Efectivos policiales tomaron declaración a la madre del adolescente en ese entonces, quien explicó que las lesiones se habían producido mientras su hijo jugaba al fútbol; el propio Jonathan respaldó esa versión.
Una denuncia presentada en noviembre del año pasado por la UTU a la que asistía Jonathan, el adolescente de 15 años asesinado por su padre en Flor de Maroñas días atrás, no fue asignada a ninguna fiscalía, por lo que no tuvo continuidad en la órbita penal en ese momento.
El 25 de noviembre el centro educativo denunció ante la Policía que el menor había asistido a clases con golpes en las piernas. Tras eso, la jueza Rossana Re Fraschini ordenó que el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) abordara la situación, además de enterar a Fiscalía del asunto.
En el marco de esa actuación, efectivos policiales tomaron declaración a la madre del adolescente (a pedido de la fiscalía de turno). La mujer afirmó que las lesiones se habían producido mientras su hijo jugaba al fútbol. El propio Jonathan respaldó esa versión.
Tras estas declaraciones, la denuncia no fue derivada a ninguna fiscalía. Según se pudo establecer, el Departamento de Depuración, Priorización y Asignación (DPA) no asignó el caso, lo que impidió que se iniciara una investigación formal.
En los casos de violencia doméstica o de género las denuncias son informadas a la fiscalía que está de turno, pero luego es la DPA de Fiscalía quien determina qué fiscal tendrá a su cargo en adelante la investigación de los hechos. En este caso, esa oficina no asignó la causa a ningún fiscal por lo que en los archivos del Ministerio Público figura como “libre”, es decir, sin fiscal asignado.
Debido a esta situación, tampoco se dispusieron otras actuaciones que suelen realizarse en este tipo de casos, como por ejemplo una evaluación por parte de un médico forense.
Actualmente, la denuncia presentada en noviembre y el contexto familiar del adolescente —incluida la situación de su hermana de nueve años, que vive al momento con la madre— sí fueron asignados a la Fiscalía especializada en Violencia de Género de 4º turno, a cargo de la fiscal Alicia Abreu.
En paralelo, la investigación por la muerte de Jonathan continúa en la Fiscalía de Homicidios, liderada por la fiscal Sabrina Flores.
Lo que provocó la denuncia
La denuncia se había presentado luego de que docentes detectaran lesiones en el adolescente, algo que, según relataron luego varios compañeros, no era una situación aislada. Estudiantes que compartían clases con Jonathan en la UTU de Flor de Maroñas contaron que en varias oportunidades lo habían visto llegar con golpes visibles en el cuerpo.
“Era un gurí que no molestaba a nadie, pero tampoco se juntaba con casi nadie”, relató uno de los alumnos. Otros compañeros señalaron que a veces asistía con moretones. “Venía a la UTU con moretones en los brazos. Se los tapaba con una campera”, contó un estudiante. Otro recordó haberlo visto incluso con lesiones en el rostro: “A veces tenía los ojos negros. Iba al comedor así, todo tapado con moretones”.
De acuerdo con los testimonios, el adolescente era muy reservado y rara vez hablaba de lo que le ocurría. “Capaz que era tímido para contar esas cosas”, comentó un compañero. Otro agregó que, según su percepción, Jonathan tampoco hablaba de estos temas con los docentes y se “guardaba las cosas”.
A pesar de ese perfil bajo, quienes lo conocían lo describen como un alumno aplicado y respetuoso. “Era muy inteligente, se había ganado una beca para hablar francés”, recordó uno de sus compañeros. Una estudiante también lo definió como “un buen niño” que iba al centro educativo “con ganas de estudiar”.
El adolescente fue encontrado muerto en la madrugada del 6 de marzo en una zanja del barrio Flor de Maroñas, cerca de la vivienda donde vivía con su familia, y presentaba múltiples hematomas en el cuerpo.
En ese marco, la Justicia imputó al padre del menor por homicidio agravado y reiterados delitos de violencia doméstica. El hombre deberá cumplir prisión preventiva por 180 días mientras avanza la investigación.

