Jorge Mario Bergoglio era cardenal y arzobispo de Buenos Aires, cuando el 13 de marzo de 2013 fue elegido sumo pontífice.
La enfermera Agustina Renfiges pide que la "Iglesia se acuerde de los pobres". Como ella, miles de argentinos colmaron este sábado el centro de Buenos Aires para despedir a Francisco, el papa que nunca volvió a su tierra pero dejó un legado en defensa de los excluidos.
La Plaza de Mayo, epicentro de la vida política del país, se transformó en un templo a cielo abierto con un altar sobre las escalinatas de la Catedral donde Jorge Bergoglio fue arzobispo hasta 2013, cuando partió a El Vaticano para elegir un nuevo papa y el elegido resultó ser él.
Pantallas gigantes permitieron a los fieles seguir la misa y vendedores ambulantes ofrecían imágenes y recuerdos con el rostro sonriente del pontífice, quien falleció el lunes a los 88 años y fue sepultado este sábado en Roma.
A pesar de la tristeza, también hubo lugar para un recuerdo más alegre, con baile incluido.
Frente a la catedral de Buenos Aires, en la plaza de Mayo, un centenar de jóvenes organizaron una vigilia con canciones y velas hasta el inicio del funeral, a las cinco de la madrugada.
El evento sirve "para reivindicar el legado del papa, para transformar la tristeza que nos dejó su partida en un faro de esperanza", dijo a AFP Iara Amado, una trabajadora social de 25 años.
"Sean valientes. No tengan miedo a llorar (...) El dolor nos une como pueblo", dijo el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, durante una misa por el papa ante varios miles de personas.
Jorge Mario Bergoglio era cardenal y arzobispo de Buenos Aires, cuando el 13 de marzo de 2013 fue elegido sumo pontífice. Su nombre papal lo escogió en homenaje a San Francisco de Asís, el santo de los pobres.
AFP

