Ruben y su esposa viven en Ein Hashlosha, una pequeña comunidad agrícola con una población que no supera las 400 personas: cuatro de sus vecinos fueron asesinados "a sangre fría"; “la gente está totalmente shockeada", contó.
Con el paso de las horas, los relatos y testimonios de lo vivido durante la madrugada del pasado sábado en Israel permiten dimensionar lo que está sucediendo. Por ejemplo, Ruben Friedmann, un uruguayo de 72 años que lleva 50 años viviendo en territorio israelí, fue uno de los sorprendidos por el ataque del grupo terrorista Hamás: eran pasadas las 6:00 horas cuando escuchó sonar la alarma que alertaba de un bombardeo y, junto a su esposa, tuvo 15 segundos para refugiarse.
“Estábamos en mi casa. Eran las 6:20 más o menos. Todos en nuestros celulares tenemos una aplicación de alarmas que suenan en cuanto empiezan a disparar misiles a nuestra zona. Empezó a sonar, se enloqueció, porque fue una lluvia de misiles que cayeron en pocos minutos. El primer día cayeron unos 3.500 misiles, la gran mayoría vino a nuestra zona, pero también a zonas más lejanas”, contó Ruben a Telemundo.
Ruben y su esposa, que tienen dos hijos y seis nietos, viven desde 1973 en la zona de Ein Hashlosha, en un kibutz -una pequeña comunidad agrícola- con una población que no supera las 400 personas.
Cuando el ataque con misiles y terroristas infiltrados llegó a su zona -a unos tres kilómetros de la frontera con la Franja de Gaza-, ambos se encontraban durmiendo. “Teníamos exactamente 15 segundos para levantarnos y salir corriendo al refugio. Pero en nuestra zona ya no son 15 segundos, porque el Hamás ha mejorado la efectividad de sus misiles, y puede que sean ocho segundos. En segundos, uno tiene que ser una especie de Usain Bolt para llegar al refugio, que es parte integral de la casa, y cerrarlo con fuerza, algo que no es fácil”, narró.
Como han manifestado tanto desde el gobierno como diplomáticos y otros uruguayos en diálogo con Telemundo, Ruben coincide en que el ataque “fue muy sorpresivo para todos”: “Para el gobierno, para el Ejército, y para un ciudadano normal y corriente todavía más sorpresivo. No había indicios de que una cosa así podía pasar en estos momentos”.
Más allá de los bombardeos, el ataque incluyó la infiltración en territorio israelí de terroristas. En la zona donde vive Ruben llegaron poco más de diez, pero a algunos lugares cercanos los grupos de Hamás superaron los 50 infiltrados.
“Nos invadieron con terroristas. Llegaron a eso de las siete y pico. Algunos invadieron con camionetas, motos. Entraron a nuestras poblaciones como perico por su casa, en grupos numerosos. En nuestro caso fueron pocos, pero en algunos casos fueron grupos de 50 o 60”, dijo Ruben.
Desde adentro del refugio seguían minuto a minuto la transmisión de la televisión y se aferraban a la poca comunicación que todavía daba señales. Mientras tanto, escuchaban el terror del exterior: estruendos, gritos, disparos de ametralladoras.
“Al principio no teníamos ninguna comunicación, nos decían que teníamos que quedarnos en el refugio y no salir porque seguía cayendo una lluvia de misiles por toda la zona. Hasta que alguien escribió en la red que estaba escuchando voces en árabes, que por favor alguien mande ayuda, porque pensaba que eran terroristas. Ahí se nos prendieron las antenas a todos, entendimos que estábamos siendo invadidos por terroristas”, narró Ruben.
“Nos pidieron que cerremos bien la manija del refugio. Nosotros estuvimos encerrados como 13-14 horas el sábado, y sin ir al baño porque no tenemos baño. Estábamos solos con mi esposa, mis hijos y nietos viven en otras comunidades agrícolas. Se escuchaban los estruendos. Hasta que Israel empezó a reaccionar, se escuchó la reacción de la fuerza aérea. Nosotros escuchábamos ráfagas de ametralladoras y armas ligeras, y no sabíamos de qué se trataba. Ahí entendimos que había lucha casi cuerpo a cuerpo en el kibutz, pero lo supimos bien recién al otro día”, agregó.
Cuando finalmente pudieron salir, tuvieron una imagen in situ de lo que había sucedido y seguía pasando: “Salimos cuando más o menos un grupo del Ejército tomó el control del kibutz y logró limpiar toda sospecha de que haya más terroristas”.
En total, murieron cuatro personas de ese kibutz. “Fueron ejecutados a sangre fría”, afirmó Ruben, y señaló que esas muertes dejaron “shockeada” a toda la pequeña comunidad. “Somos una comunidad muy chica, nos conocemos todos. Es muy doloroso, es gente que uno conoce, a algunos los conozco hace decenas de años”, apuntó.
Tras varias horas de espera, finalmente fueron evacuados a la ciudad sureña de Eilat, sobre el Mar Rojo. “Cuando nos dieron la orden el domingo de evacuación, estuvimos casi cuatro horas esperando con los bolsos prontos. Vinieron con camiones blindados y no dejaron a nadie, salvo a los esenciales. Quedaron unas 10-12 personas, además de un grupo de soldados”, narró Ruben.
Ahora, junto a su esposa, se encuentra en un alojamiento dispuesto por el gobierno para personas desplazadas. “Acá es como haber pasado del infierno al paraíso”, grafica Ruben. Allí son atendidos por asistentes sociales y psicólogos. “La gente está totalmente shockeada. Con nosotros hay familiares de los muertos, y todavía no han podido enterrarlos”, agrega.
“Nosotros la sacamos relativamente barata. Tenemos cuatro personas asesinadas y algunas casas incendiadas, pero en otros kibutz incendiaron casas con las familias adentro. O gente que estaba adentro de los refugios, les tiraron bombas de humo y murieron asfixiados. Y además de que se han llevado rehenes”, narró.
Ahora, de cara a lo que pueda llegar a venir, Ruben no piensa en mudarse a Uruguay, pero sí cree que dejar la zona en la que residía, tan cercana a la Franja de Gaza, es una posibilidad.
“Tengo 72 años, y llevo más de medio siglo acá. Estudié acá, formé mi familia acá. Iría a Uruguay como turista. Acá he pasado varias guerras. Esta guerra seguro que es un hito para nosotros, porque nos agarró desprevenidos, va a haber un antes y un después. Quizás el planteo que tengo que hacerme es si nos tenemos que quedar en la zona en la que estábamos. Y creo que mucha gente que se lo va a hacer ese planteo. Después que todo termine, seguramente va a haber familias que van a abandonar la zona, porque no es una forma para criar chicos”, concluyó.
