Desde ceniza volcánica hasta una técnica única y la capacidad de "autorrepararse": estudio analizó secretos detrás de las construcciones romanas

Una mirada al pasado puede ser la clave de las estructuras de futuro. 

Una investigación reveló el secreto detrás de la durabilidad de las edificaciones del Imperio Romano. Terremotos, lluvias, viento y hasta el paso de los siglos… las estructuras romanas parecen eternas y aunque los años han dejado marcas en muchas de ellas, se mantienen en pie. ¿La clave? El hormigón. 

Según un estudio, publicado en Science Advances, que examinó muestras de un muro romano de más de 2000 años, la clave de la durabilidad no está solo en los materiales, sino en la técnica. 

Los romanos usaban una mezcla de puzolana, ceniza volcánica extraída de las regiones cercanas a Pozzuoli (Italia), que actuaba como aglutinante, con cal y agua. 

Pero la receta no termina ahí, porque usaban cal viva que se obtiene al calentar piedra caliza. Esta técnica es llamada “mezcla en caliente” y el uso de las altas temperaturas es clave para acelerar el proceso de curado y secado, así como también la durabilidad. 

Sin embargo, esta mezcla no era 100% homogénea o uniforme, ya que el mortero dejaba pequeños trocitos de cal sin moler, pero lejos de ser un error de cálculos, era una estrategia que con el tiempo generaba que los edificios se repararan solos. 

Sí, las edificaciones romanas, puentes, puertos, templos, acueductos, anfiteatros, tienen la capacidad de arreglarse sin intervención humana. ¿Cómo era posible? Gracias a los trocitos de cal.

Con el tiempo, si se formaban grietas y el agua entraba, los tropezones de cal reaccionaban y generaban cristales de carbonato de calcio que rellenaban las fisuras. 

Inspirados en esto, los autores del estudio recrearon la receta, pero con portland y cal viva, y observaron que el hormigón era capaz de sellar grietas de hasta 0,5 mm en pocas semanas y se achicaba menos durante el secado, lo que sugiere un potencial uso en infraestructuras duraderas y más sostenibles, si tenemos en cuenta que el cemento representa cerca del 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Así, una mirada al pasado puede ser la clave de las estructuras de futuro.