Nada hacía pensar que la isla perdería toda su vitalidad, pero hacia finales de la década de 1960, el petróleo entró en juego y complicó las cosas.
Hace alrededor de 120 años, la isla de Hashima estaba habitada por más de 6.000 japoneses, familias enteras que tenían su vida suspendida en una pequeña isla de seis hectáreas con poco más de 150 edificios.
Hoy los edificios de Hashima se mantienen, pero hace décadas que ya nadie los habita, apenas algunas aves, plantas y pequeños animales. Lo que fue uno de los lugares más densamente poblados de la Tierra, en apenas tres meses se vació y nunca más fue recuperado.
Para contar esta historia hay que viajar al año 1885. Por aquel entonces la compañía japonesa Mitsubishi estaba en la búsqueda de nuevos lugares de donde extraer materias primas desde el lecho marino, en particular carbón. Fue así que en 1890 la empresa compró la isla y comenzó sus planes de extracción de este mineral.
Por aquel entonces, el carbón era el principal combustible del mundo, por lo que su extracción era un recurso clave para la expansión empresarial. Y Mitsubishi decidió apostarlo todo por la isla de Hashima.
En cuestión de pocos años la isla se convirtió en punta de lanza para la innovación tecnológica en Japón y un polo productivo de alto rendimiento. Tanto es así que en sus mejores momentos, la isla llegó a producir 410.000 toneladas de carbón al año.
Para lograrlo, la isla fue rodeada por murallas que mantenían la ciudad a salvo de la potencia del océano Pacífico y su resguardo motivó a centenares de trabajadores a instalarse allí con sus familias.
La isla fue el primer lugar de todo Japón en contar con un edificio construido completamente con hormigón y durante años fue la ciudad con el edificio más alto de todo el país, que tenía nueve pisos y medía 50 metros de largo.
Nada hacía pensar que la isla perdería toda su vitalidad, pero hacia finales de la década de 1960, el petróleo entró en juego y complicó las cosas. La popularidad del crudo como fuente de combustible, sumado a las peligrosas condiciones de trabajo en la isla y el agotamiento de los recursos, llevó a que Hashima se vaciara para 1974.
Mitsubishi continuó siendo el propietario de la isla abandonada, hasta que en 2002 la donó al gobierno japonés que un tiempo después la acondicionó para el turismo.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró Hashima como Patrimonio Mundial de la Humanidad en 2015 y desde entonces es visitada por turistas de nicho que buscan recorrer las ruinas de lo que supo ser uno de los lugares más poblados del planeta.
