Desde junio de 2020, la microbióloga uruguaya estudia la presencia de covid-19 en aguas residuales de Nueva York y trabaja en la secuenciación de muestras que provienen de 14 plantas residuales.
Si bien la microbióloga hace muchos años que se fue de Uruguay, este proyecto la puso a trabajar en conjunto con investigadores de la Facultad de Ciencias de la Udelar, con quienes hubo un ida y vuelta enfocado en compartir datos y calcular frecuencias.
Estudios en aguas residuales
Nueva York fue una de las ciudades más castigadas por el covid durante el comienzo de la pandemia. Estaba dando clase y se cerró todo. En un intento de mantener a los alumnos interesados y hacer algo útil, empezamos a leer todo sobre el covid. Leí sobre un grupo de Escandinavia y habla que detectan genética del virus en aguas residuales del aeropuerto. Me pareció bueno hacerlo aquí en Nueva York. Las condiciones de seguridad al principio eran muy altas y no se podían realizar. Colaboramos con el departamento de saneamiento que nos dio acceso a las muestras y ahí comenzó el trabajo. El departamento de saneamiento no tenía las herramientas para hacer esto y se dio una colaboración muy interesante entre la universidad y una agencia, nosotros tuvimos la oportunidad de entrenarlos. Entender cuáles eran los signos, qué podíamos aprender de los datos que provenían de las aguas residuales.
Al principio la gran pregunta era: ¿se pueden detectar? y cómo se podía detectarlos de una forma reproducible. Todo el mundo usa el baño, qué haces si querés seguir la evolución del virus. Se sabe que los virus por su tamaño tienen una gran frecuencia de cambio. Cómo hacer para saber para dónde está cambiando. Se puede. Lo hicimos y ahí es donde viene la gran sorpresa de que encontramos en el agua algunas secuencias que no se encontraban en humanos. Eso nos interesó mucho.
El contacto con Uruguay, es interesante como la comunidad científica pueden trascender las políticas. En un programa universitario sobre virología contamos la historia. Una de las personas que nos estaba escuchando, es alguien que tiene una organización no gubernamental interesada en minimizar entre las diferencias entre el norte y el sur. Recibimos una llamada, si éramos capaces de hacer una propuesta de trabajo con un país del sur nos podían dar el dinero y ahí obviamente pensé en Uruguay. La financiación se logró porque el trabajo que hicimos en EE.UU interesó a una organización para apoyar el desarrollo en el sur.
En estos momentos estamos trabajando con muestras en Uruguay tanto en Estados Unidos como en Uruguay. Estamos trabajando con la facultad de ciencias y del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable. Estamos escribiendo un paper para publicar los resultados de lo que hemos encontrados.
Uruguay es muy interesante como país, un país muy chiquito y lo que mis colegas en Uruguay tuvieron muestras de distintos lugares del país. Tenemos un mapa de cómo se distribuyó durante la primera ola. Después en un momento particular tratamos de tener una visión de todo el Uruguay. Puede servir para ver cómo se movió el virus, cómo cambió en las circunstancias particulares de Uruguay. Los datos que tenemos nosotros, que a pesar de que aún no lo entendemos muy bien, muestra que hay algunas presiones locales que hace que algunas mutaciones se fijen más en una población que en otra.
