La noche más corta, en términos de descanso, es la del martes al miércoles: en promedio una hora y media menos que los fines de semana.
Un estudio realizado entre Australia y Francia analizó más de 73 millones de noches de sueño en 41 países del mundo, que fueron registradas por sensores que se ponían bajo el colchón. Esto reveló que el descanso varía según el día de la semana, la estación del año y el lugar donde vivimos.
Con la llegada del invierno, amanece más tarde y anochece más temprano, las pocas horas de sol, las bajas temperaturas y las noches más largas invitan a dormir más, o al menos a tener la sensación de que necesitamos estar un ratito más en la cama.
De hecho, el ritmo circadiano cambia durante esta época del año y en algunas personas la falta de luz solar genera déficit en la vitamina D, que corresponde con síntomas de cansancio, y al oscurecer más temprano, también se activan inductores del sueño como la producción de melatonina. ¿Pero cuánto más dormimos?
El trabajo en cuestión, publicado en la revista científica Sleep, encontró que la región del planeta en la que vivimos impacta en los patrones de sueño.
En zonas alejadas del Ecuador, como Europa, Canadá o el sur de Argentina y Chile, el sueño es más largo y muestra fuertes variaciones estacionales: durante el invierno, por ejemplo, las personas duermen entre 15 y 25 minutos más que en verano.
En cambio, en regiones cercanas al Ecuador, como América Central, el norte de Sudamérica o el sudeste asiático, las estaciones casi no afectan la duración del sueño: la diferencia entre verano e invierno ronda apenas los diez minutos.
En promedio, se duerme entre 6,8 y 7,2 horas por noche, siendo los países más alejados del Ecuador los que reportan los sueños más largos.
El día de la semana también influye. Los fines de semana, especialmente las noches de sábado, las personas duermen entre 20 y 35 minutos más que durante la semana. Esto se debe a que se acuestan más tarde —entre 30 y 40 minutos después del horario habitual—.
La noche más corta, en términos de descanso, es la del martes al miércoles: en promedio una hora y media menos que los fines de semana.
Además, encontraron que la duración del sueño es más irregular en invierno y que las diferencias entre días laborables y fines de semana se acentúan en personas de mediana edad (de 40 a 60 años).
En lo que respecta al verano, hay un patrón que se repite en todas partes y es que si bien el sueño más regular, nos acostamos y levantamos más tarde en verano, y dormimos menos.
