Verónica Alonso

Una vez un legislador me dijo que el detector de metales del Palacio Legislativo nuevo no sirve para nada, está roto o algo así. Cuando me tocó atravesarlo esta vez, sus alarmas se encendieron. Pero no pasó nada, nadie vino a revisarme ni mucho menos… así que seguí tranquila hasta el mostrador de la entrada, […]

Una vez un legislador me dijo que el detector de metales del Palacio Legislativo nuevo no sirve para nada, está roto o algo así. Cuando me tocó atravesarlo esta vez, sus alarmas se encendieron. Pero no pasó nada, nadie vino a revisarme ni mucho menos… así que seguí tranquila hasta el mostrador de la entrada, me anuncié, dejé la cédula y levanté mi carné de visitante.

Subí los tres pisos por escalera, pregunté por la oficina de la diputada Verónica Alonso y me encaminé hacia la 315. Su secretaria salió a atenderme, me indicó los sillones de la sala de espera y me invitó a ponerme cómoda. No quise sentarme, así que me quedé mirando hacia el interior del despacho, donde dos hombres de traje conversaban entre sí. Aproveché para sacar un pedazo de papel bastante desprolijo y anotar lo que veía en la pared de vidrio del despacho.

“Nos unen nuestros sueños, nos une la esperanza. El compromiso es con la gente. El desafío es con nosotros mismos. A recuperar la esperanza!!! Muy feliz 2014” rezaba el folleto más grande. Luego había frases en referencia a Wilson y Aparicio Saravia. Cuando ya habían pasado diez minutos decidí elegir el sillón más lejano a la puerta de la oficina y sentarme. Sobre la mesa de vidrio que tenía delante reposaba el Semanario Hebrero con Marta Canessa de Sanguinetti en la portada. Después de otros diez minutos vi salir del despacho a la diputada.

Verónica Alonso tenía un vestido sin mangas, hasta la rodilla y pegado al cuerpo. Era de color rosado fuerte. El pelo largo y negro le caía sobre ambos hombros. Caminó con gracia, se metió en una puerta y en menos de un minuto volvió a salir y a preguntar por mi “¿Carla?... ¡qué jovencita!” me dijo, y yo… “Ni tanto…”

De familia wilsonista, estudiosa, esposa, madre y diputada

Verónica Alonso nació en Montevideo el 24 de octubre de 1973. Vivió sus primeros años en el Prado cerquita de la cancha de Stockolmo, en barrio, barrio. Es la segunda de cinco hermanos, primero está Diego el mayor, el más correcto, el estudioso, luego le sigue ella, después Mauricio, Tabaré y por último Telma, a la que le lleva 13 años.

En el Prado viví toda mi niñez, casi hasta mi adolescencia. Después, salvo por un lapso corto que me fui con mi padre que fue director de la Colonia Berro, viví unos años ahí y nunca sentí que no era mi casa, nunca sentí que estaba en un lugar inhóspito, feo o complicado. Después ya casi adolescente nos mudamos a Avenida Libertador cerca del Palacio.

La diputada cursó Primaria y parte de Secundaria en el colegio Sagrada Familia, pero terminó sus estudios en el liceo 28 por complicaciones económicas. Más tarde arrancó simultáneamente Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.

Relaciones Internacionales la empecé en la Udelar y después cuando hubo un gran conflicto en 1992 que fue un pare enorme que hubo en la educación en la Universidad, terminé la carrera en la ORT. Después me fui a hacer un posgrado a Chile a la Universidad Miguel de Cervantes sobre Derecho Político Latinoamericano y después una Maestría en la Universidad de Montevideo sobre Comercio Internacional.

Verónica Alonso comenzó a trabajar a los 17 años en un estudio contable como lleva papeles. A partir de ese momento no dejó de trabajar nunca.

¿Cómo empezaste tu actividad política?

La actividad política es algo que lo tengo casi incorporado en el ADN, mi casa es una familia muy politizada, muy Wilsonista, con una efervescencia muy importante en la época de la dictadura con todo lo que tenía que ver con su lucha, con el exilio.

Participé en la Universidad a través de la CGU y entré en la actividad política cuando me recibí ayudando desde el lado técnico en temas que tenían que ver con temas internacionales, hacía algún trabajo y me pedían del instituto técnico si podía escribir algo y desde ese lugar entré.

Me invitaron a participar en un grupo de trabajo técnico primero en el Manuel Oribe y a partir de ahí ayudé y me fui metiendo. Estas cosas tienen que ver con los tiempos y con las oportunidades. Cuando se empezó a dar la oportunidad entré en un grupo vinculado al Wilsonismo en el que se empezó a dar el espacio para la mujer.

¿Cómo te sentís siendo diputada?

Tengo mis momentos, por un lado siento la satisfacción de lograr cosas donde tenés voz para reclamar cosas, pedir o conseguir pero también a veces siento la frustración porque los tiempos del Parlamento no son los tiempos de la gente. La gente espera soluciones rápidas y a veces los proyectos demoran meses o años en tratarse. Tiene cosas muy buenas pero también de lo otro.

¿El Parlamento es un ambiente difícil para la mujer?

En mi caso hubo otras mujeres que fueron abriendo el camino. Este es un ámbito absolutamente de hombres. Pero yo tengo una mirada femenina respecto al género y no feminista, porque el feminismo a veces hace que te tengas que enfrentar con el hombre. Las mujeres humanizamos al sistema político, le ponemos rostro, le ponemos nombre a las situaciones que pasan día a día.

No solamente en los temas sociales, porque parece que la mujer solo tiene que dedicarse al género y a los temas de infancia, las mujeres también podemos tratar otros temas. Tenemos una manera distinta para negociar, para dirigir, buscando llegar al consenso.

___________

La oficina de Verónica Alonso está llena de papeles, pero todos ordenados. Estamos sentadas frente a frente, con una mesa de vidrio separándonos. Mientras me habla juega a sacar y poner la tapa de una lapicera bic roja. Debajo se sus manos hay una especie de agenda con anotaciones indescifrables y un montón de garabatos azules y rojos. De a ratos me mira, pero la mayor parte del tiempo mira sus manos. Tiene las uñas impecables, pintadas de rojo y los ojos delineados de negro, y allí termina su maquillaje.

Detrás de la diputada, a su derecha hay cinco diplomas encuadrados que cuelgan de la pared y hacia su izquierda tres fotos de Wilson. Hay bastante viento, la ventana está abierta y se escucha el repiqueteo de las varillas de la cortina.

___________

Ley de aborto y ley de marihuana

Cuando se aprobó la ley del aborto votaste en contra ¿por qué?

Cuando se dio la ley de despenalización del aborto estaba embarazada de Violeta de siete meses, di el debate con Violeta en la panza, tenía toda una significación para mí. Violeta mientras me estaba pateando sin entender cuál era la discusión. El debate que se daba era entre dos derechos: la libertad de la mujer a poder elegir o el derecho a la vida y para mí el derecho a la vida está por encima.

¿Pero cuál podría ser la opción para que no continuaran los abortos clandestinos?

Primero hay un tema preventivo y educativo. Además hay que darle contención a la mujer para que no llegue a una situación que es traumática. Y muchas veces llega a esa decisión por un escape.

Nosotros planteamos la contención desde las edades adolescentes y una alternativa que es que se pueda dar en adopción desde el momento en que la mamá está embarazada. Muchas quizá eligen no tenerlo, o tenerlo y no pueden pero no quieren abortar. Y así el proceso de adopción se dispara antes, sin que se genere una comercialización.

También estás en contra de la ley de la marihuana…

Acá parece que todo lo que el FA está a favor, nosotros por defecto tenemos que estar en contra. Yo estoy en contra porque creo conceptualmente que detrás de todo esto hay una concepción errada por parte del gobierno en lo que tiene que ver con las políticas de drogas. Nosotros le venimos planteando al gobierno que tiene que llevar adelante o atacar las dos principales drogas o problemas que tenemos asociados con ellas.

Uno es el consumo problemático y abusivo del alcohol que es el que nos da más problemas. Está presente en todos los problemas con violencia doméstica, accidentes laborales, accidentes de tránsito, en los hechos delictivos, en la población carcelaria donde la constante es el consumo problemático del alcohol y por lo tanto lleva al poli consumo. Si nosotros solucionáramos este problema importante seguramente estaríamos achicando los otros problemas que están asociados al problema central.

El otro tema tiene que ver con el problema del consumo de la pasta base, no por la cantidad de consumo si no por la violencia que genera. Pero el gobierno dejó de lado esas dos y se enfocó en aprobar una ley de marihuana que agrega un nuevo problema sin decirnos cómo vamos a salir de los que ya tenemos. No creo que este proyecto solucione el problema del narcotráfico. Acá se deja un mundo importante de la población que consume marihuana que son los menores de 18 años que van a seguir yendo por el mercado paralelo porque no hay mecanismos previstos para que esto termine. Creo que el mensaje que se transmitió desde el gobierno desde el principio fue una baja percepción del riesgo de consumo de marihuana.

Hace poco escuché a Julio Calzada en una nota y no supo explicar en qué está la reglamentación de esta ley, tu integrás la Comisión de Adicciónes ¿tenés idea en qué está el tema?

Nadie sabe, de hecho nosotros vamos a solicitar que se reúna la Comisión de Adicciones para conocer en qué etapa está de la reglamentación. Se dijo que primero se iba a reglamentar una parte y la de los efectos medicinales la iban a dejar para adelante. Pero el proceso de reglamentación no lo conocemos, así que vamos a llamar a Calzada y a Cánepa para que nos expliquen. Nadie tiene claro cómo va a ser el mecanismo. La percepción de la gente es que se puede consumir marihuana a toda hora y en cualquier lugar y nadie puede decir nada porque se supone que la ley está aprobada. Nosotros planteamos que quizá tenga que haber lugares habilitados para fumar.

Mientras me responde esto, la diputada anota en su agenda una palabra ilegible y al costado JND (Junta Nacional de Drogas)

[slideshow_deploy id='18523']

El viento empieza a soplar más fuerte y las varillas de la cortina repiquetean, el sonido pasa a ser molesto. Verónica Alonso deja su silla, va hacia la ventana y la cierra. A los pocos minutos entra su secretaria y enchufa un ventilador…

__

La diputada integra el Parlasur, aprovecho esto para preguntarle si a su parecer hoy en día el Mercosur le sirve a Uruguay

El Mercosur perdió su esencia y la finalidad con la que fue creado, era un ámbito muy bueno donde un mercado como el nuestro muy chiquito en un espacio ampliado como era un mercado común con cuatro países integrantes socios plenos podía ser muy bueno para Uruguay, sobretodo por las preferencias arancelarias y de intercambio comercial. Ese fue el objetivo que fuera un intercambio comercial con países grandes.

Lamentablemente las asimetrías de los países hicieron que en realidad nunca funcionara para todos al mismo ritmo y con la misma intensidad. Lo que vino pasando en el último tiempo fue un deterioro, sobretodo cuando entró a jugar las afinidades ideológicas, se perdió el sentido de la búsqueda comercial y si bien el Mercosur tiene un contenido político indudable lo que no debería existir es las afinidades ideológicas y el Mercosur ir de un lado para el otro en función de si somos más a amigos o menos amigos de los presidentes a la hora del gobierno que lidera en cada uno de los países, eso fue lo que terminó deteriorando.

¿Qué pasa con el Parlasur?

Tampoco funciona la institucionalidad. No funciona el Parlamento del Mercosur, no funciona por la representación que tiene, no funciona porque hay una disparidad muy grande en los intereses de cada uno de los países y porque tampoco funciona el tribunal. Porque las controversias no se resuelven y si se resuelven el país que pierde no las cumple.

Las cosas que se deciden tienen que hacerse ley y quedan metidas en un cajón. Hay una gran burocracia, donde se supone que se podrían solucionar cosas, que definitivamente terminan complicando al país. Uruguay ha dejado avasallarse mucho y ha dejado de poner los límites donde nosotros creemos que había que ponerlos.

__

Leí que le pediste cautela al gobierno ante la visita de Nicolás Maduro…

Yo estuve en Venezuela el 14 de abril a propósito de las elecciones, cuando fue electo Maduro. Yo estuve varios días allá, me mostraron una campana la de la campaña oficialista pero yo también elegí ver la otra y traté de conocer cómo era del otro lado para tener la cabeza lo más objetiva posibles. Yo vi un proceso electoral cargado de desprolijidades.

A mí me preguntaron si había habido fraude en las elecciones en Venezuela y yo dije sí, y lo dije con la mayor tranquilidad. Las máquinas de votación son muy modernas y son muy buenas, lo que está viciado es todo lo que acompaña al proceso electoral. El día de la elección salió en los medios de comunicación el ministro de Defensa exigiéndole a la gente que votara a favor de Maduro porque si no iban a haber consecuencias.

Vi gente del PSUV asistiendo el voto, acompañando a las personas, eso no me lo contó nadie, lo vi yo con mis ojos. Vi camionetas de PDVSA llevando a gente a votar a los centros de votación. Había todo un aparato del partido de gobierno puesto a disposición de un acto eleccionario. Yo vi miedo en la gente, miedo a expresarse, lo sentí.

No nos parece oportuno que Maduro venga al país a cerrar o a extender los acuerdos petroleros. Da la impresión que viene a comprar silencio y legitimidad nuevamente al país. Nuestro país que es defensor de los valores democráticos tiene que ponerse en una postura más objetiva y distante. Acá parece que hay un doble discurso: cuando ocurrieron los hechos en Chile, el Frente Amplio apoyó a las víctimas pero los estudiantes venezolanos ahora son oligarcas, conservadores, que quieren desestabilizar el sistema democrático.

¿Pero cómo se le puede decir que no a Maduro, con lo que significa el negocio del petróleo para Uruguay?

Y bueno, pero que vengan las autoridades gubernativas que tienen que ver con los acuerdos que se han hecho con PDVSA y que firmen desde el punto de vista comercial. Pero la imagen institucional Maduro-Mujica es como que está avalando la situación de la que Maduro está siendo parte, que está ordenando que las fuerzas paramilitares salgan a la calle a hacer lo que están haciendo. Yo creo que Maduro busca esa legitimidad y la complicidad en la región.

Viene a comprar legitimidad y silencio y eso no está bueno. El gobierno debería decir que este no es el momento y que envíen al ministro de Industria.

___________________

Verónica Alonso pasa largas jornadas en el Parlamento, y más ahora en campaña electoral. El tiempo libre que tiene lo dedica a su familia. Se casó con Marcel en el año 2000 y tiene tres hijas: Camila de 11 años, Delfina de 8 y Violeta de 1. Los cinco viven en Carrasco.

La diputada se convirtió al judaísmo, si bien su esposo es judío, él no participa activamente de las actividades religiosas, sin embargo, ella quiso convertirse y en las fechas puntuales van a la Sinagoga en familia.

Asegura que le gusta pasar tiempo con sus tres hijas porque se divierte mucho. Salimos andar en bici, me gusta mucho, lo empecé a hacer hace un tiempo para entretenerme y lo tomé como un hábito que me gusta mucho, incluso a veces hacemos cerca de 30 kilómetros.

El deporte es mi desenchufe, es un tema muy importante en mi vida, yo siempre hice ejercicio desde muy chica. Mis padres siempre nos marcaron el tema del deporte.

¿Cuáles son tus pretensiones en esta campaña electoral?

Vamos a llevar a Jorge (Larrañaga) como candidato y creo firmemente que va a ganar la interna, además tenemos muy buenas chances para octubre y noviembre aunque algunos dicen que hay una fija, que es Tabaré Vázquez, pero no es ni invencible ni imbatible.

Yo estoy trabajando para llegar al Senado, pero eso solamente lo decide la gente.

@carlaUG