A dos semanas del referéndum que se realizará el 27 de marzo, los partidarios del Sí y del No buscan potenciar sus campañas. En la última encuesta de Equipos, un 35% votaría por No, 34% por Sí y el número de indecisos se sitúa en el 28%. Para Diego Luján, la estabilidad en la cantidad de indecisos está ligada a "la complejidad" de la ley y "un problema de empaquetamiento".
El doctor en ciencias políticas consideró que la formalidad de la ley "es discutible", aunque aún "no la ve" en el debate.
Análisis de la campaña a dos semanas de la votación
El alto número de indecisos es lo que está marcando la campaña, algo que no es habitual. Lo habitual es que vaya cayendo el número a medida que avanza la campaña. Vemos que, razonablemente, una ley tan compleja tiene el problema del empaquetamiento. Hay artículos que parecen razonables y otros que no. Eso demuestra la complejidad de la ley, que se evidencia en los indecisos. Hay alguna segmentación en términos de edad y región de residencia. La mayoría de los indecisos está en el interior. Eso puede ser porque hay algunos temas que están dentro de los 135 que a la gente del interior les cueste más y otra razón es que la campaña esté muy enfocada en la zona metropolitana. Pueden ser ambas posibilidades. Puede que haya temas que dividen más en Montevideo e interior.
El apoyo a la gestión de gobierno es un asunto para decidir en los indecisos. El apoyo a la gestión está en un aproximado de 50%. Eso es un espaldarazo para el No. También el voto de 2019 es un voto que está partido a la mitad. Eso tampoco nos ayuda demasiado a pronosticar el comportamiento de los indecisos. La política de bloques en Uruguay efectivamente funciona. No es estática ni rígida, pero son dos bloques marcados desde la reforma constitucional de 1996. Lo que se ves la replicación de esa política de bloques que está vigente.
La elección del 2019 marcó pautas de este rescabramientos. En opciones no binarias como octubre, Cabildo Abierto aportó. En el interior se ve un poco más. Se vio una porción importante del electorado en donde la identificación con partidos, si bien es alta en comparación con Latam, va bajando hace años y decide más sobre cuestiones que no son necesariamente partidarias. La identificación partidaria ordena. En estas instancias sirve tener líderes con señales claras porque al votante le sirve. Usa a los partidos como atajos informativos.
Hay un montón de gente a la que no le importa la política. Hay un tercio de gente que no le interesa. Está el problema de que es una ley heterogénea y otro de que no hay una idea fuerza de que “la ley me cambia la vida”. La gente que está desinteresada de la política tiene una incidencia notable. Cambia el resultado. Es importante tratar de hacer un esfuerzo para llegar a esa gente. La decisión que de todos modos esa gente tendrá que tomar, que no sea por información falsa.
Tono del debate y la campaña
Veo a los políticos haciendo un esfuerzo no siempre redituable en informar a la gente sobre determinados aspectos. Lo debatible de esta ley es una cuestión más de forma que de fondo. El contenido parece ser nada tan decisivo. Lo que sí parece decisivo es la forma, una cuestión formal. Son más de 40 áreas temáticas en una sola ley. Es un procedimiento que se ideó para otro uso. Así se había usado desde el año 1967 hasta acá y lo usaron todos los gobiernos. El mecanismo no es tan problemático, lo que es más problemático es el tipo de uso que se hace, veo que no se dice tanto. ¿Cuál es el uso que se hace de una herramienta diseñado para algunos fines y se pasa a un programa de gobierno entero por un mecanismo que debería ser excepcional?
Se podría haber desmembrado esta ley en 10 leyes de urgente consideración. Se decidió otra cosa. La cuestión formal es discutible y no la veo en el debate ahora. Lo que tiene relevancia es la elección. Es un resultado político en el fondo.
El día después del referéndum
Si gana el No, el gobierno va a avanzar en la implementación de su agenda. Si gana el Sí, el FA se fortalece, se aglutina. La respuesta positiva y deseable es que sea cual sea el resultado, se admita el resultado sin reparos y se siga adelante. Si gana el No, que el gobierno no se sienta habilitado para arrasar con todo, y que si gana el sí, que las organizaciones tampoco vean una carta libre para ser una oposición complicada.
Me preocupa las interpretaciones, más que el resultado. La democracia se basa en el consenso de los perdedores y una actitud cautelosa de los ganadores. Hay gente que se compró el chip de la campaña y no lo cambia después. Si el gobierno ve en un eventual triunfa la posibilidad de arrasar, la narrativa que surja de la interpretación del resultado va a ser para bajar línea.
Si uno mira la historia de las campañas electorales de Uruguay, se ve que en los años 50 y 60 eran terribles, demoledoras. Hoy se ve un nivel más bajo, pero la política siempre ha sido un poco cruel. En Uruguay tenemos un stock de conocimiento acumulado de cómo trabajar estas cosas. Hay un estado de crispación en general que no es natural. Está movilizado por un uso de medios, como redes sociales, que lo que hacen es amplificar. No creo que sea un responsabilidad de los políticos moderar eso. Es un signo de los tiempos que más de la manera de comunicar de los políticos.
Incidencia del voto en blanco
No creo que mucha gente que vota en blanco sepa que irá para el No. Distinto es el perfil del perfil de quienes votan en blanco. Habitualmente, en elecciones nacionales los votos blancos y anulados vienen entre un 2 y 4%. En un referéndum, las señales son distintas. El voto en blanco es un voto indeciso o que no le importa. El voto anulado es de distancia, es un voto protesta. Impugna el sistema. El nivel de participación puede ser crucial. Históricamente está en el 90% de los habilitados. En una elección con 135 artículos de una ley, me preguntaría si va a votar el 90% de la gente y que el nivel de participación va a ser menor. Si eso es así, el denominador sobre el que se calculan los porcentajes cambia. Si esa reducción tiene una distribución que está sesgada, cambia. Son especulaciones.
Una de las posibilidades es centrarse en la formalidad de la ley.
