"Irrepetibles": un libro de conversaciones con personajes de Uruguay del periodista Alejandro Ferreiro

"Planetario" fue un programa de radio que se extendió entre los años 1998 y 2006. Iba de lunes a viernes desde las 21 y 30 hasta la medianoche y estaba conducido por Alejandro Ferreiro, un periodista y escritor uruguayo. Una serie de entrevistas realizadas en el programa fueron recuperadas ahora en otro formato: un libro titulado “Irrepetibles” que contiene conversaciones con Mario Levrero, Abel Carlevaro, Marosa di Giorgio, Alfredo Testoni, Lágrima Ríos y Gustavo Pena (El Príncipe).

¿Qué era Planetario?

Era un programa nocturno, con las características que tiene la noche para hacer radio. No estaba en las redes. Uno no podía ver el programa en vivo y a la gente. De hecho, El Espectador fue creo que la primera radio que puso una cámara y yo la tapaba, porque mi intención era que no se vea el lugar. Una duda sería, ¿qué pasaría si ahora estuviera al aire? Una diferencia con la tele es que podés estar haciendo otra cosa mientras escuchás. No te exige que mires. Desde el momento de que hay una cámara, la tentación, la posibilidad de ver la expresión del que habla, y la verdad que habría que confiar un poco más en los sentidos por separado. No estar tan pendientes de la vista. Cuando no tenés nada que ver, priorizás otros sonidos y se vuelve muy entretenido Básicamente, se trataba de conversar.

Como fue la selección

La intención es ampliar el panorama. Eran notables porque habían creado un mundo paralelo personal en sus áreas. Todas ellas, y muchas más, para mí lo más importante era el mundo personal que crearon. Mi intención fue grabar, preguntar sobre técnicas de creación, sobre cómo llevaron adelante la vida, y guardar. Yo podría haber sacado las entrevistas antes, muchos de ellos murieron hace tiempo, pero mi idea es reivindicar el archivo, sobre todo el de la voz. Tener esas grabaciones y volver a vincularme con ellas mucho después, recordando cosas que ahí no aparecieron porque si bien algunas habían pasado, yo no las traje a colación en el momento de la entrevista, o porque al mirar para atrás podés medir y sopesar las osas de otra manera. Vivimos en una época muy inmediata y mi intención fue contrarrestar eso.

La conversación con Gustavo “El Príncipe” Pena

Mi intención no estaba dada porque eran conocidos a nivel popular. Hoy El Príncipe no es conocido. A mí lo que me interesa es la mirada única. Todos somos únicos y algunos se animan ir hasta el fondo. Todas estas personas fueron realmente al fondo. Por ahí, a la hora de salir la entrevista al aire, no era de las entrevistas más comentadas por la gente o la gente no sabía quién era. Yo siempre quise hacer periodismo. Y de eso se trata, no es ir a registrar lo que ya está sonando, sino ir a escarbar. En el caso de El Príncipe, era una persona que estaba fuera de época para bien de todos nosotros. Es impactante porque usa la palabra imbécil, pero había un dolor en él. Yo le pregunte qué cambiaría de su carrera. Él dijo “no debería haber prestado tanta atención”. ¿A quién? Y responde esto. Imagínense post dictadura, donde todo tenía que tener una intención de carga de denuncia, y él estaba celebrando y denunciando la oscuridad acá, y era visto como poco comprometido. Uno sonríe cuando escucha eso, pero es muy triste. Los humanos seguimos siendo más o menos iguales y hay gente que pasa por esto ahora.

Debo aceptar que hay un acercamiento natural mío a ellos y a esta manera de vivir la vida. Me parece que solo existen dos cosas: memoria e imaginación, nada más. Cualquier procedimiento que hagas tiene esos dos procesos. Estas personas tenían la imaginación muy detonada, que no hacía eco en la memoria de sus compatriotas y eso siempre distorsiona. Yo me siento identificado con la imaginación. Yo me dedico a eso. Estas personas me mostraron que el presente es lo más importante.

La conversación con Mario Levrero

Lebrero hizo el prólogo de mi primera novela. Fue muy impactante que decidiera hacer eso para mí y fue importante para mí. Quizá yo no me hubiera concentrado tanto en esa parte de mi imaginación. Quizá, entre otras, cosas le gustó la novela porque es una batalla contra hormigas. Nunca había pensado en eso. La vida de Levrero era fascinante, muy ajena a la vida de nosotros. Era muy extraño en su manera de vincularse con su tiempo.

Nadie se tiene que sentir que no sabés de estos personajes. Todos no sabemos. La intención mía no es “mirá de lo que te perdiste”. Esto forma parte del universo que podés integrar y ellos construyeron parte del universo que no existía. Me gustaría que fuera tomado como un trampolín para que cada uno pueda investigar en qué cosa no es bueno. Lo del talento yo lo discuto un poco. Lleva mucho tiempo desarrollar un talento. Es erróneo la idea de que uno nace con un talento. Nacés con ciertas facilidades que pueden ser talento vista desde afuera, pero lo que a uno verdaderamente le apasiona no es algo que se le da fácil. El apasionamiento requiere que te mantengas en el tiempo apasionado. A lo que se dediquen es una cosa que le requiere esfuerzo. Me encanta estar en el borde del error todo el tiempo porque es una forma de aprender. Me gustaría que el libro invitara a decir “mirá esta locura”, pero combinarla con la experiencia de uno, porque todas las personas tienen una capacidad creativa.

La conversación con Marosa Di Giorgio

Las preguntas que elegí acá perecen un poco tontas. Tontas me refiero a sencillas. Una de las cosas que me pasó hablando con ella es que uno se permite aceptar cosas que siente. Me contaba que se despertaba y se quedaba en la cama hasta el mediodía. Yo siento culpa si hago eso. Te habilita a admitir que eso que sentís que te dan ganas de hacer quizá sea bueno. Hace un tiempo no había en las esquinas florerías, y de repente aparecieron. Me encanta que exista eso ahí. Esta gente lo que tiene es que vive intensamente su realidad, que lejos de aislarlos, nos da camino. Es lo que más me gusta de ellos y por eso los elegí.

Somos cuatro hombres acá, pero pensá en esa época la presión. Hoy en día, las mujeres padecen presión. La presión que habrá tenido esa mujer, muy bella, muy viva para que siguiera un camino que se suponía que todas las mujeres debían tener. Yo no me meto en la vida íntima, incluso si lo sé. Lo que ven en eso como una fuerza potencial para compartir. De última, todos los que hacemos cosas creativas es plantear el tema, sí, pero la intención final es conversar.

La idea de lo irrepetible

Era irrepetible, pero nunca dos cosas de repiten igual. Irrepetible también es el programa. ¿Cuándo vuelve el Planetario? No hay forma de que eso suceda. En la parte creativa no es un valor la repetición. El tema es que nos olvidamos desde chicos eso, y nos perdemos de la potencialidad de cada una de las personas y sobre todo de tener una vida más feliz y equilibrada. Estas personas en su irrepetibilidad están produciendo un contenido, que te puede parecer bello o no, más interesante o menos interesante, pero te están ofrendando eso. Importa la parte que me dan a mí, eso es irrepetible como también lo es el vínculo con esas personas. Quizá estaría bueno que la persona que lee una entrevista y le gusta, pudiera luego escucharla y vincularse irrepetiblemente desde su particularidad.

¿No falta el espacio de la intimidad y la charla?

Yo nunca fui escucha de radio. No lo soy. Eso podría haber sido una particularidad a la hora de promover u ofrecer algo distinto. No sé muy bien qué hay en la radio de noche. Por otro lado, el programa terminó hace 16 años y todos los días de mi vida alguien me habla del programa. Me preguntan cuándo vuelve y cómo hace falta, pero no hay tiempo para la conversación en general. Que se repita el contenido de la mañana a la noche me parece una manera de ahorrar ridícula. Que no haya gente conversando me parece insólito. Ya en aquel entonces era raro. Yo tenía mucha presión de cuanta charla, que música rara, porque la diversidad es una deuda siempre. A la misma vez que la gente ve que la naturaleza es diversa y sabia, no elige vivir por ahí. Es un trabajo, pero creo que pensar en esas cosas que estás planteando son  determinantes y fundamentales. Tenemos como ciudadanos muchos derechos: a escuchar gente conversando, después los obvios. Yo reivindico el derecho a imaginar. La construcción depende de que estén todos los otros. En ese sentido lamento que no hayan esos espacios.