Las pantallas plegables intentan abrirse paso en un mercado saturado

En la década de 1990 y los primeros años de los 2000 los celulares plegables fueron furor. Se convirtieron rápidamente en objetos de lujo y todas las marcas fuerte del momento tenían su propia versión.

Eso llegó a su fin con los teléfonos de teclado QWERTY. Luego así con los teléfonos de pantalla táctil, el teléfono de tapita o plegable pasó al olvido. Hasta que las empresas de tecnología comenzaron a buscar nuevas soluciones.

Las personas cuando cambian sus teléfonos buscan mejores baterías, pantallas, procesadores y cámaras. Las compañías no pueden generar cambios circunstanciales en estas características de un año para el otro, por lo que ya no cambiamos nuestros teléfonos tan rápido como antes.

Ahora las marcas insisten con los teléfonos plegables y pantallas XL. ¿Llegaron para quedarse?

Cuando empezaron a desfilar por eventos y ferias internacionales, los teléfonos plegables llamaron la atención de los fanáticos de la tecnología y algunos curiosos.

Con un aspecto futurista, pero evocando cierta nostalgia, los teléfonos plegables parecía que podrían convertirse en la nueva generación de smartphones.

Los fabricantes justificaron la aparición de estos nuevos dispositivos diciendo que el cambio de paradigma en el consumo de contenidos audiovisuales -es decir que la gente mira más videos o televisión en sus celulares- necesitaba pantallas cada vez más grandes, pero sin dejar de ser dispositivos manejables. En pocas palabras, querían tener la pantalla de una tableta en el tamaño de un teléfono.

Aunque son prototipos novedosos, las pantallas plegables tienen la atención de los tecnólogos y fabricantes desde hace ya un buen tiempo.

Los primeros intentos de alcanzar una pantalla flexible se pueden localizar en 1974. Fue entonces cuando Xerox Park -una de las compañías de investigación e innovación más importantes de Estados Unidos- desarrolló un papel electrónico capaz de enrollarse con el objetivo de eliminar los papeles de las oficinas.

Este fue el puntapié para sucesivos experimentos que incluyeron, por ejemplo, una rústica pantalla que podía enrollarse alrededor de la muñeca.

Luego de probar distintas soluciones, todas sin mayores repercusiones entre el público, apareció la tecnología que lo cambiaría todo: las pantallas OLED.

Este material es más flexible que las pantallas tradicionales, pero enfrentan problemas de durabilidad y resistencia. Un factor en el que las empresas aseguran estar trabajando algunas ya con resultados favorables.

Analistas señalan que aún es demasiado pronto para asegurar si los teléfonos plegables llegaron para quedarse. Los números señalan que el mercado global de pantallas OLED flexibles se duplicó de 2016 a 2017, y ahora supera los dos mil millones de dólares. Analistas de la revista Wired esperan que el mercado de pantallas flexibles se cuadruplique para 2022. Todo dependerá de si logran sortear todas las pruebas que impongan sus usuarios y, por supuesto, si logran abaratar una tecnología que hoy solo puede ser costeada por algunos pocos.


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