Los perros son capaces de clasificar objetos según su función y no solo por su apariencia, según estudio

Los investigadores destacan que, además, los animales lograron recordar las etiquetas durante períodos prolongados, un dato que refuerza la idea de una memoria sólida asociada a la función de los objetos.

Que los perros son inteligentes no es novedad. Pero una nueva investigación realizada en Hungría demuestra que algunos pueden ir mucho más allá de lo que imaginamos: son capaces de clasificar objetos según su función y no solo por su apariencia; una de las científicas daba un ejemplo claro, un martillo y una piedra son diferentes en apariencia, pero se pueden usar para lo mismo y los perros lograban diferenciar esto, lo que significa un paso clave en la comprensión del lenguaje.

Así como un niño pequeño aprende que una cuchara y un tenedor sirven para comer, aunque no se parezcan, algunos perros parecen razonar de forma parecida. Un estudio encontró que ciertos “genios caninos” no solo reconocen palabras o nombres: clasifican objetos según su función, tal como hacemos las personas al formar las primeras categorías de nuestro lenguaje.

La investigación se realizó con un grupo de canes conocidos como perros superdotados para aprender palabras, que conviven con familias comunes y corrientes -no en centros especializados ni de entrenamientos-, que realizaron una serie de experimentos. 

La clave fue el juego: cada perro pasó una semana interactuando con sus juguetes, aprendiendo dos etiquetas verbales vinculadas a funciones distintas, como “tirar”  y “traer”.

Luego llegó la prueba. Sin mencionar las palabras clave, los dueños les presentaron juguetes nuevos que podían usarse para tirar o para traer. A simple vista, los objetos no se parecían entre sí, pero los perros supieron reconocer a qué categoría funcional pertenecía cada uno. Es decir, extendieron las etiquetas que habían aprendido a otros elementos que cumplían la misma función, algo que los humanos hacemos de forma cotidiana.

La capacidad de generalizar palabras más allá de la apariencia física es un rasgo que, en humanos, se desarrolla recién en la infancia temprana, cuando los niños empiezan a agrupar objetos según el uso que les dan. Que los perros logren algo similar sin entrenamiento formal sugiere que su cerebro crea una representación mental del objeto basada en la experiencia y no solo en lo que ve.

Los investigadores destacan que, además, los animales lograron recordar las etiquetas durante períodos prolongados, un dato que refuerza la idea de una memoria sólida asociada a la función de los objetos.

En la misma línea, declararon a la revista científica Eureka que los resultados abren un debate sobre el origen evolutivo de las habilidades ligadas al lenguaje. Comprender que un perro puede vincular palabras con funciones y no solo con formas sugiere que la relación entre pensamiento y lenguaje podría ser más antigua y compartida con otras especies de lo que se creía. Ahora solo resta indagar si ocurre en cualquier raza de perro.