Estudios sugieren que la mayor sensibilidad al asco que sienten las mujeres les genera mayor protección contra enfermedades

Estudios recientes, publicados por National Geographic, revelan que esta respuesta emocional más aguda no solo se manifiesta en humanos, sino también en otras especies de primates

Un conjunto de investigaciones científicas sugiere que la mayor sensibilidad al asco en las mujeres, en comparación con los hombres, podría estar relacionada con una mejor protección frente a enfermedades y una mayor esperanza de vida.

Estudios recientes, publicados por National Geographic, revelan que esta respuesta emocional más aguda no solo se manifiesta en humanos, sino también en otras especies de primates. Investigadores del Instituto de Estudios Avanzados de Toulouse observaron durante años el comportamiento de macacos japoneses y detectaron que las hembras tendían a limpiar los frutos o bellotas antes de ingerirlos, a diferencia de los machos, que los consumían directamente.

Patrones similares se encontraron en otras especies. En babuinos, las hembras evitaban el contacto con machos infectados con una bacteria similar a la sífilis humana. Por su parte, hembras de gorila occidental llegaron a abandonar su grupo cuando el macho dominante mostraba manchas blancas en el rostro, una posible señal de infección. Estos comportamientos se tradujeron en menores tasas de enfermedad y mayor éxito reproductivo entre las hembras, al reducir la exposición a parásitos presentes en alimentos, heces u otros individuos.

En humanos, investigaciones de la Universidad de Colorado reforzaron estos hallazgos. A través de pruebas con imágenes desagradables, se comprobó que las mujeres mostraban mayores niveles de sensibilidad al asco que los hombres. Según los científicos, esta emoción actúa como una extensión del sistema inmunológico y tiende a intensificarse en etapas de mayor vulnerabilidad, como el embarazo, donde los sentidos se agudizan para proteger a la descendencia.

Aunque el asco no sería el único factor, los expertos plantean que este tipo de respuestas podrían contribuir a explicar por qué los hombres presentan tasas de mortalidad más altas por ciertas enfermedades. En el caso de la sepsis, por ejemplo, se registran 57 muertes cada 100.000 habitantes entre varones, frente a 45 entre mujeres.