a Croacia y en todos siempre pasaba algo. Ahí me empecé a dar cuenta que era todo acomodo, te pongo acá y te pago esto y vos sos medio fichita de cambio. Ahí yo tenía a mi hija más grande, chica y dije que me quería ir a Uruguay y me dijeron: si te vas, no volvés más. Y me fui.

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Todas las dudas que le surgen a Richard Porta cuando le hago preguntas, él las traslada a su esposa que responde enseguida. El Canguro habla rápido y seguro. De a ratos cuando quiere afirmar algo, llega a tocarme las manos. Siempre me mira a los ojos y no piensa demasiado antes de dar su opinión sobre algo. Su hija grande (de ocho años) está alrededor, incluso a veces se acerca y también opina.

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Y volviste a River…

Volví a River un año y después me fui a Nacional. Cuando volví, volví a jugar la Sudamericana con River y nos fue espectacular, todos te miran con otros ojos.

Me imagino que irte a Europa te cambia, te debe volver más maduro…

Yo siempre digo lo mismo, yo soy todo lo contrario a lo que quiere el jugador de fútbol, yo ya fui a Europa y me di cuenta que no era lo que me gustaba, toda esa burocracia y acomodo no me gusta, a mí me gusta jugar al fútbol. Cada vez que estuve afuera pasé mucho tiempo sin mi señora y las nenas y eso te tira abajo. En Uruguay yo me siento cómodo, voy y llevo a las nenas a la escuela. Estamos muy tranquilos acá.

Después te vas a jugar a Nacional ¿sos hincha de Nacional? ¿Fue un sueño para vos?

No fue un sueño,  sí lo de jugar en un cuadro grande. Lo que pasa es que yo me vine a los diez, once años a River, viví en la casona de River, fui alcanza pelotas, entonces nunca viví como niño lo de mirar a un cuadro grande, sí miraba a River. Yo me hice  hincha de River, siempre fui hincha de River. Cuando fui a Nacional le tomé cariño por lo que me demostró la gente. Han pasado muchos jugadores por Nacional, no a todos les ha ido bien, yo tuve la suerte de que me fue bien y me tomaron cariño. Para ser hincha hay que sentirlo muy adentro y creo que ese lugar lo tiene hoy por hoy River, pero Nacional fue importante.

Te fuiste dos veces a Dubái ¿cómo fue?

La primera vez me llama directamente Maradona. Ahí se lo planteo al entrenador, la única traba que teníamos era económica, se le dejó un dinero a Nacional y me fui.

¿Cómo fue el momento en que te llama Maradona?

Juan Manuel Olivera estaba allá en el equipo y una semana antes él me mandó un mensaje diciéndome que Maradona le había pedido mi teléfono. Maradona me llamó y cuando me llamó saltó en todos lados porque había salido en la página de los Emiratos. Al otro día cuando llegué al Parque, era la noticia. Yo no sabía ni qué contestar.

¿Te acordás qué te dijo Maradona cuando te llamó?

Me dijo: te quiero en mi equipo, vamos a hacer todo lo posible, las negociaciones están muy avanzadas. Yo le dije todo que sí. Mi señora me miraba, yo entré a casa y ella estaba sentada, la miraba y le decía: es Maradona.

¿Te fuiste con tu familia para Dubái?

La primera vez me fui solo, hasta encontrar la casa e instalarme. Porque siempre llegás y te meten en un hotel. Ahí teníamos a la nena del medio bebé, entonces yo tenía que buscar un lugar que estuviera cerca de todo, nosotros no hablábamos inglés, entonces ellas tenían que sentirse cómodas. Cuando conseguí la casa viajaron todos, mi cuñada también, fue un viaje para todos. Pasamos las fiestas y ahí deciden que no siga más con Maradona y ahí nos volvemos. Cuando nos vamos la segunda vez lo mismo, viajo en agosto, hicimos pretemporada en Alemania, cuando volví de Alemania y conseguí la casa ellas volvieron.

¿Cómo es jugar allá?

En lo futbolístico me gustó, han pasado muchas figuras y no les ha ido bien porque es un fútbol raro, tiene mucha velocidad, es muy fuerte pero son muy distraídos. De repente vas ganando 2 a 0 y en la hora perdiste 3 a 2 porque al golero se le escapó la pelota y el defensa se cayó. Entonces pasan muchas cosas de esas que son pequeños errores que acá no se cometen y ahí se cometen por distraídos que son.

Tienen una infraestructura muy buena, llevan figuras de Europa para marketing, les pagan mucha plata. Vos jugás como figura y ellos son, más allá de ser profesionales, son policías o militares y son así: si ganamos, ganamos todos y si perdemos perdemos por culpa de los extranjeros.

¿Cómo es Maradona como técnico?

En el día a día tomaba mate con nosotros, podías hablar bien y tranquilo. En lo deportivo no me sumó. Obvio, lo de estar con Maradona no te lo saca nadie, ir a la casa, comer asados. Ir al cumpleaños de Verónica Ojeda con las nenas, no te lo imaginás. Creamos una relación por el momento en el que estábamos, pero en lo deportivo no me sumó. Él está para otra cosa, está para los negocios y los números y para lo deportivo no está rodeado de buenas personas.

¿Vos fuiste a préstamo?

Yo fui a préstamo con opción a compra, me querían comprar de primera pero se metió mucha gente por el lado de Maradona entonces a la hora de repartir la plata era muy poco para todos y a nadie le servía la plata. Fui a préstamo por un año, supuestamente a mitad de año me tenían que comprar, pero cuando se habló de comprarme pasó lo mismo entonces Maradona dijo: se va Richard y viene un iraní. Y Maradona me dijo: no vamos a contar más contigo.

Y al tiempo te volvieron a llamar desde Dubái…

Sí. Otro equipo que la verdad que no lo conocía. Yo había dicho que no volví a más a Dubái, pero dije: si me sirve lo económico me voy.

Yo tenía un año más de contrato con Nacional, salgo goleador y yo tenía el salario del primer año. Y ya íbamos para el tercer año, entonces le planteé a Alarcón una mejora salarial o un año más de contrato. Justo  había elecciones en Nacional entonces me dijo que era imposible, me preguntó cuál era la oferta, yo se la pasé y me dijo: sabés una cosa, hacé de cuenta que no tenés el contrato este en Nacional, nosotros no te vamos a cerrar la puerta, andate y aprovechá porque nosotros económicamente no podemos competir. Y ahí me fui de vuelta.

¿Es verdad que la diferencia económica es muy grande en Medio Oriente?

Sí. No te quedás parado, te podés comprar la casa, que trabajando acá no la vas a comprar nunca, ni jugando en Peñarol o Nacional te vas a comprar una casa. Cada vez que me salió algo fue: me voy ¿qué hacemos? compramos la casa, ¿me voy de nuevo y qué hacemos? invertimos en algo. Siempre tuvimos la cabeza muy bien puesta en el sentido de que si agarramos dos pesos los invertimos en algo y si agarramos tres compramos la casa. El sacrificio lo usamos siempre pensando en nuestras hijas, no en llegar y gastar toda la plata. Porque es mucha plata pero no es lo que la gente se imagina.

¿Y te fuiste por cuánto tiempo?

Firmé dos años, estuve uno y la verdad es que esta vez la pasamos muy bien. Fuimos más liberales, a disfrutar, pasamos bárbaro. Me quedaba otro año y yo me termino lesionando y tengo un inconveniente con el dueño del equipo.

¿Un inconveniente por tu lesión?

Claro, porque el médico era religioso y decía: Alá dice que estás bien para jugar. Pero a mí me dolía. El dueño me dijo que tenía que jugar, yo le dije que no porque estaba lesionado. Entonces no me paga el salario. No me vuelve a depositar tampoco después. En vacaciones tenía que volver, les dije que si no me pagaban no volvía, pasa otro mes y no me depositan de nuevo. Dije: vuelvo a Nacional. Rescindí y dejé todo el año que me quedaba de contrato y me volví a Nacional.

¿Y no te arrepentís?

Siempre las decisiones las tomás y después no podés decir si estuvo bien o estuvo mal, en el momento nos pareció correcto. Pero en Nacional no me fue como me esperaba.

¿Por qué?

Perdemos el campeonato con el Vasco (Arruabarrena) la última fecha y ya después con Pelusso no juego. Sabía que me quedaban seis meses y no tuve chance de pelearla. La gente se quedó con lo que hice en el primer campeonato con Arruabarrena, que para el entrenador estaba bien lo que hacía pero para la gente no porque tenía otra función dentro del equipo. No con la imagen de goleador que me había ido. A veces la gente dice: ¿qué pasa que no hace un gol? ¿no patea al arco? Pero claro, tenía que cumplir otra función, era otro juego. Después con Pelusso no jugué.

¿Le preguntabas al entrenador por qué no te ponía?

No porque no pregunto cuando juego tampoco. Hay muchos entrenadores que te vienen a hablar, si me vienen a hablar hablo, pero nunca te voy a preguntar ¿por qué no juego? Cada entrenador tiene su libro y mira a su equipo. El entrenador no va a poner para perder, pone lo que es mejor para el equipo.

En aquel entonces te fuiste medio enojado con los entrenadores, incluso diste algunas declaraciones de prensa…

Yo con Pelusso juego el primer partido de pre Libertadores en Bolivia y después no juego más. Él me dijo una cosa en ese partido y a la semana yo era un desastre.

¿Por qué?

Por lo que me dijo él, fue una decisión del cuerpo técnico. Eso lo veían todos, yo no lo compartía. Cuando se va Pelusso yo no había jugado, asumió Gutiérrez y yo tampoco estaba. Me convocó al último partido y me dijo que no jugaba.

¿Qué sentiste cuando quedaste afuera ese último partido?

Quieras o no vos te vas haciendo un nombre y una trayectoria. Pasaste por todos los escalones. Cuando eras chico si había medias rotas eran para vos, no para el más grande. Al que tiene una trayectoria se lo respeta. Yo ya tenía 30 años y no era un referente pero estaba en el grupo de los mayores. Ya había estado dos años, había conseguido títulos, había salido goleador. No era un jugador cualquiera dentro del plantel.

Justo ese partido era de mañana, yo no había estado convocado en todo el campeonato. Último partido, convocan a 19, miraba para el costado, habían subido a juveniles de tercera, no me podés sacar. O me lo decís el día antes: mirá, no vas a jugar. Pero a las siete de la mañana fuimos al estadio, me empiezo a cambiar, cuando me estaba vistiendo viene, se me arrima y me dice: Richard, sos el número 19, muchas gracias.

¿Y vos qué hiciste?

Viste cuando decís... fue impotencia. Atiné a vestirme, me cambié, dije chau y me fui.

¿Y tus compañeros?

Mis compañeros no entendían nada, a los diez minutos en el medio de la charla me estaban llamando por teléfono. Después gente allegada del cuerpo técnico me llamaron y me dijeron que fue sin querer, que no se dieron cuenta. Terminé mal en Nacional porque los últimos seis meses no jugué y ese último partido agarré las cosas y me fui y no volví más.

Yo si el día de mañana soy entrenador prefiero a la gente más grande no hacerle pasar por esas cosas, si se lo decís a un juvenil es distinto. Pero yo ahí sentí que fue una falta de respeto.

¿Y te fuiste para tu casa?

A las nueve de la mañana estaba en mi casa. Yo no tenía llave de casa ni nada, me senté en el portón a esperar a mi señora. Fue duro porque no me lo esperaba, terminé en una situación con el club que no me esperaba.

¿Después en dónde jugaste?

Me fui a Ecuador. Yo dije que no me iba a ir más, pero de acá no me llamaba nadie, eran todas llamadas del exterior. Decía siempre que no. Pero un día dije: ¿qué hago? de acá no me llama nadie. Entonces llamo a mi representante para ver las opciones del exterior y me  fui cinco meses a Independiente del Valle.

¿Jugabas allá?

Siempre entraba, de repente no jugaba como pretendía pero simplemente porque el equipo iba muy bien. Peleamos el campeonato hasta la última fecha, la pasé bien en ese aspecto.

Y de ahí te viniste a Rentistas…

Cuando vuelvo acá lo mismo, no quería saber nada del exterior. El medio local se empezó a atrasar y faltando tres días para empezar el campeonato me llaman de Rentistas. Me llaman un miércoles, el jueves firmé, el viernes me presenté a entrenar y el sábado viajamos a Tacuarembó a jugar.

¿Qué te pareció jugar en Rentistas?

Uno siempre es agradecido cuando te abren la puerta, pero realmente nunca pensé en jugar en Rentistas. No se me pasaba por la cabeza, yo estaba esperando por Danubio, hice la pretemporada en River, me llamaron de Juventud y dije que no, de Rentistas y dije que no, de Rampla y dije que no, esperando por Danubio. Dije que no esperaba más, me hablan de River y arreglo, pasó un temita y no arreglé al final. Pensé que me quedaba sin nada y me volvieron a llamar de Rentistas.

Y ahora estás en Cerro ¿quién te llamó?

Me llama Acevedo, me dice que quería formar una columna vertebral con gente de experiencia, me nombró algunos con los que ya había hablado. Cerro no estaba bien en ese momento, estaba último en la tabla del descenso. Me gustó porque cuando te llama un entrenador es porque cuenta contigo y eso es fundamental.

¿Cómo te sentís jugando en Cerro?

Te podés imaginar muchas cosas de los equipos y de lo que pasa, la verdad que lo que estoy viviendo en Cerro no lo había imaginado. Siempre digo que es lindo y que está bueno.

¿Por la gente?

Por la gente, por la presión esa... Cerro es un cuadro grande. Por suerte nos fue bien, estamos peleando copas internacionales. En lo personal me lesioné, me costó recuperarme, no he ligado con esas cosas, lesiones que nunca me esperaba. Pero estoy contento. La gente no entiende por qué estoy contento pero la verdad es que me encontré con compañeros bárbaros. Compañeros con historias de vida jodidas y decís: si este tipo la rema cómo no la voy a remar yo.

¿Hasta cuándo tenés contrato?

Hasta junio.

¿Y después sabés qué vas a hacer?

No, ni idea. Si se clasifica a una copa internacional estaría bueno que siguiera el mismo grupo pero ya no depende de uno, depende del entrenador y los dirigentes.

¿Tenés algo pensado para el día en que te retires?

Hasta hace un año atrás me lo planteaba, decía que iba a jugar cinco o seis años más. Este año con las lesiones me lo empecé a cuestionar. Muchos entrenadores me dicen que haga el curso porque veo el fútbol de otra manera. Pero todavía no me picó el bichito de entrenador. Y ahora de ir a programas de televisión me picó el bichito del periodismo y estoy haciendo el curso de la Nueva Generación. Más o menos por ese lado voy a rumbear. Ya voy planificando porque sé que los años se van acortando.

Todo el mundo te prepara para jugar en Primera, nadie te prepara para cuando se te terminó. Es un balde de agua fría. Son muy pocos los que dicen: dejo de jugar porque se terminó.

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Hace 11 años que Richard conoció a su mujer, Natalia. La vio en la cancha y se enamoró. Incluso les aseguró a sus hermanos que en algún momento iba a salir con ella.

"Un día sonó el teléfono y era él, me dijo: hola, mucho gusto soy Richard Porta".

Hoy Natalia y Richard tienen tres hijas, dos niñas de 8 y 4 años y una beba de 4 meses.

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por: Carla Urruti Gull

 

 

 

Álvaro González

Contrario a otras veces, no hay casi periodistas en el Complejo Uruguay Celeste. Es martes y son las 12:00 del mediodía. Espero sentada en el mismo sillón en el que entrevisté al Cacha Arévalo Ríos hace un par de meses. Es un sillón pequeño, diría que de un cuerpo y medio. Y pegado tengo una […]

Contrario a otras veces, no hay casi periodistas en el Complejo Uruguay Celeste. Es martes y son las 12:00 del mediodía. Espero sentada en el mismo sillón en el que entrevisté al Cacha Arévalo Ríos hace un par de meses. Es un sillón pequeño, diría que de un cuerpo y medio. Y pegado tengo una mesita de vidrio con varios ejemplares de la revista “Túnel”, con una foto del Maestro Tabárez en la portada. Hay tres hombres en el hall de entrada al complejo que hablan de la posibilidad de sacarse una foto con Suárez, o con el Cebolla, uno dice que le da vergüenza, que nunca antes pidió una foto, pero que esta vez lo va a hacer.

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Pasan 40 minutos de la hora pautada y aparece Álvaro González, el Tata. Me presento, le explico que ese es el sillón donde voy a entrevistarlo, que ya es un sillón moneda corriente en Solo Texto. “Ah, este es tuyo entonces, lo compraste”, dice el Tata riéndose. Nos acomodamos apretujados en el pequeño espacio, prendo el grabador y empezamos.

El Tata tiene la modorra de quien recién almorzó y no quiere saber nada con la vida. Quiere dormir la siesta o mirar la tele. Pero tiene que estar ahí, respondiendo mis preguntas, durante casi una hora. Y lo hace. Amablemente.

Infancia y fútbol

Nací en Montevideo y viví siempre en Lezica, en mi barrio. Vivía con mis padres y mi hermano tres años mayor, Diego. Al lado vivían mis abuelos. Mi padre trabajaba en la construcción, ahora es jubilado. Mi madre trabajó toda su vida y ahora lo sigue haciendo en el Ministerio de Salud Pública, en la parte del carné de salud.

¿En dónde estudiaste?

Fui al colegio Pío, hice el Liceo ahí hasta cuarto año después fui quinto al IBO. Y sexto lo hice en el nocturno de Colón.

¿Terminaste el liceo?

Pude terminar el liceo, después tenía la intención de anotarme en el ISEF para hacer Educación Física. Incluso preparé las pruebas de ingreso en el Club Defensor, iba a la piscina a prepararme porque era sobre todo en eso que tenía problemas. Finalmente no me terminé presentando a la prueba de ingreso, quedé por ahí.

¿Cuándo arrancaste a jugar al fútbol?

Hice baby fútbol en el Aviación Lezica que era el club de mi barrio y donde iba a ver a mi hermano a jugar. A los cinco años empecé a jugar ahí. El primer año lo quería hacer de arquero pero había un compañero que era un poquito más gordo que yo… ¡bua! Era gordito, entonces terminó jugando él en el arco, me sacaron a la cancha y le agarré el gusto a correr atrás de la pelota.

El pasaje al fútbol profesional

¿Cómo llegaste a Defensor Sporting?

Cuando estuve en la selección de la Liga La Teja Capurro, el técnico de la Liga fue el que me llevó a la Escuelita de Defensor. Al principio no sabía ni qué era Defensor Sporting, simplemente me llevó a jugar un partido y terminó siendo la escuelita del profe (César) Santos y ahí te estoy hablando de que tenía diez años. Hasta los 24 que me fui a Boca Juniors estuve en Defensor. Fueron 14 años muy lindos, por eso yo a Defensor lo siento como mi casa y fue el que me impulsó a la carrera que tengo.

¿Y viajabas todos los días desde Lezica?                                                                                

Al principio iba al Complejo del Ejército en Bulevar Artigas, que ahí era que tenía la escuelita el profe Santos, me llevaba la hermana mayor de un compañero. Después, a medida que pasan los años, las juveniles son en el Pichincha que ahí sí me quedaba lejísimo. Porque para ir desde Lezica hasta el Pichincha hay que cruzarse toda la ciudad, era una hora y media de ómnibus. Pero lo pude aguantar, no era fácil porque en juveniles jugaba poco, fui suplente casi siempre hasta la Cuarta División.

¿Por qué pensás que jugabas poco?

Tenía jugadores muy buenos por delante y yo físicamente me desarrollé un poco después. Incluso estuve por irme de Defensor, que por suerte fue una decisión que nunca tomé gracias a mis padres que me tenían psicológicamente fuerte porque no jugar es difícil. Me acuerdo de tener que hacer ese esfuerzo entre semana, era difícil. Pero tenía jugadores importantes adelante, uno era Maxi Pereira que fue compañero mío desde muy chicos y era uno de los que jugaba en mi puesto. Por suerte pude aguantar y cuando llegó a Defensor Juan Tejera me empezó a poner y fue el motivo por el cual yo seguí en Defensor. Porque verdaderamente estaba a punto de irme.

¿Te ibas a ir del fútbol?

Me iba a ir a buscar jugar en otro equipo, pero cambió el técnico, llegó él y de inmediato empecé a jugar y cambió todo, en dos años o tres (Juan) Ahuntchain me citó para la Primera División. Ahí debuté como profesional.

Con Defensor tuviste una Copa Libertadores muy recordada…  

Jugamos Libertadores y Sudamericanas. Pero hubo una Libertadores muy buena en el 2007 que siempre voy a recordar porque fue uno de los mejores equipos en los que siento haber jugado. Teníamos un muy buen equipo y le ganamos a equipos importantes como Flamengo. Incluso quedamos afuera con Gremio que nos ganó por penales en Brasil (fue en cuartos de final).

Y después te vas para Boca…

Me voy cuando tenía 24 años, terminada esa Copa Libertadores me lleva para ahí mi representante que era el Tito Sierra. Fue difícil porque Boca acababa de salir campeón de Copa Libertadores, no se había ido ningún jugador, estaban todos. Llegar a un equipo consolidado era difícil ganar espacio. Pero en los dos años que estuve, tuve la oportunidad de jugar bastante. Incluso jugué la final del Mundial de Clubes contra el Milan, que perdimos pero fue otra experiencia que voy a recordar siempre. Estuve dos años ahí en Boca para después volver y cumplir otro sueño de chico que era jugar en Nacional.

Hiciste un gol en Boca…

Fue el único gol que tengo con Boca, fue un partido contra Velez en la Bombonera. Lo raro es que fue de zurda y yo tengo pocos goles de zurda.

¿Cómo fue pasar del vestuario de Defensor al de Boca?

Es shockeante. Hay una realidad, yo llegué a Boca desde Defensor Sporting que es una gran institución en Uruguay pero lo que es a nivel de estadio, de estadio lleno y las tribunas que son prácticamente verticales… es una presión. Lo pude disfrutar pero había condicionantes que complicaban mucho en aquel momento. El vestuario de Boca estaba muy dividido, había jugadores referentes que no se llevaban bien y yo venía de un grupo en Defensor donde éramos todos amigos. Fue un cambio importante en mi vida y en mi profesión, creo que ahí lo empecé a vivir como un trabajo, en Defensor lo disfrutaba más. En Boca disfruté el tema de la Bombonera que es impresionante, que parece que la cancha temblara, pero sufrí el tema de que en el vestuario había poca amistad. No lo disfrutaba mucho.

¿Y tomaste partido por alguno de los bandos?

Yo trataba de llevarme bien con todos, pero obviamente te caía mejor gente de un lado que del otro. Por suerte no tuve problemas con  ninguno, lo mejor era llevarse bien con todos porque era gente importante dentro del grupo y llevarte mal podía traerte problemas en lo deportivo.

¿Vivías solo en Buenos Aires?

Me fui solo, yo tenía una novia pero ella estaba estudiando acá entonces me fui solo a Buenos Aires. Fue una época difícil porque  tuve muchos cambios. De Lezica un barrio tranquilo, y mismo Montevideo, no tiene comparación con Buenos Aires. Si hoy me decís de volver al fútbol argentino, no sé si volvería porque no me gustó la experiencia de vivir en Buenos Aires, demasiada adrenalina, el ritmo de vida es muy superior al de acá.

Después te venís a Nacional…

Yo había tenido una lesión en la rodilla los últimos seis meses en Boca que me había impedido jugar, me recuperé justo para el final del semestre pero yo sabía que no iba a seguir en Boca. Llegó la oportunidad de venir a Nacional, en aquel momento estaba el interés de Rosario Central también pero yo ya tenía en mi cabeza a Nacional. Era un sueño que siempre tuve y lo abracé porque estaba muy entusiasmado con eso.

¿Cómo viviste ese sueño?

Fue un año que disfruté mucho pero al no salir campeón tengo la espina de querer volver. Además porque sigo siendo hincha del club y las ganas de jugar están siempre. Además quiero salir campeón.

¿Te hiciste de Nacional de niño?

Creo que la mayoría de la gente de mi familia es de Nacional pero mi padre y mi hermano son hinchas de Nacional y obviamente cuando nací… Nacional también.

Después viene el golpe de quedar afuera del Mundial de Sudáfrica…

Después de ese año en Nacional, que es un año que terminó complicado porque perdimos las finales y además yo quedo afuera del Mundial (Sudáfrica 2010) siendo que había estado en todas las Eliminatorias. Fue el golpe más duro de mi carrera el hecho de haber quedado afuera de ese Mundial tres días antes del viaje. Había integrado la lista del 26 inicial y bueno, fui uno de los tres que no pudo viajar.

El Tata está metido en el dolor de su relato. Casi no me mira a los ojos porque está mirando por la ventana. Allá a lo lejos se ve el único móvil de un canal de televisión y sentado en una silla sobre el pasto está Luis Suárez, alguien lo va a entrevistar. La cara del Tata mientras se acuerda de algo tan triste, contagia esa tristeza de verdad. Pero de pronto se sonroja, los cachetes le quedan rojos. Y me hace un gesto con la cabeza, hay alguien detrás nuestro.

“Hola Maestro”, le dice el Tata al Maestro Tabárez que acaba de aparecer con su bastón.

El Maestro lo mira, saluda con la cabeza y sigue de largo unos pasos más, está buscando a alguien, no lo encuentra. Se da vuelta y desaparece por la misma puerta que apareció hace un minuto.

¿Cómo es cuando te dicen que quedás afuera?

Se comunica la lista y estás o no estás y lo aceptás.

Quedamos en silencio. El Maestro se fue pero parece que se hubiera quedado. Pasan algunos segundos y el Tata se recompone y sigue.

El fútbol europeo

Y ahí llega la oportunidad de irte a Europa…

Bueno, después de eso por suerte en un momento que anímicamente no era el mejor me comunican que me había salido el pase para la Lazio de Italia. Entonces si lo pienso… no sé qué tan bueno hubiera sido el siguiente semestre acá después de un golpe así. Por suerte la ida a la Lazio, la experiencia nueva, ir a pelear una oportunidad a un club importante de Europa entonces me reseteó y pude superar el dolor del golpe tan grande por haber quedado afuera del Mundial.

¿Cuántos años tenías?

Ahí tenía 26 años, me fui solo pero por suerte allá estaba (Fernando) Muslera que me ayudó mucho, incluso con el idioma. Me adapté bastante bien. Roma es una ciudad preciosa, en el equipo tenía compañeros argentinos y andábamos para todos lados juntos, me sentí siempre bien y estuve ahí cinco años.

¿Pudiste jugar de entrada o te costó?

Es difícil. La llegada para un sudamericano a Europa es difícil. Ellos subestiman mucho lo que es el fútbol acá. Además, el fútbol italiano se caracteriza por la parte táctica y ellos piensan que tenés que pasar por una parte de adaptación y de aprendizaje, entonces generalmente cuando llegás a no ser que seas un crack no llegás derecho a jugar. Les pasó a muchos jugadores, como a Cavani, y yo no fui la excepción. Los primeros diez días de campeonato el técnico me citaba pero quedaba afuera del plantel. Lo miraba desde la tribuna. Pero ahí también, con paciencia y trabajo, esforzándome en la semana llegó la oportunidad y en los primeros cuatro años jugué mucho y fue una buena experiencia. Hasta que llegó el último técnico de ahora (Stefanio Pioli) que decidió no contar conmigo entonces salí a buscar otro equipo para poder jugar.

¿Ahora cuál es tu situación?

Tengo contrato hasta el 2017 con la Lazio pero como el técnico no me utilizaba lo que yo pretendía pero fui al Torino y después al Atlas de México.

Imagino que después de jugar tantos años de titular en un equipo, que llegue un  técnico y no te tenga en cuenta debe ser doloroso…

Duele porque no es que él me midió en la cancha para tomar sus decisiones. Él llegó y yo incluso llegaba del Mundial del Brasil, donde considero que hice un buen trabajo, la temporada anterior en la Lazio jugué prácticamente todos los partidos de titular. No es que llegó y me descartó porque yo no venía jugando, no me tenía en cuenta porque él llevó sus jugadores para jugar en mi posición. Pero está dentro de las reglas del fútbol, él es el entrenador y es quien elige. Pero el no haberme dado la oportunidad fue lo que más me dolió. Porque anteriormente había pasado que algún técnico me hiciera partir en el año de suplente pero luego me daba la oportunidad para defenderme en la cancha y siempre tuve la suerte de ganarme la confianza del entrenador. Pero este ni siquiera me dio la oportunidad.

¿En México cómo te está yendo?

A México llegué en setiembre del año pasado. El semestre pasado jugué con Gustavo Matosas como técnico y este semestre con el técnico argentino Gustavo Costas también jugué la mayoría de los partidos.

¿Te gusta vivir en México?

La ciudad es linda, en Guadalajara se vive muy bien. Tuve suerte con la ciudad que me tocó. Son distintas culturas, es muy distinto a lo que era Roma pero se vive bien y se disfruta.

¿Con quién vivís allá?

En México vivo con mi pareja, en Italia ya vivía con ella. Hace cinco años que estamos en pareja. Ella es uruguaya, la conocí acá en una de las idas y venidas de Roma. Estamos juntos, ella se la jugó por la relación, por suerte lo hicimos porque estamos muy bien.

Casi siempre les pregunto a los jugadores de fútbol por su pareja, por lo general ustedes se van solos y sus parejas dejan su familias y carreras de lado y se van con ustedes…

Es una parte muy importante en la vida del futbolista la persona que te acompaña. Seguramente tenga que poner otras prioridades, mi pareja estudiaba, estaba en medio de su carrera y tomó la decisión de postergarlo. Al principio estaba allá y rendía los exámenes libres acá. Pero por suerte resultó bien, la apuesta que ella hizo e hicimos los dos terminó bien. Esas cosas nunca sabés, capaz toma la decisión de irse y la convivencia no funciona y son años perdidos. Pero estamos contentos.

¿Piensan en casarse?

Sí, estamos comprometidos ahora estamos esperando familia, va todo muy bien. Está de tres meses.

O sea que todavía no saben si es nena o varón…

El ecógrafo no se la quiso jugar pero dijo que le da la impresión que es varón.

IMG_8459El Tata en el proceso del Maestro Tabárez

¿Cuándo te llaman para la selección?

Con el inicio del proceso de Tabárez, cuando hacen una convocatoria para una gira por Europa, me llegó la llamada. Yo estaba en Defensor, tenía 20 años y llegó la oportunidad de ir. Fue lo más lindo que me ha pasado.

¿Te lo esperabas en ese momento?

Uno siempre espera, yo ya estaba jugando en Defensor y me estaba yendo muy bien con el equipo. Es un sueño que uno ve posible pero lejano porque hay muchos jugadores buenos. Pero yo tenía la ilusión de poder estar. Esa gira que hicimos con Uruguay, que hicimos tres o cuatro amistosos en Estados Unidos y Europa, la disfruté mucho. Estaba con jugadores que eran mis ídolos como el Chino Recoba y Pablo García. Y yo me sentía un adolescente, tengo muy buenos recuerdos. Ese proceso por suerte no se ha interrumpido, he tenido la suerte de jugar de corrido, salvo el Mundial que me pierdo, estoy orgulloso de estar en este camino.

Un camino que lleva diez años ya…

Te ponés a pensar y es increíble el tiempo que pasó, cómo arrancamos con muchas dudas y las críticas que se generan siempre en la selección. Hoy por hoy creo que la adhesión es increíble, el hincha uruguayo ha crecido mucho, antes era más difícil ver a la gente con la camiseta en la calle, y hoy es más común y es un logro de este proceso.

La Copa América en Argentina

Para mí esa Copa fue una revancha grande porque un año atrás yo había quedado afuera del Mundial, entonces con esa experiencia yo tenía miedo de que me volviera a pasar, entonces traté de hacer lo mejor posible para poder estar en la lista. Y ya haber estado en la lista de 23 jugadores que viajaban era una revancha para mí. Se dio todo muy bien. El primer partido estuve en el banco de suplentes pero ya después jugué y me mantuve hasta la final. Ser campeón jugando fue impresionante y fue una revancha grande para mí.

¿Cómo fue ganarle a Argentina en su casa?

Cuando salimos de ese partido sentíamos que la Copa era para nosotros. Le habíamos ganado al local y a una de las selecciones más poderosas. Salimos muy fuertes y arrasamos con Perú y Paraguay. Ganar ese partido en Santa Fe fue increíble, costó mucho, ganamos por penales pero fue un partido que se jugó con un jugador menos. A pesar que viajaron muchos uruguayos, el estadio se hacía sentir mucho a favor de ellos. Incluso en aquel momento estaba el problema de Forlán con su ex (Zaira Nara) y todo eso, era un ambiente bastante picado en el estadio. Estuvo buenísimo ganar ese partido.

Los mensajes del Tata a los chilenos

¿Qué te pasa con los chilenos que siempre que podés les tirás un palo?

Jajajajajajajajajaja. A mí con ellos no me pasa nada. El problema es que en aquel amistoso (noviembre de 2014), que ellos iban ganando 1 a 0, en el primer tiempo ya nos cantaban el “Ole”. Y yo no estoy muy a favor del “Ole” en ninguna de las circunstancias, pero menos si estás jugando un amistoso y ganando el primer tiempo. Me pareció una falta de respeto contra Uruguay. A mí no me gusta que mi hinchada le cante el “Ole” al contrario y ese día yo no estaba jugando, estaba en el banco de suplentes y no podía creer que el estadio nos estuviera cantando el “Ole” en el primer tiempo.

Incluso nos puteábamos con algún chileno atrás del banco de suplentes, que nos estuvo molestando todo ese primer tiempo. Ahí tomé la decisión. Y me vino a la cabeza: “si llego a hacer un gol (y no es que yo sea de hacer goles frecuentemente) voy contra la gente” porque estaba muy caliente. Y se dio así. Entramos con Abel (Hernández) en los descuentos prácticamente y en la primera pelota que toco… a mí me daba la impresión, había algo que me decía que iba a hacer un gol, yo le decía a Abel: “vamos a hacer un gol, entramos y lo ganamos”. Siendo que a mí el Maestro incluso me había dicho que no me fuera mucho. Y ya se terminaba el partido. Pero en la primera pelota no sé qué hacía apareciendo yo ahí en el área y con ese gol les terminé mostrando las cuatro estrellas y ganándome el odio de algún chileno… seguramente no me quieren mucho por allá.

Y después te hiciste una cuenta de Twitter y les dedicaste algún tuit…

Jajajajajajajaja. No sé. Quedó una pica importante por el tema de ese amistoso. Después lo que pasó en la Copa (América de Chile) todo lo que pasó en el partido contra Chile nos dejó a todos muy enojados, tratamos de controlar eso porque no te sirve a la hora del partido. Uruguay por suerte el último partido de Eliminatorias que yo estaba lesionado jugó un gran partido, dejó de lado todo lo emocional que había pasado en la Copa. Pero a mí que no me había tocado jugar, estaba un poco más liberado y solté alguna otra cosa. Pero creo que va quedando ahí.

Pero claramente sos medio calentón…

Sí. Sí. Soy un poco temperamental con esas cosas. Pero en realidad soy tranquilo. Con la gente casi nunca me agarro. Pero sentía que ellos estaban muy agrandados.

De todos modos creo que el hincha uruguayo agradece el temperamento de los jugadores…

Yo sé que mucha gente lo sentía así. Nosotros tenemos que tratar de controlarnos un poco en cuanto a hablar como un hincha, pero todos tenemos sentimientos, todos somos uruguayos, nos alegran y nos duelen las mismas cosas. Y yo con la euforia de haber ganado ese partido dije lo que dije.

Camino al Mundial de Rusia 2018

Estamos preparando los partidos de Eliminatorias, queremos seguir como se arrancó, estamos bien pero hay que demostrarlo siempre. En Eliminatorias cuando te descuidás… ya nos pasó en Eliminatorias para el Mundial de Brasil que arrancamos muy bien y después terminamos complicados. Queremos seguir arriba.

¿Sufren las ausencias de jugadores lesionados o sancionados?

Quisiéramos contar con todos los jugadores, pero por suerte Uruguay ha demostrado que ante ausencias importantes, como las hemos tenido incluso la de Luis (Suárez), siempre el que entra tiene el respaldo del cuerpo técnico y de sus compañeros. Eso te da tranquilidad para jugar partidos con ciertas bajas. Hay jugadores importantes que esperan su oportunidad y seguramente lo hagan bien. Tenemos mucha confianza en todo el plantel. Hay un funcionamiento y una idea de lo que se quiere adentro de la cancha, eso hace las cosas fáciles para el que llega. Por la calidad humana del grupo y por la claridad de lo que quiere el Maestro Tabárez y nosotros los compañeros.

El futuro

¿Hasta cuándo estás en el Atlas?

Estoy en México hasta terminar este campeonato y ahí el Atlas tiene la opción de compra, de lo contrario volvería a la Lazio. Estoy bien en México, sería lindo que el Atlas haga uso de la opción de compra. Y si no volveré a la Lazio a pelear por un lugar, veremos si sigue o no este técnico… que no sé si va a seguir (el Tata me hace un gesto con la mano, ese gesto que hacemos cuando queremos decirle a alguien que otro se va, o se fue, tipo “lo rajaron”). O buscaré otra opción.

¿Querés terminar tu carrera en Nacional?

Quiero terminar mi carrera aquí, tengo el sueño de poder jugar en Nacional y en Defensor, pero no depende solo de mí. Son los equipos los que te tienen que querer. Me gustaría cerrar mi carrera en Nacional y en Defensor.

¿Te vas a venir a vivir a Uruguay o vas a hacer como el Cacha que dice que se queda en México?

Yo tengo claro que terminada mi carrera me voy a quedar viviendo aquí. Es donde tengo a toda mi familia y es el lugar que extraño cuando estoy afuera.

¿Y después de retirarte?

No sé. Me sigue gustando la idea de ser profe pero veré en ese momento qué es lo que me gusta más. Seguramente algo vinculado al deporte va a ser, pero todavía no lo tengo claro. Hay que estar preparado para ese momento porque el jugador de fútbol termina su carrera a temprana edad y es un momento muy frustrante si no estás preparado y si no tenés algo en tu cabeza y la fuerza de voluntad para arrancar otra cosa.

El Tata en su tiempo libre

Me gusta juntarme con mis amigos, con mis amigos somos de jugar al play station, de hacer comidas. Somos muy competitivos, si no jugamos al play station jugamos a otra cosa. Eso es cuando estoy en Uruguay. Trato de cargarme mucho con ellos porque después estoy mucho tiempo afuera y los extraño. En México nos juntamos con uruguayos y argentinos que están en la vuelta. Ribair Rodríguez y su señora viven allá, lo mismo el Cacha y su señora. Nos juntamos a comer, salimos a recorrer. Hoy agarré el gusto de conocer mucho por Cecilia, mi pareja, es ella que me arrastra. Si no fuera por ella me venía de Roma sin haber ido al Coliseo capaz.

El Tata tiene el corte de pelo ese nuevo que se usa ahora, con un remolino para el costado, manchado por algunas canas. La barba corta y las pestañas largas. Habla todo el tiempo de un modo amable y descontracturado y siempre piensa un poco antes de responder a cada pregunta. 

Y este año cierra divino, con el nacimiento de tu hijo. Espero que no te pierdas el parto, como les pasa a varios jugadores…

Tenemos fecha para el 19 de setiembre. El tema del fútbol es ese, no sabés dónde vas a estar en un mes y medio. Le pasó a Forlán. Pero lo importante es que salga todo bien.

 

por: Carla Urruti Gull

Marcelo Tabárez

Pasan algunos minutos de las cuatro de la tarde, es miércoles, hace frío y en la ruta no se ve nada porque llueve sin parar. Me meto en una calle paralela a Giannattasio, doblo a la izquierda y sigo varias cuadras. Estoy en El Pinar, frente a la casa de Marcelo Tabárez. - Hola, soy […]

Pasan algunos minutos de las cuatro de la tarde, es miércoles, hace frío y en la ruta no se ve nada porque llueve sin parar. Me meto en una calle paralela a Giannattasio, doblo a la izquierda y sigo varias cuadras. Estoy en El Pinar, frente a la casa de Marcelo Tabárez.

- Hola, soy Alejandro, el papá de Marcelo. Pasá.

La luz tenue, la tele prendida con una película de HBO de fondo y la estufa a leña chispeante conforman el panorama.

El ambiente es cálido y cálidas son las personas que me reciben: la mamá Alejandra, el hermano menor Matías y el propio Marcelo. Todos sentados tranquilos. Siento culpa por llegar a interrumpirlos, pero me acomodo en un sillón y empiezo la entrevista.

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Infancia y fútbol

Nací en Montevideo, viví hasta los tres años en Maroñas en la casa donde vivían  mis abuelos paternos. A los tres años me mudé para Paso Carrasco a la casa de mis abuelos maternos. Ahí viví hasta los 17 años que fue cuando nos mudamos a El Pinar. Fue una independencia porque por primera vez empezamos a vivir solos.

Hice hasta tercero de escuela en Solymar, porque mi madre trabajaba ahí y de cuarto a sexto los hice en el Uruguá, que es la escuela de la que mi madre con sus compañeras es dueña, es en El Pinar acá cerquita. Después el liceo lo hice en Paso Carrasco, porque me quedaba cerca de donde vivía.

¿Terminaste el liceo?

No, hice ciclo básico completo. Después dejé.

-Bueno, bueno, Marcelo se distrae por una explosión de chispas en la estufa a leña. Los trocitos dorados se esparcen por el suelo y todos nos quedamos unos segundos embobados mirando cómo se consumen.

¿Cuándo empezaste a jugar al fútbol?

Empecé a los cinco años en el Huracán Villegas, un cuadro de la Curva de Maroñas. Yo vivía lejos de ahí, ya estaba viviendo en Paso Carrasco pero mi padre vivió toda la vida en Maroñas y siempre dijo que cuando tuviera un hijo lo iba a llevar al Huracán. El primer día yo no quería ir, no quería entrar a jugar. Y eso que a mí siempre me gustó el fútbol, aprendí a caminar atrás de una pelota.

¿Por qué no querías?

Me daba vergüenza, siempre fui muy reservado con gente desconocida. Después sí, entré a la cancha y cuando terminó no quería salir, mis padres me decían: nos tenemos que ir, y yo no quería. Me acuerdo clarito, son cosas que te quedan. Estuve en ese cuadro con gurises hasta los 13 años. Hice todo el baby fútbol ahí.


Danubio

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Cuando estaba en el Villegas a los nueve años me llevaron a la escuelita de Danubio, entrenábamos dos días a la semana. Hice hasta los 13 años en el Villegas -que se terminaba el baby- y a los 14 arranqué en Danubio.

¿Pasaste por todas las categorías?

Sí, todas. Hice de séptima a tercera y después me subieron a primera.

Incluso te destacaste en todas, fuiste goleador…

Sí, el único año que no salí goleador en juveniles fue en sexta pero pudimos llegar a la final ese año también, perdimos pero fue un buen año. En lo personal no fue un buen año porque tuve un par de lesiones y una citación a la selección que por la lesión no se dio y eso me trabajó la cabeza. Pero sí, en séptima salí goleador y salimos campeones, en quinta y en cuarta también y en tercera salí goleador del Clausura y me subieron a primera.

¿Cómo fue cuando te llamaron para la selección?

Estaba en sexta, tenía quince años. Fue una Sub-15 que fueron entrenamientos nomás, el técnico era Fabián Coito. Se arrancaba un lunes a entrenar, el domingo jugué con Peñarol, me lesioné la rodilla y estuve un mes parado. Fue muy complicado porque era muy chico y me dolió.

¿Quién te sube a primera en Danubio?

A primera me sube (Juan Ramón) Carrasco, cuando estuvo en Danubio en el 2012. Un jueves me sube a entrenar a primera, entrené con los suplentes, me pasó al equipo titular y me desgarré. No pude debutar ese año, fue un desgarro complicado porque a lo primero los médicos me habían dicho que era una distensión. Eso fue en los primeros días de noviembre y no pude jugar, estuve un mes y medio con el desgarro, no podía picar. Se terminó el año, tuvimos licencia, volvimos a entrenar en enero, ahí cambiaron el técnico, vino Leo Ramos.

Empecé entrenando en Primera, fue una situación medio confusa porque claro, a mí no me conocían porque yo no había debutado. Estaba en el plantel principal pero no había jugado porque había terminado lesionado. Estuve entrenando dos semanas con el plantel principal y me bajaron a tercera. Fue complicado porque el sueño de uno es llegar a primera y que sin conocerte te bajen… fue complicado. Pero me pude poner bien físicamente, que era lo que yo quería. Eso fue a fines de enero de 2013.

¿Cómo es cuando te dicen que volvés a tercera?

Esa vez nos juntó a unos cuantos gurises de ese momento, porque como era un técnico nuevo estuvo dos semanas mirando jugadores. Éramos como ocho o nueve, nos dijeron que no nos iban a tener en cuenta y como yo era joven, tenía 19 años, pude volver a tercera. Hubo otros que tuvieron que irse porque su edad no les permitía volver a tercera. Volví a tercera, volví a jugar pero es un momento complicado. Justo esa fue buena porque me lo dijo el técnico de frente, me dijo por qué y cómo. Te bajonea pero el fútbol es así. Estuve un mes y medio en tercera y me subieron de vuelta, ese campeonato jugué solo cuatro partidos, al siguiente jugué seis y a partir de la octava fecha no tuve más participaciones.

¿Por qué? ¿Te dieron explicaciones?

No, esa vez no. Y yo fui a pedir explicaciones, para saber qué me faltaba. Fue medio raro porque yo venía jugando, venía siendo primer cambio en todos los partidos. Y después no me pusieron más. Pedí explicaciones y me dijeron que había muchos delanteros. Tuve que meterle de vuelta para tratar de volver a ser tenido en cuenta.

Justo salimos campeones uruguayos, fue algo hermoso pero no lo sentí mucho por el hecho de no sentirme partícipe. Es difícil para uno que no está acostumbrado a no jugar, pasar siete partidos afuera del plantel. Es complicado. Cuando terminó el campeonato empezó a salir en la prensa que yo no iba a ser tenido en cuenta, que me iban a dar a préstamo, que esto, que lo otro...

¿Entonces?

Siempre cuando vas a volver a entrenar te llama un dirigente, a mí me llamaron para que me presente en tercera. Fue uno de los peores momentos desde que estoy jugando al fútbol, estaba muy molesto, muy enojado.

¿Qué hiciste?

Hablé con mi representante y le dije que me buscara una solución para poder salir a préstamo. A mí me quedaban dos años más con Danubio pero iba a salir a jugar para poder tener roce en primera y no seguir jugando en tercera, yo ya tenía 21 años. En julio de 2014 arranqué con tercera, entrené hasta agosto.

El 8 de agosto me dicen que viajaba el 9 de agosto a Suiza. De la nada.

¿Cómo fue?

Fue un dirigente, me dice: Marce ya salió lo tuyo. Yo no sabía nada. -¿Cómo que salió lo mío? -Sí te vas para Suiza, me dijeron. Dejé pasar la práctica y les comenté a los técnicos de tercera porque en dos semanas arrancaba el campeonato. Yo ya les había comentado que no quería jugar en tercera y que iba a buscar otro equipo. No quería jugar en tercera porque sentía que estaba dando pasos para atrás. Cuando me dicen lo de Suiza fue un viernes 8, me tomó por sorpresa, era en un cuadro grande de Suiza. Yo nunca había viajado en avión, fueron todas experiencias nuevas.

¿Y en tu casa qué te dijeron?

Yo en ese momento vivía con mi novia (Yésica) en Malvín. Con mis padres estábamos en constante contacto. Fue una sorpresa y no nos dio mucho tiempo de prepararnos para nada. Me lo dijeron el viernes a las 12:00 del mediodía y el sábado a las 11:00 ya salía el vuelo.

El silencio del ambiente se corta por la risa de la mamá de Marcelo. En ese momento me acuerdo que no estamos solos, que detrás a mi derecha están Alejandro y Matías en un sillón y que al lado de Marcelo está su mamá. Los tres escuchan en sumo silencio y con mucha atención lo que cuenta el jugador.

¿Tu novia qué te dijo?

Se sorprendió, estaba trabajando y salió del trabajo para estar conmigo esas últimas horas. Fue una sorpresa total.

Entonces te fuiste a Suiza…

Cuando llegué a Suiza fue todo nuevo, el viaje en avión son doce horas hasta Madrid, después a Milán.

¿Con quién viajaste?

Viajé con mi representante y otros jugadores. Llegamos a Suiza, algunos jugadores se quedaron en un cuadro al sur y yo tuve que ir a Zúrich que es al norte. La primera noche me tocó quedarme solo y me afectó muchísimo, yo no pensaba que iba a ser tan así. Me tuve que quedar con los juveniles de ese cuadro, ahí se hablaba alemán. El inglés me salvó pero los dos idiomas que más se hablaban eran alemán e italiano. Era complicado para sociabilizar.

¿Había algún jugador latinoamericano?

Había un peruano que en realidad era suizo, tenía padres peruanos. Pero iba a entrenar y se iba a la casa, no era muy sociable. Yo soy medio difícil para hacer confianza con gente nueva y si veo que el otro no tiene interés en ayudarme, tampoco ando rogando. El tema del idioma fue duro, el tema de extrañar…

Empecé a extrañar como loco, desde la primera noche que llegué. Tuve tres prácticas, me estaba yendo re bien, me estaban dando para adelante los técnicos y me desgarré…

La mamá de Marcelo se vuelve a reír.
-Cuando llegaba a algo, le pasaba algo, comenta el papá.

Estuve una semana más entrenando a ver si me podía recuperar. Les expliqué a los médicos pero no entendían porque hablaban alemán cerrado.

Me imagino que debe ser muy difícil estando solo allá…

Es difícil, pero a mí me empezó a comer mucho la cabeza el tema de extrañar y la ansiedad. Yo llegué un lunes, entrené el martes y me dijeron que el viernes iba a haber una prueba para verme a mí y que si andaba bien se firmaba el préstamo. El jueves me dijeron que se había pospuesto hasta el otro miércoles, entonces me empecé a hacer la cabeza, tenía que esperar una semana más. Y el tema del idioma no me ayudaba.

Los médicos me hicieron masajes, que si tenés un desgarro no te tenés que hacer masajes, tenés que dejar quieto y ponerte hielo. Esas cosas repercutieron para mal en el músculo y no ayudaron. Pasó una semana, no podía correr ni hacer nada, entonces llamé a mi representante. Me dijo: quédate tranquilo y me llevó al sur con mis compañeros que habían viajado conmigo. Fue un momento lindo, conocimos Lugano, una ciudad al sur, y estábamos los tres vacacionando porque no entrenábamos ni hacíamos nada.

¿Estaban a la espera de algo?

Claro, a la espera de que a ellos les saliera un cuadro y yo de volverme a Uruguay. Estuve una semana y me volví para Uruguay, llegué el 26 de agosto y había viajado el 9.

Cuando volví, volví a Danubio a la tercera. Era lo que no quería, volví lesionado y estuve más de veinte días recuperándome. Volví, me puse bien. Pasaron cosas en Danubio que fueron complicadas, no me dejaban bañarme ni cambiarme en el vestuario porque yo era de tercera.

¿Eso es así siempre?

No, no es así. Fue así por un tema de otro jugador y la ligué yo de costado. Sé que no fue personal pero esas cosas afectan la diaria y el hecho de querer seguir yendo. Fue un momento de miércoles, días lluviosos como el de hoy tenía que pasarme un bidón en las piernas, volvía a mi casa todo sucio y sudado.

8¿Te planteaste abandonar en ese momento?

Nunca me planteé no ir más, pero sí te preguntás: ¿por qué pasan estas cosas? El fútbol tiene cosas muy lindas y cosas que no son tan lindas, que son las que más te ayudan para seguir, las malas son las que te ayudan a progresar, tenés que sufrir y meterle. Fue complicado porque yo estaba re pintado, no jugaba ni en tercera a veces. Quedé afuera del plantel como tres partidos seguidos.

¿Por qué quedaste afuera?

En ese momento fue porque estaba pintado al óleo. No sé. Fue un momento complicado, no me gusta mucho hablar porque no sé por qué fue. Sé que fue y que fue un momento complicado. Ahora me pongo a pensar todo esto y me da rabia, pero el fútbol es así y hay que seguir metiéndole.

Como te digo eso, también te digo que faltando cinco fechas me empezaron a poner de nuevo en tercera, empecé a tener buen rendimiento, empecé a jugar y faltando dos fechas me vuelven a subir a primera, jugué contra El Tanque.

La última fecha me ponen de titular, le ganamos a River y me eligieron jugador Yumbo del partido. Es lindo, después de tantas verdes recoger una de esas te deja tranquilo y sentís que se puede. Porque se te cruzan muchas cosas por la cabeza, no dejar de jugar pero sí no ir más a Danubio e irme a entrenar a otro lado. Eso fue  a fines del año pasado.

No hay forma de que el fuego deje de brotar en la estufa. Alejandro se para, cruza el living y agrega leña.

¿Quiénes eran los técnicos de tercera en ese momento?

Fernando Araújo y Rodolfo Ojeda, eran del círculo de Leo Ramos.

Arranca el año y empezás en primera…

Arrancó el año, me llamaron para que me presentara en primera, arranqué de titular y los técnicos me dieron otra confianza. Hacía un año me habían flechado y ahora este año me pusieron de titular y me mantuvieron toda la confianza que me dieron en un principio, me dijeron que iba a jugar y jugué. Pasó lo que pasó con todo esto del tumor, fue una carrera corta con algunos golpecitos y acá estamos.

Y tu nombre empezó a sonar en los medios, te estabas destacando…

Estaba teniendo un buen rendimiento, estaba haciendo goles. Este campeonato hice tres goles en seis partidos, llegué a jugar seis partidos nomás. Tenía mucha confianza en mí y mis compañeros me estaban dando tremenda confianza. Pero como te contaba hoy, en los momentos en que están por pasarme cosas buenas, me pasan cosas… no sé por qué, pero después habrá tiempo para pensar por qué me pasan esas cosas.

Pero yo  estoy tranquilo y estas cosas me ayudaron a ver la vida desde otro punto de vista y a apreciar cosas que antes no apreciaba. Yo soy un tipo muy calentón, me caliento mucho por bobadas, me sigo calentando pero algunas cosas antes me calentaban más.

¿Cuándo empezó el tema del tumor?

Lo del tumor no sé cuándo arrancó, pero yo a principio de año sentí que tenía un huevito chiquitito en el testículo y se fue incrementando, se fue inflando. No sé qué era que tenía pero sé que estaba hinchado.

¿Consultaste a un médico?

No. No me dolía, no me molestaba, lo tenía hinchado y no le había dicho a nadie por todo lo que te digo de aprovechar el momento, de estar jugando. En ese momento puse por delante mi carrera futbolística en vez de poner por delante mi salud. No me arrepiento de haberlo hecho pero lo haría de otra manera. Opté por callarme y por seguirle metiendo al fútbol y obvié un poco la situación, yo no sabía que era un tumor, yo tenía hinchado un testículo pero no me dolía ni me molestaba.

Yo me bañaba y pensaba: ya se va a ir, ya se va a ir pero no se iba. Nunca te esperás que te pase algo de eso y yo nunca me creí merecedor de tener un tumor, yo nunca tuve una gripe. Cuando se me empezó a hinchar, no soy bobo, sé lo que es un tumor, pero lo obvié, pensé que se me iba a ir. Por suerte pasó todo esto del partido en San Pablo y del control antidoping.

Como le digo a mis padres: fue una señal, me dio una segunda vida porque yo no iba a decir nada hasta que no pudiera caminar. Por suerte se pudo agarrar a tiempo y no implicó ningún órgano más.

Y todo saltó por un antidoping…

A vos te hacen todo el control, tenés que orinar en dos frascos, son dos muestras, lo sellás, lo mandan a Colombia creo y eso demora como un mes, o dos meses. Cuando abren la primera muestra sale una sustancia que fue la gonadotrofina corionica que no es algo que se pueda ingerir, es algo que genera el cuerpo. Fue un momento que no sé ni cómo llamarlo. Me llama el presidente de Danubio, Óscar Curutchet, y Eduardo Pisoni de la comisión directiva, para que vaya a hablar con ellos urgente.

Yo estaba con mi novia, arranqué a la Junta Departamental porque Curutchet trabaja ahí, es la mano derecha de Daniel Martínez o algo así. Llegué y cuando me saludaron me di cuenta que algo raro había. Me hicieron pasar a un cuarto y le pidieron a mi novia que no pasara. Y me dicen que el doping había dado positivo.

¿Cómo reaccionaste?

En el momento me quedé sin palabras, estaba tranquilo pero nervioso a la vez. Tranquilo porque sabía que no había tomado nada y nervioso porque lo primero que se me cruzó por la cabeza fue que me habían puesto algo, que me habían hecho una cama y fue lo que yo les dije. Lo bueno es que nadie desconfiaba de lo que yo decía. Nunca me imaginé que me iba a pasar eso.

Llamé a mi padre y le conté, él justo salía de trabajar ahí cerca, lo esperé para volvernos juntos a casa porque fue un momento feo. En el momento no te das cuenta pero he visto que les pasó a otros jugadores y vi cómo su carrera les cambió totalmente.

Al otro día fui a entrenar, mi cabeza estaba en cualquier lado. Era viernes, el sábado jugábamos con Peñarol. Me acuerdo que antes de arrancar la práctica, Leo Ramos ya sabía y me llamó para hablar un rato. Le dije que estaba para jugar pero la verdad no estaba para jugar. Entrené bien pero mi cabeza estaba en otro lado.

Te lo estoy contando y se me acelera el corazón porque fueron momentos de mucho nervio e incertidumbre, yo no sabía qué iba a pasar. Cuando terminó la práctica vino el profe a hablar conmigo, me dijo que disfrute el partido con Peñarol porque se iba a venir una sanción u otra cosa, pero que iba a pasar tiempo sin jugar. Me dice el nombre de la hormona que había salido, que hasta ese momento nadie me la había dicho. Me volví para casa muy nervioso, llegué a casa y lo primero que hice fue buscar en internet el nombre de la hormona y decía que es una hormona que segrega el organismo en defensa de ciertos casos y de tumores testiculares.

Ahí asocié, en el momento me tranquilizó porque yo sabía por dónde venía el tema del doping. Me acuerdo que fuimos a hacer un mandado con mis padres, leí en la computadora y me quedé callado. Cuando salimos me acuerdo que me puse a llorar y le largué todo a mi padre, no sé cuál fue su reacción pero se quedó más tranquilo aunque se dio cuenta que venía algo más complicado.

¿Y vos cómo te sentiste?

Me tranquilizó saber que era un tumor pero no me di cuenta de lo que venía después. Al otro día me desperté de mañana, era el partido con Peñarol, no podía estar parado. Tenía dolores en la panza, no podía estar acostado, me sentaba y me dolía. Tuve que llamar a un amigo que es el fisioterapeuta de Danubio que vive acá en Pinar, vino, me hizo masajes, me empezó a charlar y se me pasó. Pero yo tenía decidido no ir al partido porque no me sentía bien para ir, no iba a poder jugar lo que yo quería y no iba a poder ayudar a mis compañeros.

Pero se me fue pasando. Eran nervios, ansiedad, demasiadas cosas que me pasaron en dos días, me desbalanceó un poco. Se me fue un poco el dolor, me empecé a sentir mejor y arranqué para la sede de Danubio, fui sin comer, no comí nada antes del partido. Después el partido se dio que ganamos y que pude hacer un gol. Yo ya sabía antes de jugar todo lo que venía, sabía que la sanción era lo que menos me importaba, en ese momento había recapacitado, sabía que tenía un tumor. Por suerte pudimos ganar ese partido y terminé esa etapa de buena manera, haciendo un gol y ganando, que fue importante para el arranque de todo esto también.

¿A tus compañeros cómo les contaste?

Al primero que le dije fue al profe el viernes de noche, me dijo que me quedara tranquilo. Además, les conté al Tuna Fornaroli y al Tito Formiliano, les conté que el doping me dio adverso y que se venía una sanción. Después el sábado antes del partido lo comenté, yo estaba más tranquilo pero a ellos les afectó en el momento porque se dieron cuenta de lo que se venía.

¿Qué te dijeron?

Me dijeron: ya está, vamos arriba. Son cosas que me van a quedar siempre grabadas, es bueno ver la reacción de tus amigos y de la gente cercana para ver cuánto te quieren y cuánto te aprecian. Es difícil de explicar lo que sentí en esos días, fue todo muy rápido. A mí me notifican del control antidoping el jueves de tarde, el sábado jugamos, el lunes me hago una ecografía y ya me operan el mismo lunes. Agradezco que haya salido tan bien. No me dio mucho tiempo para ponerme mal, no me dio tiempo para pensar en lo que se venía, capaz hubiera sido más difícil.

¿Después de la operación empezaste la quimioterapia?

Después de la operación estuve una semana internado porque estaba con dolores de espalda por la operación, después estuve una semana en casa y ya arranqué con la quimioterapia el domingo 26 de abril, fueron cuatro meses. La primera semana de cada mes eran cinco días seguidos, era la más complicada de todas porque sentía náuseas, tenía vómitos y cansancio. Yo nunca estuve acostumbrado a sufrir ni a pasarla mal, en estas cosas uno sufre mucho y pasa mal.

Son momentos jodidos, yo en mi vida habré vomitado tres veces, y ahora en un mes vomité como 50 veces. Capaz que pensás que un vómito no es tanto, pero para mí era mucho, el hecho de vomitar y estar con náuseas constantes que no se te van… Por suerte ya terminamos con esa etapa que fue la más difícil y ahora esperemos que vengan las buenas.

¿Y ahora cómo seguís?

Terminé la quimioterapia, mañana tengo consulta con el oncólogo que me va a decir cómo sigo. Yo deseo que haya terminado todo y poder estar tranquilo y que todo esto quede atrás. Si queda algo más le vamos a meter con todo, pero yo tengo las ganas y la confianza de que lo peor ya pasó.

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¿Tu situación con Danubio cómo es?

Yo estoy lesionado, mi contrato se respetó en todo momento y tengo contrato hasta 2017, yo cobré lo mismo que cobraba cuando estaba jugando.

Marcelo Tabárez tiene 22 años, es un poco más alto que yo, es flaco como un adolescente y tiene la piel blanca, como transparente. Mientras habla mira por la ventana, muy pocas veces me mira a los ojos. A veces cuando duda sobre alguna fecha, le consulta a su mamá que responde enseguida. De a ratos se pasa la mano por la boca, es como un tic. No tiene pelo y sus cejas son apenas un rastro de lo que fueron. Habla despacio, tranquilo y casi siempre sonríe.

Y ahora estás viviendo con tus padres acá…

A principios de año me volví para acá, estoy haciendo una casa en el fondo, todavía no está terminada. La idea era quedarme acá con mis padres cuando pasó todo esto, en Malvín viví hasta diciembre del año pasado y a partir de diciembre nos mudamos para acá. La idea es cuanto antes, ahora que ya terminó la parte brava, mudarme con mi novia para el fondo porque estamos acá metidos.

¿Tenés muchas ganas de volver a jugar?

Estoy deseando volver, estoy ansioso, trato de no pensar pero no puedo. Estoy acostado y pienso en cómo va a ser la vuelta al entrenamiento y la vuelta a estar con mis compañeros. Son muchos años de tener una rutina, todos los días ir a entrenar desde que tengo 14 años.

¿Este fue el tiempo que más paraste en el fútbol?

Sí. Nunca estuve lesionado de gravedad, la lesión más grande fue el esguince de rodilla que fue un mes, y no es que no podés hacer nada durante un esguince, a la semana ya podés trotar. Yo hace cuatro meses que no hago nada, nada, nada. Y he ido a Danubio tres o cuatro veces porque por el tema del tratamiento y las defensas que están bajas, no puedo andar regalándome mucho. Cualquier frío que agarre es enfermedad, yo me cuidé muchísimo,  mis padres también entonces no me enfermé, eso hizo que no se detuviera el tratamiento.

Ahora lo que más me está preocupando es el tema del pelo y las cejas…

Bueno, pero el pelo te crece enseguida…

- Ariosa lo fue a visitar y tenía unos rulos bárbaros, dice su padre desde el sillón.

-¡Pero que no me crezcan rulos!, agrega Marcelo riéndose.

Alejandra, la mamá de Marcelo, habla por primera vez desde que llegué: La actitud de él siempre ha sido de mirar hacia adelante y de encarar lo que viniera, si bien no la pasó bien ninguno la pasó bien, siempre estuvimos con esa mentalidad y pensando en el día a día, en no planificar tan a largo plazo porque no sabés. Estamos sumamente orgullosos porque le metió terrible actitud.

Tus compañeros de Danubio enseguida salieron a apoyarte, incluso los hinchas y mucha gente que tal vez no te conocía tanto, empatizó contigo enseguida…

El Tuna Fornaroli siempre me dice que uno cosecha lo que siembra. Eso me deja tranquilo. Hay gente que no me conoce, pero los que me conocen y que más han estado, me demuestran que uno hizo las cosas bien. Tuve un apoyo que fue demasiado. Cuando mis compañeros se pelaron, no hubo uno que dijera que no. El único que no se peló fue Renzo Pozzi porque se casaba y los compañeros le dijeron que no lo hiciera. Pero él me llamó y me dijo: mirá que me pelo y yo le dije que no. Eso me tiene re tranquilo y por eso tengo ganas de volver. Lo de ellos fue importantísimo porque uno vive día a día con todos ellos, tengo amigos que son hermanos de la vida. Al Tito Formiliano lo conozco desde que tenemos 14 años, somos más que amigos, soy el único jugador de Danubio que fue a su casa en Salto, conozco a sus padres y a su familia, y él ha venido incontables veces a casa.

Por eso quiero volver cuanto antes. La otra vez me llamó Jadson Viera y le dije: yo no quiero volver a entrenar, quiero volver a ir, quiero levantarme y salir, quiero ir al complejo, quiero estar ahí todos los días, volver a lo de antes. El tema del entrenamiento seguramente lleve un poco más de días, pero estoy pensando en volver a ir todos los días y en sentirme de nuevo parte del vestuario. Va a estar bueno. No quiero pensar mucho en eso, pero te ponés a hablar y es peor. Siempre dicen que cuando uno  la pasa mal el tiempo pasa más lento, y cuando uno disfruta pasa volando. A mí esto me pasó volando pero no la pasé tan bien. Ahora espero que pase todo rápido para volver a la normalidad.

Pasó una hora desde que llegué a la casa de la familia Tabárez, apago el grabador, agarro mis cosas y me levanto. Pero la verdad es que no me quiero ir de ahí. Afuera llueve y hace frío, adentro la luz es tenue, la película de HBO sigue en la tele y la estufa no tiene descanso.

¿No querés tomar un café o algo antes de irte?, me pregunta el papá de Marcelo...

 

Egidio Arévalo Ríos

Son las 11:00 de la mañana de un miércoles y en las afueras del Complejo de la AUF hay una fila de autos, bien prolijos uno detrás del otro, ocupando más o menos dos cuadras. Son autos de periodistas que esperan al término del entrenamiento de la selección para poder entrar y hacer su trabajo. […]

Son las 11:00 de la mañana de un miércoles y en las afueras del Complejo de la AUF hay una fila de autos, bien prolijos uno detrás del otro, ocupando más o menos dos cuadras. Son autos de periodistas que esperan al término del entrenamiento de la selección para poder entrar y hacer su trabajo.

Pasa menos de media hora y se levanta la barrera, entramos todos, estacionamos y vamos a la sala de prensa. Hablan Fernando Muslera, Mathías Corujo y Álvaro González, uno a la vez. Se termina la conferencia y la sala queda vacía, algunos periodistas se van y otros quedan dando vueltas por ahí, trabajando, tomando café o comiendo galletitas.

Arriba de una de las sillas en las que se sientan los jugadores cuando hablan para la prensa, quedó un celular tirado. Es un iphone viejo, medio hecho paté, con un case negro y rojo marca Puma. Me lo guardo en el bolsillo intuyendo que ya va a llegar alguien a pedirlo. Pasan unos diez minutos y llega Matías Faral, pregunta por el celular, se lo devuelvo. Era del Tata González.


Edigio Arévalo Ríos está recién bañado, perfumado, con una pulsera de brillantes y un anillo grueso dorado en la mano derecha, y un reloj acompañado de una cinta roja con nudos en la izquierda.

Tiene pinta de estar tranquilo, responde mensajes en el celular y casi ni me mira, pero sonríe. Nos vamos de la sala de prensa y nos sentamos en el hall de entrada al complejo, en un sillón pequeño, apoyamos nuestros artefactos en una mesita de vidrio y empezamos.

IMG_1581Infancia y fútbol

Nací el primero de enero del 82 en Paysandú. Viví hasta los 15 ó 16 años ahí, después me vine a la selección juvenil. Regresé nuevamente a Paysandú y a los 18 años me vine definitivamente a la capital. En Paysandú vivía con mis hermanos y mis padres…

El Cacha desvía la mirada, hacia arriba a la izquierda, y se ríe. Me doy vuelta por instinto y está parado sonriente el Pato Sánchez. Parado ahí, como un niño cuando le hace gestos o cuernitos a otro niño, a escondidas. Se ríen los dos y el Pato se va. Seguimos.

¿Vivías con tus hermanos?

Sí. Somos cuatro varones y dos mujeres: Leonardo, Carlos, Jorge, yo, Andrea, Vanesa y Milton.

(Ana Laura Lissardy cuenta en su libro “Vamos que vamos”, que el hermano mayor del Cacha falleció mientras él estaba en otro país, lo llamaron y le dieron la triste noticia).

De chico trabajabas con tu padre...

Sí. El estudio no me gustaba, no agarré para el estudio. Salí de la primaria y empecé a trabajar con mi padre, lo ayudaba, él era albañil. Pero dejé de lado todo eso cuando me hice profesional en el fútbol.

¿Cómo empezaste a jugar al fútbol?

Al principio lo hacía como una diversión, me quedaba la cancha cerca para ir a entrenar. Después en cada partido me empezó a gustar mucho, seguí enfocándome en eso pero nunca pensé que iba a llegar hasta esta altura. Jugué en Bella Vista de Paysandú. Después estuve en la selección juvenil y en un campamento de Peñarol también a los 14 años. Después estuve con la selección sub-17…

¿Y ahí fue que quedaste afuera?

Sí fue en el Sudamericano Sub-17, se iban a Francia. Estuve haciendo toda la pretemporada y varios amistosos. En el momento de dar la lista definitiva, el día del viaje me dicen que no voy a ir. Fue un golpe duro porque había hecho todo lo posible para estar y que el mismo día te saquen es complicado.

¿Cómo reaccionaste?

No quería saber más nada. Termina el sudamericano y me vuelven a llamar, yo no respondía, me hacía el loco, no atendía el teléfono, no quería saber nada. Fueron con la Sub-20 a hacer un amistoso a Paysandú, me encontré con Víctor Púa en el hotel y me convenció de nuevo.

Y te viniste para Montevideo...

Sí. Estuve cuatro años en Bella Vista de Montevideo. Fueron cuatro años muy buenos, fue lo mejor, me trataron muy bien. En ese momento el presidente era Sebastián Bauzá. Estaban los mejores: Manolo (Keosseian), Luis González… pasaron un montón de técnicos.

IMG_1576Y de ahí a Peñarol...

Sí. Después sale la posibilidad de ir a Peñarol. Fue una alegría.

 Peñarol y la ida al exterior

Hay un rumor por ahí que dice que de chiquito eras de Nacional ¿puede ser?

Todo el mundo me dice, me joden, me dicen que tengo fotos con la camiseta pero la verdad que no. Incluso me dolió cuando estuve tres o cuatro meses entrenando con Peñarol, tuvieron la opción de comprarme y me dijeron que no. Me dolió pero después tuve la oportunidad, pasé a Peñarol, estuve un año, perdimos la final con Danubio y de ahí me voy a Monterrey de México.

¿Te fuiste solo?

Sí. Me fui solo, tenía 21 años.

¿Cómo fue?

Para mí fue un cambio tremendo. Venir del interior de Uruguay y llegar a la capital ya no es fácil y después pasar a una gran ciudad… Fue un cambio radical muy grande pero me adapté, disfruté cada momento, tuve un año muy bueno, estuve en la mayoría de los partidos. Tuve la mala suerte de perder una final pero bueno. Después tuve un parate grande…

¿Por qué?

No sé, por decisión del cuerpo técnico. Uno tiene que acatar la orden y seguir preparándose.

¿Te desesperó eso?

Sí, cuando pasan los días y los meses y no te llaman uno se desespera pero uno está entrenando. Tenía amigos en México que me apoyaron bastante.

Después te viniste a Danubio...

Sí. Tuve un pasaje por Danubio. Me vine, estuve cuatro meses.

¿En ese transcurso fue que te llamaron de Nacional?

Sí, me llamaron de Nacional.

IMG_1575¿Quién te llamó?

Me llamó mi representante de ese momento y me dice: “tenés la posibilidad de ir a Nacional”.

¿Lo pensaste?

No. Dije que no enseguida, porque no me llamaba la atención y no quería. Opté por ir a Danubio.

¿Y Peñarol?

Peñarol se había acercado pero las cifras no eran nada que ver. Estuve cuatro meses en Danubio y cuando llegamos a la final me surgió la oportunidad de irme a México de nuevo, a San Luis, a una ciudad totalmente diferente. No conocía a nadie, fui haciendo amistades de a poco, tuve meses muy buenos, no jugué tanto en el campeonato local pero sí en la Libertadores.

Pero después de San Luis estuve siete meses parado, fue una desesperación tremenda.

¿Por qué?

Rescindí contrato con el equipo que estaba porque no jugaba mucho y el tema salarial era distinto a lo acordado.

Siete meses parado y se venía el Mundial, ¿qué hiciste durante esos siete meses?

Estuve en la casa de mi suegra, me estuvo bancando, se portaron fenómeno conmigo. Hacía mucho fútbol cinco, fútbol siete, fútbol 11 todos los días para mantenerme. Eran las diez u once de la noche, mis amigos me llamaban y yo iba.

Pero en 2010 volviste a Peñarol, ¿quién te llamó?

Mirá, me llama mi representante y me plantea que está la posibilidad de ir a Argentina a Tucumán y me dice que lo piense. A la media hora estaba en el supermercado con mi señora y me suena el teléfono, era un número de Uruguay.

Atiendo y era Diego Aguirre que me dice: “mirá que voy a agarrar Peñarol y quiero que vengas”. Y le dije a mi señora: “me voy a Peñarol”, ella me dice: “¿estás seguro? Pensalo”. Y yo le digo: “no no, nos vamos para Peñarol”.

Viajo a los dos días, en ese momento estaba Osvaldo Giménez, me recibió, me hicieron las pruebas y me integraron al plantel. Me recibieron espectacular.

IMG_1597Y saliste campeón...

La verdad que fue el mejor semestre. Íbamos diez puntos abajo en la Anual, el Apertura lo había ganado Nacional. La gente me decía: “¿cómo vas a ir a Peñarol? Estás loco”. Pero me la jugué igual porque sabía que se venía un Mundial y tenía la chance de jugar. Ganamos el campeonato de punta a punta, llenamos el estadio todos los partidos, alcanzamos a Nacional y lo pasamos.

La selección

Entonces te llama el Maestro Tabárez

Ahí tuve nuevamente la convocatoria a la selección y la chance de pelear un puesto (en el año 2007 el Cacha renunció a la convocatoria para la Copa América 2007, para poder concretar su traspaso al Monterrey).

Uno al principio pensaba: si estoy en la lista me quedo tranquilo, con que juegue unos minutos está bien.

¿Cómo fue el momento en que te enterás que quedaste adentro?

El día que dieron la lista definitiva en el complejo estábamos encerrados en la sala de prensa, tenía unos nervios tremendos y cada vez que el Maestro llegaba al número 10 se cortaba la luz. Empezaba de nuevo y volvía a cortarse la luz. Hasta que dio la lista definitiva, fue increíble. Cuando salgo llamo a mi señora y le digo: “quedé en la lista”.

¿Cómo te sentiste?

Fue una alegría tremenda, no me lo esperaba, era el único jugador local, pensé que no me iban a llevar. La última práctica estaba lloviendo, el Maestro me saca para jugar con los titulares y desde ahí no paré más. Jugué todo el Mundial, no salí nunca, se vino Confederaciones, Juegos Olímpicos (el Cacha fue uno de los tres mayores que participó, junto a Suárez y Cavani), Copa América y desde ahí no he parado.

¿Y por qué pensás que no has parado? ¿Qué tenés que te siguen eligiendo?

Creo que porque me fue muy bien, en Peñarol me fue espectacular, tenía muchas ganas de jugar, fue el mejor momento de mi vida, con Diego (Aguirre) hicimos las cosas muy bien, salimos campeones y eso creo que marcó todo. Eso llenó las expectativas del Maestro y me llamó nuevamente.

¿Y eso te emociona? Uno a veces de afuera te ve tan serio…

Soy así, soy tranquilo pero cuando entro en confianza bromeo con todo el mundo, soy el más rompe huevos. El profe siempre me tiene que hacer callar. Soy el mayor y el más rompe huevos. Disfruto lo que hago, esto no sabés hasta dónde va a llegar. Son diez o quince años y yo ya llevo 17.

¿Cómo es la relación con el resto de los jugadores?

La relación con los muchachos es espectacular, cada vez que nos juntamos es como encontrarte con tu familia. A veces cuando estamos afuera también, con uno o con otro tenés contacto. Con Palito (Álvaro Pereira) somos compañeros de habitación, nuestras mujeres se llevan bien. Con los más jóvenes también hablamos.

IMG_1525¿Cómo vivís el recambio de jugadores?

Fue raro, sobre todo para la gente. El país cambió después del Mundial de Sudáfrica, todas las personas cambiaron, tanto los mayores como los niños. Pero a medida que van pasando los años el jugador ya no tiene tanta participación en el equipo, eso te va desgastando, aparecen las lesiones y quedás al margen de los partidos.

El cuerpo técnico tiene que decidir a quién traer y a quién no, tienen que ver todos los partidos. Cuando llegó la etapa de recambio estaban todos sorprendidos, no pensaban que iba a haber tantos recambios, no estaba Diego (Forlán), Lugano no estaba jugando, incluso (el Ruso) Pérez tampoco.

Era rarísimo porque hicimos como una especie de mancuerna, una unión impresionante. Pero hoy en día tenés que disfrutar del momento porque se termina. Por eso intento disfrutar cada momento y divertirme en cada entrenamiento.

¿Qué te parece lo que escribió el Mota Gargano?

Fue un momento durísimo, a todos nos pasaría lo mismo, todos queremos estar en la selección y más después de haber estado en los Mundiales. Él es una gran persona, un gran jugador y lo respeto.

En un momento de calentura uno no sabe lo que puede decir, pero espero que reflexione y piense qué hizo bien y qué hizo mal. Acá todos hacemos cosas malas y buenas. Pero hay que prepararse porque siempre está la posibilidad de que te llamen de nuevo.

Bueno y ahora estás concentrado en la selección...

Sí. Ahora me enfoqué en la selección, jugué Libertadores con mi equipo actual en México, tuvimos un año excepcional. Jugué todos los partidos. Ahora hay que cambiar el chip, hay que pensar en la selección y en hacer las cosas mejor que en la Copa América anterior. Es un plantel nuevo y joven y hay que explicarles cómo se preparan para una Copa América.

¿Lo hablás con los más jóvenes?

Sí, siempre hablo con todos. Los muchachos jóvenes aportan mucho para eso.

¿Y sos como Forlán o el Cebolla que dicen que se vienen a terminar la carrera en Peñarol?

No pienso todavía en el retiro, pero la idea es volver a Peñarol, eso siempre lo he dicho. Tengo amigos de la barra, nos juntamos de vez en cuando y hablo con ellos. Mi idea es hacer mi último semestre en Peñarol, pero me falta todavía. Soy el más viejo pero todavía estoy bien, me siento muy bien y muy cómodo, con mucha fuerza.

¿Y te vas a quedar en Uruguay después o te volvés a México?

Me quedo en México. En la parte de crecimiento creo que tenés más posibilidades allá que acá, la familia de mi señora es toda de ahí. Mis hermanos y mis padres van a visitarnos y a conocer la casa que nos van a entregar dentro de poco.

Su esposa Karla

¿Estás casado?

Estoy casado hace siete años con Karla.

(Karla es mexicana y ahora el Cacha también. Consiguió la ciudadanía el año pasado, tiene la carta del país y el pasaporte)

¿Cómo la conociste?

La conocí en Monterrey, la primera vez que me fui de Peñarol a México. La conocí por intermedio de un amigo. Le pedí a mi amigo para hacer un asado, yo estaba solo y le pedí que invitara amigas para comer y tomar algo tranquilos. En un momento saqué una hoja y les dije a todas: me anotan el teléfono que después las llamo.

¿En serio?

Sí, en serio.

(Frenamos un minuto para romper a carcajadas, nos recomponemos y seguimos).

IMG_1556¿Y todas te anotaron sus números?

Sí, todas me anotaron sus teléfonos, pero empecé a llamarla solamente a ella, empezamos a escribirnos, salíamos a comer y al cine. Desde ese momento nos volvimos muy unidos. Es una gran mujer, me cuida mucho. Es muy celosa y sabe cómo es esto del fútbol, lo ha vivido aquí en Uruguay también, sabe cómo es la gente. Cuando se me arriman ella misma saca las fotos, no tiene problemas. Andamos juntos para todos lados.

¿Tienen hijos?

No, pero estamos en eso, porque nunca estamos en un país. Después de salir campeón con Peñarol me fui a Brasil, después a México, después a Italia, luego a Chicago y de nuevo a México. Espero quedarme ahí, tengo un buen contrato y estoy a gusto.

La gente me ha recibido muy bien y con mucho cariño. Esperemos quedarnos ahí, pero nunca se sabe lo que puede pasar. Después de tantos viajes e idas y venidas, uno se quiere quedar quieto para tener hijos.

IMG_1574¿Pero además tenés hijos de otro matrimonio?

Sí, anteriormente.

 

El futuro

Ahora pienso en la Copa América, después viajo a jugar contra Inter de Porto Alegre la Libertadores y luego vuelvo a México. Después empieza el campeonato local y no paro hasta diciembre. Y en enero empieza el campeonato de vuelta y hay que hacer pretemporada. Así que no sé cuándo paro.


 

Leí una anécdota que retrata cómo fue la primera vez que el Cacha tuvo que ir al Complejo de la AUF a entrenar, le pregunto al respecto y me cuenta:

Fue la primera vez, tenía que ir para el estadio y de ahí al complejo. Yo estaba esperando el ómnibus y justo había gente de un canal de televisión haciendo un seguimiento. Pasaba el 185 repleto y no paraba nunca, me lo tomaba cerca del Devoto de Suárez.

Yo estaba muy nervioso porque se acercaba la hora y se me iba el ómnibus, entonces la gente del canal me llevó hasta el estadio y pude llegar a tiempo. Eso quedó para la historia. Fue un momento de nervios. Menos mal que me llevaron.

 


 

por: Carla Urruti Gull
@carlaUG

Mariana Mota

La cafetería Oro del Rhin de la Plaza Libertad está llena de gente. Son las tres de la tarde y se siente chocar la cerámica de las tazas contra los platos. Por la puerta veo entrar a la jueza Mariana Mota, con su cuerpo flaco y un andar tranquilo. Nos saludamos y se sienta en […]

La cafetería Oro del Rhin de la Plaza Libertad está llena de gente. Son las tres de la tarde y se siente chocar la cerámica de las tazas contra los platos. Por la puerta veo entrar a la jueza Mariana Mota, con su cuerpo flaco y un andar tranquilo. Nos saludamos y se sienta en la mesa. Pide un cortado y yo un descafeinado. Prendo el grabador. Lo apago recién a los 50 minutos.

Su infancia, la pérdida de su padre y la elección del Derecho

Mariana Mota nació en Colonia, vivió sus primeros años en Montevideo y luego se fue a Paysandú. Creció con sus padres y sus dos hermanos mayores y cursó la escuela y el liceo públicos allá en Paysandú.

Me vine (a Montevideo) a los 18 años a estudiar en facultad y después de terminar la carrera me fui a Paysandú un año, después entré a trabajar en el Poder Judicial.

Su mamá era profesora de dibujo y su papá trabajaba en el campo. Cuando Mariana entró a la facultad, su papá falleció de cáncer.

Era la etapa cuando uno deja de ser oposicionista de los padres y empieza a tener diálogo. Empecé a tener ese vínculo de adultos y la verdad es que lo sentí, lo sentimos todos. Se siente un bache en la vida.

Mi mamá quedó sola porque tengo un hermano mayor que es agrónomo y otro que es ingeniero en computación. Cada uno estudiaba y bueno… fue un poco duro, pero la vida te endurece para muchas cosas.

¿Por qué elegiste la Facultad de Derecho?

Siempre en el liceo me decían que era la defensora de pleitos perdidos, salía siempre a reclamar lo que le pasaba a otro, a ver por qué pasaba y a enojarme con las injusticias. Después en facultad me empezó a gustar más, no tanto defender, sino ver qué fue lo que pasó, investigar, saber la verdad concretamente. No tanto defender una posición sino ver cómo fueron los hechos y ver quién tiene razón. Entonces me marcó mucho más la posición de juez.

Había cosas que sabía que no me gustaban. Por ejemplo, el derecho comercial. Incluso trabajé antes de recibirme en un estudio jurídico y después tenía posibilidades de quedarme trabajando ahí pero no me gustaba la opción de trabajar ahí. Eso no me interesaba. Después me empezó a gustar mucho más el derecho penal.

¿Eras estudiosa? ¿Te recibiste rápido?

Me gustaba mucho el gremio, intervenir en las asambleas y me fui haciendo un poco de cada cosa. No era una come libros, estudiaba pero también me gustaba trabajar en temas gremiales. Entonces, no lo hice en el tiempo récord que pauta la facultad.

_MG_4122Su contacto con las causas de derechos humanos y la sentencia de Bordaberry

¿Cómo empezaste a trabajar en causas de dictadura?

Cuando me trasladan a Montevideo yo estaba en Ciudad de la Costa y entro a un juzgado donde ya había causas de derechos humanos. La única que estaba activa era en la que se estaba enjuiciando a Bordaberry. Después había otras pero que estaban paralizadas.

Yo continúo la causa de Bordaberry, llego a la sentencia, ahí hay una calificación de delitos de lesa humanidad, yo lo considero como delito de lesa humanidad y califico como desaparición forzada, y eso se ve que abre determinada ventana a otras personas para empezar a movilizar otras causas.

Se termina ese caso de Bordaberry con sentencia de condena y reactivo las otras causas que estaban paradas.

¿Cómo viviste internamente ese proceso?

Fue un proceso interno complicadito. Más allá de que como juez tenés claro que todos somos justiciables, o sea, todos podemos pasar por un juzgado por ‘x’ razón. Hay determinados personajes que te impactan un poco más por cualquier razón. A veces por una notoriedad inmediata anterior, o puede ser por cercanía o por otro tipo de notoriedad.

En este caso, la figura de Bordaberry como expresidente pesaba. Uno lo piensa y dice: toda la relevancia que tuvo en determinada época de la historia del Uruguay y que estuviera en mis manos tener que resolver sobre su destino, más allá de que había sido procesado, es una procesión que tenés que hacer. Y la hacés pero te lleva un tiempito. Hasta que llegás a decir que es un justiciable como cualquier  otro.

¿Consultabas con otros colegas o les pedías opinión?

El trabajo del juez es muy solitario. A veces podés intercambiar alguna idea jurídica con algún colega pero en mi caso se da bien poco. No es porque no quiera sino porque a veces no se dan las circunstancias. En este caso era difícil porque no había otro caso igual. Es muy solitario, realmente no tenés manera de intercambiar con nadie.

¿Cómo fue el momento en que llegaste a la sentencia?

El fallo lo viví como una conclusión lógica de todo un razonamiento que había hecho, como es en definitiva una sentencia. Pero también con el interés de decir: veamos qué ha pasado en otros aspectos.

Fue el ingreso a un mundo de todas otras causas que también estaban paradas. Era simplemente tomarlos y continuarlos. Algunos estaban paralizados por la Ley de Caducidad, se removió ese obstáculo declarando la inconstitucionalidad y eso permitió abrir una cantidad de causas. Y continuar con esa investigación que se inició con la sentencia de Bordaberry.

El caso de Bordaberry te obligaba a ponerte en un contexto histórico que era muy pesado. Yo, si bien viví en época de dictadura, cuando se disolvieron las cámaras en el 73’ yo estaba en tercero de escuela y no tenía la conciencia para entender lo que había pasado.

Tuve que leer historia y ver cómo era el contexto. Pero a partir de que conocés los hechos, el análisis jurídico discurre de otra manera. No es que se condicione pero se entiende cómo ocurrieron los hechos.

_MG_4132Las trabas a las investigaciones y el traslado del ámbito penal al civil

¿Eras consciente de que estabas haciendo visible un tema que fue hecho a un lado durante muchos años?

Viéndolo con distancia creo que toda esta movilización de abrir causas, de poner en público lo que estaba pasando en el juzgado hizo justamente eso: visibilizar una parte. Falta visibilizar muchas cosas más.

Se ha visibilizado todo el tema de desaparecidos, el tema de la tortura y de los asesinados. Pero falta todo el otro aspecto que ha sido cómo afectó la dictadura al resto de la sociedad: a los destituidos, a los exiliados, a los perseguidos políticos y todo eso sigue invisibilizado.

¿Por qué creés que sigue invisibilizado?

Porque no se habla, justamente. Cuando se plantean las situaciones a través de un juicio eso hace que se hable de ese caso. Porque se cita a una persona, tiene que buscarse a otro. Estas causas llevaron a  mucha exposición por eso.

En la medida que eso no se investiga, no se habla. Porque los protagonistas no lo dicen. Los protagonistas que son las víctimas. Es muy complicado para las víctimas revivir todo lo que les pasó. Entonces queda todo un poco en el interior de cada uno.

Y más allá del ámbito de la víctima que es muy íntimo, también hay una cuestión que hace a toda la sociedad que tiene que saber. Porque no fueron casos aislados, fueron muchos casos, a tal punto que afectó a toda la sociedad. Es importante que la sociedad sepa qué le pasó a sí misma.

Que las generaciones nuevas sepan qué le ocurrió a la sociedad en determinada época, donde todo quedó muy alterado y donde todas esas cosas ocurrieron fuera de regla. Porque también se explican las conductas posteriores a través de entender qué es lo que pasó antes.

Está entre lo que no se dice y lo que dice la historia oficial. Se da una determinada versión y cuando a esa versión le faltan pedazos o se dice maquillada, eso no es lo que realmente pasó. Entonces está bueno que las propias personas lo digan. A veces a través de un juicio, porque es una forma de investigar cómo fueron los hechos.

Por ejemplo, los familiares de presos muertos en dictadura -por lo menos de todos los casos que yo tenía- al 90% se les entregaba el cuerpo con prohibición de abrir el ataúd y con un certificado médico que decía que se murió de determinada causa natural. Entonces, esa familia quedaba con esa versión y sin poder investigar.

Y la única manera de poder empezar a investigar fue tantos años después. Entonces, tienen una historia. No van a revivir a la persona y a veces no se puede llegar a castigar al o a los responsables porque se murieron, pero en definitiva tienen una historia, saben lo que ocurrió. Y eso, para lo que es su duelo y para poder hacer su reparación interna, es muy importante.

En el caso de los destituidos, por ejemplo lo que pasó en la enseñanza o en tantos organismos públicos de personas que fueron destituidas y recién después de la dictadura pudieron volver a trabajar en lo que se habían formado. Esa persona ha sido vulnerada gravemente en todo su derecho al trabajo. Entonces no alcanza con decir: te voy a reparar.

El Estado debería reconocerle su realidad de víctima, no en una forma genérica, devolviéndole esa historia, explicando qué fue lo que pasó. Porque un reconocimiento genérico no te reivindica como víctima. Y no es una cuestión de estar hurgando en la herida, ni de venganza, simplemente el derecho a saber qué le ocurrió.

Entonces es como que vos empezás a armar tu vida de nuevo. Porque están siempre con esa tranca. Yo llegué a conocer a muchos denunciantes y víctimas y es tremendo después de tantos años no poder hacer el proceso de duelo, de su propio trauma. Fue algo realmente gravísimo lo que les sucedió.

Incluso, para esos familiares te convertiste en una especie de embanderada de la causa

Yo lo sentí siempre como mi obligación, como representante del Poder Judicial, dar justicia si se puede decir justicia porque después de tantos años no es justicia sino un acercamiento a algo, porque hubo una denegación de justicia por muchísimo tiempo. Pero trataba de cumplir con mi rol.

¿Cuál era ese rol?

Mi rol era: hay una vulneración de derecho, nunca se investigó, nunca se establecieron responsables y nunca se le dijo a la víctima qué fue lo que pasó. Eso era lo que tenía que hacer y lo hice como pude. Sé que hubo mucha oposición.

¿Por qué?

Porque hay heridas abiertas en la sociedad. Uno se da cuenta cuando empieza a hablar de dictadura en ámbitos políticos, se reviven montones de discusiones como el primer día. Creo que no ha habido un diálogo franco y sincero de todos para decir: bueno más allá de quién es responsable, hay que mirar por las víctimas y por los propios ciudadanos. Todavía hay otros intereses en juego.

¿Qué otros intereses puede haber?     

Siempre hay otros intereses, siempre. Eso yo lo he visto con muchos casos. A veces el poder no mira sobre los derechos de las personas, simplemente es el poder. No quiero particularizar ese poder, porque proviene de diferentes lados. Eso fue lo que primó, es lamentable pero es así.

La entrevista se interrumpe. Una señora se acerca y saluda con un beso y un abrazo a la jueza, que responde con igual cariño. Intercambian algunas preguntas sobre sus familias y se despiden con el mismo ímpetu cariñoso. La entrevista continúa.

_MG_4107

¿Te reconoce la gente en la calle? ¿Qué te dicen?

Es muy fuerte. La gente me dice qué horrible lo que pasó. Que debería haber seguido.

 

 

 

 

Incluso un buen grupo de personas fue a protestar el día que juraste tu traslado. Y tiempo después, la fundación Mario Benedetti te hizo un reconocimiento.

Sí, fue muy fuerte. Yo nunca esperé nada porque no lo hacía para esperar nada, simplemente lo hacía porque era mi trabajo. Me emocionó muchísimo desde que tomé juramento, la gente que se juntó en la Corte y que fue impresionante, y todo me parece sorprendente. Se ve que tiene una simbología que capaz que explica qué es lo que necesitaba determinado grupo de personas y cómo interpreta.

Porque hay gente que no sabe lo que hago yo o que está en las antípodas de eso. Pero incluso dicen: si alguien está investigando,  está mal que lo saquen de ese lugar. Entonces me parece que es un concepto de función judicial que interpreta la gente, que tiene que ser de determinada manera y no cómo se desarrolló.

¿En qué estabas trabajando cuando te comunicaron el traslado?

Estaba en varias cosas. Yo tenía un juzgado muy cargado. Además de los que tenía normalmente un juzgado penal, tenía muchísimas causas de derechos humanos en trámite con diferentes grados de progresión. Algunas bien complicadas, otras mucho menos, en fin. También tenía el caso que me había generado mucho conflicto que era el del avión Air Class. Justo coincidió que me tocaron casos muy mediáticos.

¿Cómo te comunicaron el traslado?

Es feo. Estaba yendo al trabajo cuando me llaman por teléfono.

¿Los traslados se comunican por teléfono siempre?

Es feo. Es así siempre. Te llaman por teléfono un día de la Corte y te dicen: mire, le van a hablar de la Corte y ahí vos parás la oreja, decís: uy ¿qué pasó? Y generalmente te dicen: bueno mire, la Corte en reunión, etc., decidió su traslado para tal lado. En tal fecha tiene que jurar y en tantos días se tiene que hacer cargo de la nueva sede.  Y no tenés cómo decir: no.

En este caso, cuando me lo dijeron no terminé de escuchar la conversación. Cuando me dijeron que me habían trasladado me schockeó de tal manera que no supe ni cuándo tenía que venir a jurar ni nada, tuvo que averiguarlo después. Fue muy injusto.

Mariana Mota se quiebra. Se le llenan los ojos con lágrimas que parece estar reteniendo desde que arrancó la entrevista. Llora un segundo, pero se recompone y seguimos.

¿Y después?

Después fue todo un revuelo. Yo ese día llegué al juzgado y seguí trabajando.

¿Esperabas tal manifestación el día de tu juramento?

La verdad que no. Porque si bien estaba en prensa, yo no era la que estaba en prensa, eran los casos. Y la prensa cuando llamaba yo siempre estaba en la duda de decir: ¿informo o no informo? Porque por un lado la gente tiene derecho a informarse, pero por el otro, si decía mucho podía haber lío. Entonces daba la información mínima pero siempre generaba lío.

¿Entonces por qué pensás que se generó ese revuelo?

Cuando estuve en causas fui a cuatro establecimientos militares, lugares donde murieron, torturaron personas o desaparecieron. Además, iba con las víctimas porque me parecía que tienen el derecho a ver dónde murió su pariente, o dónde fue que desapareció o por lo menos el último lugar donde estuvo preso. Eso era muy removedor pero me parecía que era parte de la reparación.

Estos casos te abren toda una forma diferente de trabajar. Tenés que tener una empatía necesaria con la víctima, asistirla porque no había asistentes psicológicos para ayudar a la víctima y eran situaciones emotivamente muy fuertes. En otros lados hay gente que apoya a las víctimas y acá no teníamos nada. Lo único que podía hacer yo era estar presente en su declaración, tomarle su declaración y darle el tiempo necesario para que dijera lo que podía decir dentro de todo ese dolor.

Entonces había que reformatearse para abordar esas causas. Pensar en cómo tomarles declaración, en cómo citarlos. Porque citar con la Policía a una persona que el contacto que tiene con la autoridad significa evocar un recuerdo muy traumático, entonces era: citémosla por otro abogado, por testigos. Uno tenía que buscar la manera de no acrecentar una situación de dolor, además de obtener la información necesaria para seguir investigando.

La ida a los centros de detención se inscribía dentro de eso, corroborar que lo que decían era realmente así pero además ir a un lugar donde fueron víctimas pero ya no como víctimas sino como denunciantes, es una forma de reparación de esa gente. Y todo eso se iba haciendo al andar, pero tratando de no vulnerar a nadie y tratando de cumplir con las normas.

Hubo un caso muy sonado, cuando no te dejaron sacar fotos en el Batallón 13, ¿qué pasó?

Eso fue un desacato evidente. Porque yo estaba con la Policía Técnica que tiene su uniforme que dice: Policía Técnica. Yo decía: bueno a ver, ellos me asisten a mí y siempre cuando vas a un lugar a hacer una inspección ocular te valés de la Policía Técnica que recaba fotográficamente cada lugar. Lo había venido haciendo en otros lados y ahí no tenía sentido que se negaran. Se alegó que había material sensible. Igual fuimos, entramos y no pudimos sacar fotos y dije: vuelvo. Y volví, por supuesto. Pero fue un desacato evidente.

_MG_4141También tuviste dificultades con el Ministerio de Defensa al investigar la caída del avión Air Class, incluso intimaste con prisión a Fernández Huidobro

Eso fue un problema. El ministro no quería colaborar en el seguimiento de los restos del avión y de hecho no siguieron sacando restos. A nivel internacional no se hacen así las investigaciones de accidentes aéreos, pero bueno, es muy complicado.

¿Pero cuál podría ser el interés del ministro para trabar esa investigación?

No sé, el interés lo sabrá él. Nunca me lo verbalizó. Pero creo que hay un desconocimiento muy grande de cuál es la función judicial. Yo no estaba investigando simplemente la caída de un avión, estaba investigando cómo murieron dos personas en ese avión, dos personas que desaparecieron porque los cuerpos nunca más se recuperaron.

Y saber las causas de cómo mueren dos personas en un accidente es una tarea del Poder Judicial. De hecho así fue denunciado. Además, había todo un entorno muy particular de los antecedentes de ese avión, de las reparaciones y del funcionamiento bastante deficitario que tenía la empresa en cuanto al mantenimiento, etc., etc. Y eso era tarea del Poder Judicial.

El Ministerio en su momento entendió que era información reservada. Y bueno, es reservada obviamente para el público mientras se está investigando, pero no para el Poder Judicial. En este caso yo le estaba pidiendo al Ministerio de Defensa que colaborara.

¿Un Ministerio puede pasar por encima del Poder Judicial y que no suceda nada?

Bueno… (Mariana Mota rompe en risas, me da un poco de vergüenza, mi pregunta parece ser bastante ingenua) Eso habría que preguntarle a la Corte. Yo comuniqué a la Corte esta situación porque me parecía que si hay un desacato el juez tiene que denunciarlo, y como era un jerarca del Ministerio lo denuncié a la Corte.

¿Y la Corte actuó al respecto?

No. La Corte no entendió pertinente actuar. Yo en definitiva, como el ministro no estaba obedeciendo una orden judicial, lo intimé bajo arresto a que cumpliera.

¿Y ahí?

Ahí sobreviene mi traslado.

(Silencio)

Es un tema de que yo tengo que trabajar como creo que tengo que trabajar. Evidentemente no había acuerdo en ese sentido. Pero tampoco se me realizó una investigación administrativa por haber intimado al ministro a que cumpliera.

Entonces el razonamiento es: un juez actúa bajo lo que cree que es correcto, un ministro se molesta y al juez se le quitan los casos y se lo traslada

Es así, ocurre más a menudo de lo que se cree. Lo que pasa es que este caso tuvo mayor visibilidad. Lamentablemente ocurre.

Pero luego entonces puede llegar otro juez y actuar de la misma manera, ¿también va a ser trasladado?

Creo que es un aviso: si los jueces se comportan de esta manera, pasa tal cosa. Un juez puede decir: si hago esto, tal vez tenga este mismo problema, entonces voy a ir por el costado.

El día del traslado, la reacción de la gente y los casos que quedaron por el camino

¿Cómo llegaste al día de tu traslado?

Eran días difíciles. Yo venía de días difíciles, estábamos con el tema de la investigación del avión, días antes un buque pesquero había encontrado la puerta del avión y era importante analizar cómo estaba esa puerta. Había venido Bado que iba a colaborar en la búsqueda, se había logrado que el Ministerio dijera: vamos a trabajar. Entonces tenía la cabeza en eso.

En esos días terminé de resolver cosas y nada más. Sinceramente no tenía ni idea de qué iba a pasar porque toda esa convocatoria no se hizo pública, se hizo por redes. Me acuerdo que otras veces que he venido a jurar, a veces he venido con mi marido, otras veces venía sola. Yo a mi marido le dije: voy yo sola, y él me dijo que era importante que fuera con él y con mis hijos. Mi familia lo había sufrido también.

Porque los conflictos del trabajo uno los lleva a la casa ¿no?

Sí, lo llevás a tu casa y la prensa también te dice cosas. Mi familia había ido por su lado, yo vine antes al juzgado y cuando veo a toda la gente digo: dios ¿qué pasó? Incluso como es algo protocolar primero se hace un ensayo de cómo entrar a la sala, de dónde pararse, etc. Y había otros jueces que iban a jurar conmigo y cuando veo a toda la gente les pido disculpas por afectar sus propios juramentos.

¿Cuál fue tu reacción al ver a toda esa gente protestando por tu traslado?

Fue abrumador porque nunca me lo esperé. Yo sabía que había gente que seguía lo que yo hacía. En el tema de las causas de derechos humanos, había un buen acompañamiento para la investigación. Pero mucho más no.

Y bueno, del otro lado estaban los que pedían que me trasladaran. Militares que todo el tiempo me estaba diciendo cosas horribles y generaban denuncias y yo tenía que contestar. Viví un clima bastante árido por mucho tiempo, pero siempre me pareció que estaba cerrado a ese ámbito.

En realidad en la Corte, más allá de que había mucha gente vinculada a derechos humanos, había gente que no tenía nada que ver. Por eso lo que te decía antes, me parece que la gente leyó una forma de actuar judicial que le pareció que estaba mal que se hubiera decidido un cambio sin ninguna explicación.

Eso en realidad te reconforta, porque después de tanta crítica, decís: tan mal no debo haber estado porque hay un lote de gente que está de acuerdo. Son esas cosas que son pequeñas satisfacciones. La labor judicial además de ser muy solitaria, no es indiferente.

Siempre generás sentimientos respecto a la figura del juez que no son indiferentes, pero cuando te reconocen que lo que hiciste como juez estuvo bien, para mí es la mejor satisfacción que puede pedir uno, no hay otra más que esa, ninguna otra. Ni un ascenso ni nada te paga de la manera, por lo menos afectiva, como el reconocimiento de la gente. A mí la verdad me mató.

_MG_4115¿Qué pasa con los casos que estabas investigando y que tuviste que dejar?

Están muy obstaculizados, muy bombardeados.

¿Bombardeados desde dónde?

Desde la misma oposición que te decía, los mismos obstáculos que yo tenía siguen estando. Capaz que es otra forma de trabajo, yo me preocupaba mucho por tratar de superar esos obstáculos y bueno, cada uno tiene sus formas y no puedo hablar de otros jueces porque no me corresponde, puedo hablar de lo que hice yo y nada más.

¿Cómo es trabajar en el ámbito civil?

Es el día y la noche, no tiene nada que ver. Es un ambiente mucho más frío, más especulativo, absolutamente marcado por el dinero, todas son reclamaciones económicas. Más allá de todo eso, encontrás algún caso que sí tiene una discusión jurídica. Pero hay muchísimos casos que atrás hay sentimientos muy mezquinos, entonces es desalentador ver esos sentimientos o esos intereses.

Son casos que hablan muy mal del ser humano y desvirtúan el concepto de justicia, son cosas bastante feas. Es totalmente diferente, es a mi juicio muy aburrido, muy aburrido. El penal no era que fueran flores ni nada, porque uno veía la miseria humana, la gente que delinque y por qué delinque, la situación de las víctimas.

El derecho está nutrido de las partes más feas del ser humano, es su alimento. En el juzgado civil hay muchos juicios que vos decís: esto no tiene sentido, por qué pleitear cuando podríamos hablar lisa y llanamente. Pero son conceptos demasiado humanistas para trabajarlos en un juzgado.

¿Hay posibilidades de que anulen tu traslado y regreses al ámbito penal?

Eso lo decide la Corte, no lo decido yo. Yo tengo un planteo ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo por el traslado mismo, que está para decir por los ministros del Tribunal desde setiembre de 2013. Yo pido que se anule mi traslado y poder volver a mi trabajo anterior, pero eso lo decide el tribunal.

¿Y cuándo tienen que decidirlo?

Este año se tiene que expedir y eso ya es definitivo en el ámbito interno y me queda la instancia de ir al ámbito internacional.

En caso de que la decisión del Tribunal de lo Contencioso Administrativo no anule tu traslado ¿vas a recurrir al ámbito internacional?

Yo creo que sí porque es importante que se sepa y se discuta. Promovería la discusión de si esta organización de sistema de administración de justicia es adecuada a los tiempos que corren.

Provocaría discutir si la Corte puede tener tanto poder de dirección de tantas cosas o si sería más saludable que la discusión del perfil del juez, quiénes deberían estar en un cargo o el otro, cuáles son las mejores condiciones de un juez para estar en cuál o tal materia, cuándo deberá ascender y cuándo no, que eso estuviera en otra órbita o que lo decidiera otro organismo.

Que no se decidiera todo por el mismo organismo sería lo ideal.


 

Cuando apago el grabador, seguimos conversando un rato más. La jueza asegura que el hecho de ser mujer y no pertenecer a la masonería, también influyó en todos los contratiempos que devinieron en su traslado.

Mariana Mota vive en El Pinar, este marzo cumplió 21 años de casada. Tiene tres hijos: Sara de 19 años, Manuel de 17 y Eugenia de 15. Cuando le pregunto qué hace en su tiempo libre, responde: “no tengo tiempo libre”.

 @carlaug

 

Sebastián Sabini

Si uno baja del ascensor en el primer piso del Palacio Legislativo nuevo y dobla a la izquierda, de inmediato puede ver una cantidad de folletos pegados en el vidrio del despacho 114. Son folletos relacionados con las ideas que se promueven desde el interior de esa oficina. El despacho del diputado Sebastián Sabini parece […]

Si uno baja del ascensor en el primer piso del Palacio Legislativo nuevo y dobla a la izquierda, de inmediato puede ver una cantidad de folletos pegados en el vidrio del despacho 114. Son folletos relacionados con las ideas que se promueven desde el interior de esa oficina.

El despacho del diputado Sebastián Sabini parece el cuarto de un adolescente de esos a los que su madre le impone que lo limpie o se queda sin baile. Hay revistas, libros, diarios, folletos, papeles de todos colores amontonados en cada rincón de la doble oficina de unos 20 metros cuadrados. Hoy ordenamos porque venías vos confiesa Sabini.

El diputado está vestido de manera informal, despeinado y con el semblante tranquilo. A pesar de su amabilidad, da la impresión de que le aburren las entrevistas. La nuestra dura una hora exacta.

Sabini acompaña cada cosa que dice con el movimiento de sus manos (manos blancas, de dedos largos y uñas impecables) y hace el mínimo -pero intenso- contacto visual posible. Está sentado en una silla cómoda y apoya sus gestos en la mesa que nos separa. En la pared que tiene detrás descansa uno de los tantos cuadritos que cuelgan en la oficina, hay una frase de Raúl Sendic con su fotografía.

Hacia un costado se ve un mueble con más libros y pegado otro cuadrito que reza una frase del evangelio de San Mateo “Que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha”. Hay más frases y más cuadros, pero no pude retenerlos a todos y, aunque saqué una cuadernola para anotar esas cosas, me perdí en el reportaje.

Sebastián Sabini nació en Motevideo el 11 de junio de 1981, por lo tanto tiene 32 años recién cumplidos. Su primera mudanza, junto a su familia, fue a una casa en Millán y Castro y cuando cumplió 12 años se fueron a una chacra que queda cerca de la ciudad de Las Piedras en donde vivió casi diez años. Tiene dos hermanos: Andrés, de 34 años, y Piero de 30. Desde muy joven comenzó su militancia política. Primero en el liceo de Las Piedras (el Manuel Rosé) y luego en el Instituto de Profesores Artigas, en donde cursó profesorado de Historia.

La política cobró un espacio fundamental en su vida, tanto que hoy como diputado a pesar de entrar a las nueve de la mañana al Palacio Legislativo pero no saber el horario de salida (a veces a las once de la noche, a veces a las doce, a veces a la una…) disfruta de su trabajo y no lo reprocha. Su novia, compañera desde hace dos años, también tiene un trabajo que le abarca mucho tiempo y por eso lo banca.

La entrevista se centró especialmente en dos temas: educación pública por un lado y consumo de drogas por el otro. Si bien los temas fueron tocados de forma separada, al final se fundieron en lo mismo: educar para ser mejores, educar para prevenir daños.

Educación

Sebastián Sabini confía en la educación pública del país, cita cifras que aseguran que hoy en día los jóvenes están estudiando más, muestra -sin querer- un gran orgullo por haber logrado el boleto estudiantil y me tira abajo cuando le digo que tal vez lo que hace falta es un mayor compromiso docente con la educación pública.

Por lo menos la mitad de las faltas que hay en Secundaria están concentradas solo en el 7% de los docentes, entonces es un error ponerlos a todos en la misma bolsa. Así como creo que Pepe (el presidente José Mujica) se equivocó cuando dijo lo de las cuatro horas, hay muchos docentes que se dedican y que están súper comprometidos.

Además, me explica lo que se está haciendo actualmente y asegura que todo sería mejor si a los que ganan más se les aplicaran mayores impuestos como se hace en el primer mundo, porque lo que hace falta es dinero y de otra forma no se consigue. Sebastián Sabini extraña dar clases porque decidió no seguir trabajando como docente en liceos cuando asumió su rol de diputado en 2009, le resulta incómodo y entiende que afectaría el estado de laicidad obligatorio que requiere el ambiente.

Marihuana

¿Estás conforme con la ley que regula el mercado de la marihuana? Sabini dio algunos rodeos, una introducción muy de político, y finalmente respondió que sí, que está conforme. ¿Y vos fumás marihuana? fue mi siguiente pregunta.

El diputado se exasperó un poco pero apenas se le notó, porque es un joven amable. Siempre me preguntan lo mismo, si me preguntan por Educación nadie quiere saber si me gusta leer o qué libros leo… ¿Y te gusta leer? (mezclo la pregunta para suavizar la situación, mi pregunta sobre si fuma marihuana parece tonta) Sí, me encanta, leo mucho responde.

No veo en su oficina porros amontonados por todos los rincones, pero sí veo libros en cada borde que sirva de estante, por lo que la respuesta a esa pregunta salta a la vista.

Consumir marihuana implica riesgos porque es una droga (...) la enorme mayoría de los usuarios de cannabis no generan un consumo problemático. Pero las experiencias con drogas no son transferibles, la droga genera una simbiosis con la persona y con su contexto. Sí he consumido marihuana desde los 15 ó 16 años, soy un consumidor social y eso no generó un problema en mi vida, ni a nivel de estudio, ni a nivel de la depresión que se dice que genera o de las relaciones familiares.

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Sebastián Sabini, como ya dije, tiene 32 años y diariamente entra y sale del Palacio Legislativo, se rodea de políticos de todos los partidos, con ideas y proyectos diferentes. Intento imaginarme cómo es su relación con la oposición y se lo pregunto.

Hay de todo en la oposición, gente trabajadora y gente que no lo es, legisladores muy responsables y legisladores que no son responsables, hay buena gente y hay mala gente que además de tener políticas equivocadas no son buenas personas.

Cada paso y decisión de Sabini dentro de su trabajo se analiza en conjunto con su grupo político. Por lo tanto, no puede hablar libremente de su futuro parlamentario. ¿Seguirá ocupando una banca?

No lo sé no lo tengo muy pensado, serán las resoluciones que tomemos con mis compañeros del MPP, si entienden que hice una buena tarea o si entienden que no fue suficiente.

Los domingos Sabini juega al fútbol con sus amigos. Sufre y se alegra con Peñarol, intenta ver los partidos por televisión, se cuelga con programas deportivos y cuando puede va al estadio. Si tiene tiempo, los jueves también trata de reunirse con sus amigos por la noche. Y ahora quiere terminar la tesis de la Maestría en Historia Económica que cursó en la Facultad de Ciencias Sociales. No cree que vaya a casarse pero sí quiere tener hijos.

@carlaug