Rosencof y el estreno de “La noche de 12 años”: “A Pepe le pasa lo mismo a que mí: cada escena nos despierta asociaciones, un manicomio de neuronas”

El escritor y extupamaro afirma que durante la reclusión tuvieron varios milagros. "Había gente de la tropa que se preocupaba por nosotros, corriendo peligro por eso", recordó.

La película “La noche de 12 años” se está exhibiendo en los cines desde la semana pasada: el cineasta uruguayo Álvaro Brechner cuenta el tiempo de confinamiento solitario que vivieron José Mujica, Eleuterio Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof.

El largometraje se base en el libro escrito por Rosencof. ¿Cómo vivió el estreno de la película? ¿Qué sintió al volver a “ver” lo que pasó? ¿Habló del tema con Mujica?

La vi antes del preestreno, donde le faltaban algunos detalles, pero era la misma historia. Es una sensación muy extraña. Siento que es todo muy surrealista, y Pepe utiliza la misma palabra. Hablamos con Pepe después de ver la película, y lo primero que nos surgió era que qué lástima que no estaba el Ñato. Pepe me dijo que no quería verla más, porque le pasa lo mimos que a mí: cada escena, cada parlamento, que está todo muy bien elaborado, te despierta asociaciones, entonces tenés un manicomio de neuronas.

Después del estreno, el Chino Darín vino a darme un abrazo y me dijo que estaba conmovido, que quería que conociera a su familia. Yo le dije al padre que él me había mandado a un chino, y que yo le mandaba un ruso: necesitábamos humor para quebrar ese momento.

En el camino por la justicia social te podés encontrar con todo. Salvando las diferencias, el Maestro Tabárez tiene una asociación que refleja esto: el camino es la recompensa. Esto forma parte de la vida.

En esos años, la vida no la desarrollabas en lo tangible, sino en los sueños y en la imaginación, pero eso tenía un peligro, que le pasó a algunos: quedar atrapado en eso.

Estando en el calabozo acordamos algo con el Ñato: si alguno salía con vida y en condiciones, iba a dar testimonio de toda esta peripecia. Y salimos los dos.

El libro no tiene espíritu de denuncia, porque no hay bronca ni odio: contamos el mundo tal cual fue. Pero la denuncia se hace desde otro lado.

Hay de todo en los vínculos con los militares. El Ñato tenía un trato muy directo con los militares. Había individuos en la tropa que nos hacía la custodia que tenían tremenda condición humana: se preocupaban por nosotros, nos traían pan, huevos duros. Y corrían un riesgo tremendo.

Ahí adentro tuvimos milagros. Recuperar la conversación fue un milagro: hicimos canciones, poemas, de todo, nos contábamos sobre los libros que leíamos.

Al final le dije a Pepe que era mucho mejor ver esta película que vivirla. Yo quiero que él dure, le dije a Pepe: si él entra en una campaña como muchos le piden, deja el alma y el espíritu. Está bien que aconseje y que dé opinión.


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