De esta nueva investigación, que combina análisis textual de fuentes antiguas con una revisión interdisciplinaria de estudios geológicos, hidroquímicos y microbiológicos, se encuentra que existen al menos dos toxinas naturales capaces de explicar los efectos atribuidos al mítico veneno del Estigia.
Las teorías sobre cómo murió el rey Alejandro Magno se han multiplicado con los años. Desde un asesinato y envenenamiento hasta enfermedades como la malaria, el tifus o una pancreatitis. Un nuevo estudio arroja luz sobre una de las hipótesis.
Un estudio publicado en la revista Geoheritage reabre la hipótesis de que Magno fue envenenado con agua del legendario río Estigia.
Desde la Antigüedad, el Estigia —actualmente río Mavroneri, en Grecia— era temido por dioses y mortales. Se decía que el agua era letal, capaz de corroer metales y hacer caer en coma incluso a las deidades. El relato dice que el agua de este río fue puesta en la copa de Magno y de ahí su muerte.
De esta nueva investigación, que combina análisis textual de fuentes antiguas con una revisión interdisciplinaria de estudios geológicos, hidroquímicos y microbiológicos, se encuentra que existen al menos dos toxinas naturales capaces de explicar los efectos atribuidos al mítico veneno del Estigia.
En primer lugar, la calicheamicina, una toxina bacteriana que prospera en suelos calizos cubiertos de caliche. Es uno de los agentes citotóxicos más potentes conocidos: puede causar daños celulares irreversibles, fallos orgánicos múltiples y muerte, incluso en dosis pequeñas y las condiciones geológicas del Mavroneri podrían ser aptas para su desarrollo, incluso mezclada con alcohol —como el vino que bebía Alejandro— sería indetectable.
El segundo candidato es el ácido oxálico, producido por líquenes negros que crecen sobre la piedra caliza. Este ácido, altamente corrosivo, disuelve metales y materiales orgánicos, y puede provocar síntomas como ardor, parálisis de la lengua, daño hepático y renal, convulsiones y muerte.
Si bien la muerte de Alejandro Magno sigue siendo un misterio, Adrienne Mayor, investigadora principal, explica que leyenda del agua venenosa no solo ganó popularidad por cuestiones simbólicas o míticas, sino también por observaciones empíricas sobre la toxicidad del entorno y aunque todavía no se puede probar una causa definitiva, la geología y la biología podrían ayudar a resolver un enigma de más de 2.000 años.
