En las últimas horas conocimos la noticia de que murió el ingeniero holandés que invento el casete, Lou Ottens.
Seguramente más de uno recuerda haber luchado con la cinta. Pero lo cierto es que esto no se compara en nada con todas las técnicas y dispositivos que había que desplegar para registrar audios antes de 1962. Ese año, Europa conoció por primera vez al casete. El soporte obtuvo aceptación inmediata y en cuestión de pocos años alcanzó gran parte del mundo.
El casete causó fascinación más que nada por su tamaño. De hecho, las empresas que lo comercializaron se apoyaron mucho en esta característica y en cuestión de cinco años lograron vender casi dos millones y medio de reproductores.
Fueron más que nada los jóvenes en la década de 1970 quienes se apropiaron de esta tecnología y montaron toda una cultura musical por fuera del sistema tradicional. Al mismo tiempo, el casete impulsó a pequeños artistas y los puso en el mercado discográfico gracias al bajo costo que tenía producir casetes. Por supuesto todo esto fue potenciado por el famoso Walkman de Sony que volvió al casete un formato estándar en todo el mundo.
Con la vuelta del vinilo y el despunte de la nostalgia como moda, el casete también encontró un nuevo nicho de mercado décadas después de su invención con un aumento en las ventas a nivel general. Solo por aportar un dato, en Reino Unido las ventas aumentaron un 125% en 2018 con respecto al año anterior.
Sin embargo, la reaparición del casete en el último tiempo reavivó a los detractores, quienes siguen considerando que el casete es el peor reproductor de música jamás inventado por su bajo calidad y sus ruidos constantes en las grabaciones. Aun así, son más los melómanos que defienden el formato y aseguran que ninguna experiencia de audio digital se podrá comparar con el encanto de la cinta.
