La música que marcó nuestra adolescencia actúa como un mapa emocional de la memoria, según estudio

¿Cómo logra la música esa resistencia al olvido? Parte de la respuesta está en el cerebro.

Escuchar apenas unas notas de alguna canción puede transportarnos a momentos exactos, pero ¿por qué ciertos temas permanecen anclados o aferrados a nuestra biografía? Un estudio internacional encontró que la música de nuestra adolescencia actúa como un mapa emocional de la memoria.

Algunas canciones nos acompañan toda la vida, basta con escuchar unos acordes para saber de qué melodía se trata y, otras veces, suena una canción y nos conectamos cantando sin saber que recordábamos la letra completa.

Para saber cómo es posible que la música se fije en lugares privilegiados de la memoria, investigadores finlandeses realizaron estudios sobre 1.891 personas de 84 países. A través de una serie de preguntas, le pidieron a los participantes que nombraran una canción significativa en sus vidas.

Luego, al cruzar las edades de los participantes con el año de lanzamiento de esos temas, los científicos encontraron un patrón que se repetía: la mayoría de las canciones que personalmente son relevantes aparecen entre los 15 y los 20 años. 

Esa coincidencia global confirma la existencia del llamado “bache de la reminiscencia”: un período en el que la identidad, las emociones y la plasticidad cerebral se combinan para generar recuerdos duraderos y episodios autobiográficos.

¿Cómo logra la música esa resistencia al olvido? Parte de la respuesta está en el cerebro. Escuchar una canción activa al mismo tiempo el hipocampo —donde se almacenan los recuerdos episódicos— y la amígdala, que procesa las emociones. Esa doble vía permite que una melodía reactive no solo la letra o el ritmo, sino todo un escenario emocional: las personas, los lugares y las sensaciones de aquel momento. 

El trabajo también detectó diferencias de género en la manera de codificar la memoria musical: los hombres tienden a asociar sus canciones más significativas con una edad más temprana (alrededor de los 16 años), mientras que las mujeres lo hacen un poco después, entre los 19 y 20 años. 

Para los investigadores, esa brecha podría reflejar los distintos usos que cada grupo da a la música: según la información de los participantes, los hombres la asocian a etapas de independencia y exploración, las mujeres la vinculan con lazos afectivos y experiencias sociales que maduran conforme pasa el tiempo.

Por último, los científicos encontraron dos baches más vinculados a la memoria musical, uno que llamaron “bache de recencia” que aparece en los adultos mayores vinculado a canciones más recientes que acompañan nuevas etapas y otro llamado “bache cascada” que ocurre en los más jóvenes (la muestra era de 16 a 65 años) que ocurre cuando los adolescentes están emocionalmente ligados a música anterior a su nacimiento, probablemente por influencia de sus padres.