De pedir en los ómnibus con 9 años a recorrer Montevideo en motocarro: la historia de vida de Manuel González

Hoy cuenta con un ingreso fijo que le da mayor estabilidad económica; ese cambio incluso le permitió empezar a cumplir uno de sus mayores sueños: construir su propia vivienda.

La historia de Manuel González está marcada por el esfuerzo y la superación. Desde muy chico conoció la dureza de la calle y encontró en el reciclaje una forma de salir adelante. Hoy, tras décadas trabajando con la basura, su realidad cambió: dejó atrás el carro tirado por caballos y recorre Montevideo en un motocarro, como parte de un sistema de recolección y reciclaje.

Su infancia estuvo atravesada por la necesidad. A los nueve años comenzó a pedir en los ómnibus para ayudar a su familia. “Mangueaba en los ómnibus, después entré vendiendo caramelos. A los 13, 14 años fue cuando agarré el carro con caballo”, recordó en entrevista con Telemundo.

Fue en 1992 cuando un vecino le enseñó a trabajar con un carro y a buscar materiales reutilizables entre los residuos. Desde entonces, empezó a recorrer las calles recolectando cartón, papel y otros elementos que luego vendía en ferias.

“Apartábamos el requeche, sacábamos cosas para hacer plata en la feria. Yo le dije a mi mamá: ‘vamos a empezar con esto, que es mucho mejor que andar mangueando en los ómnibus’”, contó.

Con apenas 14 años comenzó a trabajar formalmente en el reciclaje junto a su madre. Con un pequeño caballo empezaron a recorrer la ciudad y, poco a poco, lograron mejorar su situación.

“Con ese petiso y con mi vieja armamos el primer rancho, porque nos habían desalojado de donde estábamos. Cuando empezamos a reciclar progresamos un poco más, ya sabíamos que todas las semanas íbamos a tener algo de plata”, relató.

Durante años, el sustento de la familia estuvo ligado a lo que encontraban en la basura. En muchos casos, también obtenían alimentos de los residuos.

“Antes la gente te dejaba el bolsito con una notita. No era que rompíamos las bolsas y sacábamos cosas sucias. A mi hijo lo crié hasta los dos años y medio con requeche”, recordó.

Sin embargo, hace cuatro años y medio su vida dio un giro. Gracias a un programa impulsado por la Intendencia, dejó el carro con caballo y pasó a trabajar con un motocarro.

El cambio comenzó en 2022, cuando su hermano le sugirió inscribirse en el plan que buscaba sustituir los carros tirados por caballos por vehículos motorizados. Manuel se anotó, entregó su caballo y fue seleccionado para formar parte del programa.

“Me llamaron de la Intendencia y empecé la capacitación. Yo reciclar ya sabía, pero te enseñan a manejar el motocarro, usar la aplicación del celular y cómo tratar con la gente”, explicó.

Para poder conducir el vehículo también debió obtener la libreta de conducir y adaptarse a nuevas normas de tránsito.

“El motocarro es mucho más rápido. Tenés que respetar mucho las leyes del tránsito porque no es lo mismo que andar en un carro”, señaló.

Actualmente, González es uno de los 154 trabajadores que recorren diariamente la ciudad en motocarros, realizando tareas vinculadas a la recolección y al reciclaje.

Cada jornada puede llegar a recorrer unos 100 kilómetros, cumpliendo dos funciones principales: la recolección de residuos y la gestión del reciclaje de materiales orgánicos.

Parte de su trabajo consiste en retirar residuos orgánicos de cooperativas y viviendas para destinarlos a procesos de compostaje. Luego, ese compost vuelve a los vecinos que participan del sistema.

“Cuando llego mando una foto a la Intendencia con la ubicación para avisar que ya estoy en el punto de trabajo. Después reviso los módulos de compostaje, peso el material que trae cada cooperativa y separo lo que no corresponde”, explicó.

Para Manuel, el cambio del carro al motocarro no solo mejoró su trabajo, sino también la forma en que es visto por los demás.

“No es lo mismo bajarte de un carro con caballo que de un motocarro. Cambia el trato de la gente. En el carrito sos un pichicome; en el motocarro sos un trabajador de la Intendencia”, afirmó.

Además, el nuevo sistema le permitió mejorar sus condiciones de vida. Ya no tiene que mantener un caballo ni acumular residuos en el patio de su casa.

“Me sacaron un peso de arriba porque el caballo lleva mucho cuidado. Y también el mugrero en el patio. El que recicla siempre tiene basura en la casa”, señaló.

Hoy cuenta con un ingreso fijo que le da mayor estabilidad económica. Ese cambio incluso le permitió empezar a cumplir uno de sus mayores sueños: construir su propia vivienda.

“Ahora estoy haciendo mi casita. En el carro con caballo tenía muchas cuentas. Hoy sé que en una quincena puedo comprar unos bloques o arena y voy avanzando de a poquito para salir del rancho”, concluyó.