El invento de una científica uruguaya en las Malvinas que rescata fauna vulnerada por la pesca industrial

La protagonista es Verónica Iriarte, una joven que llega desde el interior de Uruguay a Montevideo para estudiar la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias y luego viaja a México para hacer un máster

La historia de Verónica Iriarte empieza como muchas otras historias. La protagonista es una joven que llega desde el interior de Uruguay a Montevideo para estudiar la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias y luego viaja a México para hacer un máster.

La historia de Verónica Iriarte sigue con una búsqueda. Esa búsqueda la llevó a seguir estudiando en Estados Unidos y luego a trabajar en el corazón de la selva Amazónica, donde durante cuatro años estudió las interacciones entre embarcaciones pesqueras y delfines autóctonos.

Hasta que llegamos al capítulo de la historia en el presente, que se resume así.  "Trabajo en mitigación de captura incidental de aves y mamíferos marinos en pesca industrial y pesca de arrastre de fondo en las islas Falklands, Malvinas", explica en diálogo con Telemundo.

La pesca industrial es conocida por su impacto ambiental, pero existen formas de mitigarlo. Por eso el gobierno de Malvinas cuenta con una cuadrilla de científicos que trabajan para reducir ese impacto. Iriarte es una de ellas.

"Se hace toda la parte de ciencia de ver los estudios de los stocks, se hace el monitoreo científico y también se hace el monitoreo de las regulaciones de pesca de la industria", explica. Comenzó trabajando en el rol de observadora científica, en el que se embarcó varias veces durante semanas para certificar que los barcos solo pescaran las especies permitidas.

Por entonces corría el año 2016 e Iriarte comenzó a observar que las interacciones entre las redes de pesca y los lobos marinos se hacían cada vez más recurrentes. "Cada tres días tenía uno a bordo vivo. Cuando terminó la marea, me puse a investigar los reportes que había de observadores previos sobre interacciones. Entonces, dije, acá va a haber un problema", narra.

"Pasa por un lado porque la población sí se ha incrementado, pasa por otro de que puede ser que haya menos comida, puede ser", señala. "Se empezó a pensar qué se podía hacer. Se cerraron áreas del caladero y ahí yo fui asignada a un barco para diseñar, construir y testear una puerta de escape para los lobos marinos", añade.

Finalmente, luego de varias pruebas y la búsqueda de los materiales indicados, llegaron a una receta exitosa que ahora aplican los 16 buques pesqueros de la zona. "Le tenés que agregar una extensión, un pedazo nuevo de red con el medio que lleva la parrilla. Es una parrilla que lo que hace es impedir que los animales entren al saco, que es al final de la red donde va la captura y además los orienta para salir por una puerta que está arriba", detalla.

"Fijate que una red tiene unos 200 metros de largo, el lobito va a entrar hacia la red, va a recorrer hasta el final, el saco son unos 50 metros. O sea, el lobo recorre 150 metros, llega a esa reja no puede pasar y se va para arriba, escapa", comenta.

Pero si bien la implementación de estas redes adaptadas fue exitosa, todavía faltan interacciones con el resto de la fauna marina -desde albatros hasta tiburones- que quedan por atender en un trabajo constante por intentar que la explotación humana extensiva no arrase con todo.