“Le decía ‘me molesta, no quiero’, pero él seguía igual”: el relato de dos mujeres que denuncian agresiones sexuales de Julio Iglesias

“Fui buscando un trabajo, buscando una manera de crecer, y me encontré con alguien que me destrozó la vida”, contó una de las mujeres.

Dos mujeres que trabajaron para Julio Iglesias en régimen interno en sus residencias del Caribe denunciaron haber sido víctimas de agresiones sexuales, tocamientos, humillaciones y un clima de control permanente durante 2021. Sus testimonios, brindados a elDiario.es y Univision Noticias, relatan episodios ocurridos en las mansiones del cantante en Punta Cana (República Dominicana) y Lyford Cay (Bahamas).

Rebeca —nombre ficticio para proteger su identidad— tenía 22 años cuando comenzó a trabajar en el servicio doméstico del artista español. Según su relato, era llamada con frecuencia a la habitación del artista al finalizar la jornada. “Me usaba casi todas las noches”, afirmó. “Me sentía como un objeto, como una esclava”. Rebeca denunció penetraciones sin consentimiento, bofetadas y maltratos físicos y verbales: “Le decía ‘me molesta, no quiero’, pero él seguía igual”.

La joven describió un esquema de coerción sostenido por la jerarquía interna de la casa. “Te sientes obligada a hacerlo”, dijo. “Generaba como un poder en ti, de que tú lo tenías que hacer sí o sí”. En otro pasaje de su entrevista recordó: “Él trataba de decirme que yo no tenía derecho, por nada del mundo, a decirle que no”.

Laura —también nombre ficticio— trabajó como fisioterapeuta personal del cantante. Aseguró que sufrió tocamientos y besos en contra de su voluntad, además de insultos y humillaciones en público. “Estábamos en la playa y él se acercaba y me tocaba los pezones”, relató. Según su testimonio, un episodio similar ocurrió en la piscina de la villa en Punta Cana. “No es solamente que te toque, es que te lastima… me apretó durísimo”, agregó.

Laura describió un ambiente laboral hostil y degradante. “Era un lugar donde se normalizaba el maltrato”, sostuvo. “Vive recordándote cuáles son las reglas, qué puedes hacer y qué no”. También afirmó que el cantante ejercía el control “a través del miedo” y que las humillaciones eran frecuentes durante las comidas, delante de otras trabajadoras.

Ambas mujeres coincidieron en señalar restricciones severas a su vida cotidiana, vigilancia constante y jornadas laborales extensas. “Pensaba: cómo es posible que viva en este paraíso y que lo único que quiera es estar encerrada en este cuarto”, recordó Laura. Rebeca fue aún más gráfica: “A esa casa hay que llamarla la casita del terror”.

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Según la investigación periodística, los testimonios de Rebeca y Laura fueron recabados a lo largo de más de un año y contrastados con documentación, registros médicos y mensajes. Los medios intentaron contactar en reiteradas ocasiones a Iglesias y a su abogado, sin obtener respuesta. Una de las encargadas señaladas por Rebeca calificó las acusaciones de “patrañas”, mientras otras personas mencionadas no respondieron.

Al explicar por qué decidió hablar, Rebeca fue contundente: “Quiero mandarle un mensaje a las chicas que están allí dentro, que piensan que no tienen salida”. Y concluyó: “Fui buscando un trabajo, buscando una manera de crecer, y me encontré con alguien que me destrozó la vida”.