En Estados Unidos ya se suman tres crisis: la sanitaria, la económica y la social

El estallido en las calles se produce en un momento especialmente delicado en norteamérica.

Las autoridades de Washington decidieron prolongar y aumentar cuatro horas diarias el toque de queda impuesto, desde las 19 hs de este lunes y durante “dos días”,  tras otra noche de disturbios.

Al igual que muchas otras grandes ciudades estadounidenses, la capital  fue escenario este domingo de nuevas protestas contra el racismo y la violencia policial, que comenzaron en paz y terminaron en batalla campal entre manifestantes y policías.

Las manifestaciones se desataron la semana pasada en protesta por la muerte de George Floyd, un hombre negro de 46 años, a manos de un policía blanco en Minneapolis. Casi todos los establecimientos cercanos a la Casa Blanca mostraban este lunes las cicatrices de otra noche de violentas protestas.

El centro de Washington amaneció con el resultado de la batalla campal de anoche: vidrios rotos, puertas destrozadas, pintadas contra Trump y a favor del movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) mientras en Lafayette Square, la plaza situada frente a la casa presidencial, se trabajaba en la limpieza y reparación de los daños.

Uno de los edificios más afectados por la violencia fue el de la mayor plataforma sindical del país AFL-CIO, frente a la Casa Blanca.

Las protestas comenzaron para reclamar justicia por la muerte de George Floyd y desencadenaron una ola movilizaciones en distintos puntos del país. En medio de la tensión en todo el país, con el toque de queda impuesto en al menos cuarenta ciudades y llamando a la Guardia Nacional para contener los disturbios, Trump se mantuvo callado durante todo el domingo desde el interior de la Casa Blanca.

Este lunes, sin embargo, recuperó la actividad aunque volvió a apuntar a la extrema izquierda como responsable de los altercados y cargó contra la supuesta debilidad de los gobernadores estatales.

La repercusión de lo sucedido en Estados Unidos que llegó incluso a que se produjeran manifestaciones en otros países ante las sedes diplomáticas de Estados Unidos, derivó en las últimas horas en las críticas de gobiernos enfrentados al de Donald Trump como el de China que denunció la “enfermedad crónica” del racismo en Estados Unidos, mientras que el de Irán criticó la “opresión” del pueblo estadounidense y llamó a la policía a “frenar la violencia” contra la población “y dejarla respirar”.


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