Las manifestaciones, iniciadas por reclamos económicos, se expanden a varias ciudades mientras crecen las advertencias de organizaciones de derechos humanos y figuras opositoras
El temor a una represión severa en Irán se acentuó este sábado, luego de más de dos días sin acceso a internet en todo el país y de nuevas manifestaciones nocturnas en distintas ciudades. Las protestas, que comenzaron hace dos semanas impulsadas por comerciantes afectados por la crisis económica, se convirtieron en uno de los mayores desafíos para las autoridades teocráticas desde las movilizaciones de 2022.
Según la ONG especializada en ciberseguridad Netblocks, el país llevaba al menos 36 horas sin conexión a internet como consecuencia de un apagón impuesto por las autoridades a nivel nacional. En ese contexto, la información que logra salir del país es escasa y fragmentaria. “El régimen iraní ha cortado las herramientas de comunicación en el interior del país y bloqueado todos los medios de contacto con el mundo exterior”, advirtieron los cineastas y disidentes Mohamad Rasulof y Jafar Panahi en la cuenta de Instagram de este último. “La experiencia demuestra que el propósito de dichas medidas es ocultar la violencia infligida durante la represión de las protestas”, añadieron.
Reza Pahlavi, hijo del depuesto sah de Irán y residente en Estados Unidos, celebró la “magnífica” participación registrada el viernes en las manifestaciones y llamó a los iraníes a organizar protestas más focalizadas durante el fin de semana, instándolos a “tomar y mantener los centros urbanos”. Además, aseguró que se está preparando para “regresar a [su] patria” próximamente. No obstante, el presidente estadounidense Donald Trump consideró prematuro que Pahlavi asuma un rol de liderazgo político.
Organizaciones de derechos humanos alertaron sobre un posible agravamiento de la represión. La premio Nobel de la Paz iraní Shirin Ebadi advirtió que las fuerzas de seguridad podrían estar preparándose para cometer una “masacre bajo la cobertura de un apagón generalizado de las comunicaciones”. En la misma línea, Amnistía Internacional señaló que está analizando indicios de una intensificación de la violencia en los últimos días.
Desde el inicio de las protestas, el 28 de diciembre, al menos 51 manifestantes —entre ellos nueve niños— murieron y cientos resultaron heridos, según datos difundidos por la organización Iran Human Rights, con sede en Noruega. Este sábado, la televisión estatal iraní mostró imágenes de los funerales de miembros de las fuerzas de seguridad fallecidos durante los disturbios, con una concurrida asistencia en la ciudad de Shiraz.
A pesar del apagón informativo, circularon imágenes de nuevas protestas en Teherán y otras ciudades como Mashhad, Tabriz y Qom, difundidas a través de conexiones por satélite y cuya autenticidad fue verificada por la AFP en algunos casos. En el barrio de Sadatabad, en la capital, manifestantes realizaron cacerolazos y corearon consignas contra el líder supremo, Alí Jamenei, mientras automovilistas tocaban bocina en señal de apoyo.
Las autoridades iraníes atribuyeron las protestas a influencias externas. Jamenei acusó a “vándalos” alentados por Estados Unidos, mientras que su consejero Alí Larijani afirmó que el país está “en plena guerra” y denunció “incidentes orquestados desde el exterior”. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, expresó por su parte que “Estados Unidos apoya al valiente pueblo iraní”.
Las manifestaciones se producen en un contexto de debilitamiento del país tras la reciente guerra con Israel, los ataques a aliados regionales de Teherán y el restablecimiento de sanciones de la ONU vinculadas al programa nuclear iraní. El gobierno no enfrentaba un movimiento de protesta de esta magnitud desde las marchas desencadenadas en 2022 por la muerte de Mahsa Amini, detenida por una presunta infracción al código de vestimenta femenino.
Con información de AFP

