La violencia solo es admisible en un arresto ciudadano si el delincuente pretende agredir a la víctima – Teledoce.com

La violencia solo es admisible en un arresto ciudadano si el delincuente pretende agredir a la víctima

"Una vez que se lo detiene, hay que entregarlo a la autoridad o llamar a la Policía", explicó el abogado Juan Fagúndez.

Un delincuente  de 30 años rapiñó una pollería en Toledo -amenazando al dueño apuntándole con un arma a la cabeza-  y luego fue perseguido por vecinos que lo atraparon  y le dieron una brutal  golpiza.

En un principio se abordó como un  “arresto ciudadano”  que casi termina en  “justicia por mano propia” que, además, involucró a policías y fue filmado por quienes estaban en el lugar.

Consultado al respecto de este caso, en diálogo con Desayunos Informales, el abogado penalista Juan Fagúndez reflexionó:

El arresto ciudadano consiste en que cualquier persona que presencia una situación delictiva y que considera actuar para evitar que siga sucediendo ese delito o para detener a quien ya lo culminó, detenga al delincuente.

Una vez que lo detiene, hay que entregarlo a la autoridad o llamar a la Policía. La única habilitación a ejercer violencia sobre a la persona reducida en la intervención ciudadana es si esa persona te ataca. Ahí se puede ejercer violencia para defenderse y mantener la retención.

Nadie por más delito que esté cometiendo dice que se entrega y se va a sentar a esperar a la Policía: todos tratarán de fugarse. Si es persona sale corriendo, no estamos habilitados a pegarle un tiro para detenerlo. Si se hace un arresto ciudadano hay que considerar que haya otra persona para que sea testigo. La víctima y el actor del arresto no son suficientes para imputar la conducta.

Vi algún video sobre lo que pasó. No vi un policía, pero sé que dicen que había uno. Hay que ver si el policía podía actuar o no para impedir eso, porque había mucha gente. ¿Cómo haría un solo policía para parar la golpiza de cinco o seis personas? Pero todo esto formará parte de la investigación. La gente estaba muy excitada: si el policía intervenía… quizás él temió por su integridad física o que si sacaba el arma se la podían quitar y se agravaba la situación. Fue una situación de violencia y crisis muy importante, y a veces la Policía en vez de aplacar con su mando, incita a seguir.

Si la gente se arroga el derecho a castigar físicamente, algo que no existe en la ley uruguaya, más allá de que las cárceles sean torturantes… me preocupa porque eso va a generar más retiro de quien tiene que hacer ese trabajo. Y me preocupa también porque es un síntoma de la desidia de todo el sistema: estamos atravesando un momento administrativo-procesal complicado, con guerras de vanidades entre funcionarios de altos cargos.

Estamos como en un culebrón que es hasta vergonzoso, cuando están pasando cosas graves. Hay gente a cargo de situaciones que no tiene ni idea de lo que está haciendo: políticos a cargo de la seguridad o de votar leyes que modifican o empeoran la situación. Hay falta de autoridad en todos los aspectos desde la raíz.


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