Gabriel Boric asumió el pasado viernes como nuevo presidente de Chile. Se trata del mandatario más joven de la historia del país trasandino con 36 años y el que obtuvo la mayor cantidad de votos (4.6 millones) al momento de ser elegido. Surgió en las protestas estudiantiles y fue uno de los actores clave en la conformación de una convención para reformar la Constitución.
Su diagnóstico de los sucesos en lo últimos años
Chile viene desde hace tiempo mostrando síntomas de deterioro de sistema político y la capacidad de sostener el crecimiento económico de décadas pasadas y la incorporación social que se financió con ese crecimiento. Hay problemas serios en lo que denominamos la institucionalidad del Estado, con desafíos crecientes tanto en el sur, en el norte, con una situación crítica en la frontera, con un fenómeno de narcotráfico avanzando fuerte a nivel de distintos sectores de la población, que generan un coctel estructural que da lugar a los procesos más políticos de protesta, de politización de las desigualdades y privilegios. Estos privilegios empiezan a asociarse con casos de corrupción y eso termina con una impugnación de todo el sistema político tradicional. El emergente más visible de esto es el estallido de 2019, donde se termina el gobierno de Piñera y donde se abre el proceso que tiene la Convención Constituyente, intentando escribir nuevas reglas para el país, con liderazgos nuevos que vienen de lugares que no son de los partidos tradicionales, y al mismo tiempo, el proceso electoral del año pasado, donde la representante de los partidos tradicionales queda quinta.
Hoy tenés una derecha quebrada, desde la primera vez desde la transición, con un nuevo partido más de ultra. El centro derecha se acaba de quebrar en el senado. La Concertación muy debilitada, y una alianza que impulsó la candidatura de Gabriel Boric, que ganó la elección y que hoy tiene unos niveles de popularidad muy altos, pero que tiene poca organicidad y penetración organizacional en la sociedad. Es un liderazgo de opinión pública más que con base firme en la sociedad.
Los desafíos del nuevo presidente de Chile
Durante el estallido había un cartel de manifestantes que se hizo famoso que decía algo así como “son tantas hueveadas que no las puedas nombrar”. Esto es igual. Está el problema de orden, que tiene que ver con Araucanía, frontera norte, donde tenés violencia, xenófobos. Tenés el tema de inseguridad. Los últimos años del gobierno de Piñera fueron de un descontrol enorme. Por ese lado, un tema de agenda de orden complejo, más en un país donde el control civil sobre las policías es muy complejo, donde hay que construir confianzas que no están. Vamos a ver si se saben de dónde vienen los disparos y que hicieron que el operativo fracasara. Fue un operativo muy mal ejecutado y planificado por parte del gobierno.
Por otro lado está el tema económico, donde hay un proceso de estancamiento económico pos-Covid, con la crisis de Rusia y al mismo tiempo un sector empresarial, que actúa abroquelado y alineado con la derecha política. No hay contrapeso. No hay forma rápida de, alguna manera, negociar de forma balanceada con ese sector. Tiene la capacidad de frenar inversiones, de generarte más problemas en momentos de crisis. Hay que negociar con ellos, quienes también están golpeados por la crisis económica.
También, tenés el frente de la Constituyente, que muchos lo ven como el camino de salida de la crisis, pero en realidad lo que está demostrando es la gran cantidad de conflictos ambientales, con pueblos originarios, con distintas minorías, que tiene por resolver, más que encontrar soluciones a esos conflictos. Entonces, hay tres escenarios posibles para la Constituyente. Una es que el plebiscito termine rechazando la nueva constitución. Yo creo que es poco probable, pero es más probable que hace unos meses. Lo segundo que puede pasar es que se apruebe una mala constitución y que el gobierno tenga que reglamentar una Constitución inconsistente, con reglas de van para un lado y para el otro. Yo creo que es bastante más probable. El tercer escenario es que salga una buena constitución que pueda encaminar un poco este conflicto, que también lo veo poco probable.
¿Qué sería una mala o buena Constitución?
Tenemos una Constitución muy restrictiva, que está diseñada para generar un empate y para mantener las claves del modelo económico que instaura la dictadura. Cualquier nueva Constitución, y por donde vienen las propuestas, van a descomprimir y van a desempatar un poco el sistema. El tema es que hay mucha discusión de si se elimina el Senado. Se está pendulando hacia un Senado disminuido. Eso tiene la complejidad de sacar y reemplazar a senadores que han sido electores por ocho años. Hay todo un tema de descentralización política del país. Hay un sistema político que está muy atomizado y fragmentado que hace más difícil aun generar acuerdos a nivel país, aunque va a responder a las demandas por descentralización por las regiones. Es una gran interrogante. Es un proceso que va a llevar 6-8 años y no va a ser fácil.
A mí lo que más me preocupa es la consistencia entre los distintos artículos y mecánicas institucionales que se están aprobando. Es probable que tengas una Constitución que termine teniendo que ser reformada pronto o que tenga problemas de implementación una vez que esté aprobada.
El rol de la oposición y qué se espera de las negociaciones
Mi apuesta hace unos días hubiera sido que Boric necesita la centro derecha. Son tres partidos ahora, o tres y medio. Acá no es que los legisladores o la vice presidenta o vicepresidente más votados terminan presidiendo el Senado, sino que se elige en la cámara quien preside el Senado. Aparentemente lo que se dice es que Jackson, el ministro que negocia con el Parlamento los proyectos del gobierno, estaba apostando cuadrar una alianza con Renovación Nacional. La idea era tener una coalición que fuera la de gobierno, la ex Concertación, más los votos de Renovación Nacional. Lo que pasó finalmente es que los socialistas saltaron, que son parte del gobierno de Boric, saltaron a Renovación Nacional y pactaron con la UDI. Desbarataron el plan y la estrategia del gobierno entrante y dejaron a Renovación Nacional en una situación en la que quedó desairada y sin mucho poder político en la cámara. Está por verse en qué medida el liderazgo de Jackson en la negociación con el legislativo puede recomponer una alianza con esa derecha más moderada, que le de los votos que necesita para pasar reformas clave. Más allá de la alianza entre los socialistas y la UDI, el partido republicano y la UDI van a estar en contra de las reformas. De hecho, el primer día llamaron a sala a dos ministras por una de las decisiones del gobierno.
La composición del gabinete de Boric
El gabinete está lleno de señales. Por un lado, género y este es un gobierno que se define feminista. No solo en la nominación, sino que en la incorporación de la ministra de la mujer en lo que se llama el Comité Político, que son los ministros más importantes que se reúnen cotidianamente con el presidente. Hay una renovación en términos de inserción de técnicos sectoriales. Hay una renovación en el sentido de que vienen más de universidades públicas y de regiones. También, en términos de clase social en el gabinete.
Está por verse cómo funciona le círculo chico en el gobierno, dado que las personas de más confianza de Boric están en ese círculo.
