A pesar de que el entorno de las víctimas asegura que “hay papeles que confirman que había denuncia”, el agresor no fue despojado de su equipo oficial, una negligencia que Juan señala como el factor determinante del desenlace.
El barrio Nueva España fue escenario de un triple homicidio donde Anais, de 18 años, y sus padres, Miriam (43) y Aníbal (56), fueron asesinados por la pareja de la joven, un funcionario policial de 26 años que posteriormente se quitó la vida.
Juan, hermano e hijo de las víctimas, relató a Telemundo que el agresor ya había protagonizado un incidente con el exnovio de Anais: "Él tenía una denuncia por parte de mi excuñado porque él era muy celoso de mi hermana. Es más, él había apuntado con el arma de reglamento a mi excuñado también y mi hermana se le había puesto adelante y le había apoyado el armamento en la panza".
A pesar de que el entorno de las víctimas asegura que “hay papeles que confirman que había denuncia”, el agresor no fue despojado de su equipo oficial, una negligencia que Juan señala como el factor determinante del desenlace: “Si el hombre tenía esa denuncia previa es porque tenía el armamento; ¿por qué a una persona así se le permite mantenerse con el armamento?”.
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Juan llegó a la vivienda donde ocurrió todo y se encontró con lo irreversible: “Cuando entro, abrí la reja, me metí para adentro y el primero que vi tirado en el piso fue a mi padre. Procedí a tocarle el pulso y a ver si me respondía”. Al notar que las pertenencias del policía estaban en la habitación, su sospecha fue inmediata: “Interpreté que él iba a volver. No había encontrado a mi hermana ni a mi madre todavía. Por instinto fui, cerré la reja, tranqué la puerta y entré al cuarto a buscarlas y las encontré a las dos, ya sin vida”.
Para Juan, el golpe es doble debido al vínculo de confianza que el homicida había construido, llegando incluso a convivir en el mismo techo. “Queda destrozada una familia que le abrió las puertas de la casa porque él vivía acá. Mi familia siempre fue justa con él, siempre lo trataron bien”, lamentó, recordando con dolor la nobleza de sus padres y la juventud de su hermana, de quien afirmó que “era la mejor, tenía 18 años y no había vivido nada todavía”.

