“Podrán agarrarme 100 veces que voy a escaparme 101”, supo decir el “Chapo” Guzmán

El gobierno mexicano ya ha adelantado que no piensa extraditarlo sino meterlo preso otra vez en tierras aztecas.

Es la tercera vez que el gobierno mexicano anuncia la captura de Joaquín Guzmán Loera, “el Chapo”. La primera fue en Guatemala en 1993 y la segunda en 2014.

La historia del Chapo es la de un campesino analfabeto que llegó a establecer redes de comercio con 48 países basadas en 288 empresas y amasar una fortuna valorada en más de US$ 1.200 millones. Cocaína, marihuana, heroína y metanfetaminas eran sus productos estrella. A mediados de los 90, la cocaína significaba el 80% de sus negocios; hoy, la meta representa el 75%.

Coinciden los chapólogos -ya que hay más de 250 libros distintos sobre su vida- que una vez dijo que no le alcanzarían ni 100 vidas para poder gastar la fortuna que tiene escondida en bóvedas de México y varios países de Centroamérica. Eso porque no confía en los bancos.

Más allá de lujos y algunas pocas excentricidades, compraba activos útiles: jugadores de fútbol, mujeres, diputados, senadores, jueces, ministros, pilotos, choferes, funcionarios de aduana, controladores aéreos, policías, embajadores. Pero como todos estos de vez en cuando hablan, no le tuvo más remedio que empezar a comprar ingenieros que hacen túneles y guardias de cárceles.

En las 250 versiones diferentes de su vida hay otro hecho coincidente: dijo a sus allegados más leales que podían capturarlo 100 veces y se escaparía en 101 ocasiones. El gobierno mexicano ya anunció que no tiene planeado extraditarlo a Estados Unidos sino volverlo a apresar en tierras aztecas, a pesar de que es donde mejor mueve sus considerables influencias.


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