El Napoli del uruguayo Mathías Olivera se coronó campeón luego de 33 años sin poder celebrar

El conjunto partenopeo no falló a su cita con la historia, se convirtió en campeón del 'Scudetto' y devolvió a lo más alto de Italia a todo un pueblo.

El 4 de mayo será recordado de por vida en Nápoles como el día en el que volvió a conquistar un 'Scudetto' histórico, que se resistió en los últimas jornadas, pero que llevaba teniendo dueño desde febrero.

El gol de Victor Osimhen, quien marcó el tanto del empate definitivo ante el Udinese (1-1), certificó la gloria para todo un pueblo ávido de una fiesta que encontró, por fin, por tercera vez en su historia.

Terminó la larga espera del Nápoles -que tiene al uruguayo Mathías Olivera en el equipo y que jugó los 90 minutos- y de la ciudad que lleva su nombre. Fueron demasiados 33 años sin poder celebrar nada, pero, aunque lejos de casa y con susto, la ciudad porteña volvió a sentirse grande, más todavía.

Todo empezó con una primera parte insuficiente, en consonancia con la amarga ante el Salernitana del pasado domingo. Esta vez la sensación del partido fue, incluso, peor que un gol en el último suspiro.

Porque levantarse dos veces es muy complicado y un gol del Udinese en el minuto 13, un disparo directo a la escuadra de Lovric que trajo consigo los fantasmas del último partido debido a su parecido con el de Boulaye Dia en el Maradona que aplazó la esperada fiesta. Ese domingo, Olivera -con un golpe de cabeza- había anotado el único gol del Napoli.

Dos golpes seguidos en cuatro días y menos de 90 minutos para reponerse. El centrocampista de Udinese consiguió aprovechar un error en la basculación napolitana para recibir sin marca y con tiempo dentro del área. De nuevo Spalletti torcía el gesto, apuntaba en la libreta y parecía saber exactamente qué tenía que hacer para cambiar a su equipo.

Y es que el Nápoles parecía estar jugando desde hace un tiempo con una losa que pesaba demasiado. Quizá el tener más pendiente que nunca a todo un pueblo o la posibilidad de pasar a la historia estuviera siendo demasiado para un equipo que lo había hecho todo perfecto hasta ahora, pero al que le faltaba dar el último paso.

Pero la virtud de este Nápoles, una de ellas, es que además de ser un equipo coral, tiene las individualidades suficientes para salir a flote en los momentos de mayor apuro. Y esta vez, fue Osimhen el encargado de guiar a los suyos al éxito con un gol nada más salir del descanso que cambió por completo el partido.

Estalló el Diego Armando Maradona, a 800 km de Údine, con bengalas, petardos y bocinas. Y el Nápoles fue otro equipo. Recuperó su esencia; ser ese equipo temido en Italia y que fue la sensación de Europa.

Desde el gol del empate, el Udinese supo que no tenía más opción que aguantar como fuera las embestidas del merecido campeón. Porque el Nápoles se reencontró consigo mismo y no dejó escapar otra oportunidad de lograr lo casi impensable.

Esta vez un empate fue suficiente; el conjunto partenopeo no falló a su cita con la historia, se convirtió en campeón del 'Scudetto' y devolvió a lo más alto de Italia a todo un pueblo.

Con información de EFE.


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