La segunda juventud del vinilo y las conquistas de la música más allá del streaming

Es innegable que el mercado de la música hoy está comandado por las plataformas de streaming. Spotify apareció en el 2006 cuando la industria del streaming comenzaba a agarrar fuerza. El año pasado la plataforma cerró con 271 millones de usuarios activos de los cuales 124 millones son suscriptores premium.

En medio de este escenario, hace algunos años que el vinilo está viviendo su segunda juventud. Esta tecnología se convirtió en un culto a la música, la calidad y el consumo lento, menos voraz, un vínculo distinto con la obra.

En Uruguay esta tendencia se empezó a ver hace algunos años cuando surgieron nuevos sellos productores de vinilo. La comunidad es cada vez mayor.

En el primer trimestre de 2020 se vendieron en EE.UU. más vinilos que CDs, algo que no ocurría desde 1986. En Europa el 40% de las ventas físicas del mercado musical son vinilos.

En Uruguay no existen registros por cómo se manejan las distribuidoras, pero una nota publicada en El Observador en 2017 apunta a que son más de 20 mil al año.

Pero las primeras versiones de este formato están en la vuelta desde 1857.

La historia apunta que antes de la revolución industrial del siglo XIX, la memoria colectiva de la humanidad estaba registrada en los libros, la tradición oral, las partituras, los documentos legales y las obras de arte. Pero a lo largo de aquellos años tan tumultuosos, el hombre fue capaz de inventar la fotografía, el registro audiovisual y también el sonido.

El primer mojón de esta historia lo podemos ubicar en 1857 con la invención francesa del fonoautógrafo, el primer dispositivo capaz de registrar sonidos en hojas de papel. El único objetivo que tenía este aparato era poder analizar visualmente las ondas de sonido, pero no escucharlas.

Ese guante lo recogió Thomas Edison que en 1878 creó el famoso fonógrafo, el primer dispositivo capaz, no solo de capturar el sonido, sino también de reproducirlo. Este sistema grababa sonidos a partir de unas ranuras onduladas que eran leídas por una aguja la cual creaba vibraciones a un diafragma que reproducía los sonidos originales.

Hasta ahora, ninguno de estos dispositivos utilizaba discos como los conocemos hoy. Pero entonces llegó el gramófono, un aparato que, impulsado por una manivela, podía leer sonidos registrados en discos de vidrio, zinc y plástico.

Con el paso del tiempo, algunos empresarios vinculados al mundo musical vieron que allí había un enorme potencial industrial. Fue entonces que Enrico Caruso, el cantante de ópera más popular por aquel entonces, grabó el primer vinilo en 1902 bajo técnicas que hoy son etiquetadas como rústicas. La primera grabación era en un disco de cera que luego se pasaba a un disco maestro de cobre desde el cual se tomaban copias en pasta negra. Bajo esta técnica, se estima que Caruso vendió un millón de copias de aquel disco.

El material elegido entonces fue el vinilo porque luego de probar con otras alternativas, como la roca caliza o el carbón, los especialistas encontraron en el vinilo un material ligero, muy resistente y que presentaba bajos niveles de ruido comparado con otros materiales.

Precisamente esa es la razón porque hoy, más de un siglo después de su aparición, el vinilo sigue siendo el elegido de los melómanos. Su calidad de reproducción y fidelidad es incluso mayor que los formatos digitales de consumo masivo.

El formato del vinilo se mantuvo intocable durante décadas hasta que Sony inventó el disco compacto en 1982. El CD fascinó al mundo entero porque permitía reproducir música sin grandes aparatos, pero lo cierto es que nunca pudo desterrar al vinilo como el formato estrella de la música.

 


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