El británico Guy Ritchie regresa al cine de gángsters con una película efectiva, sangrienta y divertida, irónica y corrosiva: “Los Caballeros”

La crítica de Carlos Dopico.

Tras dos películas de éxito dispar y críticas a vendavales; “El Rey Arturo” y “Aladdin” la remake, el guionista, y realizador británico Guy Ritchie regresa a sus raíces con una comedia negra en el mundo gángster que vuelve a darle legitimación.

El director de títulos como “Lock, Stock and Two Smoking Barrels” aquel “Juegos, trampas y dos armas humeantes”, “Snatch: Cerdos y Diamantes”, “Revolver” o “RocknRolla” vuelve a meter sus narices en el hampa tras los negocios de Mickey Pearson, el implacable traficante de drogas que compone el oscarizado Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club.

Pearson ha logrado edificar todo un imperio clandestino de cultivo de marihuana pero llegó el momento de vender toda la cadena de producción y distribución a un billonario de Oklahoma. Sin embargo, salirse del negocio le traerá problemas, amenazas y extorsión.

Ritchie, coguionista y realizador de extraña estirpe, establece el relato en un continuo flashback que se reparte en escenas de cada jugador.

Charlie Hunnam como Reymond Smith, a cargo de la seguridad de Pearson y Hugh Grant, como Fletcher, un hábil investigador privado, son quienes pivotean el cuento entre ironía y corrosión.

Fletcher se ha encargado de conseguir las pruebas para comprometer a todos, y en vez de entregarlas a su contratista, escribe un guión que le narra a Raymond buscando la extorsión. Como si se tratara de un pitch cinematográfico entre libretista y gángster, la trama avanza, se pausa, retrocede, avanza otra vez, dándole un giro irónico al típico enredo de mafiosos que se matan entre sí.

Richie, quien fuera por 12 años esposo de Madonna y protagonizara un divorcio de gran repercusión es un realizador, que despierta tanto halago como odio pero que logra combinar drama y diversión, sangre y risas, tortura y seducción. Al mismo tiempo Richie consigue un equilibrio preciso entre la velocidad vertiginosa del montaje y la pausa narrativa de la acción.

Una de sus características más notables es cómo elabora visualmente las elipsis con cuatro o cinco planos, evoca la “memoria visual” de los personajes en pocos cuadros o sencillamente impone el stopmotion para observar al detalle los movimientos de la acción.

Hay quienes lo endiosan como el Tarantino británico,  mientras que otros lo señalan como un cineasta con más efectos que sustancia.

Otra de sus características es que Ritchie acostumbra a entregar un texto provisorio sujeto a decenas de cambios. Un hábito que incomoda a los interpretes más dedicados como es el caso de McConaughey, que se sintió varias veces frustrado por las reescrituras de guión. Sin embargo, lo propuesto en caliente es mejor que lo anterior y el resultado es habitualmente superior.

Entre tantas celebridades juntas: Hugh Grant, Charlie Hunnam, Michelle Dockery, Henry Golding, o Jeremy Strong, destaca Colin Farrell, como el entrenador de MMA.

Si bien Los Caballeros es una cinta menor, al lado de piezas de Scorcese, Huston, De Palma, Coppola, o Leone, mantiene algunos elementos que le otorgan valor: un guión original que funciona, un cuidado diseño de producción, buen pulso narrativo y un elenco sólido en la interpretación.

La película dura 1h55 y es apta para mayores de 18 años.

la crítica de Carlos Dopico

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