La hibridación podría dar a los animales vulnerables una ventaja evolutiva en la carrera para adaptarse genéticamente al calentamiento global.
Ocurre en plantas, peces, anfibios e incluso algunos mamíferos. Se trata de un fenómeno conocido como mestizaje o hibridación y no es más que que dos especies diferentes se crucen con éxito y generen descendencia.
Sucedió a lo largo de toda la historia evolutiva y sigue sucediendo hasta el día de hoy. De hecho, se cree que hasta los seres humanos experimentamos el cruce de especies -entre homo sapiens, neandertales y denisovanos- hace más de 40.000 años.
Por lo general la hibridación puede terminar en un callejón evolutivo sin salida con la descendencia estéril, pero otras veces puede ser un primer paso para la adaptación que termine por rescatar a una especie. Este último punto, según un reporte internacional de la Sociedad para la Biología de la Conservación, es el que algunos científicos proponen explorar: hibridar especies amenazadas para que tengan otra chance ante el avance destructivo del calentamiento global.
“Cuando se cruzan diferentes especies, la verdadera motivación es crear nuevas combinaciones de genes y aumentar la diversidad genética. Esa diversidad aumenta el potencial de nuevas adaptaciones que podrían salvar a las especies de la extinción provocada por el calentamiento global”, señala un extenso artículo publicado en la revista británica The Observer.
Así, ya existen algunas experiencias de éxito. Por ejemplo, una en la que científicos cruzaron especies de corales en un laboratorio para crear nuevos descendientes híbridos que resistan a aguas más cálidas. Según reportó la revista científica Frontiers in Marine Science, algunos híbridos de coral “sobrevivieron hasta un 34% mejor que sus padres a temperaturas y presiones de CO2 más altas”.
Esta es una experiencia bien puntual ya que no todas las especies se pueden criar y probar en un laboratorio. Pero trasladar una especie al hábitat de otra y esperar que se reproduzcan suena como una posibilidad fuerte en el mundo de la conservación. Aunque, como cada vez que el ser humano incide en el mundo natural, esto también podría salir mal.
The Observer lo resume así: “La preocupación de obligar a una especie amenazada a hibridarse es que, en lugar de salvarla, puedes hacer lo contrario: que se extinga. Su genoma ya no sobrevive en su forma original. Los genes de los recién llegados eventualmente inundan los de los habitantes originales, sin dejar rastro de lo que alguna vez los hizo únicos”.
Esto sucedió en Escocia, donde un estudio del 2019 evidenció que los gatos monteses se empezaron a cruzar con los gatos domésticos hasta que la prevalencia genética de los monteses casi desapareció. Por eso es válido desconfiar de la hibridación facilitada por humanos.
Pero el planeta está cambiando mucho más rápido de lo que la evolución natural es capaz de lograr. En ese sentido parece una carrera perdida. Es por eso que los científicos consultados por The Observar señalan un aspecto clave. Y es que si no podemos salvar los animales que tenemos, tal vez podamos ayudar a la naturaleza a crear otros nuevos que tengan más probabilidades de sobrevivir.
